Cabo Polonio. Fotografía: Lepe

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Platero y él

por oac

Es política la mirada del cineasta Marco Berger en su corto Platero. El corto se basa en el cuento "Platero y yo" de Natalia Moret, incluído en la antología En celo, de relatos eróticos de jóvenes cuentistas argentinos. El episodio de Berger parte del cuento "Platero y yo" de Natalia Moret. El original literario cuenta la historia de una chica que se excita espiando las fricciones eróticas de su hermana mayor con el novio, a quien le dicen "Platero" por sus dotación de burro:

"Mi hermana estaba en el jardín con su novio. Se la pasaban en el jardín, en la esquina o en la pieza, y se besaban babosa y largamente, todo el tiempo, calculo que porque no tendrían mucho de qué hablar. El novio se quedaba a comer todas las noches y en la mesa no decía una palabra. Era fletero en una pinturería. No se le caía ni una idea, pero era hermoso. Bruto, y hermoso. Martín le decía Platero, por lo burro. Cada vez que le decía así nos reíamos todos salvo mi hermana. Incluso el propio Burrito se reía, y cuando reía era más bruto y más hermoso, luminosamente ignorante, como si supiera y no, como si tuviera conciencia y no, como si alguien le susurrara secretos que ni siquiera le preocupaba entender".

En la adaptación de Berger, la hermanita se transforma en hermanito y así reencotramos a Marco (a quien descubrimos en el Bafici anterior por su largo Plan B) explorando los límites de una sexualidad experimentada como peligro inminente. Pero este peligro es más gozado que padecido; o quizá habría que decir: el padecimiento de los personajes, que se descubren deseando lo “incorrecto” (el adolescente que se calienta con el novio de su hermana en Platero; los amigos ya grandecitos que terminan enamorándose en Plan B) es un ingrediente que potencia el deseo en lugar de inhibirlo. Esto es muy raro en el cine argentino, donde el deseo de los personajes (no sólo el homoerótico) no se contagia a la mirada cinematográfica. Parece que la mayoría de los directores argentinos no desearan mirar; y en esto Berger constituye una excepción notoria.


Todo trascurre en una jornada de calor ardiente, de pileta de natación, mallas mojadas y roces corporales, en un ámbito familiar, en la cercanía de padres y amigos, un espacio al que a Berger le divierte saturar de tensión erótica. El espacio familiar convierte al deseo prohibido en una bomba a punto de estallar. Las expresiones de terror del muchachito intimidado por la contundencia corporal de su cuñado combinan su angustia con una comicidad irresistible. El efecto se logra a base de un ritmo ajustadísimo, una puesta de cámara provocativa y actuaciones intensas. Filmar una calentura estival así, sin culpas y con una malévola alegría, tentar así la mirada de sus espectadores es un verdadero acto político.

3 comentarios:

ERNESTO MORALES dijo...

pero donde puedo ver la pelicula completa?

Oscar Cuervo dijo...

No sé. En Vimeo está Platero, que es la mejor.

julieta dijo...

ya la estoy buscando... ajaja :P