Santiago Maldonado

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Con vida te queremos

miércoles, 24 de julio de 2013

El compromiso, el ocaso del kirchenrismo y la desilusión

Un comentario a un tuit de Lucas Carrasco


"Ocaso" es una categoría poética que los columnistas del domingo han extenuado en su fuerza semántica. El "ocaso" del kirchnerismo lo vienen anunciando desde Escribano en adelante todos los que necesitaron explicar su propio apartamiento. Escribano vio el ocaso del kirchnerismo en abril de 2003. Magnetto cuando no pudo cerrar con el gobierno su negocio con Telecom. Alberto Fernández cuando lo echó Cristina, lo mismo la familia Moyano. Pero "ocaso" como predicción suena berreta, una mezcla de expresión de deseos con melodrama, con apariencia de análisis político. La sola apelación a ese término debería poner en duda la solidez de la argumentación.

"Desilusión": esta es puramente psicológica. En política no hay desilusiones: en la vida anímica de las personas sí. Pero para desilusionarse hay que haberse ilusionado. La ilusión le regala su poder a un Ideal que el ilusionado pone por encima de sí mismo. En política no hay que ilusionarse NUNCA. Hay que encontrar el espacio para incidir sobre la realidad. La ilusión y la desilusión ocurren en el teatro privado de los sentimientos. Es lícito estar desilusionado, pero eso corresponde a las biografías personales.

Yo no estaría desilusionado ni siquiera si el kirchnerismo hiciera lo contrario de lo que quiero. La ilusión requiere ilusos. Y la práctica política requiere de compromiso con una línea de acción y con un colectivo mayor al de las aspiraciones personales. La política es compartir un proyecto con otros. La ilusión puede ser un sentimiento concomitante, pero nunca la base de un compromiso. El compromiso político es un acto de libertad y un riesgo a cuenta propia, no un sentimiento.

Nunca estuve ilusionado con los Kirchner, pero el kirchnerismo sigue siendo el proyecto colectivo que me permite incidir sobre la realidad. Por eso elijo seguir bancando. Y esta elección no es algo que ponga en deuda al kirchnerismo conmigo: soy yo enteramente responsable de esa decisión.

Por otro lado, desde Martín Caparrós como ex montonero desilusionado hasta Esteban Schmidt como franja morada desilusionada, pasando por Héctor Leis como guerrilero desilusionado y Jorge Asís como PC desilusionado, el universo cultural del cinismo neoliberal tiene muchos postulantes. Suelen terminar escribiendo en la Rolling Stone o en El País.

8 comentarios:

Oscar Cuervo dijo...

Hay gente que quisiera tirarse al agua
sin que siquiera se le moje el pantalón
hay otros tan ilusos que se ilusionan
con un mundo en que no haya desilusión.

Adriana dijo...

Carrasco hablando de los "kirchneristas desilusionados", colectivo que al menos a mí no me consta que exista aunque evidentemente a él sí y se ha erigido en su portavoz, tiene la densidad de Majul hablando de "la gente en la calle".
Qué lástima.

César dijo...

excelente post. redondito y contundente.
quien postule "desilusión" en política, que pruebe con la religion, la carpintería o la autoayuda. Los procesos políticos no se moldean ni desde ni para cumplir las ilusiones de ciertos observadores (ni si quiera de los militantes).

guillermo dijo...

Carrasco ya se tiró al agua hace rato y solo puede, desesperadamente,dar manotazos de ahogado. Contundente Oscar, un buen cachetazo.

Alfre dijo...

Me acordaba -si no me acuerdo mal- que en aquella entrevista telefónica a Lucas de hace unos años en la otra-radio (en la que despotricaba contra el progresismo porteño, lástima que no quedó grabada), algo que él decía era que él no se definía como "progresista", sino cómo "kirchnerista". Es decir, él no se apoyaba ni en "izquierda", ni en ninguna categoría "trascendente", digamos, al kirchnerismo, para definir su postura: él decía nada más que "yo soy kirchnerista".

Resulta ahora que parece que sí había todo este tiempo para él un "más allá" (de su kirchnerismo), algo "trascendental", pero por lo menos a mí no me queda en claro de qué se trataría. Decía en su aparición hace un tiempo en "Intratables" hablaba (más o menos) de que el kirchnerismo descuidaba "banderas muy caras".

Cosas así tiradas así nomás, me hacen acordar al "se apropian de los DDHH", y cosas similares.

José Irazusta dijo...

Interesante visión Oscar y podría decir que la comparto en un cien por ciento. Y la comparto efectivamente, porque como suele ocurrir con las invitaciones a pensar, se disparan otras ideas. Me pregunto: ¿No habrá llegado el momento de discutir dentro del Kirchnerismo, no ya como sí el Kirchnerismo fuera sólo de Cristina y el entorno elegido por Cristina? Para ser lo más preciso posible empiezo por decir que no tengo dudas que Nestor y Cristina Kirchner ejercieron un liderazgo indiscutible en la década y pico que les tocó gobernar, y que sin duda Cristina tiene muchísimo para aportar todavía a este proceso. Pero como el Kirchnerimo también es nuestro, digo mi parte: no me gusta una mierda el costado Puerto Madero, hay que ser y parecer parte de un colectivo público que está por el momento bastante lejos del bienestar al que aspiramos. Se me podrá decir que son meras boludeces formales, yo creo que no, que hay por ahí una contradicción profunda que hay que salvar. Me parece innecesario abundar, todos sabemos de lo que hablo.
Abrazo.

Oscar Cuervo dijo...

Si todos supiéramos de qué hablás no haría falta que hables. Pero resulta que distintas personas piensan distintas cosas y por eso existe la política. En cuanto a cuál es la hora para discutir, si ya llegó o todavía no, te digo que siempre es la hora para discutir y que siempre se discutió. Y que en la década K se discutió como nunca antes. Ahora para que cada uno diga lo que piensa, el problema es hacerse oir y que otros crean que vale la pena lo que decís. Los liderazgos democráticos se construyen día a día y si Cristina después de 10 años de kirchnerismo está donde está será porque construyó un poder con la anuencia de una parte importante del pueblo. Ahora si se te ocurren ideas mejores nada te impide que las digas y trates de llevarlas a cabo. Creo que en el país hay una enorme libertad para discutirlo todo.

José Irazusta dijo...

En cada oportunidad que se pretende decir algo se corre necesariamente el riesgo de no ser interpretado. Es así, la interpretación del otro sólo es posible cuando nos abrimos a ver, o a escuchar, o a leer, con una especial voluntad de entender lo que el otro pretende decir, que siempre es parcial, limitado, impreciso.
No está en mi intención discutir liderazgo alguno a nivel personal, y mucho menos desde las modestísimas tribunas a las que me arrimo, se notara. Sólo me siento inclinado a tirar, como quien tira una botella al mar, sin pretensiones, unas líneas inspiradas en el compromiso con una propuesta —la nuestra—. Que es nuestra porque es de nuestros anhelos, y pensándolo mejor, también de nuestras ilusiones. ¿Por qué no? Tenés razón cuando decís eso, de que no hay que desilusionarse, en política, cuando las cosas no son, o no salen, como uno quisiera. Pero los ideales y por ende la ilusión que ellos provocan, irremediablemente, son la única materia constitutiva sana dentro de la política; la razón pura sin ellos no es nada.
Bueno, entonces, como discutir “con” no implica forzosamente estar en contra, sigamos discutiendo, opongamos a la monolítica estupidez contraria a todo, nuestras discusiones de matices.
A modo de conclusión malsana insisto con mi punto de cuestionamiento: o terminamos con el exceso de multimillonarios en nuestras filas, o el exceso de multimillonarios termina definitivamente con nuestras honestas ilusiones.