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jueves, 18 de julio de 2013

Ni siquiera con los ojos abiertos puedo ver bien

Zatoichi, de Takeshi Kitano - Ciclo de cine K en Bar La Tribu
Sábado 20 de julio a las 20:00 hs. Lambaré 873 - Con debate posterior


por Marcelo J. Campos *

Kitano, devenido Zatoichi, cierra sus ojos para ver; de ese modo se vuelve invencible, percibe todo lo que sucede a su alrededor. El masajista ciego se enfrenta a quien sea y lo vence de un solo golpe de katana.

Quizás sea necesario cerrar los ojos para ver que la violencia que caracteriza al cine de Kitano es una cortina de humo para que quienes están distraídos frente a la pantalla no vean lo que realmente está sucediendo.

Kitano no hace cine de género, yakuza o samurais: hace un cine de principios, donde yakuzas o samurais sólo son una excusa. Mafiosos con códigos inquebrantables, la supervivencia de lo arcaico en el mundo moderno. Los límites entre los buenos y malos se borran, policías corruptos enfrentando a gangsters de corazón noble.

La contrafigura de Zatoichi es un samurai devenido matón a sueldo, un ronín (así se llama al samurai que perdió a su amo), alguien que ahora mata por una paga, seguido por una mujera sumisa y agonizante. Por momentos nos recuerda a los samurais que Kurosawa solía convertir en héroes, hasta podemos simpatizar con él, luchando por proteger a su mujer. Los ronín o apostadores son la raíz histórica de la yakuza, los que quedaron excluidos de la sociedad japonesa moderna por los cambios que esta registró. La modernidad trajo al Japón ejércitos profesionales y armas de fuego que acabaron con los samurais. La prohibición del juego por parte del gobierno también dejó a los apostadores en la clandestinidad.

La idea original de Zatoichi perteneció al fallecido Shintaro Katsu, quien llegó a hacer unso 26 films con el personaje de Zatoichi, el masajista ciego. Kitano hizo ese film por expreso pedido de la madama Chieko Saito, una de las más importantes empresarias del clubs nocturnos, en los que alguna vez el joven Kitano hizo sus primeros pasos como cómico). Madame Saito fue gran amiga de Katsu y por eso quiso rendirle un homenaje. El Zatoichi original tenía el pelo negro, a diferencia del platinado Kitano.

Sobre el final, Zatoichi abre sus ojos y tropieza: "ni siquiera con los ojos abiertos puedo ver bien".


* Una versión más extensa de esta nota fue publicada en el número 5 de revista La otra, invierno de 2004.

1 comentario:

julieta dijo...

2004??? mucho tiempo... tan poco...