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domingo, 25 de enero de 2015

Sobre la autopsia de un ojo (o la disección de la mirada)

Subjetiva de Nadie
Hoy a la medianoche Marcos Vieytes en La otra.-radio



Dice Marcos Vieytes (Subjetiva de nadie. Fragmentos de un diario crítico):

La idea es delirante, genial, desmesurada, propia de un subproducto del cine de terror europeo tan sugestivo y poético como acabó siendo Horror Express (1972) de Eugenio Martin (Gene Martin para la distribución internacional), protagonizada por el dúo dinámico de la Casa Hammer que formaron para siempre Christopher Lee y Peter Cushing, trasplantados a esta coproducción con director español, Telly Savalas haciendo de cosaco, Alberto de Mendoza fagocitándose la película al dárselas con todo desparpajo de monje ruso medio loco y medio brujo, más desatado aún que la suma del Rasputín histórico y del mítico, un par de mujeres filmadas de verdad, un monstruo simultáneamente material y metafísico, un tren que atraviesa el nevado desierto siberiano, tres o cuatro secuencias que asustan como pocas, un silbido sibilino y asesino, ni un solo plano irrelevante debido al imán iconográfico del reparto, y ese momento maravilloso en el que, tras cazar y dar muerte al monstruo o a una de sus encarnaciones, Peter Cushing le hace la autopsia para encontrarse con la sorpresa de que en el ojo tiene grabadas -talladas, registradas, impresas- imágenes solamente visibles a través de la lente de un microscopio. Pero eso no es todo, también se revelan milenarias y extraterrestres. Algo así como si Dios hubiera tenido una cámara y mandara home movies desde el cielo, películas de su panorámica cenital. Solo que estas resultan ser las de un demonio, especie de subjetivas cenitales de Satán en caída libre hacia la Tierra tras su derrota bíblica a manos del arcángel Miguel. ¿Quién no pagaría la entrada -digo más-: quién no vendería su alma para ver esa película? Como hace el protagonista de Cigarrete Burns (2005), de John Carpenter, o como los de esta Horror Express, que se arremolinan libidinosos sobre el microscopio devenido metáfora del cine con tal de ver lo que no ha visto nadie: lo prohibido, lo irrepresentable, la presunta pieza clave de un rompecabezas en verdad infinitamente inconcluso.


No vi Horror Express y no tenía idea de su existencia ni de quién es su director, Eugenio Martín; es más: creo que no la veré siquiera después de haber leído este hermoso texto de Marcos Vieytes que forma parte de su primer libro. El "subproducto del cine de terror europeo" queda definitivamente fuera de mi radar; lo digo sin culpa y sin orgullo. Apartada esta cuestión de deseos y deberes, debo decir que el texto de Vieytes justificaría la existencia de la película que no veré. Hay ahí una metáfora del cine señalada como al pasar, en una intuición genial, en medio de una cadena de instantáneas sobre la mirada (la mirada de Romy Schneider, la mirada de un conejo muerto (ver acá)), cada una de las cuales que valen por un tratado de mil páginas sobre la ontología de la imagen cinematográfica. Una serie de asociaciones, lícitas o ilícitas, autorizadas por la vida de la escritura.

Vieytes no hace un libro de crítica cinematográfica; tampoco creo que sea muy precisa la etiqueta del subtítulo: Fragmentos de un diario crítico. Al menos yo no encuentro un diario. Hay sí una apuesta por la contingencia de la escritura, un escrutar la mirada, por el rebote aparentemente caprichoso de una memoria cinéfila capaz de lograr una iluminación a partir de la secuencia de un subproducto del terror europeo. La cinefilia que Marcos escribe no es la de un culto esotérico que se erige en contra del mundo, así como su crítica tampoco es el Tribunal de la Razón Cinematográfica ante el cual hace comparecer a cada película. No hay Juez ni Sistema, pero tampoco se trata de un mero montón de ocurrencias. Hay una trama urdida desde la inquietud de la pasión por el cine como parte de la experiencia vital: un cine que ayuda a ver el mundo escribiendo la mirada. No ideas, diría el Godard de Adiós al lenguaje, sino metáforas. Por eso creo que el libro Subjetiva de nadie, con su apariencia de ensayo acerca de la experiencia cinéfila interferido por poemas y relatos autobiográficos, es más una novela que otra cosa.

Un texto notable que atestigua que hay vida para la escritura cinematográfica, más allá de la liturgia vaciada de las reseñas y del gesto pendenciero de las camarillas. No está solo: lo acompañan textos tan distintos y tan productivos como los de Nicolás Prividera (El país del cine), los de Roger Koza en Ojos Abiertos, los de Emilio Bernini en Kilómetro 111 o los de José Miccio acá nomás. Un momento extraño y promisorio de eso que alguna vez se llamó "crítica cinematográfica" y hoy ya no sé cómo.

Hoy a la medianoche viene Marcos Vieytes a La otra.-radio. FM La Tribu, 88,7, www.fmlatribu.com.

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