domingo, 27 de noviembre de 2016

El fracaso de la "guerra contra las drogas"



por Annie Minno *

Yo acuso a especialistas, políticos y periodistas que hablan de las drogas y sus daños, sin considerar la posibilidad de confrontar sus certezas con la realidad, mintiendo sobre los hechos. Los chismes que dicen sobre el opio y sus derivados están en contradicción directa con los datos científicos establecidos desde hace mucho tiempo. Esas tonterías acerca de que se debería impedir a la gente tomar las drogas lo único que impide es ayudar a los adictos.

Yo acuso a los gobiernos que prohíben (y prohibieron) el uso de la metadona y la distribución de jeringas para la asistencia de personas que se encuentran en peligro. A causa de los gobiernos que prohibieron y todavía prohíben, el SIDA y la hepatitis continúan contagiando a individuos a los que si les diéramos las herramientas, lucharían para que no se propaguen estas enfermedades. Por culpa de estos gobiernos hay consumidores de drogas que habrían podido ayudar, pero ahora están totalmente abandonados a  la violencia, la miseria y la muerte.

Yo acuso a los terapeutas que se niegan escuchar a un adicto no arrepentido solo como modo de extorsión. Los terapeutas proyectan sobre los adictos sus propias incapacidades de proponer una ayuda adaptada y eficaz. Estos terapeutas cuentan con la ayuda de los jueces y la policía para llevar hacía ellos a los pacientes, lo que de otra manera les hubiera sido imposible porque se habrían escapado. Son incapaces de tratar a los pacientes de igual a igual, y se confunden entre la terapia y una reformatorio moral.

Yo acuso a los "héroes contra la droga" por haber declarado una guerra sin cuartel contra las mismas. En un siglo de prohibición, los traficantes no pararon de crecer y de engrosar sus ingresos. Son los adictos quienes están golpeados por la miseria, la delincuencia, la desnutrición, la sobredosis y el SIDA. La guerra contra las drogas no ha excluido a los narcotraficantes, quienes, por el contrario, se acercan cada vez más al poder. Esta guerra sí exluyó a los consumidores, ya que la mayoría vive cada día en el último círculo de infierno urbano.

De la misma manera me acuso a mí misma por los errores de razonamiento, las convicciones ciegas y las faltas terapéuticas que estoy describiendo en este libro, que fueron mías. Yo planteo esta cuestión. Quizá muy tarde, bajo la presión de la epidemia del SIDA. Hoy sé que la solidaridad lógica que esa epidemia inició entre los consumidores de drogas y nosotros (los terapeutas), puede ser transformada en ayuda activa. Los toxicómanos, al contrario de lo creíamos formalmente, pueden hacer su parte… ¿y nosotros?


* Annie Minno nació en Francia en 1945 y murió el 25 de noviembre del 2015 en Ginebra, Suiza. En 1998 fue directora general de la Sanidad en Suiza.

En 1981 fue nombrada como jefa de división de abusos y sustancias de toxicodependencia y alcoholismo. Desde allí, y en pleno auge del HIV, ella comienza a ver las consecuencias caóticas de la enfermedad en esta comunidad y cambia su cabeza, hasta crear en 1991 el primer centro de reducción de daños que buscaba la independencia del adicto y escribe su libro Yo acuso.

En Suiza se crearon locales para inyectarse drogas en 1986 y programas de intercambios de jeringas en 1988. Según Annie Mino -a cargo del programa en la ciudad de Ginebra-, más que la abstinencia, la meta para los tratamientos destinados a usuarios de drogas "busca la autonomía del sujeto como el mejor resultado posible".
Traducción del francés de Alejandro Brain.