Foto: Nadia Albarracin


viernes, 18 de noviembre de 2016

La marcha de hoy será multitudinaria pero ¿los jerarcas volverán a malversar el apoyo de sus bases?





por Willy Villalobos y Oscar Cuervo

Las consignas que movilizan la marcha de hoy parecen contradictorias.

Este gobierno es neoliberal, por lo tanto se caracteriza por respaldar la concentración de la economía, el favorecimiento de la especulación financiera, el desempleo, la rebaja de salarios, la flexibilización laboral, el fin de las paritarias, reducir al mínimo las PYMES, encarcelar opositores, perseguir a los que puedan darle pelea electoral, jerarquizar al sector mas fascista de nuestra sociedad para que impere la ley del más fuerte.

Para que esta cultura se consolide hizo falta que sectores del campo popular acompañen el ajuste. En el parlamento quedó claro quiénes permitieron "la gobernabilidad" o no enfrentaron las políticas de despidos y suspensiones. El arrugue de la CGT luego del veto de Macri a la ley antidespidos dejó en claro hasta dónde llegaba la política de los burócratas.

Hay una política violenta de proscripción y acoso judical de la ex-presidenta, declarada culpable por haber mejorado las condiciones sociales de las grandes mayorías, lo que los ricos definen como una gran mentira que los K le hicieron creer al pueblo.

Esa política de persecución es acompañada por muchos de los convocantes a la marcha. Para no hablar sólo de los sindicalistas, es notable que Abal Medina haya dicho esta semana que Cristina se manejaba con soberbia, en el mismo momento que se le abrían causas a la madre, a ella y a toda la parentela. Abal Medina usa la persecución para separarse del gobierno anterior, porque no quiere que las balas piquen cerca.

Las consignas para la marcha de hoy son contradictorias, porque es al menos raro presentarle al gobierno del ajuste, que está saqueando al país, un proyecto de ley para crear un millón de puestos de trabajo, cuando el 29 de abril las centrales sindicales ya consiguieron poner 300 mil en la calle en reclamo de una ley antidespidos que luego Macri vetó. Lo esperable después de ese veto era que la CGT que había reclamado la ley reaccionara contra el veto. Pero con la excusa del cambio de conducción sindical, la respuesta quedó en la nada. Cuando la nueva cúpula asumió, se votó un paro general sin fecha, que luego la propia cúpula dejó sin efecto ante el llamado del gobierno a una "mesa de diálogo".  ¿Los mismos que se niegan a parar el país, antes pararon cuatro veces por ganacias, y ahora se ponen a la cabeza de la oposición?

A estos burócratas es difícil creerles y a Massa, que está detrás de ellos, mucho menos.

Por otro lado, hay que ir a la marcha, hay que repudiar a Macri y sus políticas, porque cualquier acción que les moleste hay que apoyarla. Pero todo hay que pensarlo, no está tan claro que se trate de una marcha de los trabajadores y organizaciones sociales que únicamente pretenda mejorar las condiciones de vida de los que menos tienen.

La ley de emergencia social tiene media sanción en el senado y por una chicana de la vicepresidenta está ahí trabada: Michetti, que ayer se fotografió a las sonrisas con el Papa, no la manda a diputados para diferir su tratamiento en sesiones ordinarias. Algunos voceros del PRO dicen que, de llegar a votarse en diputados, la ley sería vetada. ¿Volverán a hacerse los sotas los jeracas sindicales ante un segundo veto? Marcos Peña ya anunció un proyecto para modificar las escalas del impuesto a las ganancias que tanto les preocupa a los sindicatos mejor pagos. ¿Volverán a negociar una cosa por otra? ¿Volverán a malversar el apoyo impresionante de las bases de esta tarde en las calles? ¿Bajarán el reclamo del millón de puestos de trabajo, como antes bajaron la reapertura de las paritarias que salieron perdiendo frente a la inflación, a cambio de una presunta mejora en las alícuotas del impuesto a las ganancias que Peña solo promete en 2017?

Si así fuera, una vez más la bronca de las bases sería moneda de cambio de las cúpulas para negociar en mejores condiciones reclamos parciales, mientras el salario real y el nivel de empleo sigue cayendo. Con los antecedentes de estas cúpulas, tan predispuestas a dejar avanzar el ajuste, es preciso desconfiar. Prestemos atención a las próximas maniobras de los que se mueven por arriba usando a los de abajo.