sábado, 28 de febrero de 2015

Nicolás Prividera y "El país del cine"

Una conversación en Antojo, para escuchar acá

por Oscar Cuervo


Mis conversaciones con Prividera sobre cine y política vienen de hace mucho; para ser preciso, desde que en 2006 vi un corte no definitivo de M y a partir de eso intercambiamos algunos mails. Ahí ya no estábamos de acuerdo, a pesar de que la película desde aquella primera vez me pareció muy valiosa. De ahí en adelante hemos tenido algunas conversaciones amables y otras no, seguí el trayecto que llevó a M a ganar un premio importante en Mar del Plata, le hice una entrevista por radio que fue muy áspera y fue a parar al número 16 de revista La otra, nos cruzamos en festivales, discutimos agriamente sobre Tsai Ming-liang, Raya Martin y Lisandro Alonso, volvimos a discutir en posts de La lectora provisoria que hoy ya no están en la web, discutimos en este mismo blog (se puede leer todo acá), volvimos a conversar cuando hizo Tierra de los padres, cuando esa película fue excluida de los dos más importantes festivales argentinos, volvimos a pelear a propósito de Tarantino, de Scorsese, de los Dardenne y de otras cosas que ya no me acuerdo. Una pequeña parte de esas discusiones están referidas en su libro El país del cine. Para una historia política del nuevo cine argentino. En ese libro consta también que en algunas ocasiones hemos estado de acuerdo. Y por supuesto, muchas otras discusiones que Prividera mantiene con cineastas y, sobre todo, con críticos.

A fines del año pasado empecé a leer su libro, lo que me llevó a reafirmar algo que había escrito en septiembre de 2012:

"Prividera asume en su carrera como cineasta una posición ética, quizá como ningún otro director argentino contemporáneo. No digo que esta posición sea la única ni la mejor que debe asumir un cineasta, ni tampoco que los que no la asumen con este grado de compromiso (que Prividera parece dispuesto a llevar hasta el extremo posible) sean criticables por ello. En el cine argentino hay muy buenos directores que encarnan posiciones muy diversas, y tan estimables y honestas como la de Prividera. Digo que Prividera cree con pasión en la necesidad de asumir este compromiso y actúa con una consecuencia poco habitual en nuestro medio. Para la posición ética no hay resguardo posible en motivos estéticos, ni es lícito apelar al silencio o a la ambivalencia del discurso: la ética exige una exposición pública que rinde tributo a la comunidad. Por eso le resulta imprescindible responder concienzudamente, despejar posibles malos entendidos, discutir cada vez que no está de acuerdo, exhibiendo argumentos exhaustivos y precisos, interpelar con nombre y apellido a todo aquel que le concierna. En esa exposición tan frontal, Prividera se expone también a las más diversas formas del rechazo".


En 2012 el libro no existía como tal, pero lo que escribí se le aplica perfectamente. Tanto como la idea de que entre su filmografía y sus intervenciones críticas hay una continuidad evidente, hasta ser parte de una misma obra.

En mi texto de 2012, también escribí:

"¿Acaso no se entendió aún que la polémica abierta es parte del dispositivo autoral de Prividera? Quizá sea este el rasgo que lo distingue de todos los demás. Su cine no solo promueve, sino que exige la discusión. Así que estas notas que viene publicando se entienden perfectamente como la continuidad natural de sus películas por otro medio. Pensar que esta asunción pública del deber de discutir es una manifestación de vanidad o que mediante ella se están dirimiendo rencillas personales, incluso pensar que Prividera está “defendiendo” su película de críticas adversas, es no entender qué es Prividera como cineasta cívico. Por otro lado, suponer que un cineasta no puede intervenir mediante el texto escrito en la conversación con la crítica responde a una división del trabajo muy esquemática, según la cual los directores solo pueden filmar pero no escribir y además, ante una crítica, tienen que “aceptarla” pero no discutirle".

De todas sus intervenciones críticas, El país del cine... reúne, desarrolla y perfecciona solo las referidas al "nuevo cine argentino" de los 90 y sus precursores. Prividera discute no solo películas y autores sino también dispositivos de legitimación que funcionan en la crítica cinematográfica y en los festivales en los que estas películas encuentran su lugar más propicio. Quizás la tesis principal del libro sea que no es posible pensar las películas como meras expresiones de una subjetividad autoral, sino que hay que tener en cuenta los diversos contextos por los que ellas se deslizan, se elevan o caen. No solo todo cine es político, sino que además  toda crítica lo es, aún aquella que quiere desentenderse de lo "extracinematográfico" para ocuparse de lo meramente estético, como si una esfera estética subsistiera en sí y fuera del mundo. El problema es que el cine no puede desligarse del mundo, los cineastas no pueden desentenderse de las diversas plataformas que hacen posibles y visibles sus obras y los críticos no pueden borrar las huellas de los intereses que encarnan aunque se resistan a admitirlo. Si no me equivoco, este es el núcleo central de la posición de Prividera; y si esto es así, no puedo estar sino de acuerdo. Aunque en otros puntos, nuestras diferencias subsistan.

Pero como rompedor de consensos, si Prividera no existiera, el cine argentino actual tendría que inventarlo. Su tozudez (a veces agotadora para quienes se proponen discutirle) abrió una brecha en el campo de la crítica, por la cual se cuela una frescura que remueve el aire viciado de las camarillas.

El lunes pasado Nicolás Prividera estuvo en Antojo: hablamos de su libro, de la filiación no reconocida entre el nuevo cine argentino de los 60/70 y el de los 90, del carácter pernicioso de la canonización súbita de las películas, de la engañosa despolitización del cine argentino noventista, de la engañosa despolitización de la crítica cinematográfica actual, de Rapado, de Dos disparos, de American Sniper, de La libertad, de La pieza de Franz (de Alberto Fischerman), de las películas de Julio César Ludueña que casi nadie vio, de La noche de las cámaras despiertas y unas pocas cosas más.

Todo lo que hablamos lo pueden escuchar clickeando acá.