jueves, 3 de septiembre de 2015

El conurbano, las fronteras y el cine


por Oscar Cuervo

La república de La Salada

La Salada es una incrustación del mundo global en el conurbano. Alguna vez, hace varias décadas, fue un balneario para pobres, ubicado al borde del Riachuelo. Desde los '90, neoliberalismo mediante, fue transformándose en un centro comercial regenteado por inmigrantes provenientes de muy diversos lugares del mundo, un efecto de las migraciones globales, la economía informal y el trabajo en negro. La globalización no borra las fronteras, como la vieja utopía universalista nos proponía. No se trata de imaginar un mundo sin países, como cantaba Lennon en Imagine, sino que el concepto de frontera se ha transformado. Ahora hay fronteras que separan mundos que coexisten a un kilómetro de distancia. Fronteras que se reproducen en las diversas aldeas de la aldea global.

La feria de La Salada reproduce los modos de producción y consumo del capitalismo, aunque su legalidad es bastante problemática. Es una actividad de producción informal e intercambio comercial que prolifera entre lo permitido, lo prohibido y una zona de vacío legal. La película Hacerme feriante (2010, ópera prima documental de Julián Dangiolillo) nos muestra las negociaciones de los feriantes con los agentes del estado municipal: aparece un joven Martín Insaurralde en persona, negociando un encuadre posible para que estos emprendimientos se ajusten de algún modo a la economía formal. Incluso Insaurralde, en determinado momento, se incomoda ante la presencia de la cámara y exige que la filmación se corte. La película nos muestra, hasta donde puede, el proceso de negociación que al fin y al cabo no se resuelve, con lo cual nos aproxima a otra forma de frontera: una frontera histórica en la que el sistema capitalista, el estado, la población y el propio cine no terminan de afirmar sus respectivos poderes.

A diferencia de la manera que tiene la televisión de mostrarnos la realidad, el cine de D'Angiolillo confía en la elocuencia de las imágenes y del sistema de acciones que el montaje cinematográfico ayuda a hacernos comprender. D'Angiolillo se sumerge en la diversidad de los feriantes de La Salada y sus afanes. No es una cuestión menor la belleza de esta película. La realidad mostrada transcurre en un espacio inhóspito y hostil. La cuenca contaminada del Riachuelo es uno de los lugares más poluídos, feos e inhabitables del mundo; los armazones de la feria en los que el espacio se satura de baratijas, en pasillos estrechos donde los consumidores circulan como una plaga voraz, son paisajes que concentran la agobiante desolación del mercado. Esa inhospitalidad y fealdad no son tratados, sin embargo, con una mirada sórdida. La cámara de D'Angiolillo nunca compone cuadros con intención pictórica, pero hay una belleza de la contingencia que se filtra sin cálculos. Hay una lucha entre el orden y el caos. El mundo no es un desperdicio ni un destino congelado, sino una preciosa posibilidad.


Otra mirada

También en el espacio de La Salada transcurre la película de ficción del director debutante Juan Martín Hsu que se titula, precisamente, La Salada. Hsu se aproxima a ese espacio de cruces culturales y de marginación con delicadeza, melancolía y gracia, sin sordidez ni paternalismo. Su virtud es ponerse a la altura de sus personajes, no sobrevuela una idea genérica de los inmigrantes ni tiene una tesis que ilustrar. Aprovecha el cine para algo mucho mejor que eso: para acercarnos a la experiencia de otros. Las historias de inmigrantes que se cruzan (la joven hija de un comerciante coreano viudo y conservador, un adolescente boliviano que llega a la Argentina acompañando a su tío buscando trabajo, un muchacho taiwanés que vive solo, habla por teléfono con su madre en Taiwan y quiere conseguir una novia, y todos los personajes que los rodean) fueron recogidas por Hsu en sus incursiones en la feria o reflejan en parte su propia experiencia como hijo de inmigrantes taiwaneses. El director ficcionaliza esas historias reales sin forzarlas.

[Este post es un fragmento del texto publicado en la edición n° 11 de Músicas del Mundo, la revista digital de músicas y culturas del planeta. Para leer el texto completo, clickear acá]