sábado, 5 de septiembre de 2015

Noche trastocada

Mucho Melingo en La otra.-radio, se escucha acá



Daniel Melingo es una bestia escénica, cuerpo y concepto, una conjunción difícil de encontrar en la escena local y quizás en cualquier otra. Me da la sensación de que el show que dio el sábado pasado en la sala Argentina del CC Kirchner fue histórico, pero tal vez lo sea sólo para mí, puede ser que la excelencia que esa noche mostró sea su rendimiento parejo y a mí me tocó avivarme esta vez. Lo primero que impresiona cuando su silueta emerge de la sombra es el trabajo que hizo el tiempo en el cuerpo, los surcos que la experiencia talló en su rostro, algo fiero que sale de sus ojos hundidos, que da un poco de miedo. Todo vestido de negro, con la mirada ensombrada por el sombrero, se ve que sabe jugar con el fuera de campo, como si algo tuviéramos que adivinarlo. El secreto parece estar en dejar un resto librado a nuestra imaginación, en no mostrar todo el juego de golpe. La nocturnidad, los márgenes, el tango orillero, la voz cortada por el filo de la garganta, Rivero. Todo metáfora.

Melingo ya tiene un cuerpo que pone en escena, eso es imposible de calcular, es obra de la vida. Pero sobre eso, sobre la decisión de usar el tango reo, prostibulario y carcelario como género que después se expande, se matiza y se enriquece con las inflexiones de la música litoraleña, el blues, el reggae, el foxtrot y la balada spinetteana, lo que él incorpora como valor agregado (porque esto que acabo de enumerar podría ser una fórmula como cualquier otra) es una destreza narrativa sobrenatural. Narra cada canción con un despliegue escénico que azora. Crooner expresionista, maestro de ceremonias demente, poeta maldito, loco contenido que de pronto se desata, pero con un manejo de la energía que va apareciendo de a poco. Yo sabía que era un músico refinado, pero lo que vi el sábado es a un performer descomunal. Sus contorsiones corporales van dejando signos en las sombras, dice cada letra como si estuviera escribiéndola ante nosotros, maneja seguro un trazo vacilante, un baile en el borde del abismo que es pura presencia y al final estalla en alarido.

Una cruza de Edmundo Leonel Rivero con Tom Waits. El último avatar del rock nacional, capaz de sintetizar todas las influencias e integrarlas en ese personaje medio loco que medio actúa ante nosotros. Por detrás tiene una banda de músicos finos, que tocan las notas justas y crean los ambientes para que él relate sus historias de sabihondos y suicidas.



Melingo es el que ha atravesado la noche y la cuenta con misterio y gracia, con emoción y astucia. No puede dejar de notarse que durante muchos años parecía el relegado de una generación que hizo cosas fuertes, compañero de Charly, Miguel Abuelo, Luca, Calamaro, Miguel Zavaleta y Pipo Cipolatti. El se mantuvo mucho tiempo un poco atrás, como esperando su momento. Y ahora parece que su madurez vital lo encuentra a punto caramelo, mejor que nunca, mejor que todos.

Para escuchar mucho Melingo en el programa pasado de La otra.-radio, clickear acá.