viernes, 25 de marzo de 2022

Me mandaron una carta

Hace dos años los organismos de Derechos Humanos decidieron suspender el tradicional acto del 24 de marzo, la fecha cívica más potente de la Argentina contemporánea. Las normas de aislamiento social preventivo ante la pandemia que se había desatado semanas antes lo exigía, algo que no había sucedido nunca, ni en los momentos más oscuros de la dictadura. Fueron dos años de desmovilización provocada por una contingencia y aprovechada por los sectores más reaccionarios de la sociedad, que había querido borrar del calendario esta fecha ni bien asumió el macrismo en 2015 sin lograrlo.



Las circunstancias actuales son como todos sabemos muy difíciles, en el aparente final de la pandemia, ante las consecuencias apiladas de esa catástrofe planetaria, sumadas a las críticas condiciones socioeconómicas en las que el macrismo dejó el país y que el gobierno del Frente de Todos no supo hasta ahora desactivar. El reciente acuerdo con el FMI, como resultado de la disparatada deuda contraída por el gobierno de la derecha derrotado en 2019, dejó al frente gobernante en estado de crisis deliberativa, la mitad de los argentinos viven en la pobreza, la situación bélica en Europa disloca las condiciones externas en un momento en que los sectores exportadores quieren acaparar todas las ventajas comerciales que la situación produce y no hacerse cargo de ninguna de las desventajas: el resultado de esta combinación de factores es un país más desigual, con cada vez más pobres y una minoría enriquecida cada vez más rica. Las desaveniencias del gobierno del FdT y un ejercicio errático de la autoridad por parte del presidente Fernández favorecen un malestar colectivo que repercute en la relación entre los diversos sectores de la coalición gobernante.

En este marco, las operaciones de acción psicológica de los medios corporativos funcionaron a full preanunciando una inminente ruptura del FdT por decisión de su dirigente más importante y su creadora: Cristina Fernández de Kirchner. El vocero de la derecha Carlos Pagni echó a correr el lunes pasado que se esperaba para este 24 la aparición de una durísima carta de Cristina que podría anunciar su alejamiento del gobierno. Pagni llegó a "adelantar" que Horacio Verbitsky estaba colaborando en la redacción de la temida (o ansiada) "carta de Cristina". 


Cualquiera que no se dejara operar por el calvo locuaz de los lunes podría inferir que los movimientos políticos de Cristina no suelen ser nunca lo que todos esperan. Pero la operación lanzada por Pagni pareció tener eficacia persuasiva incluso en algunos sectores del Frente que desearían que Cristina se vaya para que AF gobierne con una coalición del peronismo ortodoxo y las "palomas" del JxC (como si tal especie zoológica existiera).

Si hay una cosa previsible en esta Argentina donde es tan difícil de predecir algo para el corto, mediano o largo plazo, es que Cristina nunca hace lo que todos esperan. Parte de su peso político (que mantiene como ningún otro dirigente desde hace un par de décadas) consiste en la imprevisibilidad de sus tácticas, unida a la firmeza de su estrategia. Escribir un libro, postularse a vicepresidenta, acompañar en la fórmula a un dirigente no demasiado popular que durante varios años se paseó por los canales criticándola, ganarle con esa fórmula al Resto del Mundo: un analista político medianamente sagaz ya debería saber que lo Cristina decide no lo anuncian los medios una semana ni tres días antes. Probablemente el propio Pagni lo supiera, pero tenía que lanzar la especie para cumplir con el deseo de sus empleadores. Por su prestigio periodístico no debería abusar de esas falsas profecías, porque su única eficacia radica en que alguien le crea.

Horas antes desde sectores cercanos a Cristina salió el mensaje que parecía más probable: "La carta es la marcha". Significa dos cosas: que Cristina no va a hacer lo que esperan cuando lo esperan, además de que una intervención pública suya no va a colaborar para opacar la fecha más importante del año político. Efectivamente, Pagni había lanzado una mentira, la movilización fue inmensa, el movimiento de Derechos Humanos es uno de los haberes más poderosos con que cuenta la democracia argentina y La Cámpora se afianza como la organización política más articulada y numerosa del país. Fernández Alberto deberá decidir si quiere terminar su mandato recostado en el poder de la movilización popular de los que estarían en condiciones de sostenerlo ante las movidas desestabilizadoras o ceder a los aprietes del establishment local e internacional.

La marcha fue la más grande de los últimos años y probablemente las maniobras de la derecha en la oposición y en el propio Frente de Todos ayudaron a que cientos de miles de personas en todo el país salieran a ganar la calle. La ocupación de un territorio público y la manifestación de las consignas directrices son el lenguaje en el que habla el pueblo mientras los operadores lanzan sus intrigas en canales de televisión y redes sociales.

Me gusta esta frase que ayer tuiteó Carla Maglio. A las 15 había tuiteado: 

"Vamos a pisar la Plaza, le dice un hombre a su mujer, mirntras cruzan Bolívar. Es algo... no sé... griego".

Un rato antes ella misma había tuiteado:

"Todas las marchas, todos los 24, son también el lugar de las disputas en curso, de la coyuntura. Eso no quiere decir que no sean sobre todo el momento en que aparece el pueblo, y lo que buscamos en común. Y lo que no queremos".

El momento en que aparece el pueblo. El 24 el pueblo no falta.

Video tomado por integrantes de la Cámpora

 

Documental de la marcha desde el Espacio Memoria y Derechos Humanos ex Esma a la Histórica Plaza Mayo. Este documental fue realizado por los militantes de La Cámpora de La Pampa, que participaron de la Marcha del 24 por Memoria, Verdad y Justicia.

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