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miércoles, 1 de octubre de 2014

Y ahora? / Una revelación

Una obra maestra del cine en la Semana del Cine Portugués en el MALBA



Este viernes 3 de octubre a las 22:00, en el marco de la Segunda Edición de la Semana del Cine Portugués, se presenta en el MALBA (Figueroa Alcorta 3415) una de las mejores películas de los últimos años. E agora? Lembra-me: de Joaquim Pinto. Pude verla la primavera pasada en una de las dos únicas proyecciones hasta ahora que tuvo en Buenos Aires esta maravilla, durante el FIDBA (ver acá). Poco después nuestro amigo José Micciola vio en el Festival de Mar del Plata  y escribió un texto notable que trasmite el regocijo que le provocó. Finalmente, en la encuesta que hicimos en diciembre fue elegida la mejor película del año. Obviamente, la recomiendo con fervor. En esta Semana se van a ver otras dos películas de Pinto: Una piedra en el bolsillo (1987) en su formato original en 16 mm se verá el domingo 5 a las 16:00; y Evangelio según San Juan, co-dirigida con Nuno Leonel (2013), pelícua posterior a E Agora?, que se verá el sábado 4 a las 18:00.

La programación completa de la Semana del cine portugués acá. Más información sobre la Semana de Cine Portugués: http://www.facebook.com/vaivem.cine. Itinerancia: Rosario: 11 y 12 de octubre, Centro Cultural Parque de España. Córdoba: 20 al 23 de noviembre, Cineclub Municipal Hugo del Carril.

E agora? Lembra-me

por Oscar Cuervo

E agora? Lembra-me: de Joaquim Pinto. La revelación. Fui advertido por un breve pero elocuente párrafo de Roger Koza. Me encontré con una película extraordinaria. Si digo que se trata de otro documental en primera persona y que su autor es un paciente infectado con el virus del HIV y Hepatitis C que, después de muchos años de tratamientos, sigue padeciendo el dolor de la enfermedad y la agresividad de las terapias experimentales que no logran sanarlo, si digo todo eso, digo, no soy capaz de trasmitir lo esencial de esta experiencia cinematográfica excepcional. Pinto hace un diario íntimo a través de casi un año de su vida. La intimidad no es exactamente la privacidad, porque el cine es el dispositivo por el cual ese espacio cotidiano se reintegra al mundo, ahora transfigurado. La perspectiva del enfermo no es aquí la de una víctima, sino la de un agonista. E Agora? es una película sobre la agonía, desplegando toda la potencia de esta posición. La película misma es producto de una decisión de afirmación de la vida, en el sentido más nietzcheano de la palabra. No es solo Pinto el agonizante, sino la Creación toda (si se me permite la desmesura). Es una Cosmo-agonía.

Pinto está en pareja con un hombre más joven, Nuno, que en principio se resiste a formar parte de la película. Pero poco a poco la presencia de Nuno va visibilizándose en toda su potencia corporal, que contrasta con la extrema fragilidad del propio Pinto. La pareja vive en medio de un páramo portugués que hace meses sufre una terrible sequía. Y son acompañados por un trío de perros adorables que se transforman en portadores de un amor universal, que poco a poco se extiende a todos los bichos que los rodean. Pinto logra el milagro de transformar su agonía en una conmovedora exaltación de la vitalidad. El discurso médico sobre las formas de mutación del virus y su resistencia al arsenal de medicaciones con que se lo atacan se entrelaza con un poema de celebración de los seres vivos: la dimensión animal de los hombres (que culmina en una de las escenas de sexo más hermosas que jamás se hayan filmado), la dimensión espiritual de los bichos, los cuerpos atravesados por la historia humana (los acontecimientos políticos, culturales, los nombres propios: Foucault, Daney, Raul Ruiz, , Joao Cesar Monteiro, Magdalena Montezuma), la historia humana como episodio fugaz y desgraciado de la historia del universo y la recuperación de la experiencia mediante los símbolos: la Cruz como bendición, la presencia de un hálito divino aún en las más pequeñas criaturas: el bicho babosa del principio, pero también los retrovirus, la mosca que molesta el momento de dolor de Pinto, la belleza animal/espiritual de su amante y, por supuesto, los perros.

E Agora? es una película de una ambición desmesurada, porque desde un estado que linda con la muerte se propone animar y finalmente consagrar a la multitud de los seres vivos. Yo siempre me resistí a usar la palabra "epifanía" para referirme a una película. Leí muchas veces esa palabra en relación a películas estúpidas y ofensivas. Pero ahora creo que una película como la de Pinto es, sí, epifánica, no se me ocurre una palabra mejor.

Acabo de verla, una vez, y salgo con la sensación de que hace falta verla muchas veces para recuperar su bendita desemesura, como diría Nelson Castro, su hubris...




por José Miccio

Joaquim Pinto tiene una historia profesional admirable; trabajó con Raúl Ruiz (1), con Manoel de Oliveira, con André Techiné, con Werner Schoerter y con João Cesar Monteiro; pero a partir de ahora será siempre el director de esta película extraordinaria. “Recordame”, dice el título. Y cómo no.

Una avispa panza arriba trata de reponerse, un perro lleva con él un tumor, la tierra aguanta la sequía, Joaquim Pinto vive con HIV y hepatitis C desde hace dos décadas. “Tengo una vida como la de cualquiera”, dice al comienzo. Cuando al final repite la frase la referencia del pronombre se ha ampliado de manera notable, hasta incluir virtualmente a todo el universo. En sus brevísimas tres horas E agora? Lembra-me teje la biografía de su realizador y de la enfermedad que lo agota y acompaña con la evolución de las especies, la historia de la humanidad, el arte, la política, la filosofía, la religión y la crisis económica europea.

Todos los hilos nacen de lo que al comienzo se presenta como un diario privado y pronto se convierte en algo totalmente distinto, no tanto porque la película no asuma efectivamente la forma del diario como por la crisis que sufre y goza en su despliegue la idea misma de privacidad. Quisiera explicarme bien. No es que Pinto pretenda usarse como ejemplo de algo que lo incluye y lo supera, y al superarlo lo redime y lo autoriza a decir “Yo”. O que, al contrario, quiera disolverse en las galaxias o los unicelulares, y perder así cuerpo y memoria. Es decir, no hay en su película una voluntad representativa que lo ubique como vocero de un grupo – los cinéfilos, los homosexuales, los sidosos, los sonidistas, los cincuentones, los barbudos, los portugueses, los amantes de los perros – ni un sometimiento de su historia personal a una grandeza que la reduce a nada, como si dijera: solamente soy un grano en el cosmos, mera insignificancia. La crisis de la privacidad se debe a algo mucho más hermoso: se debe a que Pinto filma su diario como si a través de la cámara y la voz pudiera encontrar un orden poético o una sinfonía del universo. Suena grandilocuente y laborioso, pero lo cierto es que esta trama - familiar, mística, política, biológica – parece hecha por una de esas viejas tejedoras que tienen su oficio tan incorporado al ritmo de los días que las marcas de su esfuerzo han quedado olvidadas detrás de la fluidez. Pinto siente la cámara como Messi la pelota y César Aira la escritura: como una extensión de su propio organismo.

Justamente lo contrario le ocurre con la medicación. En un momento Pinto dice que siente la voluntad separada del cuerpo, y que para mover un brazo debe hacer primero el esfuerzo por conectarlo con el cerebro. Esa bruma neurológica lo confunde a menudo: olvida fechas, pierde la atención con facilidad, cae en lo que él mismo llama estado de inercia. Es en semejante situación perceptiva que consigue escribir los textos que dice en off, capturar sus imágenes y montar unos y otras. Qué notable. Para ver cómo dos rayos de luz caen en el mismo punto y generan esos colores y esos brillos se necesitan una cámara y un espíritu que sepa reconocer la importancia de ese instante, que es lo mismo que exhibe Pinto al poner en escena de manera tan amorosa a su esposo Nuno y a su padre, a sus cuatro perros y a la amiga, también enferma, que por carta o mail le cuenta su propia experiencia y le da algunos consejos para aguantar los tratamientos.

La sinfonía exige antes que nada que el ser humano se baje del trono de las especies. Pinto lo dice de varias maneras: señala el error de traducir la edad de los perros a la de las personas, recuerda que el tomate tiene más genes que los hombres y en su momento más drástico afirma que cuando nosotros ya no estemos “la vida suspirará de alivio”. También dice: “No somos especiales, solo recientes”. Pero mejor que en las frases declarativas su descontento con una visión antropocéntrica del mundo se nota en el montaje, que sugiere que los árboles, los insectos, las ranas, los perros, las cavernas, la luz y la tierra tienen tanta importancia como los humanos. Que somos solo una parte de la naturaleza y no su sentido último es una verdad tan sencilla como repetida, maltratadaPinto hace lo mismo que Godard. Para que encontremos intensa y verdadera la idea de que nuestro lugar en el universo no tiene por qué ser más importante que el de la avispa o el tomate es necesario un esfuerzo descomunal, capaz de vencer la costumbre y la gansada - y al menos en este caso una forma ligera, capaz de vencer las marcas de ese esfuerzo. Godard juega con el montaje, con los planos, con el negativo, con el sonido, con el lenguaje, con los géneros, con la fenomenal fotografía de Raoul Coutard; da vuelta todo para que una vez en trance podamos sentir la gloria de unas palabras tan debilitadas como “perdón” o “prometo”. Pinto retuerce los lugares comunes del documental en primera persona hasta el punto de volverlos tan extraños como el llanto en Alphaville; hay en su película acordes misteriosos que reúnen el sexo y el Evangelio de Marcos, una abeja carnívora y un libro de Francisco de Holanda, la palabra nunc y la palabra Nuno. además por espiritualismos zonzos y confortables. Afirmarla sin más – como hago yo - es pueril. Acceder a ella a través de la película de Pinto es sublime.




Hago ahora un intervalo godardiano.

Volví a ver hace poco Alphaville. Es una historia muy en la línea de 1984 y demás distopías, que aprovecha algunos géneros como dispensadores de tópicos. La ciencia ficción se percibe en los motivos argumentales y en los sonidos baratamente tecnificados, que sugieren siempre el futuro. Lemmy Caution es un típico personaje del cine negro, un agente secreto disfrazado de periodista que cumple su papel de duro con sequedad: cara de piedra, trompadas y tiros (hasta le da un bollo a una mujer, lo que hoy provocaría ofensas de lo más graciosas). Anna Karina interpreta a la hija de un científico que, como el resto de los habitantes de Alphaville, no llora ni conoce la palabra amor. Al final Lemmy escapa con ella, mientras el proyecto totalitario se hunde. La escena cierra la película de manera simétrica: comienza con la llegada de Lemmy a la ciudad y concluye con su partida.

Hay unas palabras que enmarcan la historia. Al entrar a Alphaville un cartel anuncia los valores de una sociedad burocrática, ordenada y gris: Lógica, Prudencia, Silencio, Seguridad. Al salir, Anna Karina llora y dice “Te amo”, las palabras que conmueven a todas las otras. Alphaville aparece como un futuro acá a la vuelta, un dominio absoluto de la técnica al que Godard opone el amor como potencia indomesticable. Es el descubrimiento de la frase más común de todas lo que señala la persistencia de lo humano: cuando Anna Karina la dice y lagrimea, su cara y la música son las de la revelación de algo sagrado. Por eso la película de Godard es un ejemplo perfecto de lo que podemos llamar el trabajo del arte: el lugar más común se convierte en una explicación del mundo solo una vez que el mundo ha sido convertido en otra cosa.

Fin del intervalo.



Es propiedad del arte hacernos escuchar por primera vez lo que escuchamos todos los días; por ejemplo que el amor es una fuerza arrolladora o que el universo es absolutamente extraordinario. Para llegar a darnos cuenta de cuán poco especiales somos no necesitamos un cura o un comisario que nos diga la Palabra; necesitamos el plano genial de dos o tres minutos que Pinto le dedica a una libélula.

¡La delicadeza infinita de esas alas! ¡Esa extrañísima cabeza!

Mientras veía ese plano recordé un libro que leí hace poco, gracias a unas personas maravillosas que me llamaron la atención sobre su autor. A partir de la observación fascinada de una avispa que caza una araña y la prepara en un periquete como alimento para su cría, Mario Levrero escribe en La novela luminosa esta página, que de alguna manera comenta la película de Pinto:

“¿A usted nunca le pasó, mirando un insecto, o una flor, o un árbol, que por un momento se le cambiara la estructura de valores, o de jerarquías? No sé cuándo habrá sido la primera vez – quizá en la infancia, aunque esta anécdota de la avispa cazadora se me presenta como la primera -, pero sé que me ha sucedido varias veces. Es como si mirara el universo desde el punto de vista de la avispa – o la hormiga, o el perro, o la flor -, y lo encontrara más válido que desde mi propio punto de vista. De pronto pierden sentido la civilización, la Historia, el automóvil, la lata de cerveza, el vecino, el pensamiento, la palabra, el hombre mismo y su lugar indiscutido en el vértice de la pirámide de los seres vivos. Toda forma de vida se me hace, en ese momento, equivalente. Y, como intentaré mostrarlo luego, lo inanimado deja de serlo y no hay lugar para una no-vida”.

De eso trata E agora? Lembra-me.

Las películas del año 2013: resultado de la encuesta


1- E agora? Lembra-me (Joaquim Pinto, Portugal): 13 votos
2- P3nd3jo5 (Raúl Perrone, Argentina): 11 votos
3- Tabú (Miguel Gomes, Portugal): 8 votos + 1 mención
4- Django sin cadenas (Quentin Tarantino, EEUU): 8 votos
5- La chica del sur (José Luis García, Argentina): 7 votos + 1 mención
5- Barbara (Christian Petzold, Alemania): 7 votos + 1 mención
6- The act of killing (Joshua Oppenheimer, Dinamarca): 6 votos + 1 mención
7- L’ Inconnu du Lac (Alain Guiraudie, Francia): 6 votos
7- The Master (Paul Thomas Anderson, EEUU): 6 votos
8- A ultima vez que vi Macau (J,P. Rodrigues y J. Guerra da Mata, Francia/ Portugal): 5 votos
9- Amour (Michael Haneke, Austria, Francia, Alemania): 5 + 1 mención
10- César debe morir (Paolo y Vittorio Taviani, Italia): 4 votos
10- En otro país (Hong Sang-soo, Corea del sur, Francia): 4 votos

Votaron 48 personas: Roger Koza, Litto Nebbia, Emilio Bernini, Andrés Di Tella, Jorge García, Diego Trerotola, Eduardo Russo, José MIccio, Cynthia Sabat, Marcela Gamberini, Eduardo Rojas, Santiago Palavecino, Marcos Gustavo Vieytes, Fernando Lima, Marco Berger, Juan Soriano, Gonzalo Beladrich, Juan Aguzzi, Guillermo Colantonio, Daniel Cholakian, Diego Menegazzi, Fabián Sancho, Silvia Romero, Gabriela López Zubiría, Eduardo Benitez, Ignacio Masllorens, Francisco Lezama, Jorge Leandro Colás, Gustavo Galuppo, Caro Fernández, Cristina Marron, Salvador Savarese, Ted Chinaski, Javier De Pietro, Marc Perilli, Lilián Cámera, Liliana Piñeiro, Fausto Nicolás Balbi, Paul Von Sprecher, Juan Manuel Castro, Ramiro Sonzini, Eduardo Fernández Villar, Alito Aep, Carmen Cuervo, Cristian Bonomo, Maxi Diomedi, Martín Farina y Oscar Cuervo...

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