A Vidal le cortan el rostro en un timbreo:




sábado, 14 de julio de 2018

Fulgor de los cuerpos, captura y liberación


Cuando estaba programando el nuevo ciclo de cine y pensamiento de La otra por una serie de asociaciones se me fueron ocurriendo películas que tenía ganas de pasar y después aparecieron ideas que ligaban esas películas, lo que me hizo desembocar en este concepto de "Cuerpos capturados". Elegí solamente ocho películas, pero a medida que lo iba pensando, vi que podrían ser ochenta u ochocientos. 

Quizás ya haya un montón de ensayos sobre esta cuestión y yo ni enterado estaba. El cuerpo como un eje organizador de la imagen cinematográfica: fondo y figura, ficción y documental, campo y fuera de campo, tamaños del plano, materia y forma, naturaleza y cultura, personal y político: todas estas encrucijadas conducen al cuerpo en el cine. ¿Es una idea muy común y yo la acabo de descubrir? Puede ser: no soy gran lector de teoría cinematográfica, la que me suele aburrir. Mis guías secretos o no tanto sobre esto han sido dos cineastas: Bresson y Pasolini, la forma en que ellos han filmado los cuerpos, la función que les asignaron y las breves y luminosas ideas que dejaron escritas sobre esta cuestión. Godard debe andar por ahí, como discípulo aventajado de Bresson. Después tengo muchos momentos en el cine que me llevaron a esto: el neorrealismo, los Dardenne, Favio, Fassbinder, Tsai, Tarantino, Perrone, Farina, Miike, Wong, películas de terror es lo que se me ocurre ahora desordenadamente, mientras me olvido de cientos de otros. Cuerpos capturados liga la cuestión de los cuerpos en el cine a la idea de captura, las marcas reconocibles del sistema político-económico, con la frase de Kafka sobre la ley escrita sobre la piel del condenado en la colonia penitenciaria y el cine como el arte más apto para mirar esas marcas. Pensé que toda la historia del cine podría ser repensada en esa clave.

Hoy a las 19:30 vemos en IWO (Ayacucho 483) I'm not your negro, en la que el haitiano Raoul Peck mira con sagacidad el modo en que el cuerpo de los negros ha sido visibilizado en la cultura norteamericana, basándose en un texto inconcluso del escritor James Baldwin. Faltan Into the abyss (Herzog), Paris is burning (Livingston) en la fase documental de este breve recorrido; y en agosto vendrán cuatro ficciones: La fille inconnue (Dardenne), Nebraska (Payne), Carol (Haynes) y Xiao Gu (Jia).

Como estuve esparciendo preguntas acá y allá, recibí algunas sugerencias y pistas. Y se conectó conmigo la gente que hace la revista platense Pulsión, de la que ya había subido al blog un post o dos y una entrevista radial. Yo también había colaborado con Pulsión en un dossier sobre No intenso agora

Esta vez me escribió Agustín Lostra y me contó que en el número 7 de la revista (2017) había tres notas sobre la corporalidad en el audiovisual, un tema que a él, me dijo, le interesa particularmente. Me mandó la revista y me puse a leer de a poco las notas. Y efectivamente en Pulsión habían estado trabajando sobre estas cuestiones el año pasado. La referencia al "audiovisual" se justificaba, porque en los textos se reflexiona no solo sobre películas sino sobre otros registros que pueden verse en la web, en clips y documentos que circulan, por ejemplo, en Youtube. Leyendo estas notas caigo en que estas indagaciones sobre el cuerpo pueden migrar desde el cine hacia otros dispositivos. No es lo que comúnmente aparece en los medios de crítica "cinematográfica". Ahora pienso que lo que lo vuelve materia cinematográfica es la mirada que se le dirige y no el soporte, los 24 cuadros, ni los géneros, ni el digital ni los festivales. Imagino que en ese terreno hay mucho por hacer. En Pulsión (de algún lado salía ese nombre) amplían el alcance de la mirada y parece que eso es lo que habría que hacer de ahora en más.

Como para empezar, le pedí al staff de Pulsión que me permitieran publicar uno de los textos que mucho me interesaron en el blog Un Largo. La nota de Lostra se llama El fulgor popular y acabo de subirla acá. Entre otros ejemplos se analiza la aparición de los cuerpos del pueblo en Los inundados (Ferenando Birri) y Crónica de un niño solo (Leonardo Favio). Cito un pasaje y envío a leer la nota entera a Un Largo:

¿Qué destella en Los Inundados y en Crónica de un niño solo con una belleza untada en historia? Los cuerpos morochos de sus protagonistas. En la secuencia del baile en Los Inundados se visibiliza el efecto de lo popular: en esa deriva del movimiento, en ese desorden del fluir llevado por la aventura desiderativa que los junta entre ellos, se vitalizan posibilidades inéditas para los cuerpos hegemónicos del cine y su andar recto por las ciudades o sus besos de corcho.

El baile: cuando el zarandeo amucha a las personas, mientras en las afueras Pilar se ve con su amado y se chantan un beso y un borracho arremete contra los instrumentos y es calmado por la muchachada que enseguida retoma el viaje, como corolario una parejita decide bailar pese a la desgracia y el muchacho arma una farola improvisada con una lámpara de aceite. Ese trato con desparpajo de los objetos y del espacio creo que tienen más densidad libertaria que la mayoría de las películas en cartel.

También en la secuencia del río de Crónica, secuencia ociosa, onerosa con el fluir del tiempo, podemos vislumbrar el fulgor popular. Esa belleza, ese halo de gracia que resplandece en el solazo dando contra las pieles de los pibitos perdidos en el disfrute de todo su cuerpo al agua, al sol, a la tierra. Su modo particular de ponerse en cuclillas, de recostarse, de mirarse.

Esos derroches, en ambas secuencias, esa improductividad de la celebración o del goce edénico dan cuenta de una deriva del cuerpo en el plano que abre un erotismo impensado, un brotar lúdico de las posibilidades y conquista una isla temporal donde es posible hamacarse por fuera del régimen productivista normalizante de la gran mayoría del cine, por los maniquíes erguidos de Hollywood o lxs apaticxs sin fin de los festivales. [Completo acá].

Esto continúa en otras notas de Pulsión n° 7. Y lo seguimos pensando los sábados de julio y agosto en Ayacucho 483, a las 19:30.

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