miércoles, 3 de septiembre de 2008

La salud de los enfermos



“Fantaseando acerca de la tuberculosis
tambi√©n es posible estetizar la muerte”
Susan Sontag, La enfermedad y sus met√°foras

Por Eduardo D. Benitez

Morir acunado por qué lengua, en qué morada. Preocupación, tal vez, propia de quien ejerce la práctica de la escritura. De quien elige la escritura como lugar donde habitar. Preocupación que los cuerpos (ya cansados) que protagonizan Los días de Raymundo están contados, viven como una condena lenta y dolorosa.

Dos dimensiones atraviesan la obra dirigida por Diego Echegoyen, cuya puesta en El Kafka Espacio Teatral se da cada viernes. Una cuya acci√≥n transcurre sobre el escenario (de dise√Īo y realizaci√≥n escenogr√°fica soberbia) y otra que tiene lugar debajo del mismo, en una suerte de puesta en escena marginal habitada por un escritor en los l√≠mites de su desesperaci√≥n; ¿posible autor de lo que sucede arriba del escenario?

Obra signada por el dolor. Pero… ¿qu√© dolor? El dolor del exilio de esa patria abstracta que es la lengua, para obtener a cambio un territorio bien preciso: la enfermedad. El dolor de un fallecer bajo el dominio de una lengua (patria) extranjera. A partir de esto, ¿qu√© nos queda? Un morir espa√Īolizado de Chejov y de Carver yuxtapuestos, seg√ļn el influjo del lenguaje teatral.

Pues as√≠ lo reza la misma obra: puesta en abismo del cuento “Tres rosas amarillas” de Raymond Carver. Puesta en abismo del narrador norteamericano expandiendo al escritor ruso. Aunque tambi√©n se trata de poner en escena un modo de vivir enfermizamente (tanto Carver como Chejov) como motor de producci√≥n est√©tica; de experimentar la pr√°ctica de la escritura como padecimiento.

Lo cierto es que Raymundo yace en el interior de un hotel. Muy cerca suyo, sin que √©l siquiera lo sepa, alguien (El Escritor) cuenta su historia (¿sus d√≠as?).

De la obra de Echegoyen uno no sale íntegro, se sale con cierta culpa de ver languidecer a Raymundo, de no poder intervenir sobre su destino. Tal vez porque durante lo que dura la obra alguien muere cerca de nosotros y eso pesa. En el teatro (en una puesta tan íntima) la muerte se percibe con otra gravedad que en el cine. Lo inexorable del cuerpo presente tal vez haga más profunda nuestra sensibilidad ante la representación muerte.

Y en Los d√≠as de Raymundo… este no es un dato menor. Porque la obra entera est√° construida sobre la idea de la muerte en un gerundio que jam√°s concluye. Desde que comienza hasta que termina Raymundo est√° muriendo. Es un morir constante que se renueva con cada intento de ayuda, de socorro. Un estar muri√©ndose que define su relaci√≥n con los dem√°s personajes. O mejor, que define a los dem√°s personajes. La mujer de Raymundo y el doctor (Mario Jursza, de actuaci√≥n prodigiosa) son casi ecos de su enfermedad. Son un revoloteo hist√©rico (la mujer) y diplom√°tico (el doctor) alrededor de su lecho de muerte. Ecos que se juegan sobre la voluntad de Raymundo.

Las tensiones que se dan entre los tres en el escenario no permiten que Raymundo se desenvuelva tranquilamente en su ejercicio de estar enfermo. El escritor desfalleciente no puede practicar la impunidad del antojado, el reclamo caprichoso propio del enfermo. Es decir: la relaci√≥n con los otros impide que Raymundo, con sus d√≠as u horas contadas, pueda volver a ser ni√Īo, visitar por √ļltima vez la patria de la infancia.

En definitiva, aquellos que se acercan a Raymundo (aparentemente para ayudarlo) no ejercen sobre él sino una violencia.

Del otro lado, bajo el escenario, la imagen misma del Escritor inmerso en la desesperación del proceso de su producción literaria, también refuerza cierta idea romántica de la vida y del arte. Una maquinaria estético-sentimental que sólo se obtiene a cambio de la vida misma.

Es lo que en √ļltima instancia invade nuestra respiraci√≥n al salir de la sala.

Los días de Raymundo están contados
El Kafka Espacio Teatral - Lambaré 866 - Tel: 4862-5439
Viernes 23:00 hs.
Entrada general: $25
Estudiantes y jubilados: $15

1 comentario:

Anónimo dijo...

La muerte se percibe con otra gravedad que en el cine.
Es así. Muy bien expresado.
Excelente todo.
Martha Silva