
Por Oscar A. Cuervo
Finalmente el sábado a la tarde se hizo “la primera conferencia presidencial del siglo” y los diarios del domingo se vieron abocados a analizar las implicancias políticas de la misma. Muchos de estos editoriales coincidían en destacar el salto cualitativo que significa que Cristina finalmente haya accedido a responder, pero debatían si era correcto haber aplicado el “Modelo Alemán”, que permite hacer una sola pregunta por periodista, sin posibilidad de repreguntar. Junto con este señalamiento, la “prensa”, los “dirigentes rurales”, la “oposición”, los “analistas políticos” (todas estas entidades sólo se pueden mentar entre comillas, ya que en todos los casos no son lo que dicen ser) coinciden en señalar el carácter decepcionante de la conferencia, porque la presidenta no hizo “autocrítica”. Para que la “democracia” hubiera salido “fortalecida”, la presidenta debería haber dicho “nos equivocamos, estamos arrepentidos, Clarín, La Nación, De Angeli, Carrió y Cobos tenían razón; maldigo y aborrezco a la resolución 125. Y juro que nunca más volveré a dictar una resolución como esa; que de aquí en adelante no pensaré siquiera en aplicar retenciones, y que por el contrario voy a proponerme que en el 2009 el “campo” cuadruplique sus exportaciones; confío en la bondad de estos nobles chacareros que sabrán derramar algo de su prosperidad sobre el resto de la población”.
Es decir: ya no basta con que se hagan conferencias de prensa, sino que en ellas se diga lo que la "prensa" y la "gente" quieren escuchar. El acto eleccionario de hace 9 meses, la oportunidad que allí se tuvo de elegir unas propuestas en detrimento de otras, quedan finalmente vaciados de significado, porque ahora importa la agenda cotidiana impuesta por los medios. Y todos sabemos que los medios somos “Todos Nosotros”, que diarios, radios y canales de tv no responden a ningún interés que no sea el de transparentar “la realidad”.
Esta insistencia en la importancia de las conferencias de prensa forma parte de un intento de disolución de la política y su reemplazo por la mediocracia: así los periodistas de TV creen que el televidente los vota todos los días, las opiniones particulares de movileros y locutores pasan a ser la voz de "la gente", los temas dominantes son si Néstor Kirchner está desbordado, si Cristina es una pobre mujer acorralada, si Moreno va a todas partes acompañado por un karateca, si D'elía es un gordo afeminado y violento, etc. Este tipo de cuestiones pasan a dominar el debate político, cuando en realidad son una especie de melodrama armado precisamente para desplazar los debates propiamente políticos.
En uno de los editoriales de este domingo, alguien decía que un gobierno está más conectado con el pueblo en una conferencia de prensa que si hiciera 10 movilizaciones, como si sentarse a ver el sábado a la tarde las preguntas que se les ocurren a movileros y corresponsales fuera una forma de compromiso político.
Lo que así se evidencia es el cualunquismo movilero (la movilerización de la política), totalmente funcional a las empresas mediáticas. Hay una representación, sí, pero no es que los periodistas representen "la voz del pueblo", sino los intereses de sus empleadores. Otra cosa que queda en evidencia es que los medios son mucho más diestros al manipular la información y construir las noticias que cuando tienen que enviar a sus empleados a hacer preguntas en tiempo real frente a una figura como Cristina Fernández. La política del medio se hace desde el control central, cuando se etiqueta la noticia con el videograph (Por ej., "Gobierno vs. Campo"), cuando se divide la pantalla en dos y, mientras la presidenta habla, en la otra mitad se pone la cara de De Angeli burlándose; o en el caso de los diarios, cuando se arma una tapa con frase y foto, como el clásico ejemplo de Clarín y Julio Blank al titular "La crisis causó dos nuevas muertes" con una fotografía borrosa para narrar el asesinato de Kostecki y Santillán. Son los editores periodísticos los que arman una percepción de la realidad, los que diseñan pantallas y tapas. Si no, ¿qué trascendencia hubiera tenido en la política argentina Luis D'elía?
Pero a las conferencias de prensa no van los editores periodísticos sino los movileros. Entonces, después se analiza si las respuestas de Cristina fueron demasiado largas, si los chistes que hizo fueron malos, si detrás del tono amable hay un dejo de soberbia, etc. El próximo paso sería que un jurado formado por Moria Casán, Marcelo Polino, Quintín y Diana Maffía califiquen con un puntaje de 0 a 10 las respuestas de la presidenta y que, al final, el show sea coronado por un televoto: los que quieren que se vaya Moreno llamen al 13013 Moreno_Andate, etc.

No vamos a contar todo el viaje, porque precisamente ahí reside la gracia de este asunto, ya que Nikolaus irá descubriendo desigualdades e injusticias. En el camino va a encontrar toda clase de personajes, algunos simpáticos y otros medio siniestros. Con ellos aprenderá que no es bueno que a uno todo le dé igual, porque eso puede confundirse con la indiferencia. Así que mejor es involucrarse.