martes, 4 de mayo de 2010

Escuchar una voz

Kierkegaard, una introducción
se presenta este jueves 6 de mayo
a las 18:30 en la Feria del Libro




Finalmente sale mi primer libro. Ya hablé de él aquí la mañana misma en la que terminé de escribirlo, luego de una noche extenuante.

El libro lo hice a instancias de Ariel Pennisi y Adrián Cangi, de editorial Quadrata, quienes lanzaron -juntamente con la Biblioteca Nacional- la colección "Pensamientos locales", en la que algunos autores argentinos presentan a grandes pensadores de la filosofía contemporánea. En la colección, por ejemplo, Diego Zerba escribe una introducción a Freud, Tomás Abraham presenta a Richard Rorty, Dina Picotti a Heidegger, Gustavo Varela a Nietzsche, Roberto Ferro a Derrida, Ricaro Forster a Walter Benjamin, Samuel Cabanchik a Wittgenstein; María del Carmen Rodriguez presentará a Alan Badiou; para más adelante habrá un libro de Horacio González presentando a Marx; y parece también que un notorio político argentino va a escribir sobre Althusser (¿quién será?).

La cosa es que a mí me encargaron que escribiera una introducción a Kierkegaard, un autor al que vengo estudiando desde hace años. Para leer a Kierkegaard en su idioma original me puse, a fines de la década del 90, a estudiar danés en la Iglesia Dinamarquesa de Buenos Aires; ahí terminamos formando un grupo de amigos dedicados a la lectura de Søren K, que al poco tiempo devino en la Biblioteca Kierkegaard de Argentina. Juntos emprendimos la traducción de un libro de él nunca antes editado en castellano, El instante. Esa traducción, que hicimos junto con Andrés Albertsen, Ana Fioravanti, María José Binetti, Ingrid Glikmann, Pedro Gorsd y Héctor Fenoglio, fue publicada en 2006 por Editorial Trotta. Y ahora me llegó el turno de publicar mi libro sobre Kierkegaard.

En Kierkegaard, una introducción: Escuchar una voz me propongo presentar a este pensador para un público no iniciado; vuelco en el texto aquellas claves de su pensamiento que, desde mi punto de vista, no han sido aún suficientemente destacadas. No ofrezco una interpretación pre-digerida de su pensamiento, lista para consumo, sino una serie de problemas a ser indagados. Porque Kierkegaard no me da muchas certezas, pero sí me viene dando mucho que pensar. Lo considero un contemporáneo mío, un amigo que, al igual que Pasolini, Nietzsche, Sócrates o Heidegger (para nombrar a otros a los que siempre vuelvo), tiene algo para decirme.

Kierkegaard es una voz a la que escucho.

Acá les dejo un pequeño adelanto de este libro que va a estar el jueves a las 18:30 en la Feria:

Entre todas las maneras posibles de introducirse en la obra de Søren Kierkegaard, la que aquí elegimos tiene que ver con la figura de la escucha, con el acto de escuchar una voz. Proponemos que Kierkegaard es el pensador de la escucha, sus desvelos giran alrededor de ese misterio que sucede cuando alguien escucha una voz. En torno a esta figura se organiza, como veremos, uno de sus libros principales, Temor y temblor. Nuestra tesis afirma que la figura de la escucha permite organizar el sentido de la obra kierkegaardiana.

La existencia del hombre contemporáneo se desarrolla en medio de una selva de palabras; el poder tecnológico permitió multiplicar esta abundancia de mensajes. A mediados del siglo xix, esta saturación apenas podía vislumbrarse, pero Kierkegaard ya desconfiaba de los discursos dirigidos a públicos masivos. Hoy escuchamos demasiadas voces, leemos demasiadas palabras, y ya no sabemos si algunas de ellas se dirigen particularmente a alguno de nosotros. La experiencia por la cual alguien se reconoce como destinatario exclusivo de una palabra es cada vez más rara, porque prima en todo momento un modelo de comunicación impersonal: las palabras que oímos o leemos pareciera que nunca son “para mí”, sino para cualquiera, y en definitiva para nadie. Corremos el riesgo de olvidar lo que significa que una voz nos hable, más precisamente que una voz
me hable, que se dirija únicamente a mí. Esta figura aparece en la historia de Abraham, en ese célebre pasaje del Génesis (22, 1) que dice:

“Después de estas cosas sucedió que Dios tentó a Abraham y le dijo: ‘¡Abraham, Abraham!’. Él respondió: ‘Heme aquí’. Díjole: ‘Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria y ofrécele allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga’.

Levantose, pues, Abraham de madrugada, aparejó su asno y tomó consigo a dos mozos y a su hijo Isaac. Partió la leña del holocausto y se puso en marcha hacia el lugar que le había dicho Dios”.


Este pasaje comparte la equívoca suerte de los textos célebres, aquellos que han sido escuchados ya tantas veces que sus significados resultan naturalizados, es decir: que ya no nos dicen nada. Kierkegaard se sorprende de que en la misa del domingo se pueda leer este pasaje sin que nadie se sienta presa del temor y del temblor, puesto que lo que este relato cuenta es terrible. Y no solamente es terrible porque lo que se narre sea la posible muerte de un niño (más aún:
del asesinato de ese niño por parte de su padre). Es terrible ante todo porque esa voz a la que Abraham le adjudica una autoridad inapelable se dirige a él en particular, para que lleve a cabo un acto que sólo él puede hacer. Le pide que haga un sacrificio.

El acto sagrado

Suele usarse la palabra “sacrificio” para designar un acto de abnegación que se realiza por motivos amorosos; a veces se la usa en referencia a una acción a la que alguien se somete con desagrado y sólo en consideración a un fin deseado o impuesto por otros. En el lenguaje coloquial, “sacrificarse” se usa como sinónimo de hacer lo que no se desea y hacerlo resignadamente. En un contexto religioso, se llama sacrificio a una ofrenda que se le hace a un dios. Pero la etimología de “sacrificio” nos presenta la conjunción de dos antiguos términos latinos:
sacer (sagrado) y ficare (hacer). El sacrificio consiste, en su acepción original, en un acto sagrado y también en la acción que es capaz de transformar algo en una cosa sagrada, en sacralizarla. Que Abraham sacrifique a Isaac no significa meramente que lo vaya a matar contra sus propios deseos. Desde la perspectiva que Kierkegaard desarrolla en Temor y temblor no se reduce este sacrificio a una mera ofrenda a Dios. Por medio de este sacrificio, el vínculo entre padre e hijo, que hasta ese momento era simplemente humano, se vuelve ahora un vínculo sagrado. Es un acto que desborda la dimensión humana de sus protagonistas, que los trasciende y los transforma en algo distinto de lo que eran por sí mismos.

¿Comprendemos lo que significa un hacer sagrado? ¿Dice la palabra “sagrado” todavía algo para los hombres del siglo xxi? Porque si esa palabra ya no dice nada, lo que se está relatando es la historia de un asesino, del peor asesino, ya que está dispuesto a matar a su propio hijo. Kierkegaard se propone que este relato sea capaz de volver a trasmitir ese temor y ese temblor que, bien escuchado,
debe suscitar. Con ese fin escribe Temor y temblor, para conmover la indiferencia que puede provocarnos el relato si ya se ha convertido en un bien cultural, es decir, algo que no tiene nada de sagrado y que por ende no puede suscitar temor.

¿Cómo lograr ese propósito? Kierkegaard idea un dispositivo literario de una complejidad y un refinamiento que la filosofía de su época –dominada por la pretensión de sistematicidad– desconocía. Para comenzar, elige un discurso narrativo y no argumentativo: no va a desarrollar una serie de razonamientos encadenados en sucesivas premisas y conclusiones, va a contarnos una historia. Pero no va a contarnos directamente la historia de Abraham, sino la de un hombre que ha leído la historia de Abraham y que al leerla ha quedado obsesionado por ella. Por consiguiente, este hombre, el protagonista de
Temor y temblor, vuelve una y otra vez, a lo largo de los años de su vida, a pensar con horror en esa historia, un horror que incluye la conciencia de que él es incapaz de comprender del todo lo que ella significa. El libro trata entonces no directamente de la experiencia de Abraham al escuchar esa voz que le ordena realizar un acto terrible (un acto sagrado), sino de la dificultad que tiene el lector de este relato por comprender de qué se trata la misión de Abraham, de cómo Abraham puede escuchar una voz dirigida exclusivamente a él y ser capaz de co-responder a esa voz.

Así que el jueves ahí estaremos:

Presentación de la segunda serie de Pensamientos Locales en la Feria del Libro de Bs. As. Jueves 6 de mayo a las 18:30hs,. en la sala Alfonsina Storni.

Participarán de la mesa los autores Gustavo Varela (Nietzsche), Dina Picotti (Heidegger), Diego Zerba (Freud) & myself.

Habrá sillas descartables para casos de gresca espontánea... www.el-libro.org.ar

Este gobierno siempre metiéndose con perejiles

mientras los peces gordos están tranquilos




Aparte sería hora de ir dejándo atrás el pasado, ¿no?

¿Qué hace el presidente de la Corte con Magnetto?



por oac

La Corte Suprema de Justicia deberá tratar la suspensión de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual luego de que la Cámara Federal de Mendoza elevó la apelación del Gobierno al tribunal supremo de la nación. Era previsible que la Corte en algún momento tendría que decidir sobre el asunto. Quizá en algún momento la Corte también deba intervenir en el caso en el que se acusa a la viuda de Noble de apropiación de menores en connivencia con la última dictadura militar. Es cierto que, aún cuando la llegada de la Ley de Medios a la Corte ya está decidida, el tribunal no tiene un plazo para expedirse, por lo cual podría hacerlo de inmediato o cajonear la decisión para cuando sus miembros lo crean políticamente conveniente. Cuando lo hagan se sabrá si la Corte acepta una ley aprobada por holgadas mayorías en las dos cámaras legislativas, luego de un intenso debate que durante años incluyó a organizaciones sociales vinculadas con la democratización de las comunicaciones. La Corte no podrá permanecer neutral, cuando se expida. Lo interesante es que, por cada minuto que no se expide, la Corte tampoco está siendo neutral:el no expedirse ayuda a prolongar la suspensión de la Ley y la persistencia de un vacío legal que se logró a fuerza de chicanas judiciales.

Es notable que ninguno de los periodistas de la corporación que lloriquean su "miedo" ante la libertad de expresión supuestamente amenazada (esa elite periodística que edita best sellers de "investigación" montados en el marketing de la autovictimización) salga a expresarse por la vigencia de la ley de medios aprobada por la democracia. ¿Les interesa a estos llorones una auténtica libertad de expresión o sólo la perpetuación de sus privilegios corporativos?

Pero lo más inquietante del asunto es que la semana pasada el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti recibió en su despacho a Héctor Magnetto (CEO de Clarín), junto con otros representantes de AEA (Asociación Empresaria Argentina). Oia. ¿Recibiría Lorenzetti a cualquier ciudadano involucrado en causas donde dentro de un tiempo tendrá que expedirse? ¿Recibiría, por ejemplo, a miembros de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, a las Abuelas de Plaza de Mayo, o a Gabriel Mariotto? ¿Cómo informaría la corporación mediática si tales reuniones se produjeran? ¿Hablarán acaso de "aprietes a la Justicia"?

Para los que hacemos La otra no es una sorpresa esa permeabilidad del presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, hacia Clarín. Hace uno meses escuchamos de parte del periodista Pablo Llonto algo que nos dejó bastante preocupados: Lorenzetti es una persona muy accesible para la cúpula de Clarín. Y eso fue lo que publicamos en la entrevista a Llonto que aparece en el número 22 de nuestra revista, que aún está en los quioscos. Ahora que trascendió la foto de Magnetto saliendo furtivamente del despacho del presidente de la Corte, nos dimos cuenta de que lo que decía Llonto es tristemente cierto. ¿No debería excusarse Lorenzetti de intervenir en estas causas, dada su cercanía a Magnetto? ¿O, para que la cosa sea más trasparente, no debería Lorenzetti recibir en su despacho a las organizaciones que desde hace tantos años militan por el fin de los monopolios mediáticos? ¿Existe en Argentina la igualdad ante la ley? ¿Serán estas preguntas demasiado ingenuas?

Esta es la parte de la entrevista a Llonto que publicamos en diciembre último y que ahora adquiere triste vigencia:

- En el diario Miradas al sur hay una nota sobre una visita de (Héctor) Magnetto (CEO Clarín) y (José Antonio) Aranda (vicepresidente del Grupo Clarín) al juez Lorenzetti, para mostar su “preocupación sobre la Ley de medios y la actualidad política”…

- El presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, es amigo de Ernestina. En 2007 hice una denuncia contra él y dos jueces más, porque la Corte tenía a examen, hace años, el caso Noble. Resulta que un día leo con sorpresa en Clarín que el señor Lorenzetti daba charlas en la fundación Noble y participaba en las fiestas del aniversario del diario. Aparecía en fotos con una copa alzada al lado de Noble, Magnetto y Aranda. Era una locura, la Corte tenía en una causa imputada a Noble y el presidente de la Corte participaba de agasajos. Fue en 2007, donde denunciamos que había una parcialidad inadmisible. Luego la Corte falló para que no se hagan los análisis. Atrás de todo esto hay una historia de injusticias que no se cuentan. Escuché a unos periodistas hablar de una “arremetida contra Clarín”. Tienen que saber la historia de este expediente, fechado en 1995, cuando Kirchner no era nadie, para que entiendan desde cuándo se viene batallando para que se hagan los análisis. Catorce años es tiempo suficiente para entender que es necesario resolver el caso Noble y otros similares.

- Nos dejas preocupados con esto de que los jueces de la Corte tampoco son independientes de las corporaciones…