martes, 4 de noviembre de 2014

Boyhood: Linklater y el leve rezongo de la adaptación



Si esto sigue así, todo cine es político. Vaya novedad. Pero el cine norteamericano reciente es sostenida e incesantemente político. No hay atajo de género cinematográfico (un artilugio a esta altura imposible) que pueda esquivar esta condición.

Boyhood, de Richard Linlater, no es la excepción. Al contrario: el director que se propone narrar durante 12 años la vida de Mason Evans Jr., desde su infancia hasta su juventud, instala las marcas de la política norteamericana de los años recientes desde las primeras secuencias: el atentado a las Torres, la guerra en Irak, la campaña de Obama, la vuelta de los veteranos de la guerra y así. Y la prudencia interpretativa aconseja no pasar por alto ninguna huella de lo explícitamente político que se imprime en cualquier obra. Nunca reducir la huella a una mera "pincelada" narrativa. La política siempre se presenta itself , no meramente representada.

Digamos lo que caracteriza la "venta" de la película. Boyhood sería la primera película de ficción que se toma la cantidad de años necesarios para filmar el crecimiento de un personaje. Esto se hizo antes en el cine documental: lo hizo Ross McElwee en Photographic Memory con su propio hijo; la checa Helena Trestíková creó un género propio de seguimiento de personas reales a través de los años; Jonathan Caouette se filmó a sí mismo desde niño hasta la actualidad en la extraordinaria Tarnation

Pero Linklater tuvo la ocurrencia de crear un personaje de ficción y buscar un chico real sobre cuyo cuerpo iría imprimiendo una vida ficticia. El actor se llama Ellar Coltrane y la magia del dispositivo cinematográfico funciona a medida que lo vemos crecer a lo largo de 12 años, mientras el director inserta las elipsis temporales con elegancia, sin subrayar los saltos más que por las transformaciones, a veces sutiles y otras bruscas, del cuerpo de Ellar. Ese proceso del devenir hombre del niño es el aspecto propiamente documental de la película y funciona con encanto. El texto que escribe Linklater sobre la superficie de ese cuerpo (y el del resto del elenco, particularmente la hermana del chico, encarnada por Lorelei Linklater, la hija del director, a la que también vemos pasar de nena a jovencita, así como a los padres de los chicos, representados por Ethan Hawke y Patricia Arquette): es en ese texto donde trabaja la voluntad de Linklater, su voluntad de relato y su moralidad.

El principal mérito del director es su destreza rítmica y el manejo virtuoso de las curvas dramáticas: la película dura casi tres horas que no dejan de ser interesantes, aunque en el último tramo empiezan a notarse los piolines. La familia de Evans se tipifica: clase media baja texana de hábitos moderadamente liberales. Fueron padres muy jóvenes y rápidamente se separaron, cada uno intenta reconstruir sus vidas familiares con resultados diversos, conflictos no excesivamente dramáticos, aptos para la identificación rápida y funcional. 

El padre lleva una vida algo bohemia, sin excesos remarcables; adhiere a la campaña de Obama y junto a los chicos van poniendo carteles del candidato a presidente en un distrito que parece predominantemente republicano. La madre la rema como puede, con tendencia a engancharse con tipos "complicados",  es decir: machistas, alcohólicos, reaccionarios y violentos (disfuncionales desde una mirada liberal, que naturaliza a los funcionales, bondadosos y mansos). Pero la mina también tiene la destreza para deshacerse de esos tipos cuando ya no se los puede bancar, se labra una profesión docente y cría a sus hijos. Su ex, hacia el final de la película, le reconoce: "no lo has hecho mal". Y, cierto, no lo hace mal. Se equivoca como cualquiera, y ese cualquierismo es la clave de la mirada empática de Linklater. 

Podemos comprender a esos padres que pasan de la juventud a la madurez y se van acomodando al sistema con una protesta suave. El personaje de Hawke es una especie de bohemio un poco chanta, un padre piola que comparte con sus hijos los momentos de esparcimiento y generalmente no está cuando la cosa se pone fulera. Pero Etan Hawke es, antes que chanta, un tipo encantador, toca la guitarra y le hace a su hijo un compilado de los Beatles solistas, les aconseja a la nena y al nene que se cuiden y usen forros ni bien sospecha que están a punto de iniciar su vida sexual, e incluso antes. El padre sienta cabeza cuando se pone en pareja con una hija de evangelistas, un grupo familiar un tanto intimidante, con sus rifles, sus sermones y rezos, pero, atención, en el fondo buena gente. 

Los maridos que va consiguiendo la madre (Arquette) portan esa anomalía que parece no caber en el mundo amable de Linklater. Por eso se los ve hacer un poco de daño y luego la película los va borrando de plumazos. Creo que parte decisiva de la estrategia política de Boyhood radica en el uso de las elipsis para hacer desaparecer a los maridos fachos que la mamá va remplazando. Personajes así son el límite de lo tolerable para una mirada bienpensante y cuando pasan cierta línea Linklater les saca tarjeta roja, mediante el sencillo expediente de una elipsis. Así como vemos a Evans pegar estirones y enronquecer su voz, asistimos a la evaporación de los padrastros fachos o borrachos. En la vida no hay nada que una elipsis no pueda suprimir, nos tranquiliza Linklater. Curiosamente, una parte de la crítica se entusiasma con la conveniencia de estos borramientos.

Dice Luciano Monteagudo:

"Hay que reconocerle a Linklater que tuvo la delicadeza y hasta el coraje (en una industria que las pide a gritos) de evitar las crisis y las situaciones límite. Pero son justamente aquellas pocas escenas donde hay un conflicto manifiesto –como cuando el segundo marido de Patricia Arquette se revela como un alcohólico violento, o el tercero quiere dejar sentada su autoridad a través de su uniforme– donde la película patina y pierde su aura hipnótica. No importa. El espectador debe saber perdonar, como los personajes se perdonan muchos de sus errores o pasos en falso. El tiempo, la experiencia compartida junto a Boyhood vale más que la suma de sus partes". (Completo acá)

¿Lo perdonamos?

Estas elusiones, que muchos críticos consideran loables, me parecen el síntoma del trapicheo que Linklater practica. En un momento, las referencias más directamente contextuales se diluyen: de pronto, el padre parece haber perdido interés en la política, de la evolución de la presidencia de Obama no quedan ni rastros. Lo que ayer era amor se va volviendo otro sentimiento: indiferencia. ¿Se olvidan los personajes del acontecer político o se olvida la película? A medida que el chico crece, los padres se van sistematizando, los conflictos abiertos tienden a cerrarse y el destino se acomoda. Todo parece converger hacia una conciliación: "es el fluir de la vida", "es el tiempo que pasa", "es la vida que me alcanza": son frases que tienden a formarse en la conciencia del espectador y que forjan la identificación con los personajes. "No son los momentos los que pasan", le dice hacia el final una chica que pinta para ser la novia que podría facilitar la inminente normalización del joven Evans, "somos nostros los que pasamos en el momento", o algo así. Una módica epifanía en el mundo módicamente dramático de Linklater.

El chico es un personaje "sensible": le va la expresión artística, algo inevitablemente bien mirado por el narrador. Se hace fotógrafo y se dedica a apresar momentos de esa fugacidad. Gana concursos. No es que sea un artista rotundamente aún: hasta donde la película nos permite ver, se trata de un mecanismo de sublimación. Los momentos "jodidos" de su vida (más que nada el carácter violento de algunas de las parejas de su madre) los asimila sin registrar grandes traumas. Se amolda a todo y no se manda ninguna macana. Uy, qué macana. Es, en el fondo, un chico lo suficientemente sano como para hacer todo lo que la sociedad le dicta, con distancia irónica y un ligero rezongo. La formación artística, el cultivo de la sensibilidad, parecen ser el atajo que le permite adaptarse a medias, o adaptarse a secas, lo que es lo mismo, sin estridencias ni entusiasmo, con un suave desgano que podemos llamar "normalidad".

Como la vida misma.

Andate a freír churros, Linklater.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Típica madrugada de lunes tormentoso: no para de llover, se cae la trasmisión online de La Tribu y nuestros oyentes fieles mutan en antenas receptoras, escuchamos el disco que todavía no salió de Neil Young, hablamos de cine y de política, y en tuiter los antikirhchneristas, es decir, las personas más kirchneristas que existen, no pueden dejar de pensar en Cristina, internada en el Otamendi

La otra.-radio para escuchar clickeando acá


Nuestro programa estuvo siempre pensado como un pliegue íntimo en la agenda semanal: los domingos la medianoche, los lunes a la hora 0, no se puede ser sino íntimos. Me gustan los domingos de lluvia, pero a este domingo ya se le fue la mano.



Tengo goteras en mi casa y hay goteras en FM La Tribu. También se cae la trasmisión online del programa, pero nuestros oyentes más fieles ensayan poses icónicas de estatuas humanas para transformarse en antenas de carne y agarrar las ondas del aire electrizado a través de su celular o de su telepatía. Por aire el programa llega... hasta donde llega la antena de FM La Tribu, es decir: un cacho.



Es una madrugada ideal para dejarse llover por la voz áspera de Daniel Melingo y su excelente (y candidato a disco nacional del año) Linyera; o para escuchar al íntimo, llovido, borrascoso, eléctrico o acústico Neil Young y su disco Storytone, que todavía no salió pero ya tenemos.


Annie Lennox pone un conjuro en nosotros. Y la indómita Sinead O'Connor se pone la peluca, se la saca y nos dice que ya no es ni quiere ser aquella chica nunca más.



Y Leopo le canta a su chica: "no te sientas mal si la verdad te muerde". Y escuchamos a Maxi Diomedi en una de las hermosas canciones de su flamante primer disco.

Y hablamos de política, de Argentina, de Uruguay. Y de la política de autores cinematográficos como Richard Linklater y David Cronenberg (ampliaremos).



Todo eso cabe en un pliegue de una madrugada lluviosa, si quieren escucharlo clickeando acá.

domingo, 2 de noviembre de 2014

No sé llorar, ni en la vida deseo triunfar: de nada sirve escaparse de uno mismo

Hoy medianoche FM La Tribu: los nuevos discos de Daniel Melingo, Neil Young, Annie Lennox y Sinead O'Connor y las nuevas películas de David Cronenberg y Richard Linklater


Cuando se asoma alegre el sol
sobre los campos del Talar
junto a las vías van los linyeras
llevando como el caracol
la casa a cuestas y al azar
van los gitanos todos los días.

Ellos no saben de dolor
y en cada boca hay un cantar
y a gritos dicen sus alegrías
indiferentes al amor
y en el eterno trajinar
ellos desechan melancolías.

Cuando se asoma alegre el sol
sobre los campos del Talar
junto a las vías van los linyeras.

Y al llegar
se oye un peón
entonar esta canción:

Linyera soy
corro el mundo y no sé adónde voy
linyera soy
lo que gano lo gasto o lo doy
no sé llorar
ni en la vida deseo triunfar
no tengo norte
no tengo guía
para mí todo es igual.





De nada sirve
escaparse de uno mismo
de qué te sirven las heladeras
lavarropas, televisores
coches nuevos y relaciones
amistades y posiciones
si están podridos y aburridos
de este mundo que esta podrido
De nada sirve
escaparse de uno mismo
no, de nada sirve
los que van a la oficina
dicen que todo sirve
los que van a la oficina
dicen que todo sirve.
los que hacen música
creen que lo más importante
nada sirve
si uno lo usa para la soledad interna
que siempre los corre, que siempre los corre.
Cuando están solos, están bien solitos
ya no hay guitarras ni amplificadores.
están solos en la cama y empiezan a mirar el techo
empiezan a mirar el techo y en el techo no hay nada
hay solamente un techo.

¿Qué pueden hacer? ¿qué pueden hacer?
¿Qué pueden hacer? ¿qué pueden hacer?
es muy tarde
son las tres de la mañana.
los bares están cerrados
las mujeres duermen
los cines también están cerrados
la guitarra no se puede tocar
si no el vecino se va a despertar.

¿Qué puedo hacer?
¿qué puedo hacer?
Estoy solo y muy aburrido
¿qué es mi vida?
¿qué soy yo?
nada sirve
nada sirve...


Hoy a la medianoche en La otra (FM La Tribu, 88,7, online) vamos a escuchar Linyera (Daniel Melingo), Storytone (Neil Young), Nostalgia (Annie Lennox) y I'm not Bossy, I'm the Boss (Sinead O'Connor). Además comentamos las nuevas películas de Richard Linklater (Boyhood) y David Cronenberg (Map to the stars).


sábado, 1 de noviembre de 2014

X JORNADAS KIERKEGAARD 2014 - 6,7,8 de noviembre


Los días 6, 7, 8 de noviembre próximos se llevará a cabo en el ISEDET (Camacuá 282, barrio de Flores, Ciudad de Buenos Aires) las décimas Jornadas Kierkegaard, con el título “KIERKEGAARD: MÁSCARAS, PERSONAJES Y ESPIRITUALIDAD”.

El lector en castellano de Soren Kierkegaard quizás conozca a este autor por sus obras más populares: el Diario de un seductor o Temor y Temblor. Pero puede ser que muchos desconozcan el detalle de que, en su momento, Kierkegaard publicó varios de sus libros firmados por diversos pseudónimos. Y lo que es muy importante: esos pseudónimos no son simples nombres de fantasía de un mismo sujeto de enunciación, sino que ellos encarnan distintas posiciones subjetivas. Por eso, no es posible hacer con todos ellos una sistematización de su pensamiento en el que los distintos pseudónimos confluirían, como simples másdcaras de lo mismo. El pensamiento de Kierkegaard no está en la suma o en el compendio de todas las posiciones, sino en un lugar indeterminado entre las distintas posiciones;  es decir: en los huecos de sus textos, en sus silencios, sus vacilaciones y sus equívocos. Este efecto de discurso quizás sea su aporte más original a la historia de la filosofía, el que lo pone mucho más cerca de nuestra contemporaneidad que de su propia época.

En 1841 defendió su tesis doctoral El concepto de ironía en especial referencia a Sócrates. En 1843 empiezó a publicar sus libros a un ritmo sorprendente. Algunos, los llamados Discursos Edificantes firmados con su nombre real; otros bajo diversos pseudónimos. En 1843 publicó O lo uno o lo otro , Temor y Temblor y La repetición; en 1844, Migajas filosóficas y El concepto de la angustia; en 1845, Estadios en el Camino de la Vida  y en 1846 el Postscriptum no científico a las Migajas filosóficas. Todos estos libros firmados con distintos pseudónimos constituyen lo que Kierkekgaard denominó posteriormente su obra estética, que desarrolló paralelamente a su obra religiosa. En 1846, al final del Postcriptum, Kierkegaard hace público que esos libros pseudónimos fueron escritos por él, cuestión sobre la que se extiende en su libro de 1848, Mi punto de vista, atribuyendo esta “estrategia de escritor” al “método de la comunicación indirecta”.

De ahí en adelante, escribió otros libros firmados con su propio nombre, pero también creó un pseudónimo, Anticlimacus, que no respondía a lo que él llamaba una posición estética sino -según hizo constar en su diario personal- a un cristianismo más perfecto que el que él mismo se sentía capaz de encarnar. Con este pseudónimo escribió dos de sus libros más importantes: La enfermedad mortal (también conocido como Tratado de la desesperación) y Ejercitación del crsitianismo. Con su propio nombre firmó otro de sus libros fundamentales, Las obras del amor , y más discursos edificantes.

El Post-Scriptum fue firmado con las iniciales J.C., de Johannes Climacus. A modo de epílogo, lleva otro título que encabeza unas pocas páginas, esta vez firmadas por el mismo Sören Kierkegaard, que dicen así:

UNA PRIMERA Y ÚLTIMA EXPLICACIÓN

Formalmente y por amor a la regularidad reconozco aquí, cosa que es difícil que alguien tenga interés en saber, que yo soy, como se dice, el autor de Aut-Aut (Víctor Eremita), Copenhague, febrero 1843; Temor y Temblor (Johannes de Silentio), 1843; La Repetición (Constantin Constantius), 1843; El Concepto de la Angustia (Vigilius Haufniensis), 1844; Los Prefacios (Nicolaus Notabene), 1844; Migajas Filosóficas (Johannes Climacus), 1844; Estadios en el Camino de la Vida (Hilarius Bogbinder, Willian Afham, El Asesor, Frater Taciturnus), 1845; El Post-Scriptum Definitivo a lasMigajas Filosóficas (Johannes Climacus), 1846; un artículo en la revista "Faedrelandet", Nº 1168, 1843 (Víctor Eremita); dos artículos en "Faedrelandet", enero 1846 (Frater Taciturnus).



Mi pseudonimia o polionimia no tiene una razón casual en mi persona (ciertamente no por temor a un castigo por parte de la ley, porque respecto de esto tengo conciencia de no haber infringido ninguna ley, y por lo demás tanto el impresor como el censor qua oficial público, contemporáneamente a la publicación del escrito siempre han sido informados oficialmente sobre quién era el autor), sino una razón esencial en la misma producción, la cual a causa del estilo de la réplica, de la variedad psicológica de las diferencias individuales, exigía desde el punto de vista poético el desprejuicio en el bien y en el mal, en la contrición y en la disipación, en la desesperación y en la arrogancia, en el sufrimiento y en la exultación, etc.: indiferencia que no está limitada idealmente más que por la coherencia psicológica, que ninguna persona en carne y huesos podría o querría permitirse en la limitación moral de la realidad. Por lo tanto, todo lo que está escrito es realmente mío, pero sólo en cuanto yo pongo en boca de la personalidad poética real del autor su concepción de la vida, como puede escucharse en las réplicas de respuesta, porque mi relación con la obra es aún más exterior que la de un poeta que crea personajes, y sin embargo es él mismo el autor. Yo soy, en efecto, impersonal o personalmente en tercera persona un apuntador que ha producido poéticamente autores cuyos Prefacios son también producción de ellos, así como lo son sus propios nombres. Por eso, no hay en los libros pseudónimos ni siquiera una sola palabra que sea mía; yo no tengo de ellos ninguna opinión sino como tercera persona, ningún conocimiento de su importancia sino como cualquier lector, ni siquiera la más lejana relación privada con ellos, dado que sería imposible tenerla con una comunicación doblemente refleja. Una sola palabra de mi parte, dicha personalmente a mi nombre, sería un presuntuoso olvido de mí mismo que me habría hecho responsable con esta única palabra, desde el punto de vista dialéctico, de haber aniquilado esencialmente a los pseudónimos. Del mismo modo que yo no soy, en Aut-Aut, el seductor más bien que el asesor, así no soy el editor Víctor Eremita, precisamente del mismo modo; él es un pensador subjetivo poético-real, como se lo vuelve a encontrar en In vino veritas. En Temor y temblor yo no soy Johannes de Silentio como no soy el caballero de la fe que él presenta, y del mismo modo no soy el autor del prefacio del libro, la cual es la réplica de la individualidad de un pensador subjetivo poético-real. En la historia del sufrimiento (¿Culpable-No culpable?) yo no soy ni el Quidam del experimento ni el experimentador, porque el experimentador es un pensador subjetivo poético-real y lo experimentado es su exposición en la lógica psicológica. De esta manera, yo soy el indiferente, es decir, es indiferente lo que yo soy y cómo soy, precisamente porque a esta obra no le interesa en absoluto la cuestión de si también en mi interior es indiferente para mí lo que soy y cómo lo soy. Por eso, lo que de otra manera en muchas empresas dialécticamente no reduplicadas podría tener su feliz importancia en un buen acuerdo con el cuidado de un personaje eminente, no tendría aquí, en lo que respecta al padre adoptivo de una obra, quizá no sin relevancia, más que un efecto de estorbo. Mi facsímil, mi retrato, etc. sería como la cuestión de si uso sombrero o casco, es decir, no podría llegar a ser objeto de atención sino para aquellos para quienes lo indiferente se ha vuelto importante -tal vez como compensación por el hecho de que para ellos lo importante se ha vuelto indiferente. Desde el punto de vista jurídico y literario la responsabilidad es mía [1] , pero en un sentido dialéctico lato, he sido yo quien ha dado la ocasión de escuchar esta obra en el mundo de la realidad, el cual naturalmente no puede ocuparse de escritores poético-reales y por eso, con perfecta coherencia y con pleno derecho, desde el punto de vista jurídico y literario, se atiene a mí. Desde el punto de vista jurídico y literario, porque toda producción poética se habría vuelto eo ipso imposible o bien insignificante e insoportable si la réplica debiera ser la propia palabra (en sentido directo) del autor. Mi deseo y mi ruego es, por lo tanto, que si a alguien se le pasara por la mente citar algún pasaje de estos libros, tenga la cortesía de citar con el nombre del pseudónimo respectivo, no con el mío, es decir que divida las cosas entre nosotros de modo que la expresión pertenezca femeninamente al pseudónimo y la responsabilidad desde el punto de vista civil, a mí. Desde el principio, he visto y veo muy bien que mi realidad personal es causa de una incomodidad que los pseudónimos desde el punto de vista patético independiente deberían desear eliminar: cuanto antes, tanto mejor, o bien volverlo insignificante en cuanto fuera posible, incluso tratando con irónica atención de conservarlo como resistencia repulsiva. En efecto, mi relación con ellos es la unidad de un secretario y, lo que es bastante irónico, del autor dialécticamente reduplicado o de los autores. Por eso, quien hasta ahora se preocupó por el tema, antes de que apareciera esta explicación, me ha tomado sin duda por autor de mis libros pseudónimos; ciertamente la explicación causará en el primer momento el extraño efecto de que en tanto que debería saberlo mejor que nadie, en cambio soy el único que no me considero autor más que de un modo muy dudoso y ambiguo; porque yo no soy el autor más que en un sentido impropio, mientras que soy, de un modo completamente propio y directo, por ejemplo, el autor de los Discursos edificantes y de toda palabra en ellos contenida. El autor creado poéticamente tiene su determinada concepción de la vida y la réplica que entendida así podría estar eventualmente plena de significado, graciosa, estimulante, ¡quién sabe si tal vez en boca de un hombre real particular no tendría un sonido extraño, ridículo, repugnante!


[1] Por esta razón, mi nombre inmediatamente fue colocado como editor en la tapa de las Migajas filosóficas (1844), porque la importancia absoluta del objeto en la realidad exigía la expresión de una debida atención, que aquí hubiera un responsable señalado con su nombre para asumir la responsabilidad de todo lo que la realidad podía ofrecer.



El programa de las X Jornadas Kierkegaard es el siguiente:

JUEVES 6

– 15:30: presenta María José Binetti

APERTURA a cargo de - Juan Carlos Sánchez Sottosanto (Universidad Nacional de Quilmes). “Introducción al pietismo”.

- Miguel PONSATI (ISEDET-IERP), "Algunas huellas del Kierkegaard pietista. "Ejercitación del cristianismo como 'programa' para la conversión de la Iglesia de la cristiandad al cristianismo".

17:30 – Mesa 2: coordina Anna Fioravanti

- Manuel Zelada Pierrend (Pontificia Universidad Católica del Perú), “Algunos apuntes sobre el acceso a la dimensión ético-religiosa en Agustín y Kierkegaard”.

- María José Binetti (Investigadora CONICET), “Kierkegaard y la refundación del cristianismo”.

- Miguel Ángel Razuc (Universidad Nacional del Sur-Bahía Blanca), “El concepto de lo demoníaco como principio subjetivante a través de la figura de Sócrates”.

19:00 - Conferencia a cargo de 
Pablo Uriel Rodríguez (CONICET - UBA - Universidad de Morón), "El amor a sí mismo en O lo uno o lo otro: la amistad con uno mismo como clave de la existencia ética”.

VIERNES 7

15:30 – Mesa 1: coordina Corina Setton

- Liliana Goya (UBA-Centro Descartes), “Personajes, máscaras y espiritualidad en La repetición”.

- Oscar Cuervo (UBA-Biblioteca Kierkegaard Argentina), “Ni esto ni lo otro: difícil que todos los Kierkegaard se pongan de acuerdo”.

16:30 – Mesa 2: coordina: Pablo Uriel Rodríguez

- Juan Carlos Munizaga Vera (Univ. Complutense de Madrid-Universidad de Chile), “Sobre la figura del ironista y del individuo particular en Kierkegaard”.

- Eduardo Fernández Villar (Universidad de Mar del Plata), “Pensando entre caretas - Apuntes para una pedagogía poética (o una poética pedagógica)”.

18:00: Conferencia a cargo de Matías Tapia Wende (Universidad de los Andes); Simón Abdala Meneses (Universidad de Chile), “Kierkegaard en Chile”.

SÁBADO 8

10:30 – Mesa 1: coordina: Corina Setton.

- María Sol Rufiner (Universidad Católica Argentina), “Las estrategias de Søren: Sobre la comunicación indirecta”.

- Alejandro Peña Arroyave (Universidad del Salvador), “Søren Kierkegaard. La im-posibilidad de ser sí mismo. Una lectura desde las paradojas de la melancolía”.

- Yésica Rodríguez (Universidad Nacional Gral. Sarmiento), “El método de la duda frente al escepticismo”.

12:00: Conferencia a cargo de Ángel Garrido Maturano (CONICET - IIGHI ), "Figuras y esencia de la melancolía: una reflexión a partir de S. Kierkegaard”.