martes, 18 de noviembre de 2014

¿Qué Herzog? ¿el guionista de Lost?

(A propósito de Wings of hope de Werner Herzog, Alemania, 2000)



por PabloT

Es 1971. Un avión cae en el Amazonas. El vuelo, de Lima a Cuzco, ya venía precedido por oscuros presagios: pésima línea aérea, demoras, accidentes anteriores… Un cineasta, que en esa época andaba filmando por la región las demenciales aventuras de un conquistador español del Siglo XVI, zafa mágicamente de abordar el aparato debido a la suspensión de un vuelo previo (pero recuerda haberse codeado en el aeropuerto con los pasajeros del fatídico episodio). Una sola sobreviviente, alemana, cuyo padre biólogo dirige una estación de estudios en plena selva, logra abrirse camino merced a un ímpetu positivista y a cierto conocimiento empírico de la naturaleza. Con sus llagas, avanza trabajosamente desde los despojos del avión hasta el arroyo que, presume, pronto la depositará en un río donde alguna embarcación terminará rescatándola. Sin embargo, salvarse no resulta tan fácil: mucho más tarde, una recorrida aérea por el lugar demuestra que el arroyo confluía en un riacho de serpenteante forma, nada navegable e, irónicamente, cerca del correcto. Juliane Koepke, puro triunfo de la voluntad, persiste en la senda equivocada hasta que a los 12 días avista una cabaña en la ribera.

Casi tres décadas después, Juliane, animada por aquel cineasta que acaso pudo haber muerto en la misma catástrofe, vuelve al lugar a reconstruir su periplo, empezando por la caída en tirabuzón hacia esas nutridas copas de árboles que desde arriba asemejan brócolis, hasta el reencuentro con su salvador. Mientras nuevos restos del crash florecen, ella, a quien es difícil no catalogar de masoquista -salvo que creamos en que para liberarse de un trauma hay que volver a pasar por la misma situación que le dio origen (¡gracias, Hollywood!)- recorre otra vez la senda para explicar, incólume, didáctica y mirándonos a los ojos, a qué cosas temerle y a cuáles no, más lo relativo a la vegetación, a los animales salvajes y a la búsqueda de comida.

Y la cámara está ahí. Permitiendo que el presente se superponga con el pasado y lo onírico supure. O desviándose hacia la belleza sorpresiva que el mundo regala a los atentos (como en esa inesperada toma a la niña de tímida sonrisa). En un devenir pausado, apenas escandido por la dulce voz narrativa de uno de nuestros directores/anfitriones favoritos.

Pero, aguarden…aviones que se caen, destinados encuentros en aeropuertos, flashbacks y flashforwards, gente macheteando la vegetación para abrirse paso, una estación de estudios biológicos en plena selva, una versión alternativa de lo ocurrido (en el extracto de un impresentable film alemán sobre Juliane), un travelling que deja entrever un oso taxidermizado…¿no remiten a cierta serie de alcance global?

Mientras se siguen deshilachando los múltiples cabos que, a manera de fuga hacia delante, se fueron abriendo en la serie Lost (los cuales, no les quepa duda, derivarán en una enclenque solución deux ex machina), la única lucha de los guionistas en la temporada final no será con la lógica interna de la historia sino con la medición de rating, presionados para que los espectadores no abandonen el barco (o el avión), la tele o la compu. Y del otro lado de la pantalla, la furibunda audiencia global demanda por un supuesto derecho a no ser estafada en su devoción adrenalínica. Ignoran, pobrecitos, que por toda respuesta recibirán malas digestiones de Philip K Dick.

Para Werner Herzog, completamente en otra sintonía, la cosa parece tanto más sencilla. Se trata de estar abierto a las historias que ya existen para descubrir en ellas personajes que, de tan increíbles, sólo pueden pertenecer a este mundo en que vivimos: un adorador de osos, Juliane, unos científicos en la Antártica, ¿Kinski?

Coherencia visual y sonora en universos inventados que están todos en éste, fluyendo sin demandar puntos finales.

Pienso: así como en formato televisivo David Lynch pudo desarrollar su Twin Peaks o Fassbinder su Berlin Alexanderplatz, ¿qué no podría hacer Herzog con un avión cayendo, una isla fuera de radar, personajes mesiánicos, y dinero para la producción de unas cuantas temporadas?

(Esta nota fue publicada en el número 23 de revista La otra, verano 2010; se reproduce aquí con levísimas variantes).


NOTA DEL EDITOR DE LA OTRA: Volvemos a traer al blog esta nota porque Wings of hope se proyectó el sábado pasado en el ciclo "La mirada de Herzog", que se está llevando a cabo en la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino (Uriburu 1345, 1º p). El ciclo, coordinado por Mónica Giardina y Oscar Cuervo, sigue este sábado con la proyección de otros dos extraordinarios documentales de Herzog:

- El gran éxtasis del tallador de madera Steiner (Die große Ekstase des Bildschnitzers Steiner; Alemania, 1973)

- Lecciones de oscuridad (Lessons of darkness, 1992).


Las películas se proyectarán completas y con subtítulos en castellano. En Uriburu 1345, 1° piso. Informes: 4822-4690 o 4823-4941. Más información sobre el ciclo acá.

En un próximo post quiero agregar algunas ideas que me provocó esta nueva visión de Wings of Hope.

Televisar y castigar



por Luciano Deraco

Hay un tema que lejos de sorprendernos viene, sin embargo, haciendo semana tras semana, mes tras mes, año tras año, mella en la sociedad. Como un dedo en la llaga que goza sádicamente hundiéndose más y más.

La inseguridad se ha convertido en el manoseo preferido de los argentinos, siempre dispuestos a opinar gratuitamente de cualquier cosa como expertos en la materia.

Por cierto, que el desfile mediático de personajes bizarros, especialistas derechosos y gallinas desbocadas no hacen más que agregar un poco más de sal a las heridas de la ignorancia, la impotencia y la brutalidad.

Claro está, siempre se opta por lo mas fácil, rápido y menos trabajoso. En el abanico de soluciones groseras y sencillas y culpables dóciles encontramos sin embargo, una escala de colores escuetos y repetidos: criminalización de la pobreza, de ciertos extranjeros, urbanización de las villas, cámaras, rejas y mas policías.

No se trata ni se tratará jamás de medidas de fondo, sólo de parches con el claro propósito de satisfacer al menos en lo aparente, las demandas en muchos casos brutales y desbordadas de una buena fracción de la clase media que se siente amenazada y endeble víctima de su propia paranoia.

Cuando se plantean ciertas medidas esgrimidas como las “más efectivas” y se nombran casos paradigmáticos garantes a nivel nacional del “orden” y la “seguridad” (Tigre o San Isidro por citar sólo algunos), lo que se ignora peligrosamente es que la batería mediática toma una posición clara y nada azarosa. No se trata de “solidaridad”, mucho menos de “compasión” para con la mártir clase media, sino de plasmar, mediante el sofístico discurso de ciertos impresentables que gastan aire y luz de reflectores, aquello violento y poco discreto de la clase dominante.

A muchos funcionarios y a muchos otros con aspiraciones de serlo, no les importa resolver la cuestión de la inseguridad, lo único que se persigue mediante esas inagotables peroratas de estudio de televisión, es imponer un modelo político de exclusión y condena hacia el oprimido.

Buscar la raíz de los problemas entre los miserables es desviar el foco de atención y correr del centro a aquellos que enfundados en telas de seda y corbatas importadas deciden más de nuestras vidas incluso de lo que nos imaginamos.

Hay otro propósito un poco mas solapado pero no por eso menos perverso: la “inseguridad” es un negocio altamente rentable para la clase dirigente. Imaginemos simplemente que a un funcionario, por qué no, Jefe de Gobierno, “desviado de la senda del bien”, se le ocurre mandar a enrejar cuánta plaza existe en la ciudad y le encarga el trabajo a una empresa del rubro que en realidad le pertenece pero figura legalmente a nombre de un testaferro, socio o amigo... Por suerte, la tele no nos plantea ésta posibilidad, por lo tanto, debe de ser falsa...

Ahora bien, qué sucede si éste fenómeno se extiende y de las rejas, pasamos a las cámaras de vigilancia diseminadas por toda la ciudad y a un presupuesto progresivamente inflado destinado a las diversas fuerzas de seguridad. Insisto: cómo los medios no nos advierten de todo ésto, seguramente es producto de mi imaginación, ya que, no creo que a ningún dirigente se le ocurra usar el aparato del estado para hacer negocios privados...

Ni que hablar que mi cerebro ha elucubrado una locura si por asomo pienso que a alguien se le puede ocurrir tomar una cerveza sentado en el cordón de una plaza, cuando la misma ha sido cuasi concesionada a los bares aledaños transformándose automáticamente en una suerte de “subversivo" aquel que osa ingerirla. Claro, se tratará de un cliente si lo hace en la mesa pertinente, aquella correspondiente a alguno de los bares que dispone de un buen radio del espacio público. Debo estar delirando si supongo semejante cosa.

El sofismo no es un invento argentino ni mucho menos, pero es claro que una buena parte de nuestra sociedad, la cual somatiza el miedo y la desesperanza entre gritos militares, condenas clasistas y linchamientos prefiere aún dejarse seducir por un discurso que la contenga, a salir de la oscura caverna del sillón hundido y la tele a todo volumen.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Las oscuras: una dirigente de la Rural del grupo de Carrió y Toty Flores agravió un símbolo de la lucha por los derechos humanos




La mujer que el jueves pasado manchó los pañuelos blancos de la Plaza con rojo sangre, durante el fracasado cacerlazo, no es una simple Doña Rosa enervada por la propaganda lanatista. Es una dirigente de la Sociedad Rural de Azul. Según un testimonio del periodista Santiago Llamas, la Boubee es una empresaria ruralista que milita en el espacio de Toty Flores y Elisa Carrió. Boubee es dueña de la estancia Las Oscuras. El que la acompaña riéndose del agravio al símbolo del pañuelo es Ernesto Sagramoso, también militante del Toty Flores y vicepresidente de Cielos Patagónicos S.A. En 2009 la Boubee ya se había pronunciado en favor de un golpe de estado que derrocara a Cristina.

El sábado pasado militantes de la corriente Peronistas Descamisados le devolvieron el blanco a estos pañuelos que son un símbolo universal del respeto a los DDHH.

TN trató de vincular a Néstor y Cristina con Escobar Gaviría

Clarín desesperado por la vigencia del kirchnerismo



El día viernes a las 19:37, el portal web del canal Todo Noticias www.tn.com.ar publicó un artículo infamante con una foto en la que aparentemente aparecían Néstor y Cristina Kirchner compartiendo un almuerzo junto a Pablo Escobar Gaviria y su mujer.

La nota, sin mediar explicaciones, fue eliminada permanentemente minutos después.Ya era tarde, porque que fue viralizada el sábado y domingo, por sitios y personas que odian a Cristina y a Nestor.-

Pero el hombre a quien adjudicaban ser el conocido narcotraficante colombiano, era en realidad , Miguel Ánge Zuvic, padre de la referente del ARI—CC Mariana Zuvic, esposa del diputado y candidato a gobernador de Santa Cruz Eduardo Costa (UCR). Zuvic había acusado hace pocos días a Máximo Kirchner por el incendio del supermercado Hipertehuelche de Caleta Olivia, propiedad de su familia. Zuvic nunca pudo probar esas graves acusaciones, pero encontró gran difusión en los medios del Grupo Clarín.

Que en la foto se trata de Zuvic fue confirmado por el propio Zuvic en su cuenta de la red social Facebook, en donde en varias líneas aclaró la circunstancia de la foto:

"...esta foto fue en un cumple mio ya que Nestor tambien de pisis y mismo año de nacimiento (1950) le gustaba pasarla con nosotros","de izq a derecha, parado mi viejo (Nicolas Zuvic Scepanovic), de bigote, YO (nunca supe que podia ser la nueva cara de Gaviria), la flaca Cristina, mi señora Ema (partio hace un año y pico) y Lupin (Nestor)".

Clarín está tan desesperado por la vigencia del kirchnerismo que ya no sabe qué injuria provocar. Pero a los que más injuria es a sus propios lectores que alimenta con mentiras cada vez más insostenibles.