martes, 9 de agosto de 2011

Super 8



por Oscar Cuervo

En los años 80 todos éramos pequeños e inocentes. El mundo era un lugar sencillo. Las películas eran encantadoras. Afortunadamente había llegado Steven Spielberg a nuestras vidas y así aprendimos que nada hay que no pueda resolverse con un poco de sentimiento y comprensión. Los monstruos venidos del espacio exterior, aun los de aspecto repugnante, sólo quieren tener un amigo, pero a veces se comportan de manera poco amigable porque se los trata como monstruos. Cuando nos volvimos adultos nos olvidamos de esos valores tan simples y entrañables. Bastaría con que los niños de 13 años tomaran el mando para que las cosas fueran mejorando de a poco otra vez, como en los amables años 80.

Ser bondadosos, tener amigos, descubrir el amor, vivir una aventura: eso es lo que todos queremos. ¿Por qué no volver a ser simples y pequeños por un rato? ¿Por qué no volver al futuro del pasado, a la tecnología analógica, a los pasacasetes y a los golpes orquestales que nos indicaban cuándo teníamos que asustarnos, cuándo sentirnos enamorados y cuándo emocionarnos?

Todas estas películas ya han sido hechas, las vimos en el cine, después en VHS, después el VHS se llenó de hongos y la videocasetera se trabó. Más tarde llegó la tecnología digital. Avatar nos resultó muy emocionante y divertidísima también, pero la verdad es que no estaba tan buena como pensamos el año pasado.

Ahora por suerte J. J Abrams y Steven Spielberg se unieron y nos hicieron recordar qué lindos eran aquel mundo y aquel cine, cuando aún éramos pequeños e inocentes. Super 8 es el título. La película no está filmada en super 8, las de Spielberg tampoco estaban en super 8. En realidad, el único que filmó siempre en super 8 es Claudio Caldini. Pero ese es otro cantar. Caldini nunca fue parte de ese mundo bondadoso e inocente. Spielberg y Abrams sí.

lunes, 8 de agosto de 2011

Yo maté a mi madre


por Martha Silva

Lo notable de esta película de Xavier Dolan es que ha sido escrita y dirigida entre los 16 y 19 años por este canadiense que, a esta altura, cuenta ya con dos films más de su autoría. Yo maté a mi madre está inspirada en su propia vida, más precisamente en la conflictiva relación con su madre.

Hay un desacuerdo permanente con ella, a la que llega a desearle la muerte, en una de las tantas fantasías que tiene a diario. Esto constituye el centro de la trama, pues el hecho de ser gay no tiene tanta relevancia en el desarrollo de la misma. Su pareja es lo único gratificante de su vida. Además, el padre está ausente; no brinda su apoyo afectivo a menos que su ex mujer lo convoque, o sea que es un padre obligado a ejercer su rol. De ahí parten la mayoría de los conflictos.

Este adolescente sufre y se avergüenza por su familia y por él mismo. Su principal quehacer es este: adolescer. Sus padres, en tanto, recuerdan esa etapa pasada de sus vidas y ahora la padecen, sufren esa descalificación permanente de su hijo hacia ellos. Pueden , en ocasiones, hacer algo positivo con ello.

El principal reparo ante el genero autobiográfico, es que uno mismo no es buen juez para decidir qué parte de lo sucedido en su vida real es digna de filmarse o no. Esta es la principal objeción que puede hacérsele a este film: que a veces Dolan no logra dar un cierre a su interesante planteo crítico acerca de la institución familiar y se torna un tanto reiterativo. ¿Quién es capaz de renunciar a ciertas partes de su propia existencia?

Este interesante film fue dado a conocer en Cannes que también tuvo en consideración su segundo film, Los amores imaginarios. Actualmente trabaja en el tercero, Laurence anyway.

domingo, 7 de agosto de 2011

Cayendo


por Oscar Cuervo

¿Un post más sobre Elisa Carrió? A lo mejor el último.

Carrió hizo punta en la demonización del kirchnerismo, 6 años atrás. Empezó a decir barbaridades mucho antes que nadie ("el kirchnerismo es nazismo sin campos de concentración", "los Kirchner van a terminar linchados en Plaza de mayo como la pareja Ceaucescu"); logró instalar esas percepciones desmesuradas con la ayuda de los canales de cable que le prestaron una plataforma, a falta de una presencia territorial de los sucesivos partidos que la chaqueña creó y destruyó sistemáticamente. Su rara capacidad para acuñar frases truculentas y disparatadas la fueron acercando al género del bizarro mediático, más cerca de Moria Casán y Jacobo Winograd que de cualquier dirigente político de envergadura. Pero hace apenas cuatro años Carrió quedó segunda en las elecciones presidenciales, con cuatro millones y medio de votos. Muy lejos de Cristina, que la duplicó. Por entonces, su incontinencia e irresponsabilidad política la llevaron a denunciar un fraude electoral que le habría usurpado la victoria, como si en lugar de cuatro los millones de votos que la separaban de Cristina hubieran sido cuatro mil. A pesar de la inverosimilitud de semejante ocurrencia, la prensa de derecha se hizo eco de la denuncia, pero de un modo curioso: era imposible tomarla en serio, porque, de haber tenido un mínimo de credibilidad, la crisis política habría sido irreversible. Se amplificaron entonces sus palabras desorbitadas, sin necesidad de asumir las consecuencias de lo denunciado.

Pero el dato impresionante es que Carrió, antes de sumirse en el género del bizarro mediático, llegó a ser la jefa política de la segunda fuerza del país. La "jefa", diríamos, de la oposición. Cebada por entrevistadores complacientes para que redoblara la apuesta de sus barbaridades, Carrió logró, antes que cualquier otra cosa, demoler su capital político. Hoy logra repercusión diciendo que duerme tranquila desde la muerte de Néstor o que Cristina la engañó con sus llantos. Hace poco dijo que sabía de quiénes eran hijos los hermanos Noble Herrera, con un gesto repugnante de sorna; nadie le repreguntó. Con eso no se labra un futuro político (más bien se hunde), pero obtiene rebote mediático, instala frases que después son repetidas en los comentarios injuriosos que los trolls dejan en los foros virtuales.

A medida que su discurso se hizo más extravagante, los dirigentes políticos que alguna vez la acompañaron se fueron alejando de ella. Sólo quedan a su alrededor algunos que son tanto o más impresentables que ella (Bullrich, Fernando Iglesias). Es probable que su sociedad com María Eugenia Estenssoro esté tocando su fin. Me pregunto cuánto tardará Beatriz Sarlo en arrepentirse en su caracterización de Carrió como una "gran analista política".

Esta semana Carrió atravesó otro límite en su carrera hacia la abyección. En medio de la operación lanzada contra Zaffaroni, hizo alusiones a la privacidad del juez: "yo lo quiero, le tengo mucho aprecio, pero hay cosas en su vida privada que son horribles". No completa la frase, pero todos entienden que se refiere a la orientación homosexual de Zaffaroni. Es ofensivamente discriminatoria, pero se resguarda de ser denunciada por ese motivo, hablando a medias y guiñando el ojo. No es loca, es abyecta.

Esta bajeza la paga con una nueva deserción en sus filas: la diputada Marcela Rodríguez, de notable participación en el debate sobre la Ley del Matrimonio Igualitario, abandonó el bloque de la Coalición Cívica. ¿Consentirá en silencio Diana Maffía, legisladora por la Coalición Cívica/ARI?

Quizá Carrió haya hecho todo lo que hizo en estos años (sobre todo lo que deshizo) movida por la envidia de género, el despecho y la frustración. En todo caso, estas explicaciones psicológicas no importan. Su triste parábola habla más bien de las formas que adquiere la política en la era de la sociedad del espectáculo.


Hoy a la medianoche en La otra.-radio, hablamos con el politólogo Pablo Cabás de la instrumentación de los "escándalos" en la vida política contemporánea; también analizamos los resultados de las elecciones en Córdoba y las perspectivas de las Primarias de la semana que viene.

La música la pone Muse. FM La Tribu, 88.7. Acá es escucha on line.

sábado, 6 de agosto de 2011

Maldición eterna a quien lea estas páginas




por Martha Silva

A fines del año pasado se reeditó, finalmente, esta novela tan buscada de Manuel Puig, escritor al que Guillermina Rosenkratz (una argentina Master en Bellas Artes y en Filosofía de la Universidad de Yale) dedicó una investigación sobre algunos de sus textos en un ensayo titulado Subjetividad y Exilio en la obra de Manuel Puig.

Según Rosenkratz, el exilio es un tema que impregna algunas novelas de Puig, en ocasiones en forma metafórica y en otras de un modo más directo. Alude especialmente a un corpus constituido por El Beso de la Mujer araña, Pubis Angelical y Maldición eterna a quién lea estas páginas. En las tres novelas -la primera de las cuáles fue adaptada al teatro por el mismo autor- se habla respectivamente de un cuerpo contenido en una celda, un cuerpo atravesado por la enfermedad y un cuerpo paralizado. Lo esencial es que los respectivos personajes centrales se encuentran excluidos, intoxicados o amnésicos.

Estos cuerpos se expresan de diversas formas: por medio de la narración de películas (El beso...), de la escritura de un diario (Pubis...), y de un diálogo que posee una importante dosis de teatralidad (Maldición...). Rosenkranz no ha incluido en su estudio la novela The Buenos Aires affaire, que provocó ese exilio y fue una de las razones de las amenazas telefónicas que recibió Puig por parte de la triple A, durante 1974. Otro motivo de las amenazas podría haber sido su amistad con la editora Piri Lugones, quien posibiltó la publicación del libro, del que posteriormente fueran prohibidas su exhibición y venta en las librerías argentinas. En 1974 dejó el país definitivamente.

Maldición eterna… es la séptima novela de Puig y fue escrita entre 1980 y 1981. Sus personajes son dos y viven en New York: Ramírez y Larry. El primero es un argentino, hombre mayor, con un pasado activista, que sufrió prisión y persecución política. Está paralizado y perdió la memoria, por lo que interroga permanentemente a su acompañante, el estadounidense Larry, de 38 años. Desde el comienzo, Ramírez insta a Larry a que sea un poco más amable con él: “Me parece que si Ud. me hablase como un hijo, yo sabría qué preguntarle como padre”. Ahí comienza el largo, áspero y emotivo diálogo entre ambos, en el cual solo hacia el final se esclarece por qué Larry realiza esta tarea de acompañamiento en un geriátrico, siendo, como es, profesor universitario. Al principio, dan paseos por la ciudad, hasta que Ramírez empeora.

En su juventud, Puig se había trasladado de Buenos Aires a Italia con el fin de estudiar dirección de cine en el Centro Sperimentale de Cinematografía, donde dictaban clases profesores de la envergadura de Luchino Visconti. En Italia trabajó como guionista de cine, entre otras ocupaciones, hasta que descubrió que lo suyo era escribir. Primero escribe novelas y finalmente obras de teatro y comedias musicales.

Sus ideas políticas son expuestas de algún modo en las novelas mencionadas, siendo muy conocida la extensa discusión de los personajes de Pubis Angelical, un delegado gremial peronista que trata de convencer a una mujer internada en un hospital. Asimismo, en El Beso de la Mujer Araña se narra la convivencia en una celda de un preso político y un homosexual, en la época de Onganía.

Existe un testimonio fílmico interesante, que es el documental de Mausi Martinez, Puig, 96 % de humedad, filmado en Villegas con los testimonios de vecinos y otras personas conocidas, cuando se cumplieron los 10 años de su fallecimiento, ocurrido en Cuernavaca, México.

En el documental testimonia el abogado César Calcagno, en cuyo estudio residió Puig en algún momento de su exilio. Este abogado cuenta que representó a Santucho, y que viajó a Trelew a constatar los malos tratos que su defendido había sufrido. “El mío era un estudio montonero” –cuenta Calcagno- y detalla la relación que mantuvo en su momento con el escritor exiliado en México, con el que llegó a mantener una amistad entrañable. ”Era ingenuo e inteligente -dice-, interrogaba, escribía y anotaba todas las explicaciones que se le suministraban. Los mexicanos preguntaban a los exiliados argentinos cómo podían ser peronistas cuando quién los expulsaba del país era Isabel Martinez... de Perón. Era demasiado complicado para ellos, según cuenta el abogado.

Maldición eterna a quien lea estas páginas es acaso su novela más amarga, en la que retrata con verdadera maestría el exilio y la pérdida de la memoria, equiparando ambas experiencias.

***

(A continuación, un fragmento de Maldición eterna...):

- ¿Qué es este paquete? Está dirigido a Ud. Sr. Ramírez.
- Si, un mensajero del Comité lo trajo a mediodía. Pero no lo voy a abrir. Se equivocaron, no es para mí.
- ¿Qué puede ser?... Tiene remitente de una oficina de Derechos Humanos, en Buenos Aires.
- Óigame... Ahora me acuerdo de lo que quería decirle antes. Los gorriones y toda clase de pájaros... y tal vez toda clase de animales, cuidan a la cría.... mientras se mantiene chica... de tamaño. Cuando los pichones de gorrión crecen los padres ya no saben. quienes son... no reconocen a los hijos más...
- Porque no tienen memoria, como los humanos.
- Es una bendición.
- No... en absoluto... Desde que llegué a esta ciudad... y empecé a sentirme mejor... cuando empecé a leer… bueno, usted sabe... usted comprende... hoy, si un hijo mío estuviera tirado en la calle, sangrando... yo lo reconocería... trataría de socorrerlo... porque puedo acordarme de las cosas... yo lo reconozco a usted cada día que viene… Pero antes no... antes de que me pusieran en ese avión... no habría reconocido a mi hijo... tal como los animales... Así que... cuando me acusó de llamar a la Universidad… y contarles todo de usted.... en realidad yo pensé eso... porque cuando alguien tiene su tipo de.... ideas ...debe estar alerta… No era yo quién iba a hacer la llamada, sino algún enemigo suyo, o un falso amigo....
- ¿Entonces usted… es amigo mío, Señor Ramírez?
- Qué raro... de su parte, que nunca hace preguntas ¿qué le pasa? No me reconoce más?
- ¿Quién es usted?
- A veces Larry… la gente… tiene que afrontar un riesgo... Sé que usted no es más que un niño... pero tiene que hacer de cuenta que es grande y fuerte... porque voy a necesitar ayuda... y no hay nadie más alrededor... (...)