miércoles, 7 de enero de 2015

Cumpleaños de 15: una batalla cultural‏



por Lidia Ferrari

De visita a familiares en un pueblo de la provincia de Buenos Aires me encontré con varias cosas nuevas y lindas. Una de ellas, no tanto. Me planteó muchas preguntas acerca de nuestros intereses, de nuestra forma de estar en esta nueva etapa que se abrió en América Latina, desde hace más de una década, donde por fortuna varios países intentan consolidar una Patria Grande para hacer que la vida sea mejor para todos sus habitantes y no sólo para algunos.

En mi familia más cercana hay una chica que en unos meses cumple 15 años. Parece que está de moda que cuando cumplen los 15 años las chicas vayan a Disneylandia (Orlando) a pasar 15 días con sus amigas. que también cumplen 15, para festejar con todo. El festejo les sale alrededor de 6000 dólares y ya dos años antes los padres empiezan a pagarlo en cuotas. ¡Dos años antes! Esta niña lloró tanto cuando la madre le dijo que no, no sólo porque le parecía una exorbitancia de dinero, sino también por la idea de que esa debía ser la única manera de festejarlo. Claro, convencer a la chica luego de que casi todas sus amigas van a hacer el viaje fue difícil. Me enteré que personas bastante humildes, trabajadores a los que les cuesta ganar el dinero, hacía tiempo que pagaban las cuotas para poder realizar el sueño de sus hijas, eso que se “debía” hacer. Personas para quienes esa suma es muy alta y se les hace difícil conseguirla, muchas veces a costa de sacrificios. Pero “todos” piensan que es una experiencia alucinante a la que no se debe renunciar.

Esto me plantea interrogantes que no logro responder y que quiero compartir.

Sin dudas, este nuevo modo de festejar los 15 está en relación con un cierto bienestar económico democratizado. No se me ocurre que en la época a la que yo asistí se hubiera planteado algo semejante. Y no sólo por lo económico y las dificultades de viajar, sino también por las ideas que circulaban.

Hay empresas que organizan este tipo de viajes que se supone será memorable. Pensemos: se trata de ir a Disneylandia, ir al encuentro del mundo de la fantasía, donde todo debe ser extraordinario, al modo en que lo son los cuentos de hadas. Una ficción en la que todo parece ser perfecto. Juegos increíbles, lugares de sueños, todo maravilloso, wonderful. El sueño americano. ¿Cuál sueño americano? ¿El de la Patria Grande? No, por cierto. El de la “América”, esa que se ha apropiado de un significante que también nos pertenece. Estas niñas, viviendo en un país que ha decidido desde hace más de una década incluir a los excluidos, incluirse en una Patria Grande latinoamericana, estas niñas que han nacido en el siglo XXI, que han vivido la mayor parte de sus vidas dentro de una década que profundizó el acercamiento a Latinoamérica y les brindó un cierto bienestar material, el deseo [1] (?) de estas chicas está en relación a Estados Unidos y su mundo de maravillas. Sin dudas que esto debe plantearnos un interrogante fuerte sobre lo que sucede con nuestras culturas. ¿Cómo es posible que los sueños sigan siendo los de Hollywood, los que vende Disney, los que vende Apple o Facebook? Y este pequeño acontecimiento que he visto en un pueblo de la provincia de Buenos Aires y la vida íntima de sus habitantes, me dice que hay algo en lo cultural que presenta problemas para la constitución de una Patria Grande. Cuando veo el esfuerzo que hace una madre humilde para enviar a su hija a festejar los 15 a Disney, evoco a esos centroamericanos que sufren tantas penurias para alcanzar el suelo de Estados Unidos, el país del ensueño al que obcecadamente se quiere arribar.



Esa misma ciudad también me mostró otra cosa. Daban una obra para toda la familia en un pequeño y sencillo teatro. Me la habían recomendado y fuimos ahí con los niños. No pasábamos de 40 espectadores. La obra se llama “Romeo y Julieta de bolsillo”. ¡Qué sorpresa increíble! La obra es maravillosa, en su texto y en su actuación. Son dos jóvenes, muy jóvenes, que actúan de manera prodigiosa. El texto es una adaptación libre de la obra de Shakespeare del director y actor Emiliano Dionisi. Lo nombro porque vi en acción la cultura argentina, la cultura de gente talentosa, creativa, que es capaz de crear más allá de estereotipos y formatos “americanos”. Una obra divertida, para toda la familia, muy inteligente, que nos hace pensar, que tiene humor, ironía y actitud crítica frente a los estándares de cierto marketing que no nos pertenece. Esto me devolvió la esperanza en que es posible transitar una propia cultura, una propia historia que no termine amarrada a los designios de Hollywood, Disney o MacDonald. Sobre todo porque la obra la pueden disfrutar tanto los niños como los adultos.

¿Cuál será el antes y el después de esa visita a Disneyworld? ¿Quedarán esas niñas ancladas en el deseo de volver o serán domesticadas en sus deseos consumistas?

¿Es posible que algo se pague dos años antes y no después de adquirir el producto? Me da pena que las niñas sueñen con ese viaje. Por suerte esta pena se contrarrestó con el talento y la creatividad de los jóvenes de la obra de teatro. Su creador es un joven con un inmenso curriculum, que aún no tiene 30 años y fue alumno de una Universidad pública, la de San Martín. ¿Cómo hacer para que ese talento se irradie y su onda expansiva ayude a los padres a resistir a la idea de que el único regalo que vale la pena para sus hijas sea ese viaje al ficticio y lejano mundo de Disney?


Esto lo escribí antes del triste episodio en el que muere una chica en su cumple de 15, por el juego de la “embarrada” donde, se dice, se trata de una forma habitual de festejo. Estos modos de celebración del cumpleaños de 15 de las niñas debería ser tomado como un síntoma que es necesario escuchar. En el caso de la chica del Chaco, la fiesta se transformó en su opuesto, no porque haya ocurrido un accidente, sino porque la forma de festejar incluye la violencia y el maltrato. La idea de enlodar una fiesta es elocuente y habla por sí misma. Se supone que la fiesta de 15 es una forma de la entrada en sociedad de las niñas que se hacen mujeres. ¿Será que a la par que se han ampliado los derechos a las mujeres aparecen estas construcciones sociales que “embarran” y someten a las mujeres a una forma de violencia, aparentemente divertida?

Como dijo el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera: la batalla más importante y más dura de pelear en nuestros países latinoamericanos es la batalla cultural. Estos episodios nos lo confirman.


[1] No podemos decir que se trata de un genuino deseo, sino más bien de una construcción comercial que hace que ellas quieran eso porque los demás –aparentemente- lo quieren. Se trata de una forma de marketing exitoso. Más que un deseo es un mandato.

martes, 6 de enero de 2015

La Shoah, el exterminio latinoamericano, la DAIA y Zaffaroni



por Oscar Cuervo

Dijo la semana pasada Raúl Zaffaroni, el saliente miembro de la Corte Suprema del poder judicial argentino:

"...lo fundamental en América latina es que si no superamos el monopolio de medios, no vamos a salir del pozo en el que estamos. Porque sin una pluralidad de medios no hay información suficiente, y el monopolio u oligopolio de medios es análogo a los autoritarismos de mediados del siglo pasado. En América latina, en este genocidio por goteo que estamos viviendo, el equivalente de los judíos de la Shoá son los pibes de nuestros barrios precarios, que están muriendo por miles. Y Televisa, Rede Globo, TV Azteca, todo eso lo minimizan. O te dice que lo de Guerrero (el estado mexicano donde fueron desaparecidos 43 estudiantes) es un hecho puntual, de un municipio, o que la violencia no empeora, porque hemos llegado a la meseta" (competo acá).

Estas ideas no son nuevas. Zaffaroni las viene exponiendo desde hace años. Por ejemplo en 2012 en la Universidad de las Madres el saliente juez de la corte dio una clase en la que dijo:

“..los genocidios no surgen de un día para el otro y su instalación suele ser también criminal” (...) su concreción requiere de semillas de discriminación que sirven para la instalación de un enemigo (...) Estas masacres súbitas no son tan súbitas, normalmente vienen precedidas por masacres por goteo. El genocidio es un fenómeno social, porque los genocidas emergen de nuestras propias sociedades”.



A comienzos de diciembre, en una clase magistral en la Feria del libro de Guadalajara, Zafaroni profundizó:

"...En nuestra región, los medios de comunicación masivos, en especial la televisión, se hallan concentrados en grandes monopolios que están inextricablemente vinculados en red con los intereses del poder transnacional. Lógicamente, sus mensajes son perfectamente funcionales al modelo de sociedad excluyente que éstos fomentan. En consecuencia, juegan un papel central en el genocidio por goteo que se está cometiendo en la región". (...) "en el Cono Sur, donde es mucho menor la violencia letal, la televisión concentrada crea una realidad violenta que le permita exigir –mediante reiterados mensajes vindicativos– el montaje de ese aparato mortífero. (...) Los recursos de esta publicidad populachera son ampliamente conocidos, aunque no por ello menos eficaces: la invención de víctimas-héroes, la reiteración de la noticia roja sensacionalista, la exhibición de unas víctimas y el meticuloso ocultamiento de otras, los comunicadores indignados, el desprecio a las más elementales garantías ciudadanas, el reclamo de un retroceso a la premodernidad penal y policial, etcétera. En definitiva, se trata de mostrar a las víctimas como victimarios. (...) Lo cierto es que la imagen de la violencia que tiene nuestra sociedad es la que proyecta la televisión concentrada, sea ocultando o disfrazando la existente o inventando la que no existe, siempre con el objetivo claro de montar un poder represivo mortífero y brutal" (completo acá).

No se trata de una ocurrencia aislada, sino de una idea que Zaffaroni viene analizando como un fenómeno global en el que, sostiene que hay "una nueva guerra mundial" bajo el paraguas sensacionalista de la inseguridad, que también podría interpretarse -esto lo digo yo-, como una modalidad de la lucha de clases de este tardo-capitalismo, que, lejos de expresarse como una rebelión de los oprimidos, se manifiesta como una guerra de las clases dominantes contra los pobres,



Pero bastó que Zaffaroni introdujera una relación con el Holocausto judío del siglo xx para que saltaran los dirigentes de las entidades comunitarias judías argentinas, esas que nunca se sabe si representan a los judíos argentinos ante el resto de las comunidades nacionales provenientes de otros orígenes, o si son la respresentación de la política del Estado de Israel para intervenir en la realidad local.

Era esperable esto:

"Estas declaraciones no cayeron bien en la DAIA y han provocado un profundo malestar en el seno de la comunidad judía", manifestó a la Agencia Judía de Noticias (AJN) el vicepresidente de la institución, Waldo Wolff.
Wolff señaló sobre las declaraciones realizadas por el ex magistrado durante una entrevista que "la Shoá no debe compararse con ninguna otra situación. Hay infinidad de calificativos para graficar situaciones como para usar uno tan caro a la sensibilidad de la comunidad judía toda".
Y añadió: "Nunca es aceptable la banalización de la Shoá y mucho menos cuando proviene de alguien a quien no consideramos ignorante sino todo lo contrario". (Completo en Clarín, claro) 

El vicepresidente de la DAIA manifestó el deseo de que Zaffaroni "recapacite y exprese a la brevedad la correspondiente retractación a estas desafortunadas e inoportunas declaraciones".

Para seguir con los retos de la DAIA, su secretario genreal. Jorege Knoblovits, advierte ya no a Zaffaroni sino a todos los argentinnos. "yo creo que Zaffaroni llega a este lugar porque hay un mal histórico entre nosotros, los argentinos, que habilita que todos hablemos de cualquier cosa cuando ocupamos un lugar de relevancia, así que todos estamos autorizados a hablar de fútbol aunque seamos médicos, de medicina aunque seamos deportistas, de políticas aunque seamos futbolistas y así está todo atravesado". (Completo acá)



Hay temas sobre lo que solo pueden hablar algunos. No es una novedad este tipo de reacciones: lo que se afirma es, primero, que sólo pueden referise a la Shoa aquellos que tengan origen judío o , sin tenerlo, adhierar acríticamente a la línea oficial del Estado de Israel sobre la cuestión. Tampoco es un fenómeno local: cualquier discurrir sobre la Shoah que no siga el severo límite impuesto por la dirigencia belicista de Israel es invariablemente amonestado, con acusaciones de antisemitismo. Para el cineasta sionista Claude Lanzmann hay un solo modo posible de filmar el Holocausto y es el que él prentende imponer desde su film Shoah, Si un cineasta como Eyal Sivan filma el racismo que practican los israelíes sobre los palestinos evocando el trato que recibían los judíos en los campos de cooncentración alemana, es inmediatamente tildado de judío nazi. Si Jean Luc Godard marca un vínculo entre la crueldad nazi y las masacres que los palestinos sufren de parte de Israel, es acusado de antisemita por el sionismo de derecha.


Las entidades comunitarias argentinas judías se ubican desde hace años bien a la derecha del resto de la derecha local, y completamente alineadas con la derecha que gobierna desde hace muchos años Israel. Ni bien algunos ciudadanos argentinos de cualquier origen se manifiestan contra las periódicas matanzas en la Franja de Gaza, connotados miembros de judaísmo argentino (a los que difícilmente se les escuche una sola palabra de claro repudio a la brutalidad de las FFAA israelíes, que a menudo violan los tratados internacionales que rigen aún para la guerra) salen a denunciar "campañas antisemitas" con las que se pretende acallar toda palabra de repudio al belicismo israelí. Del mismo modo, la Amia y la DAIA defienden de modo dogmático la tesis impuesta por el MOSSAD y la CÍA sobre la investigación de los atentados terroristas perpetrados contra la Embajada Israelí y la AMIA en los 90. Cualquiera que cuestione esas tesis (altamente cuestionables) que en nuestro país lleva a cabo el fiscal Nisman, con la colaboración de miembros de la SIDE, ahora al parecer removidos, que tuercen la investigación hacia lo que a EEUU e Israel les interesa, es acusado de connivencia con el terrorismo islámico, Por supuesto, los que hablan así reivindican in toto el terrorismo norteamericano e israelí.

La operación discursiva consiste en imponer una pesada inhibición a hablar de la Shoah e instituirla como un tabú sobre el que sea imposible discurrir.

Estas pretensiones son inaceptables en una sociedad democrática como la argentina, en la que está permitido cuestionar todo, desde la figura presidencial hasta el rol de la iglesia católica durante la dictadura. Si todo es discurrible, ¿por qué deberíamos acatar un tabú sobre la Shoah? ¿Qué prerrogativas especiales le caben a los dirigentes de la oficialidad judía argentina para prohibir relacionar políticamente el exterminio que sufrieron los judíos por parte de los nazis y otros exterminios que sufrieron mucho antes y sufren aún muchos pueblos? Democracia y tabú son dos prácticas incompatibles.

Comparar la Shoah con el genocidio por goteo que se viene haciendo desde la invasión de las potencias coloniales a América, y que se intensifica en la era tardo-capitalista gracias a que los medios de la derecha trabajan diariamente para consolidar un estereotipo pasible de ser exterminado, es no solo posible sino necesario. Porque la comparación (que no es mera equiparación) posibilita la comprensión de los métodos de exterminio en que ha incurrido la humanidad y que sigue haciéndolo y, más importante aún, permite detectar exterminios en curso antes de que sean definitivamente consumados. De hecho, los mismos teóricos de la Shoah comparan este genocidio con el antecedente de la matanza que los turcos practicaron contra los armenios a principios del siglo xx.

Entonces comparar es necesario, porque sirve para marcar continuidades y diferencias. Obvio, hay diferencias entre el nazismo, la persecusión israelí a los palestinos, el genocidio por goteo aplicado en América Latina y los crímenes de lesa humanidad de la dictadura que se declararon imprescriptibles. Cada caso es diferente del otro y cada uno puede leerse en su contexto, pero esto no impide reflexionar histórica y políticamente sobre los exterminios practicados por la humanidad, para encontrar no solo diferencias sino puntos en común, la posibilidad de impedirlos antes de que sea tarde y sancionarlos cuando ya es tarde.

Pero para eso hay que rechazar la pretensión de que la derecha proisraelí argentina y global sustraiga el concepto de Shoah del discurso político y pretenda imponer un tabú sobre él.

Creo que todos los que valoran la democracia, de origen judío o de cualquier otro, deberían salir a frenar públicamnete las pretensiones autoritarias de AMIA y DAIA en Argentina.

lunes, 5 de enero de 2015

Nuevo blog

El sueño de las ballenas, la nueva obra de Juanito el Cantor, para ver y escuchar online acá



Juanito el Cantor está dando a conocer por fin su segundo "disco", El sueño de las ballenas, que sigue al formidable 13 canciones de amor y una botella de vino, su debut discográfico de 2006, aquel cd que lo posicionó como una de las grandes revelaciones de la escena musical argentina de este nuevo siglo. Después Juanito apareció en proyectos compartidos, como Doña María y La Nube Mágica. Pero la concepción de El sueño de las ballenas venía rondando en su cabeza desde la salida de 13 canciones... y le llevó estos 8 años llegar a su forma definitiva.



¿Y por qué escribo "disco", así entre comillas? Porque el lanzamiento, que se hace a través del Club del Disco (ver acá), consta de un cd con 10 nuevas canciones, más un DVD con una obra audiovisual en la que esas mismas canciones aparecen en versiones ligeramente distintas, como soundtrack de un mediometraje con el mismo título, más un poster y algunas piezas gráficas especialmente realizadas por la artista plástica BamBam Inc. El mediometraje está dirigido por Fernando Radl, con la asistencia de dirección y cámara de Martín Farina (Fulboy).

Juanito vuelve a entregar una cosecha de canciones muy hermosas, con arreglos delicados y una formación que se expande desde aquel planteo estrictamente solista del primer disco hacia el despliegue vocal e instrumental que presenta hoy La Nube Mágica. De hecho, aunque El sueño de las ballenas se da a conocer un año después de La Nube Mágica, la realización del proyecto comenzó antes y puede considerarse que la banda que aparece en El sueño... es el germen de La Nube...



La versión fílmica de esta obra mantiene básicamente la sintaxis del género "videoclip", porque son las canciones las que puntúan la conexión de las imágenes. Sin embargo, el trabajo visual de Radl y Farina exhala una cualidad onírica fascinante y con pocos -o ningún- antecedentes en el terreno del clip local. Sabemos que Juanito ya está trabajando en una obra en la que canciones y cinematografía van a seguir entrelazándose.



En el texto que acompaña al lanzamiento de la obra dice Juanito: 

"El sueño de las ballenas es un territorio, y quien lo explora se encuentra con totems, tesoros y también peligrosas trampas. Quizás la más peligrosa de ellas es presentar a esta obra bajo un pseudónimo solista. No es que no crea que presentarlo así sea la opción menos confusa, pero merece la aclaración de que esta obra ha sido un proceso creativo colectivo, en todas sus áreas. (...)

"Muchas veces nos preguntamos ¿Es la banda sonora de una película? ¿Son unos audiovisuales que acompañan a un disco? ¿Qué es exactamente?

"Es El sueño de las ballenas. Un disco, una película, unos dibujos, unos textos, un montón de momentos compartidos entre personas".

Acá abajo pueden ver la versión completa del mediometraje en calidad HD. Se recomienda reproducir en un buen sistema de audio para apreciar la calidad sonora de la música.