jueves, 3 de agosto de 2017

El Rey se está muriendo

Cine Extremo IV: La muerte de Luis XiV (Albert Serra, 2016). Sábado 19:30 (PUNTUAL) en Red Colegiales  - Alvarez Thomas 1093



Este hombre es el Rey Sol y se extingue como se apaga una estrella vieja. Así lo filma Albert Serra. Centro solar alrededor del cual gira un sistema de personajes que pasan sus días cumpliendo su voluntad oscura, entrenados para una solemnidad un poco descolocada ante la mera muerte. Ellos tienen que hacer lo que el soberano diga, cualquier cosa menos morirse por él, es algo que tiene que hacer solo, como un hombre insignificante. "La próxima vez lo haremos mejor" comentan discretamente los médicos cuando ya todo se consumó. La ciencia aprende de sus fracasos.

"L'État, c'est moi" había dicho ese hombre cuando era casi un niño, algo que la película no muestra pero cuyo sentido la supone.  Porque un hombre muere pero el Estado sigue. El Estado se despoja de su carne y sus huesos, los deja pudrirse y caer con toda su pompa, más vana que nunca. En tránsito, Serra lo filma en la suave confusión y en la dura noche de dolor que nada puede aliviar.

En su ocaso, Luis XIV es requerido todavía como soberano, toma las últimas decisiones mundanas, cumple sin ganas con el protocolo indispensable, le habla a la nada con semipalabras, confiesa pecados indescifrables. Su cara se enciende solamente cuando juega con sus perros, los únicos a los que no les importa que sea el Estado, porque conocen su olor y su hilo de voz.


El Rey Sol se muere como cualquiera. Puede que todo el calvario sea más agobiante para los miembros de su corte, por la atención continua que el Soberano demanda, hasta que estén totalmente seguros de que él ha expirado.

La máscara impresionante de Jean-Pierre Léaud, sometida a la ley natural, a la corrosión, trae consigo la historia del cine moderno. Él mismo es una gran estrella que se apaga. Serra lo elije astutamente: este rostro macilento supone la risa fresca de Antoine Doinel en Los 400 golpes: "Le cinema c'est moi" podría decir.

Serra, junto a su iluminador Jonathan Ricquebourg, logra el prodigio de que la luz se filtre con timidez por entre la oscuridad de la cámara real y vibre ligeramente con cada temblor de la piel moribunda de Léaud. Con el tiempo preciso de cada plano, con los pequeños detalles banales que acompañan el avance imparable de la gangrena, la película recorre un arco dramático elegante, apenas desviado por el toque de humor macabro que la muerte siempre trae.

La muerte de Luis XIV muestra a un cineasta que apela a los rasgos de estilo ya conocidos de su filmografía previa, sino que piensa formas nuevas de narrar un acontecimiento harto sabido, recorriendo los bordes mismos de la muerte de un cine. Hacia un extremo. Inesperadamente, dialoga con los mejores momentos de la tetralogía del poder de Sokurov.

La gente es extraña

Lagente como sujeto político. Segundo bloque de La otra.-radio para escuchar clickeando acá 



People are strange, dice Jim Morrison. Suele traducirse como "la gente es rara", "la gente es extraña". Gran canción, pero people en inglés también se usa para referirse al pueblo. No creo que sea este el caso. Lennon hizo un tema que se llamaba "Power to the people" en su etapa más politizada en NY. Estaba diciendo "el poder al pueblo", una consigna política. Pueblo es un término controversial en la jerga política. Depende. Hay quienes se niegan a usarlo como categoría política. la izquierda más clasista habla de la clase obrera o de los trabajadores. Pero el pueblo es más abarcativo. No tanto como para significar todos los habitantes de un país. La categoría de pueblo excluye de sí a un sector: no se define por su pureza (el pueblo es heterogéneo, designa a un conjunto impuro, al contrario de "clase obrera", que postula una identidad pura). Incluso hay libros de cine dedicados a postular que el pueblo ya no existe. Sí, libros de cine.

La gente es extraña.

¿O sería mejor buscar otra palabra para traducir a Morrison?

Alejandro Brain, que había escuchado nuestra charla con el Inye Sbariggi sobre Cristina ("La subestimaron") y también había leído a los columnistas del domingo, me dice que escuchó que la gente tiene tiene miedo de que Cristina gane. Y si sale primera en las PASO, todos los que no la voten en agosto van a votar al segundo para que no gane en octubre. Esa tesis es de varios, no sé quién la cree, creo que con un poco de ganas y bastante despiste la repiten los cosos del Evítala, que cometieron el error de la historia de los movimientos sociales al coquetear con Carolina Stanley y jugar contra Cristina. Ahora los cosos del Evítala se esfuerzan en creer que "la gente"que no vota a Cristina (piso alto, techo bajo, según los columnistas que mandaron al Evítala a jugar contra Pitrola por el quinto puesto en la provincia), en octubre va a votar al segundo.

Verbigracia: si Cristina tiene 33 puntos, hay 67 puntos de gente que le tiene miedo y no quiere que gane: si Cristina tiene 35, hay 65 puntos de gente que está en contra de ella. Si Cristina tiene 40, el 60 de la gente no la quiere. Esta aritmética es un poco elemental para interpretar el magma escurridizo de la política. ¿Qué diremos de Bullrich? ¿Que el 73% de la gente no lo quiere? ¿Y de macri en Nación? Si saca un 33 en el país, ¿hay un 67 que quiere que se vaya?

Usar "la gente" como denominación de un sujeto político lleva a estas pavadas. "La gente tiene miedo de que gane Cristina".  La postulación de una sustancia "gente" que piensa, quiere, teme al mismo tiempo toda igual todo el tiempo. Aconsejaría, si hablamos de política, no hablar de la gente. Gente es una revista muy setentista, que puso a Susana Giménez 1857 veces en la tapa. La gente es extraña cuando sos un extraño.

Las mujeres son unas turras cuando no te dan bola, te perdés en la calle cuando estás mal. Cuando sos un extraño las caras emergen de la lluvia, nadie recuerda tu nombre cuando sos un extraño. Las caras parecen horribles cuando estás solo.

Nadie recuerda tu nombre cuando sos un extraño.


De estas cosas estuvimos hablando en el segundo bloque del domingo pasado en La otra.-radio. Lo pueden escuchar clickeando acá.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Soltar la lengua



NOTA DEL EDITOR: Mi amigo Paulo Manterola está por empezar su propio taller de escritura y le pedí que escribiera algo que transmitiera de qué cómo lo está pensando. Y esto fue lo que me mandó: (toda la información la encuentran en el flyer de abajo)

A la hora de escribir, pueden surgir muchas dificultades. Algunas nos resultan familiares y aprendemos a transitarlas. Otras nuevas, surgen de este mismo aprendizaje. Lo importante, como en cualquier cosa que emprendamos, es no detenerse, no quedarse paralizado, avanzar. Con seguridad, confianza y cautela también, pero avanzar.

Muchas veces somos víctimas de nuestra propia exigencia. Este proceso quizá tenga que ver con esto de que, cuando terminamos algo, tenemos que pensar en otra cosa para hacer y, a veces, esta idea puede resultar aterradora. No queremos dejar ir. Nos sentimos seguros corrigiendo una y otra vez nuestra obra maestra.

También, puede suceder que no confiamos en nuestro propio criterio, y así pensamos que todo lo que hacemos lo hacemos mal, o debería estar mejor. Es la autocensura. O nos pasa que no tenemos idea de cuándo algo que hacemos está bien o mal, o dudamos.

Y, lamentablemente, estas cuestiones no se resolverán nunca, debo decirles. Pero, como aliciente, les puedo asegurar que todos se sienten así, desde cualquier escritor novato o principiante hasta el más experto y el más publicado.

Mientras más aprendemos, más dudas nos surgen y menos certezas tenemos.

¿Cuándo debemos dar por terminado un escrito, o una corrección? ¿Cómo logramos un buen escrito? ¿Cómo lo hacemos interesante, o fluido? ¿Cuánta información debemos dar, y cuánta guardarnos? ¿Qué es lo que queremos trasmitir? ¿Cómo construimos nuestro propio estilo? Todas preguntas válidas para las que existen respuestas. Y la pregunta última: ¿Cuándo podemos darnos por satisfechos? Ese es el asunto.

La esencia del ser humano es la insatisfacción. Siempre buscamos más, queremos más, deseamos más, en el ámbito que sea. Claro, hay algunos más saludables que otros. Pero nuestra energía siempre está enfocada en lo que nos falta, en lo que nos queda pendiente, en lo que queremos lograr, nuestros desafíos. De otra forma, nuestra existencia sería más aburrida.

Lucio Mansilla decía: "No aspiro a escribir bien, aspiro a comunicar". Yo creo que ahí está el secreto, en entender cuál es el sentido verdadero de la escritura, del lenguaje, antes de ponernos a escribir una pila de quinientas páginas, que tal vez sea el plomo más grande de la historia o el libro más vendido del año.

Siempre que hacemos uso del lenguaje, queremos decir algo a alguien. Quizá no sabemos qué o a quién, quizá encontramos formas más directas o indirectas de decirlo. Sin embargo, lo realmente importante es tener en claro lo que queremos decir; después, saber cómo expresarlo.

Vayamos de mayor a menor. El lenguaje es un sistema de símbolos aceptados por convenciones y destinados a la comunicación. Los símbolos del lenguaje decodifican un mensaje, y lo codifican también. El arte es una retórica de este y tiene procedimientos parecidos a los de los sueños, de alguna forma. La escritura, por último, es una de las formas del arte. Su intención, como la de cualquier forma de arte, es trasmitir, exteriorizar una o más sensaciones o pensamientos, conmover, generar un cambio, una reflexión, ya sea hacia el propio autor o hacia otros.

De este modo, siempre que escribimos, lo hacemos con una idea de exteriorización de algo que no podemos expresar de otra forma: es una idea de transformación. Para que esto tenga lugar, la comunicación, el lenguaje, la idea que queremos trasmitir debe ser efectiva. Debemos saber cómo, cuándo y dónde decir. Ya que, sépanlo, repítanlo, como si fuera un procedimiento matemático: narrar es administrar información.

Se escribe de a poco, de a una palabra a la vez, de párrafo a párrafo, hoja por hoja, un poco cada día, sin esperanza ni desesperación, dicen. No es aconsejable que apuremos este proceso, ni ningún otro en general. Una idea debe poder fluir, y crecer.

Hay una planificación, consciente o inconsciente, que es necesaria. Y, en general, la inconsciente es la más extensa, y la más fructífera. Por eso, también resulta importante otra cuestión: conocernos a nosotros mismos, o tener mucha mucha suerte.

Felizmente, las respuestas a las preguntas planteadas párrafos más arriba, y otras que quizás se planteen por su cuenta (y que quizá sean las causantes de esa parálisis que todos sufrimos), como les dije, existen. Pero es poco probable que nos las enseñe alguien, que otra persona nos diga “¡ahí está!, y nos restriegue la cara contra ellas hasta que lo entendamos. Lo más factible, y natural quizá (si podemos llamarlo así), es que provengan de un aprendizaje interno y reflexivo.

Por eso, siempre me gustó ir a talleres. En estos, no nos dicen adónde tenemos que mirar, sino que nos muestran el paisaje. No nos adoctrinan, nos dan herramientas. No nos enseñan lo que hay que hacer, nos hacen descubrirlo por nosotros mismos. Por eso, ahora hago mi propio taller, donde comparto mis experiencias.

E intento ayudar, mostrar, y aprender también. Juntos.

Mi propuesta es jugar con el lenguaje y explorar diferentes herramientas a través de ejercicios, consignas y otros disparadores, e interactuar también con otras ramas del arte. Abrir el camino. Transitar nuestras dificultades y superarlas.

Uno nunca sabe lo mucho que tiene para dar hasta que lo intenta.

Paulo Manterola

martes, 1 de agosto de 2017

La subestimaron

Conversación preelectoral con Néstor Sbariggi en La otra.-radio (primer bloque): para escucharlo clickear acá



"A los macristas se los ve muy, muy, muy nerviosos. Yo estuve haciendo zapping este domingo a la noche, y vi un raid mediático de Vidal, Bullrich, Toty Flores... y se los ve muy mal, poco sólidos, no hay una línea política", dice Néstor Sbariggi.

El domingo en la radio hablamos con Néstor, conocido entre los compañeros como El Inye, militante platense, conocedor del territorio bonaerense, editor del Blog del Ingeniero, un gran tipo. Se acercan las PASO y crece la expectativa. No queremos cantar victoria antes de tiempo, pero estamos expectantes.

"Se están haciendo las cosas bien. Estoy en contacto todo el tiempo con la gente de la provincia y te cuentan cómo están las cosas, en el norte de la provincia, en Mar del Plata, en Tandil, en la quinta sección electoral. En Tandil, una localidad donde el peronismo no gana desde 1973 -yo conozco al último intendente peronista de Tandil- el kirchnerismo está subiendo. También Unidad Ciudadana viene creciendo de a poco, sobre todo en el conurbano platense, que es cada vez más grande. En Mar del Plata el macrismo tiene muchos problemas, tanto que Carrió mandó a esconder al intendente Arroyo. Su gestión es muy mala, está peleado con la gente directamente el intendente", dice Néstor.

- ¿Se podía prever, no? Cuando uno conocía los antecedentes de Arroyo... ganó por errores propios del peronismo, más que por sus méritos.

- Sí -dice Sbariggi-, las últimas gestiones, cuando estaba Gustavo Pulti, no han sido buenas. Pulti era un vecinalista que ahora ha vuelto al vecinalismo. Pero yo leí la última encuesta de Analogías en Mar del Plata y es lapidaria: Arroyo tiene el 65% de desaprobación, entre los que dicen que es mala y muy mala.

- El otro día leíamos un tuit del periodista Pablo Ibáñez, que es bastante antikirchnerista y cubre el peronismo para Clarín, y él decía: "si esta es la tendencia en Mar del Plata...".


- Sí, sobre todo porque, en el el conurbano sur, a Cambiemos le están dando muy mal los números, pero muy mal -dice Néstor-. Entonces ellos pensaban que tenían que compensar con tres ciudades del interior de la provincia: La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca. Querían sacar muy buena diferencia ahí y empezar a compensar. Pero parece que no les está alcanzando.

- ¿Y Massa?

- A Massa no le está yendo bien. Se la pasa tratando de armar agenda, hizo un acting con el tema de los fueros. Y no le está yendo bien, un poco por la polarización, pero me parece también que por la propia inconsistencia de Massa. Eso de la avenida del medio es completamente mentiroso. Él, como otra gente, como Diego Bossio o Abal Medina, se imaginaron un macrismo de 8 años. Y hasta que no se resolviese la crisis de conducción del peronismo ellos no harían nada por impedir que Macri siga al frente. Pero Massa está haciéndole la segunda a Cambiemos siempre. Está viendo cómo saca rédito de alguna situación y no la pega. Ahora lo sacó a Lavagna de nuevo.

- Lo mejor que tiene el massismo no es Massa, sino algunos de su equipo que tienen vuelo propio: Solá, Daniel Arroyo, la propia Graciela Camaño, tres o cuatro figuras que son más inteligentes que Massa...

- Solá es lo mejor que tienen. Y Graciela, sí, uno podrá pensar lo que quiera, pero es una política muy hábil. Pero es una mujer con mucha experiencia, ha sido ministra, ha sido legisladora muchos años. Incluso estaba en el bloque nuestro, trabajaba  muy cerca del Chivo Rossi, él era jefe del bloque y ella aportaba diputados para el cuórum; en ese aspecto ha trabajado muy bien hasta el día que se fue.

- Estuve pensando por cómo se dieron las cosas en estos últimos tiempos, que hubo una subestimación muy grande, de parte de sectores de la dirigencia peronista tradicional, de la capacidad política de Cristina. La subestimaron. Cristina tenía una línea política que ya estaba definida cuando en abril de 2016 Bonadío la citó en Comodoro Py. Ella ya ahí lanzó lo del Frente Ciudadano. Y esto es lo que hizo todo el tiempo, pero los dirigentes del peronismo la subestimaron.



- Sí, y este cambio de estilo de Cristina nace de una reflexión profunda suya, de cómo fueron las cosas, pensar la sociedad. Algunos lo ven como "duranbarbismo", pero yo creo que es fruto de una reflexión profunda y también de una autocrítica, sin subirse a una tarima y golpearse el pecho a llorar una autocrítica, ella la está haciendo en la práctica. La mejor autocrítica que se puede hacer es hacer algo distinto a lo que hiciste. Yo creo que ella es muy sincera. Si algo se puede decir de Cristina, es que es una política sincera. Las cosas que dicen son las que piensa. Podés estar de acuerdo o no, pero tiene una sinceridad rara en lo que es el mundo político argentino. Y yo creo que el voto de la gente va a valorar su situación, la situación de ahora, la de antes...

La encuesta de Management & Fit que Clarín no publicó este domingo 

- El oficialismo también subestimó a Cristina. Con las operaciones constantes de los últimos años en los medios creyeron que bastaban para sacarla de la cancha.

- No, ellos creían que Cristina ya estaba afuera de la cancha y en un momento quisieron traerla. Pensaron "está tan mal, tan golpeada, tiene tanta desaprobación, así que la elegimos como contrincante". Creyeron que bastaba con tenerla como contrincante para ganar. Por eso pusieron a un candidato como Bullrich, que en su gestión en el Ministerio de Educación lo único que hizo fue desaparecer durante el conflicto docente. El PRO quiso repetir el experimento de Vidal en 2015, que les salió bien: poner a un candidato puro PRO, no muy conocido. Era un tipo que hasta ser candidato se manejaba bastante bien en las cámaras. Ahora vos lo ves y es una cosa que está ahí y tiene ganas de irse. Antes parecía tener un discurso más sólido, más cerradito, pero ahora está tirando cualquiera. En campaña sus frases "célebres" son tremendas.

- Bueno, ahora hay que seguir esperando estos días que quedan, tratando de no entusiasmarnos demasiado, "paso a paso"...

- No, pero el entusiasmo para una campaña es una cosa que hace falta. Sobre todo, lo que a mí me alegra es que la veo entusiasmada a Cristina. Hasta hace un tiempo no se sabía y algunos decían "y no, no quiere ser...". Y con eso los engrampó a todos (risas), desde el gobierno, hasta Randazzo y el Evita. Yo conversé con el Chino Navarro justo cuando ellos habían ido al sur, a Santa Cruz. Tuvieron una entrevista larga, según ellos, no sé si con Cristina o con Máximo. Y estaban convencidos: "mirá, Cristina no juega, no va a jugar, no quiere". Y mientras me lo decía, yo pensaba: "si quiere algo, no te lo va a decir a vos". No te quiero decir con esto que no haya tenido alguna, "voy, no voy", como le puede pasar a cualquiera, una candidatura es una decisión muy personal donde te jugás mucho, y más con la historia que tiene Cristina, ¿no? Pero lo bueno es que está decidida, está entusiasmada, tiene ganas de pelear y tiene ganas de ganar.


La charla es más larga y pasamos por otros temas del momento político que no quedaron transcriptos en esta nota. Pueden escucharla clickeando acá.