martes, 19 de mayo de 2009

La Victoria de Cezanne o el pintor y la montaña



por Carmen Cuervo

Cézanne no era un guerrero, en 1870 hizo que su padre lo librara del servicio militar y pasó todo la guerra aislado pintando la naturaleza.

La obsesión

Desde 1885 hasta 1905 Paul Cézanne pinta 45 acuarelas y 36 cuadros con el motivo de la montaña de Saint Victoire. Muchísimas cosas deberían decirse de Paul Cézanne y su obra pero estas notas son hechas solamente para trasladar a los lectores una pregunta que no ha dejado de aparecérseme desde que escuché por primera vez un comentario sobre estas pinturas: ¿por qué un artista necesita pintar una y otra vez la misma montaña? ¿qué quiere encontrar en ella? Confieso, por otra parte, mi atracción incondicional por aquellas personas que repiten un gesto una y otra vez, aunque sea el más mínimo y sin importancia. Creo que hay en esto una heroica búsqueda siempre insatisfecha y siempre renovada.

La montaña

La montaña Saint Victoire se encuentra en los alrededores de Aix en la Provenza, casa paterna del pintor en donde él había pasado su infancia y en donde muere. El nombre proviene de una terrible victoria militar de los francos sobre los teutones en el año 102, o quizás es la deformación de la palabra Ventura, nombre de la divinidad del viento. Según la tradición popular está habitada por pequeños personajes fabulosos. En uno de sus precipicios hay un volcán. Y en el monte también quedan las ruinas de un antiguo monasterio.

La montaña según Cézanne

Cézanne no solamente pintaba la montaña o, mejor dicho, no sólo la pintaba con pinceles. Impresionado y alegre, acerca de la Saint Victoire el pintor escribía: "Qué ímpetu, qué sed imperiosa de sol. Estas masas estaban hechas de fuego. La sombra y la luz parecen ambas retroceder, estremeciéndose y tener miedo. Cuando pasan grandes nubes, la sombra que producen hacen agitarse las rocas, como quemada, devorada inmediatamente por una boca de fuego"



Aproximación de Cézanne a la montaña

Como en la guerra, más adelante, por largos períodos, Paul Cézanne abandona París, el círculo cultural; abandona a su mujer y su hijo para pintar la naturaleza. Esta vez pinta la montaña de Saint Victoire. 

Pero la historia del pintor y la montaña empieza aún antes. Desde los primeros años de su vida el motivo no deja de surgir: A los veinte años pinta para la habitación familiar Las cuatro estaciones. En el fondo de una de estas pinturas, detrás de El otoño ya aparecía una montaña desconocida. Más adelante pinta Plutón arrastra a Prostemina a los infiernos. En el plano posterior de aquel cuadro hay una montaña, una guarida infernal. En 1875, pinta El eterno femenino. En un detalle marginal del cuadro un pintor dibuja sobre una tela una forma de montaña. Por fin pinta un paisaje de Castaños en Aix, unos árboles tienen el primer plano, pero detrás, casi escondida, aparece por primera vez la montaña Saint Victoire.



En los últimos de su vida Cézanne realiza una prolongada y final incursión sobre la montaña. Como quien va a la conquista, el pintor va acercándose progresivamente y cambiando el punto de vista aunque nunca llegue a estar realmente cerca. Primero desde los lugares próximos a Bivemus, donde alquila una barraca para trabajar al aire libre. Más tarde, buscando nuevos ángulos, alquila una habitación en Chateau Noir para guardar los instrumentos de pintura. Finalmente compra un terreno en Le Leuves donde se hace construir un taller. En fotos de la época se lo ve alegre, andando por la meseta, apoyado sobre su bastón, con los instrumentos para pintar atados a su espalda. Además se hace acompañar por un geólogo que le explica las características del relieve del macizo y las distintas texturas de las rocas.

En los primeros cuadros, son los árboles los que están en primer plano y la montaña está relegada al fondo. Junto con la montaña hay unos pocos motivos que se mantendrán siempre: los árboles, sobre todo el gran pino, la curva del viaducto del ferrocarril, una puñalada de la técnica en medio de la virginidad del paisaje, los fragmentos de rocas, la carretera curva que invita a internarse en la montaña, alguna pequeña casa. En esta época, la más temprana, yo diría que la Saint Victoire es blanca o tal vez gris azulada. A nuestros ojos la montaña se presenta traslúcida. La montaña es clara, un prisma o un espejo que refleja la luz. La forma es simple y está regularizada.



Con el paso de los años, el motivo del árbol en primer plano pierde importancia, a favor de una mayor preeminencia de la montaña. La percepción cambia. Las obras rozan la abstracción. Las formas estallan en pedazos de colores. Cézanne capta conjuntamente los motivos elementales tierra, montaña, cielo, donde se prestan los colores. Se borran los contornos. Las cosas no tienen límites y no pueden reconocerse. El verde invade el cielo. En el suelo están las pinceladas caídas de la montaña. Estas pinturas son mosaicos, obras compuestas de pedacitos de piedras, pedacitos de colores, que a veces forman figuras. La forma no existe. Los colores son lo único constitutivo de la imagen. Los límites del color son también los límites de la forma. La montaña es un triángulo, o un triángulo trunco de color. La montaña se hace oscura o violeta. La tela tiene partes sin pintar. Aunque está casado y tiene un hijo, en esta época el pintor vive solo, aislado casi como un salvaje.

"Permítame repetirle lo que le decía aquí: trate la naturaleza mediante el cilindro, la esfera, el cono, todo puesto en perspectiva, de tal modo que cada lado de un objeto, de un plano, se dirija hacia un punto central. Las líneas paralelas proporcionan la extensión al horizonte, ya sea de una sección de la naturaleza o, si le gusta más, del espectáculo que Dios despliega delante de nuestros ojos. Las líneas perpendiculares proporcionan la profundidad a ese horizonte. Ahora bien, la naturaleza, para nosotros los hombres, está más en la profundidad que en la superficie, de ahí la necesidad de introducir en nuestras vibraciones de luz, representadas por los rojos y los amarillos, una suma suficiente de azulados, para hacer sentir el aire", le escribía a Bernard el 15 de abril de 1904.

Otra vez me pregunto qué buscaba
Les pido perdón por la repetición pero lo que yo imperiosamente necesito saber es por qué Cézanne pintaba repetidas veces la montaña. Hay algunas respuestas pero ninguna logra conformarme.



Por un lado el propio pintor afirma que hay que pintar antes de que todo desaparezca: "Dentro de cuatro siglos todo será plano. Pero lo poco que queda es aún muy caro al corazón y a la mirada"(...). "Tenemos que darnos prisa si queremos ver algo todavía". Pero la montaña no ha desaparecido. La montaña es eterna si la comparamos con nuestro propio tiempo para poder pintarla. Quizás el pintor tema por la desaparición de la mirada o por la fragilidad de la mirada para entender la naturaleza, la fragilidad de su vista y de su mano y de su vida para construir el paralelo con la naturaleza. Su tarea se presenta como un rito que además de repetido es esforzado e increíblemente lento: "Procedo muy lentamente, la naturaleza se me ofrece de forma muy compleja; y los progresos que hay que hacer son incesantes". Para Cézanne su tarea es algo a lo que está dedicado o destinado: "Consagrarse al estudio de la naturaleza y que sea una enseñanza. Penetrar lo que tiene ante sí y perseverar en expresarse de la forma más lógica posible." Pero confieso mi fracaso para averiguar cuáles son las razones que llevaron a Cézanne a su obsesión. De todas formas, como les dije antes, cualquier explicación me satisface mucho menos que la pregunta.

12 comentarios:

Daniel Shields dijo...

Excelente blog! muchísimo arte y veo que vas a verla al luna park. :)

liliana dijo...

Hay algo inefable, irrepresentable, que todo artista acecha...

Recuerdo la frase de Adorno: "El arte es una promesa (quebrada) de felicidad"

La herida de Paris dijo...

"La montaña es la montaña", también para Cézanne.
Una realidad de una contundencia que solo admite preguntas. Ante ella fracasan solo los que no las formulan, o los que se tranquilizan con las respuestas.
Excelente refelxión.
Saludos.

martha dijo...

Carmencita: Aunuqe digas que la respuesta no te quita el sueño, yo creo que lo que planteás, es un interrogante fundamental al cual vos misma te respondés, al hablar de "heróica búsqueda que se renueva". El persiste en pintar la misma montaña de Saint Victoire- tengo una foto de otro cuadro desde otro ángulo de la montaña- y va comprobando que :"las cosas no tinen límite y no pueden reconocerse"
a MÍ ME PARECE QUE va intuyendo la pintura abstracta. Las obras rozan la abstracción- decís.
Está en la búsqueda de un nuevo arte que luego se irá disolviendo en sus formas.
Recuerdo haber leído hace mucho a Julio Payró que tiende una mirada que no ignora los procesos sociales, en los cambios que ocurren en la pintura. Interesante tema el que tocaste. Martha

Anónimo dijo...

este articulo estaba en una de las primeras la otra ¿qué pasó, te quedaste sin notas cuervo?
vas a tener que volver a hablar de los k...

carmen cuervo dijo...

No entendiste anónimo: la gracia está en que se repita.
Gracias por los comentarios.
carmen

Lady Macbeth dijo...

AH! Sos un antiguo lector entonces, sempiternamente enojado. Masoquista acaso?
Lady Macbeth

César dijo...

Lindo post, Carmen. Texto, fondo e imagen. Encajan perfecto.

Unknown dijo...

Carmen quizá encuentres la respuesta leyendo el libro Cinco meditaciones sobre la belleza" François Cheng, Siruela, su lectura me llevó a tu blog. en el que se escribe "..Cezane, que me parece ser el que llegó más lejos en el sentido de la profundidad, cuando decidió pintar las rocas, los árboles y el Sainte-Victoire. Más allá del tiempo se sumergió en un tiempo geológico y asistió desde su interior, a esa subida de la fuerza terrestre desde la oscuridad original hacia la claridad, hacia el displiegue rítmico de lo que la tierra sustenta en cuestión de formas variadas, todavía más variadas gracias al fascinante juego de luz que dispensa el sol.
En cezanne, la belleza está formada de encuentros en todos los niveles. En el de la naturaleza representadaa, un encuentro entre lo oculto y lo manifiesto, entre lo movedizo y lo fijo; en el de la actuación del artista, un encuentro entre las pinceladas aplicadas, entre los colores empleados. Y por encima de este conjunto, un encuentro entre el espíritu del hombre y del paisaje en un momento privilegiado, con, en el intervalo, algo trémulo, vibrante, inacabado, como si el artista se convirtiera en reserva o acogida, en espera de la llegada de algún visitante que sepa habitar lo que capta y ofrece. pág 88.
al igual que disfruté con los cuadros de cezanne en tu blog se cierre el círculo y puedas encontrar la resuesta con la lectura de estas cinco meditaciones.
Juan Luis

Eleonora Garófolo Bérgamo dijo...

Buscando referencias de Cézanne me encontré con tu Blog.
Me parece muy interesante que redobles el asunto de la repetición del pintor por la montaña con tu propia repetición sobre la pregunta por la causa.
Lacan llama a las pinceladas de Cézanne , lluvia del pincel, y abre una interrogación,"Si un pájaro pintase, no lo haría dejando caer sus plumas, una serpiente sus escamas , un árbol desarrugándose dejando llover sus hojas?
" El pintor realiza la deposición de la mirada a través de un movimiento que termina en la mancha que se materializa en esa detención que constituye la pincelada. Debito a esto Lacan propone como dimensión esencial a la creación escópica, el gesto, que en tanto movimiento dado a ver, es aquello por lo cual se aplica la pincelada a la tela."
El gesto para Lacan en su repetición de inscribe en la dimensión significante, va más allá de lo motriz, este gesto dimensionado en el lenguaje es por excelencia "el rechazar"." la lluvia del pincel marca ese desprendimiento, es decir que pinta algo que se desprende del cuerpo de ahí la comparación con el pájaro y sus plumas.El pintor se deshase de la mirada poniemdo algo de su cuerpo a cambio, quieres mirar? pues bien, vé esto."
"Ese goce sufriente que intenta depositarse en la superficie de la tela, no siempre es un cuadro,nos advierte Cézanne. Solo lo será si logra que nuestro ojo se alimente"(Claudio Godoy)

" Si Tejo alrededor de tu mirada toda la red infinita de pequeños azules y marrones, que se conjugan en ella, mi tela logrará que mires como sueles mirar... Toque tras toque, toque tras toque" Paul Cézanne

Yo creo que cuando repite sus pinceladas sobre el lienzo ente la montaña,está en un diálogo íntimo con su deseo, no busca,materializa un hallazgo que delimita la pérdida.

cassandra_dixit dijo...

carmen.

siempre es bueno pasar por aqui.

saludos.

cassandra

Unknown dijo...

Excelente texto sobre los rasgos retoricos en la pintura de Cezanne