Cine y pensamiento







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sábado, 14 de abril de 2012

Bafici: Policeman


por Oscar Cuervo

La historia que cuenta Nadav Lapid en Policeman podría dar lugar a una película rutinaria: el paralelismo entre una tropa policial de elite israelí y una célula subversiva que prepara un secuestro de una familia de burgueses. Ambos grupos, como puede imaginarse, confluirán en el tercer acto del film, después de haber sido presentado cada grupo en el primer y segundo acto respectivamente. La diferencia no radica en que los policías o los subversivos sean particularmente violentos (lo son, pero no hay regodeo en la violencia que ejercen, sino una dosificación muy precisa: de hecho, los momentos más estremecedores de la película son aquellos en los que la violencia queda desplazada hacia el fuera de campo). La diferencia que conquista Lapid radica en una manera oblicua de mirar el comportamiento de los grupos, que no pierde tiempo en explicaciones funcionales a la narración, sino que se detiene en gestos, en detalles laterales, en una tensión latente continua en las vidas cotidianas que hace que la posibilidad del estallido se haga sentir más que si fuera explícito todo el tiempo. El retrato de los policías de la película es especialmente inquietante: sus códigos de comportamiento, su lenguaje corporal en los saludos o en las situaciones de intimidad, están cargados de una especie de energía maníaca que los lleva a enfatizar una sexualidad fálica, una virilidad sobreactuada y un homoerotismo velado. Cuando tengan que actuar como policías todo se resolverá con una precisión casi maquínica, como un dispositivo frío y desalmado.

Lapid filma esa tensión cotidiana con una mirada desnaturalizadora, lo que produce un enrarecimiento en la visión de la película. Hay un subtexto que remite a las bases explosivas sobre las que se asienta la nación israelí; los árabes no aparecen más que de un modo lateral, pero eso no quiere decir que su presencia en off no sea uno de los factores determinantes de lo que sucede. La película de Lapid, que tiene una pequeña caída de tensión en el segundo acto (se ve que al cineasta le cuesta más encontrar una mirada original sobre el grupo de jóvenes subsersivos y lo logra mejor con los policías), plantea una atractiva posibilidad para hacer cine político sin caer en los plateos más fatigados. Policeman es una de las mejores películas de este Bafici y Lapid un cineasta a seguir de cerca. Puntaje: pongámosle 8.

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