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sábado, 14 de abril de 2012

Bafici: ¿qué nos pasa con las canciones?

Sobre As canções, de Eduardo Coutinho



por Oscar Cuervo

En 2009 el documentalista brasileño Eduardo Coutinho vino a presentar una retrospectiva de sus films en el Docbsas. En esa oportunidad lo entrevistamos Eduardo Benitez y yo para revista La otra (la entrevista completa está en el n° 23). En determinado momento quise preguntarle por una situación constante que encontré en la mayoría de sus hermosas películas de entrevistas:

La otra: En muchas de sus películas las personas cantan canciones…

Eduardo Coutinho: Eso para mí es fundamental. Una de las cosas más bellas del mundo es alguien que cante. Estoy pensando en hacer una película totalmente basada en esto, en personas que canten la canción más importante de su vida. Me gusta mucho Roberto Carlos porque es una cosa de cultura de masas. Es algo que todos conocemos en Brasil y por eso funciona en una película. Él ha hecho grandes canciones desde hace cuarenta años. Cuando un músico logra eso durante cuarenta años, para mí es folclore. La cultura de masas cuando perdura, se torna folclore.

La otra: En Edificio Master está esa escena donde el hombre se pone a cantar My way y cuenta su encuentro con Frank Sinatra...

Eduardo Coutinho: ¡Fantástico! Alguien puede preguntarse si es verdad o no que ese hombre se encontró con Sinatra ¡y a mí no me importa! El está contando su vida con la canción, una vida absolutamente mediocre y él cree en eso que cuenta para estar vivo. Hay otra mujer en la película que se pone a hacer una canción con un teclado, es una mujer solitaria y se pone a contar: “yo quería ser cantante, pero mi padre no quería” y canta una canción muy antigua.

La otra: ¿Usted les pide que canten?

Eduardo Coutinho:  Cuando tiene sentido, sí. Es casi un vicio para mí filmar a la gente cantando.

La otra: ¿Cómo genera esos “momentos”? De intimidad por ejemplo, eso se ve mucho en sus películas?

Eduardo Coutinho: Me interesa lo que ocurre en la duración del plano. Diez segundos para decir algo importante no me sirve de nada. El plano tiene que durar para que en esa duración haya al menos un momento que brille. Por lo tanto es crucial el momento del rodaje. Si no hay momentos brillantes en el rodaje no hay montaje que pueda salvar eso. El momento de intimidad se logra, paradójicamente, porque yo no quiero tener ninguna intimidad antes que la encuentren con la cámara. Yo prefiero no conocer a nadie antes de que sea delante de la cámara.

En este pequeño tramo de nuestra charla, Coutinho nos reveló algunas de  las premisas fundamentales de su arte y de paso nos adelantaba el proyecto de la película que se está presentando en el Bafici, As canções, que ahora podemos saber que es una de las cumbres de su filmografía, el resultado de la depuración de su método. Aunque llamarlo "método" puede resultar un poco injusto: es claro que  Coutinho, por ejemplo, se abstiene de conocer a sus entrevistados antes del rodaje, para que todo "suceda ahí", durante el plano. También el criterio de dejar durar el plano hasta la aparición del "momento que brille". Pero todo esto, que podría ser aplicado por cualquier principiante, no termina de explicar la enorme calidez que Coutinho genera en su trato con las personas que filma y una extraordinaria disposición a escuchar, a dejar hablar y no tratar de hacer decir nunca nada. Es una confianza personal la que él pone en juego: la de creer que todas las personas pueden tener, con solo dejarlas manifestarse, sus "momentos de brillo". Si a esto sumamos la importancia que en la cultura popular brasileña tiene la música, una afinidad casi natural a expresarse cantando, el misterioso influjo  que las canciones tienen en la vida de casi todo el mundo, no importa el país, y el gusto personal de Coutinho por escuchar cantar a los otros, entonces todo está dado para que el resultado sea maravilloso, como termina siendo en  As canções.

Las canciones que el puñado de entrevistados cantan acá son, mayormente, canciones de amor, de despecho, saudade, amores que empiezan o amores que terminan, amores que no pudieron ser, amor hacia la madre o hacia el padre. Cada persona cuenta cómo esa canción pasó por su vida y hasta qué punto la  sigue acompañando. El encuadre se mantiene casi invariable: el personaje sentado en plano medio, iluminado por una luz cálida, sobre un fondo oscuro y neutro (los momentos en los que un personaje se levanta y rompe el equilibrio del plano medio funcionan con gran intensidad). La tonalidad de la conversación es siempre íntima. La emoción, la gracia, la melancolía aparecen una y otra vez en detalles mínimos, el brillo de los ojos, una voz que se quiebra fugazmente, la sonrisa y los silencios.

 As canções es sencillamente una de las películas imprescindibles de este BAFICI.  Puntaje: 9.

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