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domingo, 8 de abril de 2012

BAFICI político: ¿Qué pasó con "Tierra de los Padres" de Nicolás Prividera?



por Oscar Cuervo

Sergio Wolf (director artístico del BAFICI) y José Martínez Suárez (Presidente del Festival de Mar del Plata) tienen el raro privilegio de ser los responsables de haber dejado afuera de las últimas ediciones de sendos festivales a Tierra de los padres, la notable segunda película de Nicolás Prividera, sobre la que tendremos que volver muy pronto. Considerando esta sorprendente exclusión (no sólo se la dejó afuera de los films en competencia nacional o internacional, sino de la totalidad de las 675 películas que sumaron entre ambas muestras), el realizador y el productor de Tierra de  los padres hicieron público este texto, que indudablemente disparará las discusiones más interesantes de este inminente BAFICI.


Tierra afuera

1. Un mundo misterioso. Tierra de los Padres se estrenó mundialmente el año pasado en el festival de Toronto, y luego pasó por los de La Habana y México, pero lamentablemente no fue incluida en la programación de Mar del Plata ni del BAFICI. El hecho es cuando menos llamativo, ya que es evidente que si ciertos films nacionales vistos en nuestros festivales más importantes no despiertan atención afuera, no suele suceder lo contrario. Más aún vista la buena recepción crítica de Tierra de los padres, y siendo curiosamente M la última película argentina en darse en ambos festivales. Porque –como en ese caso– se trata de un film que, más allá de su universalidad, interpela directamente al espectador argentino. Por eso que sea acogida en esos ámbitos internacionales es aún menos sorprendente que el hecho de haber sido relegada en su propio país  (ya que tanto Mar del Plata como el Bafici tienen no solo sendas competencias argentinas, sino secciones varias por las que pasan decenas de películas nacionales).

2. Nadar solo. No se trata, por supuesto, de que una película tenga derecho a un ingreso automático asegurado por tener su director una suerte de carnet vitalicio (algo que sin embargo suele suceder). Cada película debería ganarse su espacio -en todos los ámbitos- gracias a sus propios méritos. Ya que si bien siempre se puede aducir la subjetividad para justificar el fallo (o la falla) de cualquier jurado, no deja de haber motivos objetivos cuando una película tiene un claro “interés” para un festival público, por motivos diversos (ya sean externos como la valoración de críticos y festivales antagónicos, como también intrínsecos cuando una película argentina se relaciona a todas luces con su tradición cinematográfica). Y así como a veces es incomprensible entender los motivos de una inclusión (algo que se debate siempre en todas las programaciones), más difícil es comprender una exclusión sin motivos claros (lo que suele más bien invisibilizarse).

3. La mirada invisible. The globe and mail (uno de los diarios más importantes de Canada) colocó a Tierra de los padres entre uno de los “10 films at TIFF that you won't want to miss”, y Sense of cinema como "one of the real highlights of the TIFF".  En lo que hace a la crítica local, cabe mencionar que Diego Lerer la incluyó entre lo mejor del año; que Diego Batlle culminó su reseña afirmando que la película es “contundente, rigurosa, y demoledora”; que Jorge García la considera “una de las películas más radicales de la historia del cine argentino”... Aun suponiendo que todos esos halagos sean excesivos, una película que los recibe es cuanto menos digna de atención. O sea: ni tanto, ni tan poco.

4. Derecho de familia. Vamos entonces al eje de la cuestión: porque no solo entendemos que cualquier film puede ser discutido, sino que creemos que todo film debe ser discutido. (De hecho, no hay duda de que los films que dejan huella son los que proponen o suscitan alguna discusión, lejos de los fáciles consensos, sean a favor o en contra). Y esa discusión debe ser pública, en todo sentido: Porque los espectadores son tan ciudadanos como los cineastas y quienes se desempeñan en un festival, aunque no a todos les quepa la misma responsabilidad. Pues un festival estatal debe promover la transparencia en su administración (no solo de sus fondos, sino de sus decisiones -sobre todo en lo que atañe a la producción local, con la que tiene relación directa-). Pero visto que no solo las deliberaciones sino que los criterios mismos de programación permanecen secretos y no se fundamentan (lo que se presta a confundir discreción con discrecionalidad), no podemos saber  en qué términos se deja afuera una película como Tierra de los padres. Sería bueno conocer entonces los pormenores de cada decisión (como en el extraordinario ejemplo del último festival de Bariloche, en que el jurado justificó su elección ante el público) y no dejarla a la mera imaginación, intuición, o rumor.

5. Dar la cara. Para tomar como ejemplo el caso que nos toca: sólo se nos dijo, informalmente, que el film quedó fuera de la programación por motivos puramente cinematográficos, cuado -como el enunciado mismo asume- siempre hay una “política” cinematográfica que hace que algunas películas sean amparadas (por el INCAA, los fondos, los festivales, etc.) y otras no. Esto es tal vez tan inevitable como la presencia de lo ideológico (aunque más no fuera sobre cierta concepción del cine), pero no debería serlo que esa trama permanezca oculta cuando se trata de una institución con un fín público (cuyos puestos debieran ser, por otra parte, concursables y renovables). Pues si, como ha llegado a nuestros oídos, el director del festival de Mar del Plata detestó nuestra película, sería importante saber públicamente por qué, no sólo para este caso en particular, ya que esa opinión seguramente hablará de los criterios de selección... Más curioso aún es el caso del Bafici, que habiendo exhibido anteriormente films como Quei loro incontri (Straub), The profit motive and the whispering wind (Gianvito), o Leyendo ‘El libro del bloqueo’ (Sojurov), ha desechado una película como Tierra de los padres, que dialoga con todos ellos (así como discute con tradiciones diversas del cine argentino, desde el “populista” ciclo folklórico-histórico al “modernista” NCA). Pero tal vez los motivos de un festival no estén muy lejos del otro, a pesar de sus aparentemente diversos perfiles. Nada casualmente  Tierra de los padres juega precisamente a poner en escena esos enfrentamientos (reales y falsos, abiertos o soterrados), para de pronto terminar convirtiéndose -nada paradójicamente- en una película “desaparecida” de los grandes festivales argentinos.

6. Tierra de los padres. Lamentablemente, visto que el estreno es aún incierto  (tal vez se vea antes en América del norte, distribuida por la compañía independiente First Run Pictures) debemos hablar de -y por- la película. Tierra de los padres está íntegramente filmada en el cementerio de La Recoleta  (sin que tengamos noticias de otro film parecido en otra parte del mundo), y a través de una puesta en escena rigurosa se propone un diálogo (im)posible entre tradiciones estético-políticas enfrentadas: de la épica (popular) al distanciamiento (vanguardista). Doble riesgo de incomprensión pues, en un momento en que se prefiere la hibridez a lo sincrético, y las posiciones antitéticas a la polémica democrática. Y, en ese sentido, no es tan extraño entonces que el film no sea profeta en su tierra.

7. El dependiente. Si lamentamos que Tierra de los padres no haya encontrado un lugar en ninguno de los dos grandes festivales locales es porque en ellos tenía su público natural. Y no sólo nos referimos al espectador argentino (interpelado desde el inicio del film por un montaje antichauvinista del Himno), sino a un espectador dispuesto (a dejarse llevar hasta el operístico y fundamental plano secuencia final). Porque esta película (tan  intensa como experimental, tan pequeña como ambiciosa) es un buen ejemplo de aquellas que necesitan el amparo del mismo sistema que parece expulsarlas (en este caso, desde su misma producción, que luego de un rechazo inicial –ya que nadie parecía creer que fuera posible- finalmente logramos concretar a través de la quinta vía del INCAA). Y es que (digamos de una vez lo que todos sabemos bien) el “cine independiente” no existe: Todo cine (que aspire a encontrar un público dentro del sistema) depende de innumerables condiciones (económicas, estéticas, ideológicas: en una palabra, políticas). Tal vez, en definitiva,  no sea tan curioso entonces que Tierra de los padres parezca condenada al exilio (porque también ese es el tema de la película: la historia de un país  violento que devora a sus hijos): No se trata de un film “maldito” sino de un film maldecido. Solo resta preguntarnos por qué, y romper una lanza (como hacemos con estas mismas líneas) para que estas situaciones no pasen desapercibidas (gracias a un callar que otorga).

Nicolás Prividera (director)
Pablo Ratto (productor)


La película que los programadores del BAFICI no quieren que veamos.

Por supuesto que esto no va a quedar acá.

2 comentarios:

Quielo dijo...

¿"La película que los programadores del BAFICI no quieren que veamos" no es algo que podría decirse de las ¿500? ¿1000? ¿2000? películas que los programadores vieron y eligieron no programar?

Oscar Cuervo dijo...

Mi epígrafe tiene algo de provocativo, pero no deja de ser cierto. Son tan notables los valores de la película que la convierten en un caso testigo de los manejos que son habituales en festivales como el Bafici, que se manejan como feudos en los que se promueve un cine afín a la ideología de 4 programadores, películas de una notoria homogeneidad política. La película de Prividera desentona con esa homogeneidad construída tras años de Secuestro y Muerte, Todos Mienten, Castro, Balnearios, El estudiante, etc. Bastaría con verla para advertir la tremenda diferencia y los debates que suscitaría incluirla entre la abrumadora mayoría de películas de la tradición sarmientina que imperan. Lo más triste que al dejarla afuera se pretende invisibilizarla y que los programadores se esconden en el silencio insípido del "gusto" estético.