Santiago Maldonado

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Con vida te queremos

miércoles, 5 de marzo de 2014

El post-post-modernismo: para comprender a Marx hay que haber comprendido a Hegel

ANTOJO filosofía Hegel. Un programa para escuchar acá




Desde que en 2010 empezamos con los Antojos Filosóficos, siempre se nos presentó como un desafío llegar a dedicarle algunos programas a la filosofía de Hegel, que debe ser el filósofo más difícil de entender cuando se toma contacto directo con sus libros. Hay, por supuesto, simplificaciones que lo reducen a un esquema memorizable de "tesis/antítesis/síntesis" como ritmo ternario de la dialéctica, que parece valer tanto para un barrido como para un fregado, pero esa secuencia es meramente exterior a su pensamiento y dicha así no parece responder más que a una ocurrencia arbitraria. ¿Por qué las cosas (o los pensamientos, una vacilación que nunca se termina de despejar cuando se lo explica por encima) se tienen que someter a ese ritmo ternario? Nada más ajeno al pensamiento de Hegel que la aplicación abstracta de un esquema fácil de aprender y difícil de exponer en su necesidad. Para este filósofo, el pensamiento va produciendo su propia concreción y conquista sus determinaciones en un proceso de racionalidad creciente. No puede responder entonces a fórmulas abstractas. Por eso es tan distitnto leer a Hegel y leer sus divulgaciones. La cosa se complicó a partir del éxito que ha tenido la divulgación marxista que aduce que a la dialéctica idealista de Hegel basta con ponerla al revés para que se vuelva materialismo dialécto. Marx estaba ajustando cuentas con su propio hegelianismo (es decir, con el núcleo impensado de su posición), pero la repetición escolástica de esta "puesta patas para arriba" cristalizó el problema, lo que equivale a decir que clausuró la posibilidad -la necesidad- de pensarlo. ¿Hasta qué punto una dialéctica puede ser materialista? ¿Y qué quiere decir en ese caso "materialismo"? ¿Y qué quiere decir dialéctica? Gran parte de las personas que se dicen marxistas no llegan a preguntarse esa filiación hegeliana de Marx. No han leído a Hegel y se quedan tranquilos pensado que ni siquiera hace falta, que se puede directamente ponerlo patas para arriba para volverse materialista y seguir siendo dfialéctico.

Pero, ¿hasta qué punto un autor tan difícil de leer puede ser tratado en un programa de radio? ¿Cómo no caer en el mismo riesgo de vulgarización que estoy denunciando? Tengo que aclarar, a esta altura, que ningún programa, ni un ciclo entero de programas filosóficos, ni tan siquiera un curso entero de clases académicas, podrían suplantar la experiencia de leer directamente a Hegel. Hay que perderse en sus páginas laberínticas si uno quiere encontrarlo en algún lado. Y hay que vivir el desaliento que producen decenas de páginas de significado esquivo para tocar la idea de racionalidad que este filósofo propone. Lo que hicimos en Antojo puede parecer una especie de tenacidad sin esperanzas. Pero no lo es tanto si asumimos los límites de nuestra tarea: es posible en un programa de radio llegar hasta las puertas de Hegel, anticipar algunas de las dificultades a que se expone quien trata de entenderlo, situarse en el contexto problemático en el que su pensamiento aparece.

Por eso este verano decidimos tirarnos a la pileta. Hablemos de Hegel. ¿Cómo? Se puede encarar de muchas maneras. Yo elegí pensarlo en el marco del siglo 19. Acompañarlo de otros que formaron parte de esa escena. Habia que elegir a unos pocos (algo abarcable en tres programas) y mostrar que Hegel, tanto como sus contemporáneos, estaban capturados por un mismo rango de problemas. ¿Cómo pensar el siglo 19? En filosofía es posible pensarlo como el siglo de la historia, es decir, el momento en que la historia aparece como problema filosófico, e inversamente, cuando la filosofía aparece como problema histórico. La filosofía se mete con la historia y la historia se mete en la filosofía. En el siglo anterior, el 18, la filosofía se propuso fundar la posibilidad de conocer la naturaleza (esa posibilidad que había sido efectuada por la ciencia física, pero cuya validez hacía falta fundamentar). En el siglo 19 aparece la historia como problema; o mejor dicho: aparece la historia como el problema que hay que pensar: ¿es la historia el mero transcurrir del tiempo? ¿es el tiempo solo el marco de la historia y lo que pasa en ese tiempo el contenido real de la historia? ¿Hay un sentido para la historia? ¿La humanidad se encamina hacia una meta? ¿la humanidad sabe hacia dónde se encamina? ¿puede decidirlo? ¿puede decidir la marcha de la historia una generación de conductores esclarecidos? ¿o los hombres son conducidos por la historia?  ¿La historia es humana o el ser humano es histórico?

¿Estos asuntos son tan diáfanos que no hace falta pensarlos, dado que el sano entendimiento humano ya conoce su historicidad en un contacto directo? ¿o estamos tan inmersos en la historicidad que nunca llegamos a poder percibirla claramente? ¿Es la historia lo más fácil y accesible? ¿O, dado que es lo más íntimo de nuestra condición, precisamente por eso nos resulta lo más oscuro e inaprehensible?

¿Existe el progreso? Si existiera, ¿es posible comprender su ley desde dentro del propio progreso, o hay que salirse fuera de ese mecanismo para ver cómo funciona?

Estas preguntas no necesariamente son respondidas por Hegel, mucho menos por los programas de radio que le dedicamos. Lo que hicimos fue poner a Hegel junto con un antecedente, el filósofo que no llegó a toparse con el problema filosófico de la historia: Kant. Y juntar a Hegel con otros que vinieron un poco después, pero capturados por el mismo problema: Comte y Marx.

Kant, Hegel, Comte y Marx son pensadores muy distintos uno del otro, ninguno de ellos dice lo mismo que el otro, ni siquiera dicen cosas parecidas, pero están ligados por la misma problematicidad, incluso a su pesar. Probablemente si tuviéramos la oportunidad de preguntarles a cada uno de ellos si quieren estar con los otros tres, todos coincidirían en negarse a ello. Precisamente por eso es que puede resultar productivo ponerlos juntos, encontrar un aire de familia en su tensión con el historicismo, reconocer sus diferencias irreconciliables. Indudablemente cuando retomemos el tema habrá que volver a referirse a Marx y a los posthegelianos. Y hacer aparecer a Kierkegaard y a Nietzsche como consecuencias de la crisis que anuncia Hegel.

***

Toda determinación es una negación. Si quiero pensar algo, debo diferenciar ese algo del resto de las cosas: es decir: debo pensar lo que algo no es. Esta idea, que es clave en el pensamiento de Hegel, no es sin embargo una idea de Hegel. El que pensó esto, que determinar algo es negarlo (pensar qué es algo es lo mismo que pensar qué no es), fue, mucho antes que Hegel, Spinoza. Pero Hegel toma esta idea y la convierte en la clave ínterna de su dinamismo:

"Algo y otro son ambos en primer lugar entes determinados o algos. En segundo lugar cada uno de ellos es también un otro. Es indiferente cuál de los dos se llame primeramente, y solamente por eso, algo. Si llamamos A a un ente determinado, y B al otro, en primer lugar B se halla determinado como "el otro". Pero igualmente A es el otro de B. Ambos son de la misma manera otros".

Este fragmento de la Ciencia de la Lógica (Libro 1, Segundo capítulo, B, a) no define qué es la dialéctica, pero muestra el proceso de la dialéctica en su propio elemento. Pensar algo implica pensarlo como lo otro de lo otro. Y pensar lo otro es pensar algo de algo. Cada uno de estos movimientos del pensar piensa la distinto del otro, pero piensa esa distinción entre ambos como lo mismo de ambos. Y ojo, Hegel no está pensando ahí en ninguna cosa en particular, sino qué es lo que determina que algo sea algo y no sea lo otro. Ustedes sepan disculpar, pero de este modo piensa Hegel,

Tenía dudas de si podríamos lograr algo en el intento de presentar estos problemas en un programa de radio nocturno y... ¡veraniego! Después de haber escuchado el audio de los tres programas que le dedicamos al asunto, creo que el resultado no estuvo nada mal, y que en estos ANTOJOS logramos una buena aproximación a la cuestión. 

Clickeando acá tienen el audio del tercer programa de este ciclo, el que todavía nos faltaba publicar. Para que este programa quede en como el tercero de una serie, recomiendo escuchar los dos que lo precedieron. Clickeen sobre cada uno de los tres para escucharlos en orden:



3 comentarios:

Alfre dijo...

Lo estoy descargando, también escuché los otros.

Lo que tengo por ahora es mas que nada una "impresión" de Hegel. Le vengo dando vueltas a la Fenomenología del Espíritu hace un tiempo, pero no paso de la parte en que llega a tratar la "autoconciencia". Pero más que nada, porque me emperro en repasar una y otra vez los primeros capítulos, donde sospecho que me sería más facil identificar algo que me hace desconfiar de cada paso que da.

Y efectivamente, tengo cada vez más la impresión de que en algún modo siempre "supone" lo que después "encuentra". Él dice que simplemente lo "capta". Pero, por ejemplo, ya desde el vamos en su modo de "captar" la "certeza sensible", no veo de dónde podrían salir -sino de alguna galera de cosas presupuestas- cosas tales como un "puro yo", un "puro este" o "puro esto", o el "ahora", etc., que para nada -me parece- son cosas "simples", "inmediatamente" ya dadas.

¿Cómo es posible un "puro", un "este", un "esto", un "ahora"; cómo es posible captarlos así? Me da la impresión que él se salta esta parte porque ya parte de la cuestión "dada" del "saber". Ya da por supuesto que el "saber" es lo que parece que es. Y "después", es que busca los principios. Mas o menos arranca diciendo: "el saber no puede ser otra cosa que saber de lo inmediato o de lo que es", entonces la cuestión empieza por "captar" esa "certeza sensible" inmediata; pero el "ser", ¿se puede "saber"? Aunque hable de lo "inmediato", ¿no está suponiendo ya algo mediado? Claro que "después" lo "encuentra".

Capaz que no estoy captando yo mismo algo, por eso le voy a seguir dando vueltas.

Saludos, disfruto mucho de estos audios.

Oscar Cuervo dijo...

Alfre: tené en cuenta una cosa: el subtítulo de la Fenomenología es "Saber de la experiencia de la conciencia". Es decir que todo ocurre dentro de una conciencia subjetiva, desde la certeza sensible hasta la Idea. O sea: en el campo fundado por Descartes: el Cogito. La subjetividad está supuesta desde la misma certeza sensible, porque como certeza es certeza de una conciencia. Más allá de que algunos pasajes de una categoría a otra te puedan sonar forzados (introducidos subreticiamente) la idea general de una conciencia que se despliega desde la inmediatez y va conquistanod todas sus determinaciones es grandiosa. Por otro lado, no hay filósofo que haya evitado esos supuestos que desconoce, porque son el fundamento no pensado de cada época.

Si en Hegel todo se desenvuelve en la subjetividad, igual que en la filosofía moderna anterior a él, lo nuevo acá es que piensa la subjetividad históricamente, o piensa la historia subjetivamente (en Hegel todo es así de reversible)... En fin...

Alfre dijo...

Gracias por la aclaración. Igual ya me surge la objeción (que es en general la misma que antes), aunque medio tengo que saltear otra vez la consideración de que "nadie parte sin supuestos": me parece que justamente Hegel no se pregunta por la subjetividad, por la conciencia. Presupone ya "una" (una "determinada", no una "cualquiera", digamos), recién de ahí es entendible después una suerte de desarrollo "necesario" (y no cualquier otro).

Como sea, tampoco le tengo tanta fe a mis propias objeciones, mientras lo tenga poco estudiado.