domingo, 3 de enero de 2016

Palpable y silencioso

(acerca de Nunca te hablé con palabras de Sergio Kisielewsky) *


“Un poema debe ser palpable y silencioso
como fruta redonda
(…)
Un poema debe ser sin palabras
Como el vuelo de los pájaros”.

Archibald Mac Leish

por Liliana Piñeiro

Leer un libro de poemas es respirar de otro modo. La cadencia se altera: a veces la bocanada de aire sobreviene sin aviso, como una felicidad que resignifica lo anterior. En Nunca te hablé con palabras la poesía filtra la narración, cliva momentos que fulguran, arrojan una luz fragmentaria e intensa sobre la memoria.

El verano, el rumor del mar, las calles pequeñas…Y es siempre una Mujer (con la mayúscula que da el enamoramiento), la que tira del hilo para destejer la trama. Una o varias, que siempre es Una.

Hoy saldré con Scarlett Johanson
La veré en una playa cerca de la rambla
No habrá escollera ni mar
(…)
cuando vuelvo ya no estás más está Scarlett vestida de blanco
y me dice que quiere conocer Gesell a Barocela
y al café Nostalgias
quiere deambular por los bares de la playa
No quedará otra cosa que estar contigo un rato más.
Toda una vida.

Las vicisitudes del amor recortan un mundo, le dan sustancia poética:

Me duele el cuerpo de verte

Me tocás y tiemblo
Me nombrás y soy alto.

Nunca pensé que la tierra gira en derredor del médano
Es una planicie
Que adora tu espalda

Evocación de momentos felices… soñar en compañía sigue siendo la mejor propuesta:

Hagamos una cosa te llevo al río y vemos el mar.

Abriéndose paso entre los recuerdos camina el padre, como antes por la costa… Interlocutor siempre presente, aún en la ausencia:

Con vos papá nadie fue agradecido
A veces te recuerdo en Miramar
Jugando a la paleta
Estrenabas tus lentes de contacto y te metías al agua
Y te acalambrabas y te sacaba
Antes que tragues sal.

“Papá te escribo esta carta porque hace diez años que te fuiste…”

Cada recuerdo es vuelto a vivir, con la carga afectiva desteñida por la nostalgia. La incertidumbre de antaño persiste como enigma presente. Pero a modo del propio balance, la mirada termina siendo impiadosa:

Te veo como a una liezon de espejos
no acierto a saber cómo me llamo

Si supiera algo de mí

No aprendí modales
Ni siquiera en las veladas propicias y miro al espejo que me
devuelve
otra sombra.

Más temprano que tarde, la pasión avanza hacia el final. Quedan “murmullos y ruinas de murmullos”.

Y sé que te enamoraste pero no de mí

Fracasé en el arte de conocer tus piernas
Ahora bailan lejos de mí

Y el paisaje es una bruma donde el cuerpo de una mujer
Se diluye en el aire

Narrar una experiencia amorosa es recorrer una trayectoria, de un punto a otro. En el tiempo y en el espacio. Pero ¿qué sucede cuando la narración está atravesada por la poesía, como en este libro? Todo se desarrolla, entonces, sobre un Piso flotante, y los amantes… casi nunca obedecen a la ley de gravedad.


* Nunca te hablé con palabras,  Sergio Kisielewsky,  Babel Editorial, Córdoba, 2015.