martes, 29 de marzo de 2016

"Este pibe está muerto y hay que hacerlo vivir"

Entrevista al cineasta y poeta César González en La otra.-radio, para escuchar clickeando acá



- Mis películas son políticas -nos dice César González en una entrevista que le hicimos para La otra y salió al aire el domingo pasado -. Acá sí importa quién las hace, porque yo, con todo lo que viví, siendo pibe chorro, estando en la cárcel y todo lo que se sabe, no hago películas para decir que lo que hacen estos pibes está mal y que les voy a enseñar cómo se los corrige. Al contrario, yo sigo siendo el pibe ese, ahora con conciencia de clase, amando apasionadamente el cine y haciendo películas donde esos pibes que actúan, filman o son parte de la producción están teniendo un sueño por primera vez en su vida. Es un pibe que en un futuro no va a ir a robar, si hoy está amando participar de un rodaje. A mí eso es lo que más me importa. Después, obviamente, me preocupo por el guión, por el texto y por la forma, porque sé que vivimos en una sociedad racista, entonces soy un negro de la villa y eso es sinónimo de ignorancia, hasta inconscientemente. Más en el cine, arte excelso, donde hay que estudiar. "¿Cómo que de golpe viene un pibe de la villa y se mete en nuestro arte?" pienso ironizando sobre una familia aristocrática dueña del cine. "¿Cómo este negro viene acá, no nos pregunta, no viene a estudiar a nuestras universidades y hace películas?". ¡Mirá que a mí el fuera de foco no me lo van a perdonar! "¿Vieron? Es un negro de la villa". En otro director, esa sería una decisión estética, porque se supone que está consciente del fuera de foco. Y yo soy igual de consciente y trabajo minuciosamente cada cuadro y se lo enseño a los pibes. Les digo: "No le demos de comer a la gilada, que lo único que espera es que hablemos como el personaje de El puntero y listo'".

A César, que se hizo conocido primero como poeta, con el seudónimo de Camilo Blajaquis. podría aplicársele la frase con la que empieza el protagonista de Pickpocket, la obra maestra de su admirado Robert Bresson: "Yo sé que los que hacen estas cosas callan y los que las cuentan no las han hecho. Y sin embargo yo sí las hice". Es difícil y quizás intútil recortar en su discurso torrencial los pasajes en los que habla de las películas que vio, de sus propias películas, de los libros que leyó, de esos otros momentos en los que da testimonio en primera persona de la experiencia que lleva en el cuerpo. Jean Genet aparece con toda naturalidad en medio de un recuerdo personal y Foucault viene seguido a la conversación, a refrendar lo que César aprendió a los golpes en las cárceles bonaerenses. Su cine y su poesía son políticos porque son la continuidad de la lucha que empezó antes en la calle y siguió después estando preso. Un mismo impulso que todavía no termina. Un aprendizaje brutal que se va afinando y potenciando, impulsado por la idea de una ilustración que se encarna en su palabra. Reivindicación tensa, orgullosa, desafiante de una cultura emancipatoria, cuestionadora de la opresión, un iluminismo que nunca deja de impugnar el aparato de "reinserción social" al que juzga como una continuidad hipócrita y por eso peligrosa del sistema penitenciario. 

Si cuando tenía 13 años cayó en la adicción al poxirán, las pastillas y la cocaína, y en la violencia delictiva a los 14, si en seguida cayó por las balas de la policía y fue a dar a un hospital casi muerto, y salió y volvió a robar y a caer en un correccional, en un momento dado tiene una percepción de la muerte, de la propia y la de sus amigos, como el destino que le tiene reservado esta sociedad feroz: 

- Ese pibe está muerto -dice- y hay que hacerlo vivir, hay que hacer que tenga ganas de vivir. Yo no tenía ganas de vivir cuando era pibe chorro, soñaba con la balacera de la policía, no me importaba la vida del otro, no me importaba mi vida, la de mis hermanos, no me importaba la vida en general. Yo filmo con pibes que están muertos, literal y metafóricamente. Y yo veo que, desde que participan en mis películas, viven. 

Y de esa percepción mortífera saca una fuerza de signo inverso: un muerto que vuelve a la vida con una potencia renovada, porque lo que no te destruye, te fortalece. ¿Cuándo se produjo el click?, me pregunto y le pregunto:

- El robo está naturalizado en esta sociedad -piensa en voz alta-. Si está naturalizado que existan patrones, trabajadores, que el trabajador haga el producto que nunca va a poder poseer, el albañil hace un edificio, va a hacer diez millones de edificios y nunca habitará ninguno... Y Marx, y Foucault, ¿no? Leer Vigilar y castigar en cana, leerlo y vivirlo ahí adentro, en la cárcel. Obviamente, fueron cosas muy fuertes, que casi me desbordan psicológicamente. Porque no es fácil estar ahí e inventarte una manera de... Yo siempre dije: voy a seguir viviendo con los pibes, acá en los pabellones donde hay que vivir, pero de otra manera. Eso fue muy difícil, me trajo muchos costos. Me rompían los huesos todos los días los del Servicio Penitenciario, por no reproducir el modelo de preso, por no asumir el rol de preso, no el rol de pelearme. No "estudiar", porque, otra cosa, porque estudié en la cárcel, entonces... "¡qué loco, se recibió de sociólogo en cana!". No me alcanza: ¿qué pensás de los pibes? ¿los seguís abrazando? ¿los seguís viendo? ¿o ahora porque te recibiste sos un careta y querés ir a evangelizar a los pibes? No me alcanza. Yo lo que sé es que ahí adentro les empecé a explicar a los pibes cómo era este sistema, ¡les explicaba lo que veía en los libros! Y me decían: "¡Sí!". No me decían "delirante, te vamos a sacar del pabellón pa'fuera". ¡No! Yo tenía el miedo, yo tenía el prejuicio, mirá cómo uno mismo, ¿no? Yo, siendo pibe decía: "los pibes no van a querer que les cuente esto. Como somos brutos...". ¡Al contrario! Leeme, prestame libros. Prestaba libros. Prestaba libros de Kafka, prestaba libros de Roberto Arlt, prestaba libros de Cortázar, giraban, los debatíamos, yo les escribía las esquelas a los pibes. Y la verdad que haber dado amor ahí, que es la muerte, por algo le dicen la tumba, ¿no?, por algo le pusieron ese nombre, haber dado amor ahí, fue lo que me hizo el click.

César se considera un hijo del cine digital:

- Yo, más que nada, soy un hijo del cine digital. Si bien yo miro una película en fílmico y tiene una belleza y una profundidad la imagen, la textura, el color que obviamente me encanta, hay muchos que se aferran a esa idea de la calidad de la imagen fílmica. Yo no puedo creer que el cine sea solo la calidad de la imagen. Si eso es el cine, que no haga cine nadie. Pero el digital acercó el cine a las clases populares. Yo soy un pibe de una villa, no lo digo con ningún orgullo como "acá llegó el pibe de la villa", pero lamentablemente nací en una clase social y en un ambiente socio-económico y cultural de mucha pobreza y de miseria. Si no hubiese existido el cine digital, yo, como mucho, sería una espectador de cine, ni se me hubiera cruzado por la cabeza decir ''yo puedo".

Él manifiesta cierto escepticismo acerca de que la accesibilidad de las cámaras digitales pueda producir un cambio drástico en las formas cinematográficas:

- Amo las películas que tienen una búsqueda en la forma - y enumera-: Pasolini, Godard, David Lynch. Pero no sé si existe realmente la posibilidad de inventar algo nuevo en la forma. Bah, yo no me preocupo tanto en que esa sea la base a la hora de filmar. Trabajo mucho la fotografía, la puesta de cámara, la luz. Pero sí me importa mucho el contenido.

Sin embargo, le marco algo que noto en su cine, que se puede detectar en este corto, Truco, que filmó en 2014:



Ahí, pienso, hay una interacción entre el contendio y la forma. No solo en la capacidad de encontrar con su mirada amorosa del espacio de la villa una belleza habitable, para nada sórdida, a pesar de la violencia material que implica la naturalidad con que aparece el chumbo en manos de los pibes. Ahí se instala una tensión muda, se desencadena la expectativa de un estallido dramático que al final no llegará. En la necesidad política, incluso didáctica, que González asume para mostrar un desvío, el de la vía artística como alternativa al choreo, el corto al menos desplaza hacia el fuera de campo por un tiempo indeterminado el destino de violencia que la misma estructura narrativa parecía reclamar. El "Fin" llega antes y de esa manera el cineasta se anima a truncar una forma clásica y logra un efecto suspensivo. Ahí hay un hallazgo formal. Se lo comento. Lo que César me responde lo pueden escuchar clickeando acá. Se trata de un fragmento de nuestra charla que por falta de tiempo no llegó a entrar en las dos horas de programa.

Acá pueden ver otro de sus cortos, Guachines.

Esto que transcribí es solo una parte de una charla de un interés extraordinario. Les prometo que hay mucho más y muy interesante. Para escuchar la entrevista tal como salió al aire en el programa de radio, con nuestros comentarios en el piso y las canciones que pasamos, clickeen acá