domingo, 9 de marzo de 2008

Estar a salvo II


¡Ay! los vicios del hombre, por muy llenos de horror que se los suponga, contienen la prueba (¡aunque sólo sea por su expansión infinita!) de su afición a lo infinito; sólo que es una afición que se equivoca de camino con frecuencia. (...) El espíritu humano rebosa de pasiones; las tiene para dar y tomar, si he de servirme de otra expresión trivial; pero ese espíritu desdichado, cuya depravación natural es tan grande como su aptitud repentina, casi paradójica para la caridad y las virtudes más arduas, es fecundo en paradojas que le permiten emplear en el mal el desagüe de esa pasión desbordante. Jamás cree haberse vendido a él. Olvida en su engreimiento que se las tiene que ver con alguien más astuto y más fuerte y que el Espíritu del Mal, aunque sólo se le entregue un cabello, no tarda en llevarse la cabeza. Ese señor visible de la naturaleza visible (hablo del hombre) ha querido por consiguiente, crear el Paraíso por medio de la farmacia y de las bebidas fermentadas, semejante a un maniático que reemplaza muebles sólidos y jardines auténticos con decoraciones pintadas en una tela y montadas en bastidores. En esa depravación del sentido de lo infinito reside, a mi parecer, la razón de todos los excesos culpables, desde la embriaguez solitaria y concentrada del literato quien, obligado a buscar en el opio el alivio de una dolencia física y habiendo descubierto de este modo una fuente de placeres morbosos, lo adopta poco a poco como su única higiene y como el sol de su existencia espiritual, hasta la borrachera más repugnante de los arrabales, la que, con el cerebro pletórico de llamas y de gloria, ridículamente se revuelca entre las inmundicias del camino. (...)

En esta última parte quiero definir y analizar el estrago moral que causa esa peligrosa y deliciosa gimnasia, estrago moral tan grande, peligro tan profundo, que los que vuelven del combate sólo ligeramente averiados me parecen valientes escapados de la cueva de un Proteo multiforme, Orfeos vencedores del Infierno. Tómese, si se quiere, este modo de hablar como una metáfora excesiva, pero confesaré que los venenos excitantes me parecen no sólo uno de los medios más terribles y seguros de que dispone el Espíritu de las Tinieblas para reclutar y esclavizar a la humanidad digna de lástima, sino también una de sus incorporaciones más perfectas. (…)

Sería muy natural, pues cada hombre representa a la historia, que surgiera una herejía obscena, una religión monstruosa, en quien se ha entregado cobardemente a merced de una droga infernal y se complace en dilapidar sus propias facultades. (...)

Toda contradicción desaparece, todos los problemas filosóficos se aclaran o al menos así parece. La plenitud de su vida actual le inspira un orgullo desmesurado. En él habla una voz (¡ay, es la suya!) que le dice: “Ahora tienes derecho a considerarte superior a todos los hombres, nadie sabe ni podría comprender todo lo que piensas y todo lo que sientes; inclusive serían incapaces de apreciar la benevolencia que te inspiran. Eres un rey al que los transeúntes desconocen y que vive en la soledad de sus convicciones. ¿Pero qué te importa? ¿No posees ese soberano desprecio que hace tan buena al alma?”
Sin embargo, podemos suponer que de cuando en cuando atraviesa y corrompe esa dicha un recuerdo punzante. (...) ¿Acaso no está lleno ese pasado de numerosos actos insensatos o viles, que son verdaderamente indignos de ese monarca del pensamiento y que mancillan su dignidad ideal? Podéis creer que el hombre drogado con el haschisch, afrontará valientemente a esos fantasmas llenos de reproches y que sabrá extraer de sus recuerdos horrorosos nuevos elementos de placer y de orgullo.
¿Agregaré que el haschisch, como todos los goces solitarios, hace al individuo inútil para los hombres, y a la sociedad superflua para el individuo, pues le impulsa a admirarse sin cesar a sí mismo y le precipita, día a día, hacia el abismo luminoso donde admira su rostro de Narciso?

(...) admitamos por un instante que el haschisch otorga el genio o, por lo menos, lo aumenta; olvidemos que el haschisch, por naturaleza, disminuye la voluntad y, de este modo, otorga por un lado lo que quita por otro, es decir, la imaginación sin la facultad de aprovecharla. Finalmente, hay que pensar, aun suponiendo un hombre lo bastante hábil y vigoroso para poder sustraerse a tal alternativa, en un peligro más, fatal y terrible: el peligro de los hábitos adquiridos. Todos ellos se transforman pronto en necesidades. El que apela a un veneno para pensar no podrá al cabo de poco tiempo pensar sin ese veneno. ¿Se imagina la suerte espantosa de un hombre cuya imaginación paralizada no podría funcionar ya sin la ayuda del haschisch o el opio? (...)

Dije que, al aspirar sin cesar a reanimar sus esperanzas y a elevarse hacia el infinito, [el hombre] manifestaba en todos los países y en todas las épocas, una afición frenética a todas las sustancias peligrosas que, al exaltar su personalidad, podían presentar un instante ante sus ojos ese paraíso de ocasión, objeto de todos sus deseos y, en fin, que ese espíritu temerario que lo puede llevar, sin que él lo sepa, hasta el infierno, atestiguaba su grandeza original de ese modo. Pero el hombre no está tan abandonado, tan privado de recursos honestos para ganar el cielo que se vea obligado a invocar la hechicería y la farmacia; no necesita vender su alma para pagar las caricias embriagadoras y la amistad de las huríes. ¿Qué es un paraíso, comprado al precio de la salvación eterna?



CHARLES BAUDELAIRE, Paraísos artificiales, Losada, Buenos Aires, 2005, págs. 47-101. (Textos seleccionados por nuestra lectora Tatiana)

23 comentarios:

julieta eme dijo...

¿"Espíritu del Mal"?

¿"Espíritu de las Tinieblas"?

¿"ganar el cielo"?

¿"Qué es un paraíso, comprado al precio de la salvación eterna"?

el texto es demasiado religioso y moralizante.

besos. julieta.

julieta eme dijo...

no me interesa un debate planteado en esos términos.

Anónimo dijo...

Sin embargo, más allá de cierta terminología (posiblemente habitual para la época en que este texto ha sido escrito), creo que hay algo sabio en estas palabras con respecto a esos "paraísos de ocasión" generados por las drogas. Y una advertencia también respecto al "peligro de los hábitos adquiridos. Todos ellos se transforman pronto en necesidades. El que apela a un veneno para pensar no podrá al cabo de poco tiempo pensar sin ese veneno"

Estoy de acuerdo en que consumir no constituye una adicción, rasgo muy específico que puede ser aplicado a un amplio rango de actividades humanas, y que en cada caso deberá puntualizarse a qué conflicto obedece.
Y también estoy de acuerdo con la despenalización de la droga en general. Pero me parece interesante recordar estas palabras de Baudelaire en términos de advertencia, en especial las que apuntan a esa delgada frontera de la necesidad.
Como se dijo en algún momento en este debate, hay un plus, algo de lo humano que no puede ser contenido por ninguna ley.

Oscar Cuervo dijo...

Moralizante es eludir un debate porque está planteado en términos "demasiado religiosos". ¿Sólo se puede debatir con los que piensan como uno? ¿Cuál será el grado de religiosidad permitida para debatir?
Liberalismo moderno: respeto a las diferencias de los idénticos.

Anónimo dijo...

Habria que ver en què tèrminos pensaba Baudelaire la espiritualidad.
Isabelina

Anónimo dijo...

julieta. si te escandaliza tanto la frase "ganar el cielo" quizá sea incapacidad de pensar de otra manera a la que te enseñaron en la facultad

meridiana dijo...

Estimados, voy a poner las propias palabras de Baudelaire sobre este texto, recordar además la influencia que tuvo en su escritura el libro de Thomas de Quincey "Confesiones de un inglés comedor de opio", su admiración por Poe a quien tradujo y el final de este a causa de una crisis de "delirium tremens" en 1847 tras dos intentos de suicidio.

"No quise hacer una obra de pura fisiología, sino sobre todo de moral. Quise demostrar que los buscadores de paraísos se labran su propio infierno, lo preparan, lo buscan con un éxito cuya previsión quizás les aterraría"

Desde ese lugar podríamos decir como Flaubert que hay "una especie de levadura de catolicismo", nada extraño para quien fue llamado el más satánico de los católicos.
Pero los Paraísos tiene una extensión de muchas páginas, aquí se ha hecho un mero recorte, que no expresa la ambiguedad del texto, la segunda parte está lejos de las admoniciones religiosas, se podría decir que Baudelaire expresa su admiración por esos sujetos que han caído bajo el dominio del opio o el haschís, creyéndolos únicos, seres especiales, y lo hace desde la belleza.
Algunos críticos de su obra consideraron que sus textos sobre las drogas no son sino modos metafóricos para hablar del verdadero paraíso: la poesía, no llevada a lo estrictamente literario, sin a aquello que precede al estado de creación del poema.



Sería muy extenso tratar en un comentario las implicancias del pensamiento "baudelariano" pero advierto, que no se trata de una simplificación de creer que él (largamente agobiado por el consumo de opio) se convirtió en
un moralista obtuso.

Mejor relacionar el tema del dolor
("les aterraría") como estado opuesto al tedio, al "spleen", lo que "hace el alma cruel" ya elaborado en Las Flores del Mal, he aquí, en el horror donde se produce esa fascinación del poeta.En la sacudida que implica el horror para el pensamiento.



Saludos
Lilián

Oscar Cuervo dijo...

Lilián:
claro que el texto de Baudelaire que envió Tatiana no lo muestra para nada como un obtuso. y claro que se trata de un recorte, que además está explíctamente referido en la nota final: se trata de una invitación a leer el libro entero para quienes les interese. Te invito a que envíes otros pasajes de ese libro en lso que aparezca esa ambigüedad que en la selección de Tatiana habría quedado afuera.

Lo obtuso no es Baudelaire por usar las expresiones "espiritu de las tieneblas" o "ganar el cielo". Lo obtuso es el ambiente intelectual en el cual estas expresiones resulten escandalosas, lo obtuso es negarse a debatir ante estas palabras. Creo que refleja el grado de pacatería de un progresismo que cuando escucha la palabra "espíritu", cuando escucha la palabra "cielo" se asusta y niega el diálogo, y en cambio puede escuchar sin alterarse un embellecimiento del suicidio.

La paradoja es que los autodenominados tolerantes, abiertos y progresistas terminen siendo más dogmáticos, moralistas y sectarios, que sólo pueden debatir con los que piensan igual.

para todos aquellos que se horrorizan por la palabra cielo y por la palabra espíritu, que se vayan preparando porque en La otra van a aparecer seguido, porque, imaginate, que no vamos a ser nosotros los que prohibamos la palabra espíritu
saludos

julieta eme dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
julieta eme dijo...

Oscar 1: no es que yo eluda el debate ni que sólo pueda debatir con quienes piensan como yo. Creo que quedó demostrado, en el post anterior, que puedo y quiero debatir con quien sea. Por otra parte, ningún grado de religiosidad es permitido para debatir. La religión es un dogma. Y los dogmas no se debaten. Ni se debate con ellos. No es que yo me niegue. Es que sencillamente es imposible. Los dogmas no tienen lugar en un debate. Porque si debatimos, es para llegar a un acuerdo. Y si queremos llegar a un acuerdo, vamos a tener que debatir en términos que todas y todos podamos entender y rechazar o aceptar sobre la base de razones. Si vos me decís: tal cosa está mal porque es ganarse un paraíso artificial al precio del verdadero paraíso, por lo tanto, debería estar prohibida, yo no tengo mucho más para decirte que "ahá...". Pero si vos me decís que tal cosa está mal porque daña mi salud física y mental, por ejemplo, entonces podemos comenzar un interesante debate acerca del paternalismo, las libertades individuales y el rol que debe jugar el Estado.

Anónimo: sí, la palabra me escandaliza tanto justamente por eso.

Oscar 2: escuchar, puedo escuchar lo que sea. De hecho, en muchos debates, he tenido que escuchar cosas de todos los calibres. Algunas cosas me alteran más y otras menos. Pero te puedo asegurar que ni la palabra "cielo" ni la palabra "espíritu" me alteran. Sólo digo que no sirven como argumentos para rechazar o aceptar ninguna posición particular en un debate. Y podés decirla cuantas veces quieras que no me va a escandalizar. Como mucho, me parecerá fuera de lugar.

Les doy un ejemplo que sucedió en un post anterior:

Alguien habló del suicidio de una forma en la que no lo condenaba.
Otra persona dijo que lo que la persona anterior había dicho era una "blasfemia".

La palabra me llamó la atención porque hacía años que no la escuchaba. Blasfemar. Suena linda y grave. El punto es que se podría haber armado un debate interesante acerca del suicidio, pero, ni bien empezado, alguien dijo que la persona anterior había blasfemado, o sea, había ofendido a dios. ¿Qué se supone que eso me tiene que decir a mí que no soy creyente? ¿Es un argumento, es un insulto, es una objeción? ¿Debería yo responderle algo? ¿Hay algo para responderle además de "ahá..."? Por eso la religión queda excluida: para que podamos hablar en términos que todas y todos entendamos, de modo que podamos dar razones sobre los argumentos que presentamos, responderlos, aceptarlos o rechazarlos sobre la base de otras razones, pedir más información o más explicaciones, etc. Y queda excluida también para que nadie intente apelar a argumentos dogmáticos o de autoridad.

Como entenderán también, se acerca la época de clases y tengo menos tiempo para mandar comentarios.

Besos. Julieta.

P.D.: muy interesantes las intervenciones de Liliana y Lilián.

Oscar Cuervo dijo...

Julieta:
tu posición frente a la religión es dogmática e intolerante hacia muchas personas religiosas conlas cuales te negás a debatir. Creo que tenés de la religión un prejuicio cerrado basado en un discurso iluminista dogmático, del estilo del siglo 18, seguramente mucho más dogmático que la fe religiosa de muchas personas. Me da la impresión que tenés ante la palabra religión y ante las palabras religiosas una posición defensiva que, mientreas te dure, te va a imposibilitar la comprensión de una zona riquísima de la experiencia humana. Deberías tratar de conocer un poco más de religiones antes de cerrarte de esa manera.

Por otro lado estás equivocada en tu intepretación de las palabras de Baudelaire. ¿de dónde sacaste que Baudelaire dice que los paraisos artificales deberían estar prohibidos? Parece que el prejuicio te obnubilara para acercarte a un extraordinario poeta como Baudelaire, que no está sosteniendo un discurso prohibicionista. Quizá tu acendrado juridicismo te llevó a pensar que porque Baudelaire dice que tal cosa es un extravío, entonces debería prohibírsela, pero este poeta no habla en términos jurídicos, ni siquiera religiosos, sino existenciales. ¿Por qué todo debate debe tener una conclusión jurídica del tipo "debería ocurrir tal cosa" "no debería ocurrir tal cosa". Creo que se trata de una deformación profesional el querer legislar como consecuencia de toda expresión humana. pero hya mnucha gente que no habla para legislar, sino para pensar y problematizar.

Que propongas que el discurso religioso quede excluido para que nos podamos entender es un curioso ejemplo de contradicción performativa: no nos podemos entender si de entrada vos no querés entender lo que otro dice.
Decís que las palabras no te escandalizan, sólo querés dejar excluida la religión. ¿De dónde?

Curioso pluralismo

julieta eme dijo...

de un debate en el congreso, por ejemplo. en todos los otros ámbitos, es claro que no debe quedar excluida. así como ningún punto de vista ni forma de vida deben quedar excluidos.

no quise decir que boudelaire fuera prohibicionista. pero me pareció que quien citaba esas palabras las citabas con ese sentido prohibicionista. puede ser que me haya equivocado.

en verdad, lo que a mí me interesa es debatir acerca del rol del Estado, el cual influye en la vida de todas y todos nosotros. la discusión religiosa, moral o existencial podrá ser muy interesante (estoy segura de ello) pero yo no tengo nada qué decir. con mucho gusto, leeré los comentarios de ustedes sobre estos temas.

besos. julieta.

Oscar Cuervo dijo...

Ya lo digo yo siempre, sos devota de una religión jurídica. Es raro que digas que no participarás en las discusiones morales, cuando estás moralizando todo el tiempo.

Como acá no estamos en el congreso, los problemas existenciales, morales y religiosos no están prohibidos.

Anónimo dijo...

cuervo, en relacion a tu respuesta en el post del 'pathos amy', y en relacion a lo q se continua revelando como 'tu posicion' en el tema consumo de sustancias alternantes o alternativas de la percepcion, me parece q te seguis equivocando y simpatizo bastante con la posicion de julieta y su consecuente perdida de interes en este debate como resultado, si es q no de una posicion dogmatica, si, de una vision parcial, y curiosamente, esa parcialidad, es moralizante, aunque te cueste.

yo no aludia a la parte mistica y mucho menos me interesaba destacar el contexto 'sagrado' de la experimentacion o consumo de sustancias equis simplemente porque no forma parte de mis intereses. resulta negativamente atrevido de tu parte, enmarcar (y limitar) el contexto de la frase de blake, y el contexto en el q me interesaba destacarla, presuponiendo segun vos, q en el caso de haber algo positivo al experimentar la expansion y/o alteracion de los canales de la percepcion, esta deba referirse necesariamente a la cosa mistica, como si la percepcion fuera su jurisprudencia.

tampoco negaba la herida de la problematica socioeconomica del paco, ni la complejidad de las adicciones, ni absolutamente ninguna de las consecuencias negativas q abarca el tema drogas.

insistia e insisto, simplemente, en q AL MARGEN de las consecuencias nefastas q arrastra y abarca este tema, existe tambien la posibilidad de un consumo q expande las posibilidades perceptivas del individuo y esta posibilidad enriquece las perspectivas de vida del mismo.

suscribir estas posibilidades al frame de los paraisos artificiales es una entelequia (moralizante).

Anónimo dijo...

Oscar: ya dije que las palabras cielo, mal y espíritu no me escandalizan. Sólo dije que no quiero participar en un debate en el cual se utilizan esas palabras, ya que es un debate planteado en términos religiosos. O, al menos, tiene toda la pinta de serlo.

Por otra parte, y en todo caso, yo no soy la única comentarista del blog que se escandaliza, ya que otra comentarista también se escandalizó al leer que alguien opinaba que el suicido era un acto civilizado y dijo que esas palabras ofendían a dios. Pero, al parecer, para vos, eso no es pacatería conservadora, sino una opinión razonable.

A partir de ahora, sin embargo, los dejaré en paz para que sigan discutiendo sobre las drogas y lo malo que es consumirlas y los estragos que hacen y todas esas brillanteces que nadie sabía antes.

Evidentemente, Oscar, podrás saber mucho de religión y filosofía, pero no sabés nada de buenos tratos.

Saludos. Julieta.

Anónimo dijo...

La verdad es que estoy realmente asombrada del miedo que le tienen a palabras que le han quitado el sueño a más de un sabio y que le quitan el equilibrio a más de un lector del blog de La Otra. La verdad es que no sé para qué algunas personas como Heráclito, Sócrates, Platón, Aristóteles, Descartes, Spinoza, Kant, Schopenhauer, Heidegger, Marcel,
Jaspers, Scheler, Levinas, por no nombrar más que unos pocos, dedicaron sus vidas a hablar del bien y del mal, de la ética, de la virtud, de la moral, del deber, del amor y todas esas palabrotas de las que parece que ahora, cuando el liberalismo y la new age triunfaron en el mundo entero, tenemos que avergonzarnos. La verdad es que no sé para qué Oscar Cuervo se molesta en regalarnos, ¡y encima traducida!, la conmovedora canción de Bob Dylan sobre el mundo político, que es un verdadero horror, una especie deleznable de catálogo moral con que quiere poner en duda nuestras
libertades individuales para hacer lo que se nos cante. ¿Habrá que pedir permiso, habrá que pedir perdón? El "tal Juan", al que hizo referencia una vez Julieta, que es Juan González del Solar, escribió un texto, inolvidable, en La Lectora Provisoria, cuando todavía estaba Tomás Abraham, que expresaba como a mí me gustaría hacerlo, el sentimiento de sentirse siempre como sapo de otro pozo por sentir y pensar con "categorías" que ya no condicen con este avanzado mundo. Ojalá Juan pudiera rescatar ese texto para este blog.
En cuanto a la "levadura de catolicismo" en Baudelaire, parece que no le impidió admirar a otros que carecían de ella.

Anónimo dijo...

sólo una aclaración. yo nunca me referí a un tal juan. ese comentario no lo hice yo. yo siempre firmo mis comentarios con mi nombre verdadero.

saludos.

Anónimo dijo...

Es verdad, Julieta, me confundí. Era pólvora en chimangos quien lo dijo. De todos modos, no lo dijo despectivamente, sino porque no conocía bien su nombre.
Un beso.

Cece dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cece dijo...

Sí, dije "un tal Juan" porque no lo conozco; y lejos de una intención despectiva. Gracias Tatiana por entenderlo.

Es más, me quedé con ganas de decirle que al leer el famoso comentario que borró; me enamoré de él durante 30 segundos.

Cece dijo...

Oscar, ¿qué es eso de “embellecimiento del suicidio”?. Qué pena me da cuando lo que podría ser un diálogo se transforma en un juego de opuestos del tipo bueno/malo, lindo/feo, boca/river. A veces me parece que tenés cierta predisposición genética a volverte dogmático e irascible cuando te tocan el nervio. Y todo esto, a pesar de convocar a un taller de pensamiento. Siempre me pareció que son los ignorantes los que se hinchan de convicciones... para después reventar como sapos. Prefiero quedarme con una o dos certezas; y a veces ninguna. Me siento más cómoda con la agilidad que provoca la delgadez de la incertidumbre. Y si por embellecer al suicidio, te referís a empuñar una “postura estética”, te digo, que tu postura de horrorizarte, también lo es; sólo que aparece camuflada por el sentido común. Y si tanto te inquietaste, ¿por qué te escondiste detrás de Tatiana?
¿A ver?

Anónimo dijo...

Hola, Pólvora en chimangos:
Me veo obligada a salir del anonimato, al que recurrí, no por temor a dar la cara o el nombre (en este caso), sino para que tanto Oscar como yo, y quizás otros lectores que no se dieron a conocer, pudiéramos sentirnos completamente libres para dialogar, sin que la simpatía, la admiración o el afecto (como los que siento por Oscar, de quien tanto aprendo en los seminarios Kierkegaard) interfiriera en nuestros juicios. Ya habrás visto (si leíste los comentarios a otros posts) que en nuestras ideas políticas somos el día y la noche y discutimos a muerte, pero eso no significa que tengamos que interrumpir el diálogo. Ahora, si no entendí mal (y si entendí mal, corregime), ¿vos creíste que Oscar firmaba como Tatiana para esconderse? No. Mi nombre es Ana Fioravanti. Pero como soy tan kierkegaardiana, lo imito con lo de los seudónimos, y como me encanta la literatura rusa clásica, elijo personajes femeninos de novelas rusas, esta vez de una de Puschkin. Bueno, lamento tener que dejar mi disfraz de Tatiana. Pero lo hago para restablecer la confianza que Oscar y también los lectores merecemos. Ahora saben quién soy. Pero quién les dice que en cualquier momento me pongo otro seudónimo que no provenga, obviamente, de un personaje de literatura rusa.

Cece dijo...

No, Tatiana, no rebeles tu anonimato. Lo importante son tus ideas, esas no van a variar por más que te cambies mil veces de nombre. No sientas culpa.
Un abrazo,