A Vidal le cortan el rostro en un timbreo:




sábado, 20 de enero de 2018

Trae fuego

Robert Plant & otros, los mejores del año: domingo a las 12 de la noche en Radio Gráfica, FM 89,3, online acá o acá



Robert Plant encontró un modelo único de envejecer en el rock, quizá el mejor posible. Fue el frontman de una de las cinco bandas más grandes de la historia, hace cerca de medio siglo. No murió para dejar un cadáver hermoso. No vivió del eterno reciclaje de su lustro prodigioso, como hace su compañero de entonces Jimmy Page, consagrado a la remasterización perpetua de Zeppelin. Casi sigilosamente, Plant siguió cantando sin parar, con una voz que perdió algo de volumen y de agudos para ganar belleza y expresividad. Indiferente a las demandas del mainstream rock, ya demasiado main para permitir el riesgo y la exploración. Fue el sex symbol más icónico de un género basado en la exhuberancia sensual y supo desplazarse hacia una delicadeza que ya estaba presente en aquellos discos todavía insuperables de Zeppelin. 

Podría haber estirado hasta el agobio el rendimiento del repertorio y las giras gigantescas en la era en la que esa banda habría sido amplificada como nunca antes, durante las décadas en las que el heavy perdió sutileza, matices y ganó histeria, velocidad y estridencia. 

Robert Plant es un clásico pero no trabaja de clásico. En el siglo xxi conoce su segunda edad de oro. Ya no es una bomba sexy de voz perforante. Hoy es un viejo de arrugas y discos bellos. Su seguidilla de obras solistas de la última década lo muestra como un maestro para afirmar la antigua y siempre joven inspiración y el refinamiento como camino para la vigencia. Plant hoy no necesita de Zeppelin, lo que es decir demasiado para una escena que no cesa de reciclar sus highlights ya demasiado lejanos. Su disco Carry Fire es lo mejor de 2017, una proeza para quien fue parte de los mejores discos de la mejor época del rock.

En Carry Fire está la esencia Zeppelin sin sus clisés: el sabor insustituible del blues, la limpidez del folk, la busca de los aires orientales, el misterio y, sí, la sensualidad de una voz única, modelo de tantas otras que nunca se le aproximaron en ningún parámetro. El marco musical que se da elude la potencia anabólica que arruina la música industrial del presente: Plant está un poco más adelante. Carry Fire es ese disco que no se puede dejar de escuchar.

Mañana domingo en La otra.-radio vamos a escucharlo, como parte de los que César Colman, nuestro columnista especializado en rock clásico, eligió entre los mejores del año que terminó. 

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