
Aceleracionismo: antecedentes filosóficos
El párrafo de El Antiedipo en el que se introduce la idea de aceleración dice:
“Pero ¿cuál es el camino revolucionario? ¿Existe alguno? ¿Retirarse del mercado mundial, como Samir Amin aconseja a los países del Tercer Mundo, en un curioso resurgimiento de la «solución económica» fascista? ¿O acaso ir en la dirección opuesta? ¿Ir aún más lejos, es decir, en el movimiento del mercado, de decodificación y desterritorialización? Porque quizás los flujos aún no están lo suficientemente desterritorializados, no están lo suficientemente decodificados, desde el punto de vista de una teoría y una práctica de carácter altamente esquizofrénico. No retirarse del proceso, sino ir más allá, “acelerar el proceso”, como decía Nietzsche: en este asunto, la verdad es que todavía no hemos visto nada".
Este párrafo se ubica en el contexto de una discusión que postula a la esquizofrenia como el límite y el potencial revolucionario del capitalismo. Deleuze/Guattari plantean una disyunción engañosa: ante los flujos descodificados y desterritorializantes del capitalismo, la salida no sería un repliegue fascista que nos aplasta en un territorio sino una escape hacia adelante. Quizá ese dilema del posestructuralismo sesentista hoy pueda ser añorado con melancolía. El resistirse al mercado tal vez no sea una reacción distintiva del fascismo, así como la compulsión de ir siempre aún más lejos haya terminado por mostrarse como la prisión perfecta que el fascismo no se atrevió a soñar. ¿No fueron capaces los antiedípicos de ver que Nietzsche se aterrorizó cuando advirtió que no poder sino huir más allá lo condenaba a encontrarse eternamente en lo Mismo? ¿Qué parte de Zaratustra no entendieron?
Ellos optaron por acelerar, aligerando la tragedia nietzscheana, afrancesándola, al preferir que la acción revolucionaria no se resistiera a los flujos del capitalismo en procura de frenarlos, sino más bien apurarlos para llevar al sistema a un punto de ruptura, un cuerpo sin órganos que desbordaría su capacidad de control y reterritorialización. La esquizofrenia resultó complicada.
Para ellos, la desterritorialización fue el concepto crucial para propiciar una ruptura, desmantelamiento y liberación de las fijaciones, estructuras y códigos represivos que organizan un territorio determinado. El territorio no es solo geográfico sino que metaforiza toda organización: social, conceptual, afectiva, lingüística o psíquica. Desterritorialización como fuga del territorio, desarticulación de las normas vigentes, apertura a inventar algo nuevo. Este desarraigo nos prometía entrar en conexiones novedosas, aunque siempre pendiera la amenaza de una nueva reterritorialización. ¿El principio de aceleración podría desligarnos definitivamente del territorio? ¿Y si resultara ser un movimiento quieto, paralizado sobre sí mismo?
El pasaje citado fue la partida de nacimiento del aceleracionismo. Nick Land y los neorreaccionarios interpretaron la aceleración como justificación para desregular absolutamente al mercado -en el sentido más absolutista de lo absoluto- y disolver todos los vínculos sociales y políticos, adjudicándole al capitalismo un impulso cósmico e impersonal -¡teológico!- hacia una singularidad tecnológica post-humana, sin las intenciones éticas o emancipadoras que conservaban Deleuze y Guattari. La flecha disparada al más allá, incapaz de detenerse. Es decir, la versión impotente del Übermensch.

"La burguesía no existe sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de trabajo, es decir, todas las relaciones sociales. La persistencia del antiguo modo de producción era, por el contrario, la primera condición de existencia de todas las clases industriales precedentes. Este cambio continuo de los modos de producción, este incesante derrumbamiento de todo el sistema social, esta agitación e inseguridad perpetuas distinguen a la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones sociales tradicionales y consolidadas, con su cortejo de creencias y de ideas admitidas y veneradas, quedan rotas: las que las reemplazan caducan antes de haber podido cristalizar. Todo lo que era sólido y estable es destruido; todo lo que era sagrado es profanado, y los hombres se ven forzados a considerar sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas con desilusión.
"Impulsada por la necesidad de mercados siempre nuevos, la burguesía invade el mundo entero. Necesita penetrar por todas partes, establecerse en todos los sitios, crear por doquier medios de comunicación.
"Por la explotación del mercado universal, la burguesía da un carácter cosmopolita a la producción de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su carácter nacional. Las antiguas industrias nacionales son destruidas o están a punto de serlo."
Karl Marx, Manifiesto Comunista.
"Somos, con mucho, los más fuertes entre los fuertes. Ni siquiera necesitamos la mentira: ¿qué otro poder podría prescindir de ella? Una fuerte seducción lucha por nosotros, quizás la más fuerte que haya: la seducción de la verdad... ¿de la verdad? ¿Quién me puso esta palabra en la boca? Pero ya la vuelvo a sacar, desdeño la orgullosa palabra: no, tampoco necesitamos la verdad, llegaríamos al poder y a la victoria también sin la verdad. El encanto que lucha por nosotros, el ojo de Venus que cautiva y enceguece hasta a nuestros enemigos, es la magia del extremo, la seducción que ejerce todo extremo: nosotros, inmoralistas, somos los extremos".
Nietzsche, Fragmento póstumo
- Me interesaría indagar en las relaciones que pueden establecerse entre la desterritorialización de El Antiedipo y el nihilismo nietzscheano, así como su vinculación con el aceleracionisno de Nick Land y Curtis Yarvin. Propongo la hipótesis de que la filosofía deleuziana, en lugar de dar paso a un proceso de radicalización anticapitalista, terminó por proveer las bases de una filosofía de ultraderecha. También me pregunto si tanto la desterritorialización de El Antiedipo como el aceleracionismo de Land no remiten al concepto marxista del desvanecimiento de todo lo sólido en el capitalismo. No digo que quisieran lo mismo: mientras Marx impulsó una filosofía como crítica práctica del sistema capitalista -no intepretar el mundo, sino transformarlo- que dio lugar a movimientos políticos antiburgueses en los primeras décadas del siglo XX; en cambio Deleuze y Guatari despejaron el espacio para la consolidación de los mecanismos de desmantelamiento más opresivos que hoy describen y celebran los neorreaccionarios, en su vínculo funcional con los magnates de Silicon Valley. El marxismo condujo a revoluciones antiburguesas, así como la voluntad de poder de Nietzsche acuñó ideales que el nazismo primero y el aceleracionismo después reinterpretaron para promover la reacción hoy en curso en la ultraderecha global. ¿No se quedó El Antiedipo a mitad de camino, al proporcionar conceptos que solo aprovechó la ultraderecha?
- Tus hipótesis plantean preguntas provocativas sobre la apropiación de conceptos filosóficos con sus consecuencias políticas, un tema de debate intenso en la teoría contemporánea. Tocas puntos clave de la controversia que rodea a la obra de Deleuze y Guattari y su relación con el aceleracionismo de derecha. Puntualicemos:
La Desterritorialización, Marx y el Capitalismo
- Aciertas al trazar un paralelo entre la frase de Marx "todo lo sólido se desvanece en el aire" y el concepto de desterritorialización de Deleuze y Guattari. Marx señaló que el capitalismo disuelve constantemente las jerarquías feudales, las tradiciones y las relaciones sociales fijas, reemplazándolas por el nexo del dinero y la innovación constante. Esta disolución era para él un proceso crítico práctico que abonaba el terreno para la revolución proletaria, al desencadenar las contradicciones de la praxis burguesa. Deleuze y Guattari reconocieron la capacidad del capitalismo de desmantelar códigos y territorios. De hecho, ellos se declaraban marxistas a su manera, al insistir en que cualquier filosofía política debería centrarse en el análisis del capitalismo y su desarrollo. En El Antiedipo describieron cómo el capitalismo empuja los límites de la desterritorialización, liberando flujos de deseo y producción, aunque simultáneamente los reterritorializa mediante mecanismos de control más opresivos, como el Estado o la familia. Estado y familia, más que mercado era el objetivo al que ellos apuntaban.
Nietzsche, la voluntad de poder y la apropiación por la derecha
- La historia de Nietzsche es un ejemplo notorio de cómo las ideas pueden ser pervertidas. La voluntad de poder y el Übermensch fueron horriblemente reinterpretados por el nazismo, que los usó para justificar doctrinas de superioridad racial y belicismo, a pesar de que el propio Nietzsche despreciaba el antisemitismo y el nacionalismo alemán de su época. Puede que esta dinámica se repita en la actualidad: el aceleracionismo neorreaccionario de Land y Yarvin pervierte conceptos deleuzianos para celebrar el desmantelamiento capitalista, no como un paso hacia la revolución sino hacia un orden tecnocrático, un neoabsolutismo: la Ilustración Oscura.
¿Se quedó El Antiedipo a mitad de camino?
Tu hipótesis de que la filosofía deleuziana, en lugar de ser anticapitalista, proveyó las bases para la neorreacción es una crítica común. Deleuze y Guattari buscaban un uso revolucionario de la desterritorialización, una esquizofrenia experimental que pudiera desbordar los límites del capitalismo e inventar nuevas vidas. Se figuraron una "máquina de guerra nómade" contra el aparato de Estado sedentario. Apuntaron, dijimos, contra el Estado con más énfasis que contra el mercado. El aceleracionismo de Land lleva la lógica capitalista al extremo, abogando por agudizar el proceso de desterritorialización tecnológica y económica hasta el punto de una singularidad post-humana, desentendiéndose de la liberación social o de una crítica humanista, alineándose funcionalmente con los megamillonarios de Silicon Valley. En este sentido, la crítica no sería tanto que El Antiedipo se quedó a mitad de camino, sino que sus conceptos son tan abiertos como para permitir interpretaciones radicalmente opuestas: una izquierda aceleracionista como la que encarnan Nick Srnicek y Alex Williams busca reapropiarse de la tecnología y la infraestructura capitalistas con fines socialistas; mientras una derecha neorreaccionaria ve en esos mismos flujos una justificación para el darwinismo social y un autoritarismo tecnocapitalista. La filosofía deleuziana, al enfocar los procesos inmanentes de flujos y máquinas, puede ser vista, igual que un martillo, como una herramienta que en manos de diferentes actores produce resultados muy distintos. La cuestión pendiente es si esa postura contiene suficientes barreras de seguridad éticas o políticas para evitar su uso por ideologías opresivas, un debate vigente. Aunque la dinámica de la desterritorialización no sea propicia a las barreras.

- Uhmm... Podría decirte que, aunque exoneráramos a Nietzsche de los intentos de su hermana por asociarlo al antisemitismo y al nacionalismo germanófilo, no sería tan fácil desligar a la voluntad de poder del desencadenamiento total de la desmesura tecnocapitalista. ¿Qué otra cosa que eso es una voluntad que no reconoce límites a la desmesura que dinamita todas las jerarquías? ¿No es precisamente eso lo que Land y Yarvin celebran, de modo que no sería una mera perversión de la intención subjetiva de Nietzsche sino una prolongación plausible de las posibilidades que él mismo esboza? ¿Y no se aplicaría esa misma vara a Deleuze y Guattari? ¿Dónde quedó la radicalidad de un pensamiento cuyos rastros, medio siglo después, solo encuentra una continuidad efectiva en la alianza entre neorreaccionarios y megamagnates, mientras el presunto aceleracionismo de izquierda solo produce una literatura académica que no da lugar a ninguna praxis transformadora? ¿Dónde hallar una praxis en Deleuze y Guattari, dónde están los esquizos experimentales que amenacen disolver el capitalismo, mientras los paranoicos Land y Yarvin lo absuelven? ¿Ellos pervierten a Deleuze o solo extraen las consecuencias prácticas que deja sembradas El Antiedipo? ¿Aparece una crítica suficientemente radical para desligar capitalismo y tecnología?
- Tu planteo apunta directamente al núcleo de los debates contemporáneos sobre la filosofía post-estructuralista y el aceleracionismo. Sugieres que la voluntad de poder nietzscheana, lejos de ser simplemente un concepto distorsionado por la ultraderecha, podría ser la proclamación legítima de la desmesura tecnocapitalista moderna, y que El Antiedipo no ofrecería una crítica suficientemente robusta para contrarrestarlo. Vayamos por partes:
1. La "Voluntad de Voluntad" y la cuestión de la tecnología
La conexión que señalas entre voluntad de poder y la desmesura técnica del capitalismo tiene un precedente filosófico evidente en Martin Heidegger, quien interpretó la voluntad de poder nietzscheana como la culminación de la metafísica occidental y la esencia misma de la tecnología moderna, a la que llamó Gestell, el "armazón" o estructura de emplazamiento. La voluntad de poder, interpretada como voluntad de voluntad, es decir, una voluntad que se quiere a sí misma, busca el dominio total y el aseguramiento de todo lo que es, reduciendo a la naturaleza y a los seres humanos a un fondo de reserva (Bestand) de energía disponible y calculable: recursos naturales y recursos humanos. Esta es la desmesura ilimitada a la que aludes: un impulso constante hacia el acrecentamiento que no reconoce límites naturales ni morales, esos cielos que admiraba Kant desde su sepulcro. Si así fuera, Land y Yarvin no estarían pervirtiendo a Nietzsche, sino solo sacando las consecuencias prácticas y lógicas de lo que Heidegger caracteriza como la dirección de la técnica moderna. Los NRx celebran precisamente esa disolución de jerarquías tradicionales en favor de un flujo de poder puro, tecnológicamente mediado, absuelto de cualquier humanidad.
2. Deleuze, Guattari y la carencia de praxis revolucionaria
Tu segunda crítica es aún más molesta: ¿dónde está la práctica revolucionaria de Deleuze y Guattari, si su única herencia práctica parece ser la aceleración capitalista? Ellos celebraron la capacidad del capitalismo de desterritorializar y liberar flujos como algo potencialmente revolucionario, un paso adelante a través del cual la revolución podría emerger: esta es la idea central del aceleracionismo, tanto de derecha como de izquierda. Sugieres que, al no proporcionar una barrera de seguridad o una ética suficientemente arraigada para dirigir esos flujos hacia fines anticapitalistas, El Antiedipo dejó la puerta abierta a los teóricos neorreaccionarios, publicistas de Silicon Valley. Si la filosofía alguna vez fue ancilla theologiae y más tarde auxiliar de la ciencia newtoniana, ahora tuitea al servicio de los Barones Neofeudales. Al aceleracionismo de izquierda se le reprocha por producir una literatura que no da lugar a ninguna praxis, mientras la alianza entre ideología neorreaccionaria y capital tecnológico parece garantizar una continuidad efectiva y consecuencias materiales tangibles en la reconfiguración del poder global.

En suma, tus conjeturas sugieren que ni Nietzsche ni Deleuze/Guattari son inocentes de las apropiaciones de la ultraderecha. Más que meras distorsiones, estas relecturas serían prolongaciones legítimas de las posibilidades intrínsecas de sus ideas, que no supieron criticar la desmesura tecnocapitalista con la radicalidad con que apuntaron contra otros ideales, sino que la abrazaron de maneras que hoy benefician a las fuerzas más opresivas del rumbo contemporáneo. El debate actual en la teoría política gira en torno a si se puede reapropiar la aceleración -a esta altura, un facto, más que un proyecto- con fines emancipatorios, o si la filosofía está intrínsecamente viciada y solo sirve para interpretar, acaso acompañar desde la retaguardia la desmesura capitalista.
Atención pido al silencio
y silencio á la atención
que voy en esta ocasión
si me ayuda la memoria
a mostrarles que a mi historia
le faltaba lo mejor.
(continuará)



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