sábado, 30 de noviembre de 2019

El amor pudo más que el odio

                                                                      Foto: laotra21
                                                                       Foto: laotra21

La Asociación Madres de Plaza de Mayo y un conjunto de organizaciones políticas, sindicales, sociales, estudiantiles y culturales convocaron a la trigésimo primera y última Marcha de la Resistencia, que empezó en Plaza de Mayo ayer viernes 29/12 a las 18 hs. y termina hoy sábado 30 a las 18 hs., con la consigna: “El amor pudo más que el odio”.

La Asociación Madres de Plaza de Mayo hizo 25 marchas de la resistencia entre 1981 y 2006, cuando la suspendieron por considerar que “el enemigo no estaba más en la Casa Rosada”, en reconocimiento al gobierno de Néstor Kirchner.

El jueves 10 de diciembre de 2015 a la hora 0, cuando la multitud que despidió a Cristina ya se había retirado, las Madres retomaron la Marcha, tal como publicamos en este blog esa misma noche (clickeen acá: Las Madres de la Plaza ya empezaron la Marcha de la Resistencia), durante el primer día de gobierno de macri: el enemigo había vuelto a la Rosada.

Lo bueno de hacer un blog en tiempo real, un día tras otro: las huellas del tiempo van quedando. Ahí estábamos. 

La Marcha volvió a hacerse en 2016 –dos veces-, en 2017 y 2018. 

Ahora, después de la victoria en las urnas de Fernández – Fernández, las Madres consideran que el enemigo ya no estará en Casa Rosada. Es por eso que están haciendo su última Marcha durante estas 24 horas. 

La Marcha de la Resistencia es una herramienta de lucha creada por las Madres en 1981 en plena dictadura militar. En esta oportunidad, marchan durante 24 horas para decirle chau a macri y celebrar que, a pesar de todo el daño que le han hecho a la Patria, nunca pudieron robarnos la alegría: las plazas, las calles; la solidaridad, el amor por lxs otrxs y la fuerza para seguir luchando. 

A la hora 0 de este sábado, cuando la Marcha ya llevaba 6 horas, llegó a la Plaza Máximo Kirchner y se acercó a conversar con Hebe. Fuimos testigos privilegiados de ese encuentro histórico. Algunas cosas pasan, otras siguen.

Todos los que quieran pueden acercarse hoy hasta las 18, cuando se produzca el acto de cierre. El amor pudo más que el odio.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Del “Vamos a volver” y el “No vuelven más” al “Volvimos”





por Lidia Ferrari

El “vamos a volver” fue y es una expresión de deseo realizada colectivamente en canto popular. Miles que cantan el “vamos a volver” como la expresión alegre de algo que nos une en el pasado y deseo hacia el futuro. En cambio, el “no vuelven más” es enunciado en solitario. No tiene canto ni alegría. Sólo la expresión odiosa de quitarle al otro la esperanza y hasta la posibilidad de ser.

El “vamos a volver” es un proyecto, un canto a la posibilidad de ser mejores. El “no vuelven más” es expectativa mezquina de aniquilar al otro, pura destrucción. En ese “vamos a volver” hay un legado histórico al que recurrir para construir un futuro. En el “no vuelven más” está la aspiración insistente de la oligarquía de aniquilar toda reivindicación de lo popular, toda política para las mayorías. Este 10 de diciembre se cumple el deseo de “vamos a volver”, que se transforma en un “volvemos”. Se hunde la expectativa del “no vuelven más”. El odio es derrotado por la alegría y el proyecto político de país en serio, como diría Néstor. Por eso, tendremos esa fiesta popular tan anhelada y esperada, que conjura la destrucción de estos cuatro años.

Pero nunca dejarán de hostigar. Retornarán con sus operaciones destructivas, las que política y económicamente se acompañan con propagandas que irritan, oscurecen, enojan, enfurecen, exasperan, campañas infamantes, salvajes, devastadoras. Durante cuatro años, mientras se quiso destruir todo salvo algunas pocas cuentas bancarias, los medios ocultaron la devastación, las mentiras, el saqueo. Se callaron y este callarse seguramente anestesió a mucha gente, a pesar de que no podía pagar las cuentas y su nivel de vida caía horriblemente.

Mientras gobernaba Cristina convirtieron narrativamente al país en un lugar irritante, aunque las cosas estaban mucho mejores. En estos cuatro años de macrismo, las inverosímiles fábulas que esparcieron por doquier, mientras todo lo hundían, es probable que a más de uno le evitaran caer en el desasosiego. Porque no hay nada peor para entender la realidad que te la cuenten cambiada. Es imprescindible advertirlo. Se le llega a creer más al relato que desmiente la vida que se vive y no a lo que se vive. 

El 10 de diciembre volvemos con un gobierno que piensa en todos y no en el beneficio de cuatro piratas. Mientras tanto, arreciará la propaganda destructiva que intenta desarticular nuestras esperanzas, nuestra confianza y nuestra alegría. Tenemos que prepararnos para tiempos de guerra periodística, esa que nunca dejaron de lado, pero que ahora multiplicarán, para intentar socavarnos. Que se hable por todos lados del retorno de los golpes de estado es la manera de avisarnos que no quieren paz, que no quieren que vivamos mejor. 

Nuestra fortuna es que somos más y tenemos un legado que nos llevó a cantar con alegría: “vamos a volver”. Porque hay algo potente en nuestra historia y nuestros deseos, volvimos.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Vara alta


Este anélido anémico que expira
con el culo adosado a una sopapa
y su boca, república de papas,
agrietada de furcios y mentiras;

este escracho telúrico del hampa,
que arrasó con el pueblo y el laburo
dejando el ispa rengo y sin futuro;
este loro salvaje de las pampas,

mientras nombra jetones por decreto
y hace mutis tapando sus afanos
perpetrados sin pausa a cuatro manos,
dice “cuiden la vara” el muy concheto.

No te inquietes, la vara ya está lista:
perforará tu ojete contratista.

Guillermo Saavedra

miércoles, 27 de noviembre de 2019

El enemigo huidizo

Historia(s) del cine - Fin de ciclo - Sábado 30 de noviembre a las 19:30 en Ayacucho 483 - Los signos entre nosotros (Jean Luc Godard) + Cairo Affair (Mauro Andrizzi) + El brazo del Whatssap (Martín Farina)



Para mí es un privilegio filmar y vivir en Francia como artista: no hay nada como un país que cada día baja un escalón en el camino de su inexorable decadencia. Nada mejor que una región cada vez más provinciana, gobernada alternativamente por los mismos equipos de incapaces, deshonestos, y corrompidos por su complicidad con un régimen de total y permanente corrupción. ¿Qué sería preferible a habitar en una tierra en la que la justicia se entronca con la peor de las subastas? ¿Qué artista no soñaría con una nación semejante, la cuarta potencia mundial, se nos dice, mientras que el desmentido duerme en nuestra puerta esperando una moneda para aliviar los dolores del que tiene hambre?



Sí, es de nuestro tiempo que soy el enemigo huidizo. Sí, el totalitarismo del presente, tal y como se lo aplica mecánicamente, cada día más opresor a escala planetaria, esa tiranía sin rostro que los borra a todos en provecho exclusivo de la organización sistemática del tiempo unificado del instante. A esta tiranía global y abstracta, desde mi punto de vista huidizo, trato de oponerme.



Porque intento en mis composiciones mostrar un oído que escucha el tiempo y trato también de hacer que se entienda, de que surja entonces en el futuro la muerte que está ya incluida en mi tiempo.

Solo puedo, en efecto, ser el enemigo de nuestro tiempo, ya que su tarea apunta justamente a la abolición del tiempo, en el que no veo en este estado que una vida merezca ser vivida. 



Cuando un siglo se funde lentamente en el siglo siguiente algunos individuos transforman los medios de sobrevivencia antiguos en medios nuevos. Es a estos últimos a los que llamamos arte. La única cosa que sobrevive a una época es la forma de arte que ella se creó. Ninguna actividad se convertirá en arte antes de que su época haya terminado. Luego desaparecerá.

Así fue como el arte del siglo diecinueve el cine dio vida al siglo veinte, que en sí mismo apenas existió.

Jean Luc Godard, Los signos entre nosotros