martes, 19 de octubre de 2021

Día de la lealtad: ¿dos actos son dos lealtades o una sola?


por Willy Villalobos

Tomé el tren en Liniers con la incertidumbre de no saber cómo iba a resultar el acto del 17 de octubre en Plaza de Mayo.

Me preguntaba qué significaba la lealtad mientras miraba por la ventana un cielo azul en el que se destacaba ese sol que anticipa el verano y una luna casi llena que más tarde sorprendería a todos los que se animaran a contemplarla.

Pensaba que ser leales es algo así como tratar de ser justos. Más tarde en la Plaza me quedaría más claro.

Los pasajeros del tren estaban en silencio. En el último acto al que había concurrido los vagones eran una fiesta de baile, bombos y canciones que anticipaban la asunción de Alberto y Cristina. Ese día ella le dijo al Presidente que solo le hiciera caso al pueblo y que no se dejara apretar por las tapas de los diarios.

Ya pasaron dos años y la pandemia, el desastre que dejó el macrismo y las indecisiones del gobierno impiden pensar cuál sería el camino que nos llevará a mejorar la vida de nuestro pueblo. Como si esto fuera poco, se perdieron las PASO.

este panorama lo había advertido Cristina y luego de la derrota escribió una carta en la que manifiesta sus críticas porque no se priorizaron las necesidades de los que menos tienen y se prestó demasiada atención a las exigencias del FMI. 

La carta crítica provocó una reacción de algunos sectores que querían movilizar en apoyo de Alberto para que se distancie de Cristina. Menos mal que algunas sensatas consiguieron evitar lo peor, a pesar de la insistencia de los Chino Pérsicos que se caracterizan por intentar maniobras rupturistas.

El resultado está a la vista: nosotros a la Plaza el 17 y los otros al Monumento al Trabajo. La dirigencia gremial que durante el macrismo no quería convocar a un paro general hasta llegar al inolvidable episodio del atril derribado y la consigna "poné la fecha, la puta que te parió". Esos mismos, más o menos, son los que no quisieron poner la fecha del 17 excusándose en que el domingo era el día de la Madre y por eso el pueblo no se iba a movilizar. Estos muchachos tienen problemas persistentes en poner la fecha.

La unidad del Frente de Todos es motivo de debate entre la propia militancia.

Al llegar a Once las cosas cambiaronn, la mayoría arrancó con la marcha y volvió el alma al cuerpo. Llegamos a la estación Perú cantando y sonriendo con la bronca y la alegría a flor de piel.

Avenida de Mayo estaba llena de compañeros y me fui caminando hasta la Pirámide para escuchar el discurso de Hebe, que estaba por comenzar.

La convocatoria de las Madres fue muy inteligente, abrió un espacio para que decenas de miles pudieran expresarse. La expectativa era enorme y Hebe  no se anda con chiquitas.

Y ahí estaba esa Madre, junto a las otras, festejando su día con todos sus hijos, como debe ser. Se disculpó porque el asma no la dejaba hablar fuerte y arrancó resaltando la consigna con la que convocaron al acto: No al pago de la deuda externa con el hambre del pueblo, que la deuda la paguen los que se la robaron.

Dijo que no quería hablar de "ellos", que quería referirse al Presidente, que esperaba que la escuchara porque "últimamente se junta con los empresarios, con el grupo IDEA, pero no con nosotras"

"Señor Presidente, tenemos un 44% de pobres y usted pretende pagar una deuda que se robaron, usted reparte alimentos de bajísima calidad y resulta que los flanes no tienen huevo y los yogures no tienen leche. 

"No nos engañe, señor Presidente, nosotros queremos comer como comen los ricos".

A pesar de la poca voz, Hebe canta la posta y es ovacionada por la gente. 

Se escuchan algunos gritos en contra detrás de mí, me acerco y escucho un diálogo entre compañeros. Uno dice: "No tiene que tratarlo así al Presidente, eso favorece a la derecha". El otro le pregunta si lo que dice Hebe es verdad, el primero asiente.  Hebe dice la verdad, por eso es Hebe.

Luego hablan otros. Boudou reclama investigar la deuda.

Luego llega Mario Secco, intendente de Ensenada, que con mucho énfasis resalta: "Si nosotros nos bancamos las diferencias, que ellos se blanquen las nuestras. No se tienen que enojar con el pueblo, que se enojen con Clarín y toda esa manga de mafiosos. Exigimos la libertad de los presos políticos. Quédense tranquilos que yo voy a estar siempre, siguiendo las directivas de mi jefa, Cristina".

NOTA DE LA REDACCIÓN: La particularidad de esta vuelta del peronismo a la calle residió en las idas y venidas de las convocatorias, la fecha de la movilización, el domingo 17, el lunes 18, el Día de la de la Leatad, el Día de la Familia, los comunicados, las desmentidas, los resquemores entre los diversos convocantes y las interpretaciones que se les asignan a estas dos movilizaciones en base a sus convocantes, sus consignas explícitas o sus silencios, sus presencias y ausencias. La Plaza del 17 fue convocada por la insistencia de un sector muy importante de la militancia, con una manifiesta incomodidad del sector albertista del gobierno. Fue masiva y tuvo un tono crítico y combativo. El lunes 18 convocó la CGT poniendo en marcha todo el aparato. La movilización fue inmensa, las organizaciones sindicales pusieron toda la carne en el asador. La coexistencia de las marchas dan lugar a interpretaciones diversas: a falta de movilizaciones durante los dos años de la pandemia, en este octubre el peronismo convocó a movilizarse dos días seguidos y con consignas parcialmente coincidentes y parcialmente discrepantes. Esta duplicidad demanda un análisis que las plazas no terminan de expresar con toda claridad, el relato mismo de Willy Villalobos dice que el domingo esto se debatía en la Plaza: ¿se trata de una diferencia estratégica o solo táctica en el seno del Frente de Todos, a pocos días de las elecciones? ¿Es un debate necesario en el interior del movimiento popular para redefinir el sentido de la unidad? ¿La unidad de los diferentes es una expresión de debilidad o una fortaleza? Evidentemente las dos marchas demandan seguirlas pensando, ya que expresan la complejidad, la riqueza y los riesgos de este momento: continuará.





lunes, 11 de octubre de 2021

Algunas ideas sobre "El fetichismo de la marginalidad" de César González

Una conversación en Patologías Culturales, FM La Tribu


Karl Marx escribió en Elogio del crimen ("Concepción apologética de la productividad de todas las profesiones", apéndice a Teorías de las plusvalías):

"EI filósofo produce ideas, el poeta poemas, el cura sermones, el profesor compendios, etc. EI delincuente produce delitos. Fijémonos un poco más de cerca en la conexión que existe entre esta última rama de producción y el conjunto de la sociedad y esto nos ayudará a sobreponernos de muchos prejuicios. El delincuente no produce solamente delitos. Produce además el derecho penal y, al mismo tiempo, al profesor encargado de dar cursos sobre esta materia y también el inevitable compendio en que el mismo profesor lanza al mercado sus lecciones como una mercancía. Esto ayuda a aumentar la riqueza nacional, aparte de la satisfacción privada que el manuscrito del compendio causa a su propio autor. 

"EI delincuente produce también toda la policía y la administración de justicia penal: esbirros, jueces, verdugos, jurados, etc., y, a la vez, las diferentes ramas de industria que representan otras tantas categorías de la división social del trabajo. Desarrollan diferentes capacidades humanas, crean nuevas necesidades y nuevos modos de satisfacerlas. La tortura dio pie a los más ingeniosos inventos mecánicos y ocupa, en la producción de sus instrumentos, a gran número de honrados artesanos. 

"El delincuente produce una impresión, a veces moral, otras veces trágica, según los casos, y así presta un servicio al movimiento de los sentimientos morales y estéticos del público. No sólo produce manuales de derecho penal, códigos penales y legisladores que se ocupan de los delitos y las penas. También produce arte, literatura, novelas y tragedias, como lo muestran, no sólo La culpa de Müllner o Los bandidos de Schiller, sino incluso el Edipo y Ricardo III. EI delincuente rompe la monotonía y el aplomo cotidiano de la vida burguesa. La preserva así del estancamiento y, provoca la tensión y el desasosiego sin los cuales hasta el estímulo de la competencia se embotaría. Así impulsa las fuerzas productivas. EI crimen descarga al mercado de trabajo de una parte de la superpoblación sobrante, reduce la competencia entre los trabajadores y pone coto hasta cierto punto a la baja del salario. Al mismo tiempo, la lucha contra la delincuencia absorbe otra parte de la misma población. Por estas razones, el delincuente funciona como una de esas compensaciones naturales que contribuyen a restablecer el equilibrio adecuado y abren una perspectiva de otras ramas útiles de trabajo. 

[…] Los cerrajeros nunca habrían podido alcanzar su actual desarrollo si no hubiese ladrones. La fabricación de billetes de banco no habría llegado nunca a su actual refinamiento de no ser por los falsificadores de moneda. EI microscopio no habría encontrado acceso a los negocios comerciales corrientes si no le hubiera abierto el camino el fraude comercial. Y la química práctica debiera estarle tan agradecida a las adulteraciones de mercancías y al intento de descubrirlas como al honrado celo por aumentar la productividad. EI delito, con los nuevos recursos que cada día se descubren para atentar contra la propiedad, obliga a descubrir a cada paso nuevos medios de defensa y se revela, así, tan productivo como las huelgas, en lo tocante a la invención de máquinas".


Este texto mordaz escrito hace alrededor de 160 años parece haber afirmado su vigencia con el progreso social. Las tecnologías de vigilancia, los aparatos represivos, el periodismo policial y los programas de entretenimiento que muestran la marginalidad y la delincuencia parecen estar viviendo un momento magnífico. En su libro El fetichismo de la marginalidad (Sudestada, 2021), el cineasta y escritor César González toma esta idea de Marx como disparador para pensar en el florecimiento de la temática de la marginalidad, las villas, la delincuencia y las cárceles en la industria audiovisual: películas, series y telenovelas que iluminan la oscuridad del home theater pequeño-burgués. El capitalismo empuja a amplios sectores populares hacia los márgenes de la indigencia y el delito y entonces recicla los frutos de su propia opresión como mercancías para consumo masivo. 

La reflexión de González se basa en su propia experiencia de artista proveniente de una villa que pasó parte de su vida  en el sistema carcelario. El cine, arte burgués desde su inicio en la era de la revolución industrial, encuentra en González al primer autor argentino proveniente de la villa. La singularidad de su mirada no constituye por sí misma una garantía de calidad: cada película tiene que ganarse su lugar como pueda. Pero a esta excepción González agrega otra: es de los pocos cineastas que piensa en el fundamento económico de su producción. Cineastas y críticos se inclinan a reducir sus conversaciones al plano de la técnica y de la estética, y esquivan tenazmente las marcas que esta base económica deja impresas en la superficie de sus obras. La mayor parte de las veces sienten cualquier indagación sobre su función económica como una intromisión incómoda y un planteo de mal gusto: "no se nombra la soga en la casa del ahorcado" parece la regla tácita de los textos sobre cine. No se trata simplemente de "temáticas sociales" ni de "posiciones ideológicas", sino de la base material que hace posible el cine y la literatura que lo comenta.

En su libro González destaca la paradoja de que los estereotipos más burdos sobre la vida popular a veces terminan siendo adoptados como modelos de conducta en los propios barrios populares. Por eso escribe en un estilo que se dirige tanto a sus colegas cineastas y críticos como a sus compañeros de barrio, continuamente expuestos a la colonización de su sensibilidad. Esta discusión a dos bandas sería la tercera singularidad que distingue la producción de César González. Su libro no resuelve ninguna contradicción: las deja expuestas.


En Patologías Culturales (FM La Tribu, sábados a las 18:00, con la conducción de Maxi Diomedi) nos detuvimos a conversar un rato sobre las preguntas que El fetichismo de la marginalidad y el cine de González nos incita. Pueden escucharlo acá:

 

jueves, 7 de octubre de 2021

Sólo con la belleza me conformo/ La fealdad me produce dolor


I
Digo las cosas tales como son
O lo sabemos todo de antemano
O no sabremos nunca absolutamente nada.

Lo único que nos está permitido
Es aprender a hablar correctamente.

II
Toda la noche sueño con mujeres
Unas se ríen ostensiblemente de mí
Otras me dan el golpe del conejo.
No me dejan en paz.
Están en guerra permanente conmigo.

Me levanto con cara de trueno.

De lo que se deduce que estoy loco
O por lo menos que estoy muerto de susto.

III
Cuesta bastante trabajo creer
En un dios que deja a sus creaturas
Abandonadas a su propia suerte
A merced de las olas de la vejez
Y de las enfermedades
Para no decir nada de la muerte.

IV

Soy de los que saludan las carrozas.

IX

Ya desaparecieron los tranvías
Han cortado los árboles
El horizonte se ve lleno de cruces.

Marx ha sido negado siete veces
Y nosotros todavía seguimos aquí.

X

Alimentar abejas con hiel
Inocular el semen por la boca
Arrodillarse en un charco de sangre
Estornudar en la capilla ardiente
Ordeñar una vaca
Y lanzarle su propia leche por la cabeza.

XI

De los nubarrones del desayuno
A los truenos de la hora de almuerzo
Y de ahí a los relámpagos de la comida.

XII

Yo no me pongo triste fácilmente
Para serles sincero
Hasta las calaveras me dan risa.
Los saluda con lágrimas de sangre
El poeta que duerme en una cruz.

XIII

El deber del poeta
Consiste en superar la página en blanco
Dudo que eso sea posible.

XIV

Sólo con la belleza me conformo
La fealdad me produce dolor.

XV

Última vez que repito lo mismo
Los gusanos son dioses
Las mariposas son flores en movimiento perpetuo
Dientes cariados
                           dientes quebradizos
Yo soy de la época del cine mudo.

Fornicar es un acto literario.

XVI

Aforismos chilenos:
Todas las colorinas tienen pecas
El teléfono sabe lo que dice
Nunca perdió más tiempo la tortuga
Que cuando tomó lecciones del águila.

El automóvil es una silla de ruedas.

Y el viajero que mira para atrás
Corre el serio peligro
De que su sombra no quiera seguirlo.

XVII

Analizar es renunciar a sí mismo
Sólo se puede razonar en círculo
Sólo se ve lo que se quiere ver
Un nacimiento no resuelve nada
Reconozco que se me caen las lágrimas.

Un nacimiento no resuelve nada
Sólo la muerte dice la verdad
La poesía misma no convence.
Se nos enseña que el espacio no existe

Se nos enseña que el tiempo no existe
Pero de todos modos
La vejez es un hecho consumado.

Sea lo que la ciencia determine.

Me da sueño leer mis poesías
Y sin embargo fueron escritas con sangre.


Nicanor Parra, "Cartas de un poeta que duerme en una silla"



De estatura mediana,
Con una voz ni delgada ni gruesa
Hijo mayor de un profesor primario
Y de una modista de trastienda;
Flaco de nacimiento
Aunque devoto de la buena mesa;
De mejillas escuálidas
Y de más bien abundantes orejas;
Con un rostro cuadrado
En que los ojos se abren apenas
Y una nariz de boxeador mulato
Baja a la boca del ídolo azteca
-Todo esto bañado
Por una luz entre irónica y pérfida-
Ni muy listo ni tonto de remate
Fui lo que fui: una mezcla
De vinagre y aceite de comer
¡Un embutido de ángel y bestia!

Nicanor Parra, "Epitafio"

martes, 5 de octubre de 2021

Directed and Produced by Clint Eastwood







La ética formal

 Eduardo Gijón se aferraba a un argumento

sobre la excelencia de Clint Eastwood

como un náufrago a su breve tabla.


Batiendo los brazos en el agua fría

de su obstinación, antes de hundirse lo intentó:

"¡Lo que pasa es que ustedes se preocupan

del contenido y lo formal a mí solamente me interesa!".


Ahí Elena lo encañonó:

"Yo jamás,

jamás de los jamases

me ocupé del argumento

-y nunca hablé de moral

sino de ética subyacida en lo formal!".


Ernesto, su marido, simulaba

una semisiesta en el sofá.


Al día siguiente el sobrino Julio

cumplía cinco años. Ernesto,

del tedio atormentado en la infantil jarana,

se acuclilló de pronto y lo agarró

con sus grandes manos de los hombros:

"¿Sabes lo que dijo ayer la tía Elena?

¡Yo jamás, pero jamás jamás, me ocupo de los argumentos,

siempre practico la ética formal!"


Y le vendaron los ojos para la piñata.

Edgardo Dobry


Nota del editor: gracias a Carla Maglio