domingo, 18 de octubre de 2015

Hoy a la medianoche Fito

"Como joven tenés la obligación de pararte frente a tus jefes y exigir pruebas, explicaciones, contundencia, para poder defender y llevar adelante tu puta revolución": entrevista a Fito Paéz en FM 88,7. Online acá y acá.


Los amigos de la revista digital Nodal (dirigida por Pedro Brieger) le hicieron una extensa entrevista a Fito Páez cuyo audio han tenido la amabilidad de cedernos para ponerlo completo en el aire hoy a la medianoche en La otra. En el reportaje, realizado por Lucía Cholakian Herrera y Daniel Cholakian, Fito habla de todo y de todos: de música, cultura, política y militancia, de Spinetta, Charly, Nebbia, el Cuchi Leguizamón, Atahualpa, Pablo Milanés, Chico Buarque, Cristina Fernández de Kirchner, la oposición, la juventud, Cuba, los libros, el rock and roll y una perspectiva sobre su propia obra.

- Muchos músicos como Chico, Caetano, Silvio, Pablo, Mercedes, León, Mejía Godoy, que militaron más unos y otros menos, están en un canon como músicos comprometidos y vos, que además de tocar con todos ellos, tenés un claro componente social político en tu obra, estás afuera de ese registro.

- A lo mejor es por deseo. Yo sé a que me dedico. Me dedico a leer, me dedico a escribir, me dedico a estudiar y me dedico a hacer mi música. Cómo es tomado esto, se me escapa de las manos. Pero también soy un hombre que opina. Por qué mi opinión tiene un poco más de trascendencia que otras, no lo sé. Pero opino. Yo no toqué en todos los actos que toqué para cobrar toda esa plata que dijeron por allí. No lo hago de un modo ni militante ni calculado. Ahora, si vos me preguntas si estoy arrepentido del voto a Cristina, te digo que no, no estoy arrepentido del voto a Cristina. Le di mi confianza y la de mi familia y todo eso estuvo allí bastante bien representado, con todas las dificultades que tiene estar en ese lugar. Por eso es muy complejo estar allí y es muy complejo no tener una oposición inteligente. En este país había una derecha ilustrada. Tenías que sentarte a discutir con Mansilla, tenías que sentarte con Borges a la mesa. Ahora a algunos le susurran al oído lo que tienen que decir.

Ha pasado que mis palabras hayan sido consideradas como excesivas, pero tiene que ver con el lugar desde el que hablo, que es el lugar del rock. Esto pasa también en el escenario. Tenes un problema de sonido y pateas el equipo y nadie se asusta. O se ha subido alguien al escenario a cagarnos a trompadas y ya, eso es parte del juego.

Para mí la política, que es el medio por el cual se debería buscar el bien común, tiene algunos problemas. Por ejemplo, suelo hacerles una observación a los sectores más jóvenes. Yo creo que hay que ilustrarse y hay que mirar las estrellas. La real politik es muy importante, pero si el libro más viejo que tenés en el morral tiene 40 años, no sirve para nada -como dice mi amigo Martín Rodríguez-. Ahí hay algo que debemos poner en escena y es la capacidad de crítica. Esto se lo digo a la juventud argentina y se lo he dicho a la juventud cubana. Y te digo que con ellos he llegado casi a las piñas. Son los tipos que van a comandar los países. No nos pueden repetir la letra entre nosotros como si todos fuéramos turistas. Como joven tenés la obligación de pararte frente a tus jefes y exigir pruebas, explicaciones, contundencia, para poder defender y llevar adelante tu puta revolución. Lo que genera mis discusiones con algunos de ellos es la necedad de no querer investigar, no querer interpretar, no querer dudar. Dudar… Incorporar otra mirada. Eso es lo que hace a una persona brillante y puede abrir tu corazón también. Si vos instalás un pensamiento estalinista en cualquier zona de tu vida, la vas a cagar. Para crear una nueva sensibilidad política es fundamental aprender del rock and roll.

sábado, 17 de octubre de 2015

El peronismo resistente


Los resistentes, la película de Alejandro Fernåndez Mouján, tiene la virtud de rescatar a una generación de militantes que, a partir del derrocamiento del gobierno peronista en el 55, tuvo que auto-organizarse desde las bases. Una generación que se engrandeció políticamente en la lucha, hombres y mujeres de aspecto común que se reunían secretamente en las cocinas de sus casas pero eran capaces de emprender audaces y hasta violentos actos de resistencia contra la dictadura fusiladora.

Un conjunto de personas hoy ya  ancianos y que históricamente no tuvieron la visibilidad y el reconocimiento de los militantes de los 70 o de la joven militancia actual. El reto que ellos tuvieron que asumir es cómo sostener una lucha desde la cotidianeidad, conduciéndose a sí mismos, en ausencia del líder al que reivindicaban, pero a cuyo liderazgo incluso se atrevían a plantearle serias críticas.

Esa experiencia única, con la perspectiva de los años transcurridos, los sigue llevando a preguntarse por la legitimidad y el alcance de los liderazgos y por la capacidad de los militantes por cuestionar a sus dirigentes.

Al cumplirse hoy 70 años del surgimiento del peronismo, La otra quiere homenajear así a la generación militante más corajuda que haya conocido la Argentina contemporánea.

Acá puede verse entera la película Los resistentes:


viernes, 16 de octubre de 2015

Lucrecia Martel: Es posible volver a ver


Dice Lucrecia Martel en una parte de esta entrevista (recomiendo que la vean entera)

"Yo creo que el cine, las herramientas que tiene para transmitir una percepción de tiempo y espacio, lo que permite es más un cuestionamiento acerca de la percepción que algo concreto respecto de la humanidad. Parece muy abstracto, pero en el cine termina siendo muy concreto el tema del espacio y el manejo del tiempo. En tanto la percepción esté cuestionada, y de alguna manera el cine permite cuestionar eso, ahí el mundo por momentos se revela. Yo creo que el cine es eso. Más que revelar algo acerca de lo humano, revela algo acerca de nuestra percepción. Y en ese sentido es muy político, porque en tanto podamos desaprender un modo de percibir es posible volver a ver cosas. Cosas, cuestiones sociales muy concretas. Siempre doy este ejemplo porque para mí fue muy revelador. Una vez estaba caminando con uno de mis sobrinos muy chiquito, tendría cuatro o cinco años, y había un chico en la calle y me dijo: "llevémoslo a la casa", un chico que estaba durmiendo en la calle. Yo le dije: "no, bueno, no, porque él tiene su familia, tiene que ir con su familia...". Y el me dice: "¿Qué familia? Está durmiendo acá, que duerma en la casa". Y yo le decía: "no, bueno, no, porque tenés que dormir en tu camita". Y empecé a dar unas razones que yo misma me avergonzaba de las razones que estaba dando para resistirme a unas razones que para un chico eran de una obviedad tremenda: en nuestra casa había espacio, un colchón en el piso, y ese chico podría haber dormido en la casa. Esa incapacidad para no inmediatamente percibir las soluciones al problema es un modo político de percibir, que, con gran esfuerzo, durante... ¿Cuántos años dura la educación de una persona de clase media? ¿Doce años entre la primaria y la secundaria? ¡Doce años para que, cuando veamos un chico en la calle, pensemos que no hay solución, que no tenemos nada para hacer! Y eso, en ese punto me parece que el cine puede funcionar. Cuando tengo que pensar en la puesta de cámara, me resulta una manera muy rápida de identificarme y de sentirme cómoda en el set si pienso que la cámara es un chico o una chica de 9 o 10 años. Porque creo yo que esa fue una época muy decisiva, creo que el momento de mi vida donde tuve más claras las cosas acerca de mí misma, cuando la curiosidad era mayor que mis ideas acerca del mundo, tenía más curiosidad que prejuicios. Y eso me parece que es un buen espíritu para una cámara, para estar en un set. Acercarse sin prejuzgar, o intentar al menos, ¿no?, sin subestimar nada de lo que vas a ver, al contrario, una enorme curiosidad por lo que sea que esté pasando". 



Lucrecia Martel hablando del cine expone un discurso tan estimulante como la experiencia de ver sus películas. No creo exagerar. Esta extraordinaria cineasta (que filma demasiado poco para mi necesidad de verla) tiene un discurso tan articulado y preciso como el estilo cinematográfico único que ha sabido crear. Escuchándola me doy cuenta de que su cine no nace de una fantasía ni de un dispendio estético, sino de un pensamiento muy riguroso acerca de la experiencia de lo real.

Esta idea de que el cine es revelador de nuestra percepción es una definición perfecta de la dirección que toman sus películas.. Y más allá, creo que vale para pensar la propia ontología de la imagen cinematográfica. Hace un tiempo que, pensando en películas recientes de diversos directores (Perrone, Di Tella, D'Angiolillo, Berger), siempre me encuentro con la misma sospecha de que el cine es un  instrumento para explorar nuestra percepción, para desarticular nuestro hábitos perceptivos y volverlos a articular. Y que esa es prácticamente su única potencia política.

Ahora que escucho a Lucrecia Martel decir esto, empiezo a pensar que quizás la filosofía intrínseca del cine no sea el realismo ni el idealismo, ni el materialismo ni el empirismo, ni el humanismo, sino la fenomenología.

jueves, 15 de octubre de 2015

El Perón de Macri


por Lidia Ferrari

Es cierto que la inauguración del monumento a Perón en la ciudad de Buenos Aires protagonizada por Macri & Co. es uno de los más groseros mamarrachos que puede producir una campaña electoral.

En el marco de las inminentes elecciones de octubre es claramente un gesto camaleónico, de esos que en la política, -es cierto que no con las características caricaturales y exóticas que tienetiene en este caso- son las usuales maneras de sumar votos.

Pero no deja de ser muy interesante esta movida del mayor representante del gorilismo vernáculo, alguien que se puede ubicar sin dudas en las antípodas del peronismo. El acto nos dice más de su debilidad política que de su camaleonismo ad hoc. Pero se puede leer algo mucho más interesante en este gesto y que ya no lo implica a él y a sus camaradas de ocasión, sino a los emblemas nacionales de la política, en los que resuenan siempre los ecos imaginarios de las ideologías y las batallas políticas de la historia. Podemos decir que los emblemas ideológicos que surcan el espectro de la vida social y política tienen una potencia y una vigencia mayor y más duradera que los eventos políticos y sociales concretos.

Para ser más clara: el peronismo ha sido un gran proscripto a partir del 55 en Argentina. Esta proscripción no se registra solamente en los momentos en los que efectivamente ciertos gobiernos lo proscribieron sino, y sobre todo, en aquellos momentos en los cuales del peronismo era necesario hablar sotto voce. En la misma línea, ciertos emblemas izquierdistas siguen siendo “mal oídos”, aunque ya haya pasado la persecución política de la dictadura. Hay una proscripción que continúa en los intercambios simbólicos que anulan, esconden, invisibilizan, sustraen significantes como Perón, Evita, peronismo, pero también comunismo, socialismo, revolución, izquierda, lucha popular, y con ello en los nombres que los representan: Fidel, El Che, Salvador Allende, etc. etc.

La clandestinidad del peronismo puede haber cesado oficialmente en una jornada de mayo de 1973 o en diciembre de 1983, pero no es fácil que ella desaparezca por obra y gracia de una fecha o un decreto. Persiste una marca en lo colectivo como aquello de lo que no se puede hablar, lo que no todos se animan a pronunciar. ¡Viva Perón! en mi adolescencia fue el grito de un compañero de escuela frente a un comité radical de un pueblo de provincia. Ese camión cargado de chicos que festejaban el fin de curso se encontró, en 1972, con varios autos policiales que, amenazándonos con ametralladoras y fusiles, nos hicieron conocer la potencia que tiene un sintagma de lo más inocente para el chico que lo gritó, como jugando. No había connotación política alguna en ese grito que se parecía más a tocar un timbre y salir corriendo, pero fue una clara enseñanza para nosotros que eso no se podía decir sin sufrir las consecuencias. Es de esta manera que se instalan los emblemas en la vida nacional: a pesar de que vivimos hace bastante tiempo en democracia, en los que la izquierda y el peronismo pueden actuar en plena libertad, sin embargo, no hay calles que se llamen Che Guevara o Salvador Allende, menos aún un monumento que los recuerde. Hay una censura sorda e inmaterial que lo impide.

El monumento a Perón tiene el valor de haber podido cruzar esa línea de censura que va mucho más allá de las decisiones y actos gubernamentales. Es admitir que esa parte de la historia merece un recuerdo en la ciudad, y no de cualquier manera, sino como monumento. El litigio por los monumentos es parte de la escritura de la historia, de esa escritura que permanece a lo largo de décadas y siglos. Este tipo de conmemoración viene demorada, posee una andadura mucho más lenta, pues la sociedad se resiste a admitir a quienes han sido inscriptos por la fuerza como proscriptos, como líderes populares o como subversivos. Las auto-censuras sociales están allí dando vueltas, son patrimonio de todos, ese temor atávico (casi inconsciente) que te queda luego de saber que Viva Perón no se puede decir sin que aparezcan las amenazas de los fusiles.

¿Y qué tiene que ver esto con el Perón de Macri? Macri no se volvió peronista ni está atravesado por algo que lo pueda identificar con el peronismo. Se trata de un acto oportunista. Pero lo que ha hecho Macri es habilitar una memoria diversa entre los que están acostumbrados a juzgar, censurar y amenazar. Esos que son los que han decidido en tantas oportunidades qué se puede decir, qué se puede leer y cómo se debe escribir la historia. A pesar de las conquistas democráticas en la vida social y política, es la ideología reaccionaria la que puede hablar tranquila y seguir denominando al “tirano prófugo”, mientras que las ideologías populares y emancipatorias tienen un camino fatigoso para incluirse en el lenguaje cotidiano. 

Entonces, Macri ha habilitado aún en los sectores más reaccionarios la idea de que Perón merece un monumento. Esos para los que peronismo es una mala palabra, embadurnados de una ideología gorila tan nacional como el mate. No lo inaugura el pueblo o el gobierno que lo aclama genuinamente sino –pese a sí mismo- el representante por antonomasia del gorilismo nacional. Sospecho que este acto -no sabemos cuánto útil para captar votos peronistas- tenga una utilidad muy otra, la de autorizar al imaginario colectivo de tener un Perón incensurable. Se trata de la memoria para la historia, no para el aquí y ahora. Será difícil deshacerse de ese monumento. Está allí, para todos, para los peronistas y para los que no lo son. El litigio por la memoria histórica encuentra en este acto de Macri una aparente paradoja, la de que el más gorila es el que inaugura el monumento de Perón. Pero esto puede pensarse de otro modo. Por un lado, no hay tal paradoja pues esto significa que Macri se hace cargo de que Perón es alguien que merece un monumento (aunque no lo piense). Por otro lado, y pese a quien pese, Macri inaugura un monumento que, desde el lado de los que proscribieron al tirano prófugo, legitima para toda la sociedad que Perón tiene un lugar central en la historia argentina. Es el ejemplo opuesto al de la protesta antikirchnerista por el nombre del Centro Cultural Kirchner. En este caso Macri ha debido ceder en la manera en que su clase trata los emblemas populares.

Si la derecha vernácula ha llegado a este nivel de trasvestismo es porque el peronismo y el kirchnerismo tienen un lugar en la vida democrática nacional que difícilmente se pueda desplazar o mudar de sitio, tanto como un monumento, como patrimonio común, no se puede fácilmente cambiar de lugar, no sólo en su materialidad “monumental” sino en lo que como símbolo lega a la posteridad.