lunes, 9 de marzo de 2009

El último encuentro


Por Martha Silva

Los personajes de este texto de Sándor Márai, que tan ajustadamente se han adaptado al teatro, superan los ochenta años, lo cual se reproduce en la vida real de estos magníficos intérpretes. Esto, que podría ser un detalle más, tiene su importancia, porque de lo que se está hablando es del mecanismo de la memoria, de los secretos bien guardados, de los odios y de los amores igualmente profundos y de la certeza de estar cerca del final. cuando todo esto se resignifica.

Hay episodios de esa historia en común que se remontan a 41 años atrás. Durante todo ese tiempo los hombres que hoy se reencuentran no se han visto. Es posible que se develen esta noche.

Pero los hechos “son sólo una parte de la verdad”, reflexiona Henrik -el dueño de casa que encarna Duilio Marzio, en una labor plena de matices y de hondura.

Hace años que no reciben a nadie. Sólo queda como testigo de lo ocurrido la criada de esa antigua mansión –Hilda Bernard- que se limita a escuchar y retraducir para los espectadores. Hoy en día, dice Henrik, los detalles aparentemente menores han cobrado una significación relevante, porque han ido aglutinando la materia con la que están construidos los recuerdos. Aquel hecho de la traición de Conrad –Fernando Heredia- y su brusca huida al lejano país de las lluvias y los pantanos resultan al cabo de esos años de una importancia menor que el haber percibido su mirada asesina durante un antiguo episodio de caza. Un deseo del amigo, del hasta ese momento amigo, de terminar con la vida de Henrik. Tiene ahora más peso el deseo de él de eliminarlo, que se le cruzó por la mente en ese instante, que la traición del amigo hacia él con su esposa Cristina.

Acerca de esos aparentes “detalles” él se pregunta ahora: ¿ella habrá sentido acaso un odio hacia él que nunca expresó? ¿supo alguna vez de esa fantasía mortífera de Conrad? Cristina ahora está muerta y su marido, que ha vivido años haciendo conjeturas, espera que el visitante conteste interrogantes de toda su vida.

Camina a su encuentro y le extiende la mano.


Es elogiable el trabajo de dirección de Mabel Izcovich y el haber dotado a ciertos episodios, como el de la cacería, de intensa teatralidad. Sándor Márai, el notable narrador, poeta y dramaturgo austrohúngaro, vivió entre los años 1900 y 1989. Se suicidó unos meses antes de que cayera el Muro de Berlín, luego de un largo ostracismo.

Teatro de la Comedia. Rodríguez Peña 1062. Jueves a Sábados 21 hs. Domingo 20 hs.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buena reseña, Martha. La memoria hila su trama con esos aparentes "detalles", es cierto.

Habrá que verla.

Saludos

Anónimo dijo...

Hola Liliana,: gracias.Si vas, te aconsejo que pidas la entrada - ya sea que pagues o no- con dos semanas de anticipación. Están trabajando a sala llena, en la más grande de ellas.
Como dato curioso, esta versión teatral la interpretó Jeremy Irons y fracasó.
Martha

Anónimo dijo...

Martha: La fui a ver y me encantó: una sutileza. También está el tema de la disparidad de ideas en cuanto a la ética. Han encarado la vida de modo muy diferente, diametralmente opuesto y además uno es militar y el otro músico.
En mi caso me descoloqué porque creía que era otra la relación entre ellos.
No te quiero criticar la crítica.
Marcos

Anónimo dijo...

No importa, hazlo ,hazlo-
Pero la crítica hubiese sido demasiado larga si incluía tantos elementos más toda la data acerca de Duilio y demás que por otra parte ya se difundió mucho.
martha