domingo, 3 de julio de 2016

La Gallega



por por Willy Villalobos - Fotos:CC BY-NC-ND 3.0 - M.A.ƒ.I.A *

“La pastafrola no salió bien, el piso quedó demasiado duro y casi no se puede cortar”, me dijo cuando nos conocimos hace unos cuantos años. Ella estaba de visita en mi posada, acababa de hacer el postre y suponía que el piso de su frola era una roca, pero en realidad lo que había hecho era perforar la tartera en varios lados al cortarla. Nos reímos mucho y luego jugamos a mirar cómo entraba el sol por los agujeritos. Así comenzó nuestra amistad y poco a poco fui espiando por esas ranuras abiertas a cuchillazos para saber cuál era el mundo de esta sencilla mujer de la provincia de Buenos Aires.

Lo primero que descubrí es que trabajaba en una casita de su barrio cuidando niños que vivían en ese lugar hasta que fueran dados en adopción. Esa casita, ese hogar, y les pido que se detengan en la palabra hogar, porque de eso se trata la tarea.



Cuando le pregunto cómo arranca el camino que la llevó hasta ese lugar, me dice: “Fue en la Universidad, si es que uno comienza en algún momento”, se ríe -ella siempre aprovecha la ocasión para reírse-, y agrega: “cuando cursaba la carrera en la Universidad de Lanús empecé a militar en el espacio del Centro de Estudiantes, hasta que terminé formando una lista, ganamos las elecciones y fuimos un muy buen centro de estudiantes, un espacio super participativo, democrático, lleno de vida, de ideas y de resistencia. Estábamos en el 2002.. 2004. Ahí conocí a un grupo de amigas, amigos y compañeros que le dieron un sentido más profundo y político a lo que hacía, pensaba y decía. Fue muy importante para mí. Desde ese espacio, desde esos vínculos, comenzó un caminito que llegó al Hogar. Trabajar ahí me abrió la cabeza y el corazón. Me atravesó como un rayo".



La Gallega cuenta su historia y aprovecha para resaltar su pensamiento político, que en la práctica le dio buenos resultados, pero por más que me quiera chamuyar o bajar línea yo estoy convencido de que ella tenía que llegar a ese hogar de todas maneras. ¿Por qué? Porque es una de esas personas que cree que las cosas se pueden modificar, que podemos ser mucho mejores de lo que somos y que todo empieza en la infancia. Debe ser muy difícil estar, laburar en un lugar donde viven pibes que han sido abandonados por sus familias. Pero todavía más complicado convertirlo en un hogar.

“Trabajar en el Hogar me abrió la cabeza y el corazón. Me atravesó como un rayo.”

Releo, porque normalmente cuando un rayo te atraviesa lo normal es quedarla, aunque en este caso parece que ese no fue el efecto.



Pero ella sigue: ”No me resulta fácil hacer este relato, porque es revivir parte de lo que te cuento. Las veces que tuvimos que poner el pecho por los pibes, frente a juzgados, defensorías, escuelas y hospitales. Era pan de todos los días el ”no corresponde que se atiendan acá, porque no tiene DNI". Los vecinos tampoco nos querían, no les gustaba que los pibes jugaran en la vereda los domingos o les revolearan sus juguetes. También con ellos hubo que hablar en buenos y en no tan buenos términos. O no querer darles vacante en la escuela porque "son pibes de Hogar”. Nos quisieron echar de todos los lugares que intentábamos ir la mayoría de las veces... cines, clubes, escuelas, hospitales..."-



“Sin duda, los momentos más lindos eran con los chicos jugando, aprendiendo, compartiendo y enseñándoles cosas lindas, como ir de vacaciones, meter las patas en el mar o salir a pasear de noche".

"Lo que más nos pedían era "¡miráme, miráme!", cuando jugaban o hacían algo nuevo. Lo más lindo que viví en el Hogar fue ver cómo cambia un niño que está pasándola muy mal y comienza a pasarla bien... a estar cuidado, querido, mimado. De hecho, decíamos "ahora tiene cara de nene, nena".



Pero la cosa no termina acá: producto de su trabajo le proponen ocupar un cargo en la Dirección Nacional de Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos, algo así como el ascenso a primera. Ahí conoció a los que junto con ella querían cambiar las cosas para que los pibes tuvieran una vida digna y a los otros que piensan que los chicos sin hogar, sin familia, son nada más que una mercancía. Por eso hubo que pelear contra las ONGs que se querían llevar sólo a los rubios o blanquitos, ir a los juzgados y enojarse al darse cuenta de que toda esa estructura estatal casi siempre había funcionado de una sola forma, en contra de los pibes.

Hay una anécdota que da cuenta del cambio del Hogar al Estado y ella la cuenta mejor que nadie: 

”Trabajando en la Dirección, una vez entramos a un hogar y rápidamente uno de los bebotes me pidió upa. Cuando lo agarré, la directora me dice: 'te queda lindo, ¿eh?', como si lo ofertara, como si fuera un sombrero. Era uno de esos hogares que separa a los más blancos y 'sanitos' de los otros”.



Poco duró la cosa, ya que a días de asumir las nuevas autoridades del país, elegidas democráticamente por la mayoría del pueblo, cambiaron a su jefa por otra quien, al llegar a su nuevo trabajo, comentó que no tenía ninguna experiencia en el tema, ya que era una abogada del Registro de Automotores.

Comenzaron los despidos masivos en el Estado, más de 25 mil personas quedaron en la calle acusados de ser ñoquis o militantes políticos, y a la Gallega también la echaron.



Luego del temblor que produjo el despido; la alternativa era buscar otro laburo, quedarse en casa o acercarse al gremio para reclamar por ella y por los demás compañeros. Lo primero que hizo fue volver al trabajo a reclamar para que revieran la medida, ya que ella era una buena laburante y su aporte había sido importante. En esas idas y venidas descubre que muchos de sus viejos compañeros se incomodaban ante su presencia, bajaban la vista como sintiéndose culpables. Otros, unos poquitos, se alegraban de verla.

Al poco tiempo ya no la dejaron entrar y puso el esfuerzo en la pelea sindical. No había pasado un mes y ya estaba criticando al gremio, porque no estaba bien organizado o porque no se hacía lo suficiente para pelear cada puesto de laburo que se perdía. El miedo había sido superado. La Gallega es una de esas personas que se hacen querer, o que las querés porque uno necesita tener amigas como ella.

Pero esta historia tiene final feliz porque finalmente la reincorporaron junto a otros 30 compañeros y ya está haciendo los trámites para volver al mismo trabajo y por si tiene problemas con la jefa (que no la quiso recibir) ya otros compañeros le ofrecieron opciones relacionadas con el tema de la trata de personas o la violencia de género. Esos temitas son los que le gustan a esta loca linda.


El día que la reincorporaron me llegó un mensaje justo cuando estaba por hacer un trámite en el Banco. Lo leo y se me caen las lágrimas. El cajero me pregunta si me pasaba algo. Nada, le dije, sólo buenas noticias.



* Ver el ábum de fotos completo acá.

1 comentario:

K-beza dijo...

que querés que te diga, a mí también se me cayeron unas lagrimas, decí que estoy solo en la oficina y no tengo que darle explicaciones a nadie. Cuantas gallegas hacen falta!!!! abrazo Nac&Pop