La trasmisión en vivo de la exposición del Juez Ramos Padilla en el Congreso sin las imperdonables interrupciones de C5N.

miércoles, 4 de julio de 2018

Cuerpos capturados I: Fulboy

7 de julio de 2018 a las 19:30: FULBOY
Ayacucho 483


FULBOY (Argentina, 2014) Guión, producción, cámara y dirección: Martín Farina. Música: Pedro Irusta. Montaje: Marco Berger y Martín Farina. Sonido: Nicolás de la Vega, Adam Sosinski y Martín Farina. Género: Documental.

Fulboy es una película sobre un equipo de fútbol en su intimidad. El vínculo del realizador con su hermano Tomás, que en el momento de filmar la película era jugador de Platense, le permitió acceder a un punto de vista inédito sobre este deporte, algo que la televisión no muestra: los tiempos muertos de las concentraciones en los hoteles, las charlas sobre el reparto de dinero en el equipo, la incertidumbre por el futuro de una carrera que dura pocos años, la pendularidad de éxitos y fracasos, los recelos hacia las autoridades del club, las presiones del público y el periodismo, el homoerotismo larvado en los vestuarios.

Dado que el vínculo entre los hermanos Farina es la condición de posibilidad del registro de esas imágenes, Fulboy es también una película sobre la hermandad. El propio director fue, durante varios años, jugador de las divisiones inferiores de Ferro, carrera que terminó abandonando. El hermano jugador habilita la entrada de la cámara del hermano ex-jugador y ahora cineasta en lugares sólo permitidos a jugadores. La tensión de identidad y diferencia entre hermanos rige la puesta en escena de la película y configura su particular punto de vista. La presencia material de la cámara entre los jugadores es el nervio del film. Por eso, Fulboy es también una película que se desnuda a sí misma ante nuestros ojos mientras va haciéndose.

El cuerpo del futbolista solo aparece en la tele de acuerdo a pautas muy rígidas: es un cuerpo agónico, de músculos potentes o lacerados. Los jugadores de Fulboy son carnosos. Su piel merece toda clase de esmeros, propios y del personal técnico que los acondiciona para la faena (los viejos empleados del club, cuyos cuerpos ya aparecen bien tapados). En el encierro previo a cada partido, los jugadores son masajeados, se acicalan, se visten, se desvisten, se perfuman, se peinan, se miran al espejo o se miran en el espejo de su compañero de habitación o de ducha. Se miden el talle del buzo o el modelo de celular. ¿Vos decís que visto bien? -le pregunta uno a otro, probándose remeras, tatuajes, zapatillas- ¿no parecen las de Jessica Cirio? La presencia de la cámara capta el ablandamiento de los límites rígidos de los estereotipos straight y hace aparecer una zona de ambivalencia,


En este narcisismo hay otra vestidura invisible, una intimidad dentro de la intimidad más difícil de captar, porque está siempre presente, incluso cuando ellos están desnudos. Astutos e incautos, dueños de una ambigua autoconciencia, en su devenir mercancía ellos consagran su cuerpo al mercado y se resignan a encarnar lo que el mercado espera de ellos. Sus cuerpos se preparan para aparecer ante las cámaras de la tele, para ser vistos como modelos deseables de juventud y potencia. También como portadores de logos publicitarios. Los cuerpos de los chicos cuando el mundo los cautiva: hacen números, suman, restan, dividen, multiplican. Calculan cómo repartir el dinero de los premios de acuerdo con jerarquías internas que nadie cuestiona. No forman una clase social que lucha por su emancipación sino que se buscan un cautiverio suave, seguros de vida depositados en bancos que nunca quiebran. Los cuerpos de los jugadores de fútbol viven el sueño de otro (¿esos obreros de la construcción que trabajan en andamios al lado del hotel donde concentran, por ejemplo?). ¿Saben esto los fulboys? ¿Tienen miedo del despertar de ese sueño ajeno? ¿Tienen rabia?







En este encuentro se va a proyectar también El liberado, el cortometraje de Martín Farina que recientemente ganó la Competencia Argentina de Cortometrajes del 20 BAFICI. También en este rito de liberación hay cuerpos capturados.


CINE LA OTRA:

Las películas son buenas, pero si las pensamos son mejores

Un ciclo de cine de cuerpos capturados. La noción de captura funciona en un sentido doble: la cámara captura una imagen del cuerpo, pero a la vez ese cuerpo está capturado por poderes que lo exceden, que exceden al cine mismo porque son los poderes que rigen el mundo. Como en la colonia penitenciaria entrevista por Kafka, cada cuerpo lleva escrita la ley en la superficie de su piel. Y la cámara lo capta.

El cinematógrafo nació como un dispositivo de captura del mundo para dominarlo mejor, en la época en la que los inventos se proponían transformar las imágenes en objetos manipulables. Pero el devenir de la historia hizo derivar ese invento en una extensión de la percepción humana y en una oportunidad para investigar sobre la mirada -y después sobre la escucha- como modos de estar en el mundo. El cine es el arte de pensar la mirada y la escucha. Con los desarrollos tecnológicos, también pudo diferenciarse de la imagen hipercodificada de la televisión y de la inflación de las pantallas en la vida cotidiana.

En el cine, el cuerpo tiene una función organizadora: cuando en un plano cinematográfico aparece un cuerpo, el resto de los elementos de la pantalla se organizan en torno a él. El cuerpo en el plano determina la figura y el fondo, permite percibir la escala de la imagen, establece las dimensiones del espacio y las distancias. A partir de los cuerpos, se clasifican los tipos de plano: plano entero, plano medio, primer plano, gran plano general se determinan en función de la posición de los cuerpos. Un plano subjetivo remite a la mirada de un cuerpo situado en el espacio fílmico. La voz en off indica la presencia de un narrador en un espacio situado afuera del plano. Un plano vacío evoca una ausencia. El cuerpo también vincula la potencia de la ficción cinematográfica con la capacidad ineludible del registro documental: siempre el cuerpo que aparece muestra más que lo que el cineasta se propone mostrar. También el cuerpo en el plano impugna las estériles oposiciones metafísicas entre forma y materia o naturaleza y cultura: el cuerpo es siempre materia enmarcada y forma encarnada.

En correspondencia con esta función crucial del cuerpo, el cine devuelve gentilezas: solo en el cine son visibles las marcas concretas del sistema en los cuerpos singulares que aparecen, con una concretitud incomparable con la que podrían otorgarnos los tratados sociológicos: el cine no habla de los cuerpos, los cuerpos hablan en el cine. En las marcas de los cuerpos del plano aparece el sistema mismo y no su representación. La presión del sistema se hace visible y audible para el que pueda percibirlas.

Programación y coordinación: Oscar Cuervo

Próximas funciones . Siempre a las 19:30 en Ayacucho 483:

Sábado 14 de julio: I'M NOT YOUR NEGRO, (Raoul Peck, EEUU, 2016)

Sábado 21 de julio: INTO THE ABYSS (Werner Herzog, 2011, EEUU))

Sábado 28 de julio: PARIS IS BURNING (Jennie Livingston, 1991, EEUU)

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