jueves, 22 de octubre de 2015

División de poderes: Lorenzetti acata los deseos del Poder Ejecutivo (israelí)



¿Cómo se manejará el Poder Judicial en la Argentina en los próximos años?

Este poder se mostró históricamente impermeable a las corrientes democratizadoras. Los representantes del legislativo y del ejecutivo están sometidos a la periódica revalidación por el voto popular. En cambio, los jueces gozan de una perpetuidad monárquica. Las destituciones de jueces en Argentina son acontecimientos de una rareza extrema, a pesar de la arbitrariedad, la parcialidad e ineptitud que muchos muestran a la luz del día. En los últimos años, los tribunales se arrogaron facultades legislativas, postergando indefinidamente la vigencia de leyes promulgadas por el Congreso mediante un uso perverso de las cautelares. Lorenzetti, presidente de la Corte, se mostró como un diestro administrador de la injusticia a través del estiramiento abusivo de los plazos admisibles para pronunciarse en casos de gravedad institucional.

Todavía está fresca en la memoria de todos la forma como un tribunal en lo contencioso administrativo de Tucumán, manifiestamente incompetente, generó un clima de conmoción social al dejar en suspenso durante varios días el reconocimiento del sufragio popular en esa provincia. Todas las irregularidades se hacen ante la mirada indolente de la Corte. Más aún, la misma Corte se muestra permisiva con los delitos cometidos por las grandes corporaciones empresariales, en casos como la usurpación de terrenos por parte de la Sociedad Rural o la millonaria evasión impositiva de La Nación.

Hace unos años esta Corte fue exhibida como ejemplo de calidad institucional, cuando al comienzo del gobierno de Kirchner se propició una composición con magistrados de gran prestigio e independencia. Pero con las muertes de algunos de sus integrantes, la senilidad de Fayt y la renuncia de Zaffaroni el prestigio se fue de gira. Hoy, este tribunal enclenque de tres jueces y medio trabaja para parecerse cada vez más a la corte de los milagros del menemismo.

El asunto es muy delicado porque la disfunción judicial vulnera la totalidad del estado jurídico. Si los derechos de un particular o los de las propias instituciones son lesionados por quienes deberían custodiarlos, entonces la ley está en constante vilo y ninguno de nosotros puede estar seguro.

El caso más risible de este derrumbe lo protagonizó el propio Lorenzetti este año, cuando declaró erróneamente como "cosa juzgada" la causa de la voladura de la Embajada de Israel. Lo insólito es que el Supremo desconocía el estado judicial de un caso que está en manos... ¡de la propia Corte! El atentado permanece impune desde 1992 y la responsabilidad de la parálisis es de la Corte: por haber ocurrido en territorio israelí (todas las embajadas son territorio del país que representan), el proceso no puede ser tratado por un tribunal ordinario.

El 1 de marzo último en la Asamblea Legislativa, la presidenta señaló ante los ojos de pánico de Lorenzetti que en 23 años la Corte nunca se expidió sobre el caso:

"También quiero hablar de la Embajada. En 1992 voló la Embajada de Israel, 29 personas murieron, 249 heridos. Ese fue un atentado en territorio israelí, porque la Embajada es territorio israelí. Siempre me ha llamado poderosamente la atención, todavía no puedo entender por qué el estado de Israel reclama por la AMIA y no reclama por la voladura de su propia embajada. Esto me llama la atención, que nadie hable del atentado de la Embajada, que no pudo ser tratado por jueces comunes, porque al tratarse de una Embajada es materia específica y excluyente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. ¿Sabe alguien cuál es el resultado de la investigación que llevó adelante la Corte Suprema de Justicia de la Nación? ¿Cuáles son los condenados, quiénes son los procesados, qué fue lo que pasó? ¿Me pueden informar por qué el estado de Israel no reclama por la Embajada?"

Un par de días después, en su bizarro show anual, Lorenzetti se refirió a la causa. "Hubo una sentencia en 1999, muy anterior a la conformación de la Corte actual. Esa sentencia determinó la materialidad y la imputabilidad del hecho. La sentencia encontró culpable a un grupo: Hezbollah. Esa sentencia está publicada. No podemos modificar lo que ya ha sido aceptado y es cosa juzgada". Así pretendió dar por cerrado el caso.

El papelón no podría ser mayor, ya que el juez desconocía una resolución del propio tribunal que preside. Años atrás, la Corte había declarado el atentado contra la Embajada como un delito imprescriptible. Horas después, un comunicado de la Embajada de Israel en Argentina echó por tierra el cierre de la causa postulado por Lorenzetti:

"Como queda referenciado en los acuerdos internacionales sobre la materia, la responsabilidad acerca del cuidado de toda delegación diplomática se encuentra en manos del país receptor de la misma. Es competencia y responsabilidad del Estado argentino investigar el atentado perpetrado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires. (...) En los últimos 23 años Israel ha sostenido la importancia de continuar con las acciones pertinentes en miras de llevar a los responsables a juicio. La prosecución de tal fin, sin lugar a dudas, expresa el interés de ambas naciones".

Es decir, el propio estado de Israel desmintió a Lorenzetti y sostiene hoyuvo que el atentado está impune. El estado argentino es responsable de hacer avanzar esta causa imprescriptible; más específicamente es el Poder Judicial quien debe dar respuesta; para ser más precisos, la Corte Suprema; o sea Ricardo Lorenzetti. (Ver más acá)

Llovido sobre mojado.

La semana pasada este penoso sainete judicial produjo novedades, no en favor de la justicia precisamente. La Corte libró orden de captura internacional contra dos ciudadanos libaneses, por su supuesta participación en la voladura de la Embajada. De modo que no era cosa juzgada. Una reactivación tan tardía (¡23 años!) fue motivada porque la Corte de Lorenzetti acató servicialmente un pedido del gobierno israelí. Una nota de una página que no aporta ninguna prueba fue presentado por la Embajada de Israel en Argentina ante la Suprema Corte. El pseudo-informe israelí señala al libanés Hussein Ibrahim Suleiman como involucrado en el atentado:

“Hizo trabajo de inteligencia sobre el edificio de la embajada. Trasladó el explosivo C4 desde Foz de Iguaçú a Buenos Aires donde estaban otro agentes activos. Alquiló un departamento en los suburbios de Buenos Aires donde se armó la camioneta Ford con los explosivos".

El informe israelí no aporta más precisiones ni acompaña prueba alguna que fundamente esas acusaciones. El paper también señala a José (Hussein) Salman El Reda:

“Nuestra información -sostiene Israel- indica fehacientemente que Samuel estuvo involucrado en la planificación y ejecución del atentado contra la AMIA. Nuestra información también indica, con altas probabilidades, que José (El Reda) estuvo involucrado en la preparación de la infraestructura del atentado contra la embajada, incluyendo la transferencia de fondos desde el Líbano a la Argentina. Es muy probable que el dinero se haya usado para la compra del coche-bomba que luego se cargó con unos cientos de kilos de explosivos y es posible que con el dinero se hayan alquilado propiedades para armar el coche-bomba y para alojar a los agentes operativos que llegaron desde el Líbano”.

La información fehaciente y las altas probabilidades tampoco aparecen fundadas en el paper. No se sabe de dónde sale la información y cuáles son las pruebas que darían fundamento a una persecución internacional. A pesar de esta evidente inconsistencia, la Corte accedió dócilmente a los deseos de Israel y pidió a Interpol la orden de captura de estas dos personas. El procedimiento es de una inconsistencia jurídica alarmante: el máximo tribunal de nuestro país se allana a los deseos de un estado extranjero para perseguir a dos personas sin contar con ninguna prueba que pueda sostener la acusación. Ante la disposición servicial de los Lorenzetti Boys, la Embajada de Israel manifestó su "satisfacción por los avances en la causa" [Risas grabadas].

La Corte de Lorenzetti parece dispuesta a superar sus propios estándares.

Menos mal que Scioli designó a Ricardo Casal como el ministro de justicia de su presunto futuro gobierno. Nos quedamos más tranquilos.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Yo este domingo a Scioli no lo voto


Hace pocos días les escribí a mis amigos, como pensando en voz alta:

"Scioli tiene que ganar ajustado. Porque va a tener que ganarse la legitimidad. Néstor la conquistó desde el primer día. Si Scioli gana por más del 45 %, va a creer que le dimos un cheque en blanco para que haga lo que se le ocurra. Cada vez que da pie a Urtubey, le desconfío un poco más. Que sepa que si sigue la línea Urtubey nos va a tener todo el tiempo midiéndole el aceite. Que no le tema a Cristina ni a la Cámpora. Que Scioli tema a los que vamos a votarlo".

El sábado pasado me enteré de la posible designación de Ricardo Casal como Ministro de Justicia de la Nación, en el caso de que Scioli llegue a la presidencia. Entonces escribí en mi diario:

"Scioli anticipó que Casal será su ministro de Justicia si llega al gobierno: ojo Dani porque por ahí todavía no te votamos".

Ricardo Casal ha sido Ministro de Justicia y Seguridad de la provincia de Buenos Aires gobernada por Scioli. Ocupó ese cargo hasta que en septiembre de 2013 el gobernador decidió desdoblar el ministerio creando la cartera de Seguridad y poniendo en ese cargo a Alejandro Granados, a quién ahora se menciona como posible ministro de Defensa de un eventual gobierno de Scioli.

Casal, en su rol de responsable de la seguridad y la justicia bonaerenses, recibió innumerables denuncias por lo que se consideran violaciones sistemáticas a los derechos humanos en las cárceles de la provincia. Su carrera empezó como agente del Servicio Penitenciario en los años de la última dictadura militar. En su gestión como ministro provincial,  le dio autonomía al Servicio Penitenciario Bonaerense para que manejara lo que pasa en las cárceles provinciales. En abril de 2012, durante una visita de la Comisión Provincial de la Memoria, el CELS y la Universidad de San Martín al Complejo Penitenciario del Conurbano Norte, se registró este pavoroso estado de cosas:

Los detenidos por delitos comunes padecen hoy la misma desatención que durante la dictadura militar conocieron los presos políticos. Enfermos con HIV-Sida, diabetes, trastornos psiquiátricos y/o neurológicos narraron que no reciben ningún medicamento si no se los alcanzan sus familiares. No hay médicos que recorran los pabellones ni que visiten la denominada sala de internación, donde ni siquiera hay un enfermero. Los alojados allí sólo pueden contar con la ayuda de otros detenidos. Un hombre de más de cincuenta años llevado allí porque una herida de bala se le infectó y le afectó los huesos, yacía en un camastro, con una bota de yeso y una ventana recortada en el lugar de la herida, sin cuidados ni información sobre su caso. En varias instancias de la inspección funcionarios del Servicio se acercaron con la intención de escuchar los diálogos, pero se les pidió que se alejaran para garantizar la confidencialidad. Luego los visitantes se dividieron en grupos de a tres, para escuchar a todos los detenidos en las celdas individuales y los buzones de castigo, de 2x2 metros. Los penitenciarios dijeron que los detenidos estaban en los buzones por propia decisión pero varios lo desmintieron. En esas conversaciones más reservadas muchos entrevistados señalaron la política de rotación constante de un penal a otro que se aplica para quebrar la voluntad de los internos menos resignados, lo cual les impide continuar sus estudios y afecta sus vínculos familiares. Uno dijo que en dos años recorrió veinte unidades distintas. El traslado es también el momento de mayor vulnerabilidad. “Nos tiran un gas irritante a los ojos en cuanto entramos al celular y comienzan a pegarnos”, explicó. Varios mostraron marcas de golpes o heridas punzantes en distintas partes del cuerpo. También dijeron que la peor humillación es la que padecen sus familias al visitarlos, con requisas intrusivas a sus esposas e hijos. Una versión que se repitió en muchos testimonios fue que el Servicio delegó esas requisas en un detenido por violación, lo cual los desespera. Una constante fue la precariedad y el abandono de las instalaciones, pese a que se trata de una de las unidades más nuevas del SPB. Los vidrios de todas las ventanas están rotos, por lo que el invierno es insoportable. Algunas tienen pasable luz natural, pero otras son sombrías como cuevas. Dentro de su calculada política de deshumanización, el Servicio no se preocupa por la iluminación artificial, que queda librada al ingenio de los propios internos. De las paredes por las que caminan cucarachas, cuelgan cables con lámparas desnudas y conexiones caseras, con cables pelados que se conectan en los tomacorrientes a falta de enchufes [completo acá].

Está situación ya era gravísima cuando sucedía en la provincia. Ahora su gravedad escala a límites inadmisibles si Casal pasa a manejar el Ministerio de Justicia de la Nación. Ya no se tratará de bolsones de ilegalidad para-estatal, sino de una probable política de estado.

Además recientemente se atribuyó a Casal la decisión política de abrir las cárceles bonaerenses para que Jorge Lanata hiciera desde allí una operación política contra el entonces precandidato a gobernador Aníbal Fernández (ver acá). Esa siniestra duda nunca se despejó, aunque no logró impedir el triunfo de Aníbal en las PASO.

Scioli anunció la designación de Casal en su posible presidencia. Estos anuncios los hace como recursos de su campaña electoral, para ir adelantando el perfil de su presunto gobierno. Conmigo surgió efecto. Me convenció de que esté domingo no vote la fórmula que integra con Zanini. Lo siento por Zanini. Está vez a Scioli no lo voto. Votaré la lista que presenta el FPV en CABA, encabezada por la candidatura a diputado de Axel Kicillof. Pero corto boleta y para el cargo de presidente voto en blanco. Si gana y en su desempeño desmiente mis sospechas, si estoy en esta decisión equivocado, podrá tener mi futuro apoyo.


Voté a Scioli cuando fue candidato a vicepresidente de Néstor en 2003. Y lo volví a votar en las últimas PASO. Pensaba (todavía lo pienso) que es el único candidato del FPV que podría vencer a Macri o Massa. Eso evidentemente señala una debilidad del proyecto político al que adhiero, del que me siento parte. Hace unos meses fui  muy crítico del precandidato Florencio Randazzo, por lo que consideré una campaña interna auto-destructiva y no propositiva. No cambié mi opinión sobre Randazzo. Creo que no estuvo a la altura del rol que pudo haber desempeñado. Tengo mis expectativas puestas en el nuevo rol que le va a tocar a Cristina después del 10 de diciembre.

Con respecto a Scioli, tengo las mismas dudas que muchos kirchneristas que lo votarán para ganarle a Macri en primera vuelta. En su excelente columna del domingo en el suplemento Cash de Página 12, Claudio Scaletta explica con claridad la notoria diferencia  entre los modelos económicos que proponen Scioli y Macri:

"Mientras llueven los cada vez menos convincentes ríos de tinta, Scioli se presenta en los ágapes empresarios sin ceder a los ya desesperados intentos de imposición de agenda. Más allá de los deslices de algún líbero, el mensaje del candidato no deja lugar para ambigüedades: no habrá megadevaluación, no deben esperarse shocks macroeconómicos, no habrá subordinación al poder financiero y no se cambiarán los alineamientos estratégicos de política internacional de la última década.
"Scioli logró hasta el prodigio de peronizar a un viejo economista de la city como Miguel Bein, quien, en un videorreportaje concedido esta semana al diario La Nación, explicó en detalle cómo los instrumentos tradicionales más sencillos para bajar rápidamente la inflación efectivamente podrían bajarla, pero al costo de una recesión espantosa que dejaría en el subsuelo el ingreso de los trabajadores. Cuando le preguntaron por el principal problema económico de la Argentina, no dudó un segundo. No contestó “la inflación”, “el tipo de cambio”, “el déficit fiscal”, ni ninguna de las zonceras de la ortodoxia, sino que retomando la tradición de los grandes macroeconomistas locales, señalo que el verdadero problema era la restricción externa. No se trata de una cuestión semántica o de matices en el diagnóstico. Si se piensa que los problemas son los que señala la ortodoxia, no hay otra salida que el ajuste. De la restricción externa, en cambio, se sale solamente con desarrollo; con la transformación de la estructura productiva. Las diferencias, entonces, no son de discurso, son de proyecto de país." [Completo acá]
Entiendo que lo que Scaletta da son buenas razones para votar a Scioli. Uno puede sopesar los motivos a favor y en contra de votarlo. Por un lado Urtubey y por el otro la palabra del propio Scioli asegurando que no va a endeudarse con el FMI. Por un lado la creación del Ministerio de Derechos Humanos y por el otro Casal. Pero en política el exacto término medio no existe, la suma cero tampoco. El anuncio del nombramiento de Casal es una señal dada por Scioli a algún sector, a una semana de las elecciones. Es su decisión. Yo percibo la señal y no lo voto. Es la mía.

Claro que esto a nadie más que a mí puede importarle.

martes, 20 de octubre de 2015

Hombre lobo (yo)

Especial Fito Páez en La otra.-radio: para escucharlo, clickeen acá *

Fotos: Clara Cholakian Herrera

Si la vida es olvido, ¿qué es mi corazón?
Una nave de pasiones ya sin dirección
Es mi sangre del camino lo que te dejé
Tuve un sueño sobre un hombre y una mujer.

Desperté dormido en un gran hotel
vos no estabas a mi lado y lo destrocé.

Hoy será la luna llena, el lobo llegará
y mañana un bebé hermoso se despertará
habrá asesinado chicas de muy corta edad
y a toda una familia en Casablanca.

Desperté dormido en un gran hotel
vos no estabas a mi lado y lo destrocé
cuando un corazón se rompe llora la ciudad
hoy mi corazón de lobo se rompió, mamá.



* La otra agradece a Lucía Cholakian Herrera y Daniel Cholakian de Nodal Cultura, por cedernos el audio completo de esta entrevista.

- Yo no he sido nunca un militante -le dice Fito a Nodal, en la entrevista que pusimos al aire el domingo pasado y que pueden escuchar completa clickeando acá-, por eso la carta a Macri fue tan cooptada. Nadie comprendió que yo venía del rock and roll. Diego Tatián, el decano de la Facultad de Filosofía de Córdoba, hizo un texto muy lindo que decía "No sé si el rock and roll llegó tan lejos".  Eso por un lado, y por otro lado tenés el militante Buarque, un tipo de izquierda de toda la vida, que hoy sigue militando para Dilma, y para Lula lo hizo más específicamente. Le preguntaban en la Rolling Stone sobre esto y él decía: "Yo hablo con Lula, es un flaco divino, las cosas que me propone y que charlamos también, Después la tercera, cuarta o quinta línea, ¿cómo medís los niveles de corrupción, el apoyo o no apoyo?". Me parece que ahí hay algo que está ligado a una cuestión de fe, por un lado, y de pertenencia.


- Vos sos un tipo que siempre tuvo algo de intervención social y política -acota Daniel Cholakián.

- A lo mejor no sé si por deseo -dice Fito-. A ver: yo a lo que me dedico es a leer, a escribir, me dedico a estudiar y a hacer música. Entonces ese es mi tiempo. Cómo sea cooptado o tomado todo eso, se me escapa de las manos. Y sí, también soy un hombre que opina. Por qué a lo mejor mi opinión tiene un poco más de trascendencia que la de otros, no lo sé. El otro día me enteré por equis motivos del dormidero Monteagudo, fui a estar con los flacos ahí, no llevé cámara ni nada. Me llevé la viola, el pianito y fui a tocar, ¿viste? No hay que cooptar votos, yo no hago las cosas por eso. No toqué en los actos que toqué cobrando dinero y toda esa garcha que dijeron por ahí. Hay algo ahí donde me da la sensación de que el peligro que se corre es el de dejar de serte fiel. Ahora, si vos me decís si yo puedo identificar a un político de raza, sí, lo puedo identificar. Y no estoy arrepentido del voto a Cristina, Es una persona a la cual le di mi confianza y la de mi familia y todo eso estuvo allí bastante bien representado, con todas las dificultades que ofrece estar en el sillón de Rivadavia. Es muy complejo todo aquello, y también es muy complejo el hecho de no tener una oposición inteligente, joder: la derecha era una derecha ilustrada en este país, en un momento. Tenías que sentarte a discutir con Mansilla, ¿entendés? Ahora no, ahora a algunos le dictan al oído todo lo que tiene que decir. En un momento tenías que sentarte con Borges en una mesa. Era una mesa, eso... jajaja... Eso era una mesa. Entonces creo que la vía política es un pantano. Y creo que la vida artística o musical puede serlo también, pero en todo caso busca la alegría y la felicidad de los corazones. Ahora, si me tocás mucho las pelotas, también te lo voy a decir.

- Yo estaba pensando eso cuando vos dijiste: "yo venía del rock y dije esto que dije de Macri"...

- Sí. Porque también sucede eso en el escenario. En un momento vos estás así, algo te puso nervioso y... ¡fouuu! ¡pateás el equipo! Y nadie se asusta. Y si se asusta, que se joda. O se habrá subido alguien al escenario a cagarnos a trompadas alguna vez. Y ya. Ahora está todo tomado por un cáncer, la política, que es el medio por el cual se debería buscar el bien común, esa es mi crítica a la militancia joven. O no crítica, es una observación: que hay que ilustrarse, hay que mirar a las estrellas, la real politik está bien y es positiva y es importante. Pero si el libro más viejo que tenés en el morral, como decía mi amigo Martín Rodríguez, tiene 40 años, no sirve para nada. Ahí hay algo que está bueno poner en escena. Yo creo que puedo hacerlo. De hecho, con la juventud argentina y con la juventud cubana he tenido mis agarradas a piñas, te diría. A piñas. Sobre... uhhh... nos metemos en un problema... A mi me llega una versión sobre el asesinato de Camilo, en el avión; y la oficial, de que no. Y en una noche de discusión, una atrás de la otra, y bueno, ¿qué me van a contar de Camilo? Déjenme de hinchar las pelotas con la medicina, con la cultura, vamos a hablar de esto. Y terminamos a las piñas. Y yo les dije: ustedes son los tipos que van a gobernar este país, no me pueden repetir la letra como si yo fuera un turista, loco. Vos como joven tenés la obligación de parártele a tu jefe, y exigirle pruebas y contundencia histórica, para poder defender tu puta revolución. Fue una pelea entre jóvenes, yo tenía treinta años. Ellos también. En definitiva nunca se probó mi punto de vista ni ellos pudieron probar el de ellos, pero lo que generó la pelea fue la necedad de no querer investigar, de no querer interpretar, de no querer dudar. Dudar. De incorporar otra mirada. Eso es lo que hace a una persona brillante y eso es lo que puede abrir tu corazón también.  Si vos instalás un pensamiento estalinista en cualquier zona de tu vida, la vas a cagar, y no solamente a vos sino posiblemente a un montón de gente. Y creo que para crear una nueva sensibilidad política es fundamental aprender del rock and roll... jajaja... Pero de verdad, no agarrar el molde: ah, que pumpúm, que toco acá y soy rockero... ¡no! El corazón. Y el corazón del rock and roll también está en la música, está en la manera en que Hendrix toca la guitarra. Hendrix te toca, pero te deja el acorde abierto también. Hay sensualidad: en cualquier lugar donde no haya sensualidad, no puede prender nada. La sensualidad te trae la duda, la pregunta, lo erótico, te trae el velo. Es anti real politik en un sentido. Pero si mzclás las dos cosas, podés llegar seguramente a algo más.

- Siempre tiene que ser el deseo...

- ¡El deseo, exactamente!

lunes, 19 de octubre de 2015

Yo qué soy


A propósito de la exploración del yo como sedimento de la escritura autobiográfica que emprende Ricardo Piglia en sus diarios y que retoma por otros medios Andrés Di Tella en su película 327 cuadernos (ver acá), me acordé de algo que yo había escrito en Kierkegaard: una introducción. Escuchar una voz, que dice así:

No se ha prestado suficiente atención a la forma en que la angustia aparece en uno de los padres de la filosofía moderna, René Descartes (1596-1650). A Descartes se lo califica como el paradigma del racionalismo y, no obstante eso, hay en él un preanuncio de la temática kierkegaardiana de la angustia. Esto nos lleva una vez más a relativizar las etiquetas con las que se clasifica a los pensadores. El libro de Descartes Meditaciones Metafísicas se suele tomar como texto fundante de la filosofía moderna. En él, Descartes propone experimentar de una manera radical y extrema la duda.

¿Qué es lo que yo puedo saber por mí mismo y no porque me ha sido dado por otro? ¿Qué es lo que yo realmente sé? Para detectar si sé algo por mí mismo tengo que someter a todas las cosas que hasta hoy creía saber, dice Descartes, a la duda: si algo sobrevive a la posibilidad de duda, entonces eso lo sé de verdad. Si algo me parece aunque sea mínimamente dudoso, entonces voy a hacer de cuenta de que no lo sé de verdad, lo voy a dejar de lado.

Empiezo dudando de los que mi ojos ven, de lo que mis sentidos me trasmiten, porque me doy cuenta de que mis sentidos a veces se contradicen y las cosas pueden ser de un modo diferente a cómo las veo ahora; más tarde puedo verlas de un modo distinto, por lo que resulta prudente desconfiar de los sentidos. Incluso el célebre argumento del sueño dice que esto que estoy percibiendo ahora puede que no esté ocurriendo realmente, ya que es posible que esté sumido en un sueño: puede que esté soñando que estoy leyendo este texto: ya me ha pasado a veces el creer que estaba en una determinada situación, cuando en realidad sólo se trataba de un sueño. Por lo tanto, dudo de este dato, que por otro lado parece tan cierto, como que estoy aquí en este momento. Y así puedo seguir dudando.

Incluso llega el momento en que la duda se extiende a todo. Descartes descubre que se puede dudar de las cosas que hasta ahora creí como más seguras; por ejemplo: de que 2 más 3 es igual a 5, cosas que nunca me atreví a concebir como si fueran erróneas. En la época de Descartes una certeza semajante sólo la podían otorgar las matemáticas. Dudar de la matemáticas, para un filosofo del siglo XVII, es algo terrible. Así Descartes llega a la sorprendente conclusión de que es posible dudar de todo, de modo que, si quisiera estar cierto de algo, el resultado de esta duda metafísica es que dudo de todo.

Entonces, en determinado momento, al comienzo de la “Meditación Segunda”, Descartes escribe esto: “La meditación que llevé a cabo ayer ha llenado mi espíritu de tantas dudas que desde ahora ya no estará en mi poder el olvidarlo. Y sin embargo no veo de qué manera podría resolverlas, pues como si de improviso hubiera caído en aguas muy profundas, estoy tan sorprendido que no puedo afirmar los pies en el fondo ni nadar para mantenerme a flote en la superficie”. O sea, las dudas me han llevado a no poder hacer pie en el fondo ni salir a flote hacia la superficie, en un estado de posibilidad. Es decir: nada cierto a lo que aferrarse.

Muchas veces, en la facultades de Filosofía, este pasaje se pasa rápido, porque se lo considera una especie de decoración literaria supérflua. Se quiere pasar enseguida a la parte argumentalmente fuerte, que se considera que es en el momento en que Descartes define su posición racionalista. Se olvida que, justamente, en el momento antes de llegar a hacerse la pegunta: “Pero yo mismo, ¿qué soy?” (porque eso es lo que está a punto de preguntarse: ¿qué soy yo?), antes de llegar a esa pregunta, lo que está a las puertas de esa pregunta es ese estado de angustia, de no poder hacer pie en el fondo ni salir a la superficie.

Esta angustia referida por Descartes no es un adorno literario, sino que es el componente necesario que anticipa y posibilita la pregunta: ¿qué soy? Y esta pregunta no es otra cosa que el descubrimiento de la vacilación, no de mi intelecto, no simplemente de mi saber, sino propiamente de mi ser. Lo que me angustia no es simplemente que me descubro como ignorante de algo, sino que descubro que todo mi ser está expuesto a la vacilación: soy yo mismo el que vacila. Tal vez por esto es que Kierkegaard unos siglos después dirá que la angustia es una aventura que todos los hombres tienen que correr, es decir, que todos han de aprender a angustiarse.