viernes, 26 de agosto de 2016

Marcha de la Resistencia: “No es para pedir comedores, ni para pedir comida en los supermercados, ni subsidios. Es para pedir trabajo digno”


Hoy 26 de agosto las Madres de Plaza de Mayo retoman las marchas de la resistencia. Se marchará durante 24 horas para resistir frente a un gobierno que propone una descomunal transferencia de recursos en favor de los grupos económicos más poderosos. La marcha empieza esta tarde a las 17 y terminará mañana sábado a la misma hora. Participan de esta actividad diversas agrupaciones políticas, sindicatos, orgqnizaciones sociales. El pueblo manifestará una vez mas su protesta ante un sistema político y económico destructor del trabajo y de los derechos.

“Esta vez, no es para acompañarnos a nosotras, como fue siempre, sino que las madres ofrecemos esta marcha con tanta historia para los compañeros desocupados, para que vean que hay alguien que se preocupa por ellos”-dice Hebe.“No es para pedir comedores, ni para pedir merenderos, ni para pedir comida en los supermercados, ni subsidios. Es para pedir trabajo digno”, aclaró. “Ni miserable, ni en negro. Trabajo digno. Hay que dar vuelta la tortilla. Si no, vamos siempre a pedir como pobres y no es así, tenemos que tener otras aspiraciones, como las que teníamos con el gobierno de Cristina.”

Según Hebe la idea surgió cuando el 5 de agosto pasado, despues de que el juez de Giorgi intentara detenerla durante la ronda de los jueves, una multitud espontánea se movilizó para respaldarla. “Fue muy inesperada la reacción. Se me ocurrió entonces ofrecer la marcha, que sea de todos y para todos, especialmente para los compañeros desocupados. Y que sea otra vez una multitud. Habíamos dejado de hacer estas marchas en 2006 porque teníamos a un amigo en la Casa Rosada. Ahora la idea de volver prendió enseguida, porque el enemigo volvió a estar en la Casa Rosada" concluyó Hebe.

jueves, 25 de agosto de 2016

Homeland

La extraordinaria película de Abbas Fahdel que se exhibe por última vez este domingo en el Malba


En 2002, como consecuencia de una intensa campaña bélico-mediática global, para todo el mundo era evidente que los Estados Unidos iban a invadir Irak en un "ataque preventivo", en busca de las presuntas "armas de destrucción masiva" que escondía el régimen de Saddam Hussein (los medios norteamericanos ayudaron a instalar esta noción como una certeza y la mayoría de la prensa mundial se alineó con ellos). La alegada posesión de "armas de destrucción masiva" convertían a Irak en una "amenaza para el mundo civilizado". El recurso de las comillas en las oraciones anteriores intenta destacar el carácter ficticio y a la vez operativo del relato: se trataba de justificar la invasión a Irak para posicionar a las tropas norteamericanas en una zona de alto valor estratégico y económico. 

La vergüenza que se extiende como un manto que nos cubre a todos es la indolente aceptación o el consentimiento resignado de una mentira construida con imágenes televisivas, discursos políticos y avales periodísticos, con el fin de avasallar a los pueblos bárbaros en nombre de la civilización. La imagen del derribo de las Torres Gemelas de New York, que todos presenciamos como un show de repetición en loop, es la preparación de las guerras "preventivas" que a comienzos del siglo el mundo civilizado declaró contra los pueblos a los que, sin auténticas pruebas, se condenó como "amenazas terroristas". Esta historia no ha terminado. 

Bajo esta lógica de una imagen impactante (el impacto de los aviones contra las Torres) que por abrumadora repetición se hace funcionar como pretexto, se convence a millones de televidentes de la inevitabilidad de una reacción: hay que destruir preventivamente las amenazas contra el mundo libre. Es el género del terror por el cual el complejo militar industrial financiero y mediático sigue imponiendo su poder sin que nada lo detenga. La televisión y el cine forman parte de ese dispositivo, dado que la guerra se libra con tanques pero se prepara con imágenes. Esas imágenes requieren espectadores que concedan verosimilitud al peligro terrorista. El periodismo político aporta una retórica convincente: Je suis Charlie. El cine de espectáculo refuerza los mecanismos de identificación: nosotros o ellos. La crítica cinematográfica oculta la función de las imágenes en el dispositivo bélico y las reduce a entretenimiento. Todo está dispuesto para que la masacre sea vivida como una consecuencia natural para las masas de espectadores. Este mecanismo funciona en la medida en que todos acepten su rol en el guión prefijado. No se trata de un estado de excepción, sino de la estructura terrorista del mundo actual.

Abbas Fahdel es un cineasta iraquí que desde hace años vive en Francia. En 2002 advirtió, como todo el mundo, que su tierra natal (esa es una de las maneras posibles de traducir Homeland) iba a ser invadida por las tropas imperiales. Supo que cuando eso ocurriera su patria sería arrasada. Por eso viajó con su cámara a filmar ese mundo conocido a punto de ser destruido. Su impulso es básicamente amoroso: Fahdel va a filmar a su familia, su hermano, su cuñada, sus sobrinos y amigos. El barrio, las gentes del pueblo, las calles, las casas, el campo, los paisajes, los ríos, los árboles, el viento, los animales, los museos, los artistas.

Homeland está divida en dos partes que se corresponden con dos viajes de Fahdel a su patria: antes de la invasión, bajo la dictadura de Saddam Husseim; después de la invasión y del derrocamiento de Saddam, en medio de la cruenta anarquía que desencadenan las tropas norteamericanas.

El plano inicial de la primera parte nos muestra a un gatito en posición de alerta. El zoom de la cámara abre y nos permite ver las rejas de una ventana. El plano contiene tácitamente varias informaciones que cobrarán suma importancia. La imagen del gato está tomada desde adentro de una casa, la de su familia. La cadencia mecánica del zoom out, que se va a repetir varias veces a lo largo de las más de cinco horas de película, indica la presencia corpórea de la cámara en el espacio en el que se desarrolla la acción y la voluntad de su operador, el propio Fahdel, de abrir la imagen. Toda la película es una subjetiva suya desde el visor de la cámara. Ese es el punto de incisión desde el cual Irak como un mundo complejo y denso de historia viva se nos abre.

Las personas filmadas (entre varias decenas, muy especialmente su sobrino Haidar de 11 años) hablan con él con la intermediación de la cámara; la película hace que ellos a la vez hablen y nos miren a nosotros. Explicitar la presencia corporal de la cámara y del camarógrafo en el lugar determina el principio rector de la película: hay una contigüidad entre ese lugar y el nuestro, somos, en la distancia, parte de ese mundo.


Hay un tipo de secuencias que se repiten varias veces y que constituyen el núcleo emotivo de Homeland: personas que hacen contacto visual con nosotros a través de la cámara, que nos miran. Llama la atención que muchos de ellos sean niños, no todos. Es imposible olvidar que en numerosos casos ellos nos sonríen. Esto sucede tanto en la primera parte, cuando el pueblo iraquí espera la invasión con cierta expectación curiosa, que aún no asume la certeza de la catástrofe, como también después de la invasión, en situaciones de abierto descalabro social. Son momentos discretamente líricos, planos que interrumpen el devenir de los actos cotidianos que se suceden como una cadena de contingencias, para proponernos una detención contemplativa, una transición involuntaria del tiempo profano hacia una sencilla sacralidad. Las miradas a cámara en el género documental tienen siempre un sentido específico, muy distinto al que pueden tener en una ficción. En Homeland tienen una función muy precisa: la de la mirarnos unos a los otros. Por medio de esta posición de enunciación -este punto de vista- la experiencia que Fahdel nos propone es una forma de habitar ese lugar de un mundo que es entonces nuestro. Habitar es poder mirar a los ojos a esos prójimos y que ellos nos miren.

Sin embargo, Fahdel contrarresta este efecto con otro de sentido inverso, que hace aparecer una distancia entre el mundo filmado, la mirada de Fahdel y el espectador: introduce escuetos textos descriptivos sobreimpresos, generalmente para presentarnos la identidad de las personas que vemos -únicas ocasiones en las que se permite asumir la primera persona: "mi hermano", "mi sobrino", "los amigos de mi sobrino"-; en algunos casos especiales, para marcarnos la distancia temporal que nos separa de ellos; y en unos pocos casos, estos textos van a anticiparnos el destino que les espera a las personas que estamos viendo: algunos de ellos van a morir tiempo después, según nos anticipa el texto, cuando todavía los estamos viendo o nos están mirando. Esta concisa y no subrayada tensión entre la contigüidad espacial posibilitada por la cámara y la distancia temporal desde la cual la película se enuncia le da a cada acto cotidiano que presenciamos, los triviales, los plácidos, los lúdicos tanto como los dramáticos, un tono elegíaco. Sabemos como espectadores que ese mundo, esas personas, tienen una existencia frágil, que en un futuro para ellos inminente y para nosotros ya pasado estarán expuestos a la catástrofe. En esas sobrias intervenciones vemos la finitud de ese mundo que la extensa duración y la multitud de detalles que el metraje va acumulando nos hace familiar.


Hay muchas películas sobre -contra- la guerra. En su sencillez estructural, Homeland logra algo más complejo: colocarnos en un punto en el que guerra y paz son indiscernibles. La primera parte muestra a una comunidad que vive su historia bajo un régimen dictatorial, mientras se reconocen los rastros de la guerra anterior (1991), los efectos de las sanciones económicas internacionales que someten al pueblo a condiciones de penuria y se disponen a la llegada de los invasores. El presente transcurre bajo una opresión de la que ellos no pueden hablar. Varias veces veremos a la familia en el living mirando en la televisión escenas de un grotesco culto a la personalidad de Saddam, sin que ellos manifiesten su posición más que por algún gesto casi imperceptible. El tono de esa primera parte, sin embargo, es raramente plácido, porque la comunidad aún bajo la dictadura mantiene vivos sus lazos sociales e históricos. Cada tanto pueden escucharse los ecos de un cántico religioso que atraviesa el espacio. La naturaleza y los animales comparten un mundo habitable.

La invasión propiamente dicha está elidida. Es lo que sucede entre la primera y la segunda parte de la película.

En la segunda parte la irrupción de los tanques norteamericanos moviéndose a toda marcha por las carreteras iraquíes da la sensación de una invasión alienígena. Esos tanques ostentan una energía notoriamente ajena al ritmo del lugar. Ya no se escucharán cánticos religiosos. La alteración del tránsito parece ser el primer efecto visible de la invasión, la destitución de las estatuas y cuadros de Saddam será señalada como al pasar por un leve movimiento de cámara. Pero las dos partes no se oponen como el bien y el mal; ni como el mal y el bien. La caída de Saddam permitirá que el pueblo hable abiertamente contra el dictador, pero también habrá quien señale la hipocresía de todos los que vivieron bajo la dictadura sin decir nada. La llegada de los tanques norteamericanos se vivirá con sentimientos ambivalentes y la progresiva corrosión del tejido social se irá mostrando mediante una acumulación de pequeños detalles. Fahdel evita poner su mirada en función de ningún dispositivo bélico ni propagandístico.

Por eso Homeland no es solo una película sobre Irak, sino sobre el cine y sobre nosotros.

Ese nosotros en ningún caso -ni cuando vemos la abyección racista de Eastwood en American Sniper, ni tampoco al ver Homeland- es una identidad dada de antemano. En cambio, el nosotros se construye en la experiencia, que nunca es una mera observación sino más bien una praxis. También praxis de espectador o crítico cinematográfico. Podemos devenir un “nosotros” al apuntar a través de la mira del fusil de Eastwood  en American Sniper o podemos ver las calles devastadas de Bagdad en su similitud con un suburbio bonaerense. La globalización significa que ningún rincón del mundo está a salvo de quedar en la mira de los fusiles imperiales, si la prensa instala la idea de que en Irak o en Mar del Plata hay armas de destrucción masiva. El cine no refleja simplemente el mundo sino que forma parte del dispositivo bélico. O, por el contrario, encuentra una forma de mirar que no pueda ser usada con fines terroristas. La pantalla de televisión en la que la familia de Haidar observa el derribo de las Torres Gemelas es parte del dispositivo terrorista. Anticipa los tanques que ya van a llegar. Los tanques no podrían haber llegado sin el antecedente de esas imágenes trasmitidas como un espectáculo hacia todos los rincones del globo. De igual forma, películas como American Sniper o Dark Zero Thirty complementan esa disposición perceptiva que intenta hacernos aceptable la invasión. El truco dramatúrgico de Hollywood es presentar matices diferenciales acerca del proceder técnico de “nosotros” en la zona enemiga, siempre que mantengamos al Otro fuera de nuestra projimidad . Homeland nos hace posible construir otro “nosotros”.

El mayor valor de Homeland es que se pregunta de qué forma filmar para que la imagen no sea parte del dispositivo bélico. Lo hace pagando el alto costo de que la película pueda volverse invisible en casi todos los circuitos de exhibición. 

A pesar de mostrarnos a un pueblo en situaciones de extremo peligro, bajo una sangrienta dictadura o sufriendo una invasión igualmente letal, Homeland no abunda en imágenes cruentas. Al contrario, la mayor parte del tiempo lo que vemos es la vida cotidiana, los nacimientos, los juegos, los viajes, las bodas, los oficios, el recuerdo de los muertos. Pero su final imposible de soportar nos dice que el cine no puede reparar lo que está roto en el mundo.

Este domingo 28 de agosto de 2016 a las 19:30 Homeland se proyecta por última vez en el Malba (ver acá).

miércoles, 24 de agosto de 2016

Docentes le responden a Bullrich: "Si no hay paritarias, habrá conflicto"

Hoy paro, clases públicas y acto a las 14:30 frente al Palacio Pizzurno


En conferencia de prensa, representantes de CONADU, CTERA, SADOP y CEA ratificaron la medida de fuerza que afectará a la totalidad de las escuelas y universidades nacionales. Habrá clases públicas en todo el país y un acto a las 14.30 frente al Palacio Pizzurno. “Si no hay paritarias, habrá conflicto”, afirmaron los docentes.

Dirigentes de la Federación Nacional de Docentes Universitarios (CONADU), de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), de la Confederación de Educadores Argentinos (CEA) y del Sindicato Argentino de Docentes Particulares (SADOP) dieron ayer en una conferencia de prensa los detalles de las acciones convocadas para el paro nacional educativo de hoy. Los representantes de los trabajadores de la educación salieron al cruce de las declaraciones del Ministro Bullrich respecto de la negativa del gobierno nacional a reabrir la Paritaria Docente.

CONADU armará un acto frente al Ministerio de Educación y Deportes de la Nación para visibilizar el reclamo de reapertura de paritarias y la denuncia por la paralización de los programas de desarrollo universitario y el fallo que declara inconstitucional el ingreso irrestricto en la Universidad de La Matanza. La cita es a las 14.30 horas en el Palacio Sarmiento, Pizzurno 935 – CABA.

Sigue el ajuste en las Universidades Nacionales

Segundo Informe sobre Presupuesto Universitario (Hacer click aquí para leerlo)

El informe señala el virtual desmantelamiento de los Programas de Desarrollo de la Universidad Pública: estando en junio sólo se ejecutó un 0, 007%. Esto afecta el fomento en la formación en áreas clave, como Ingeniería, Arquitectura y Humanidades. También están congeladas las políticas de inclusión universitarias, afectando a unos 150 mil estudiantes de todo el país. Para discutir la cuestión salarial y también estos temas, la CONADU junto a CTERA van a un PARO NACIONAL EDUCATIVO el próximo 24 de agosto.

Sigue el ajuste en las Universidades Nacionales. Así lo demuestra el Segundo Informe sobre Presupuesto Universitario, preparado por la CONADU a través de su Instituto de Estudios y Capacitación (IEC). El informe continúa con lo señalado en el Primer Informe de mayo, que mostraba la sub-ejecución presupuestaria. Este Segundo Informe avanza en un análisis político y cualitativo de la ejecución del presupuesto universitario en el primer semestre de 2016. Entre otros puntos se destaca un desfinanciamiento selectivo en las universidades públicas a través de la virtual paralización de los programas de Desarrollo Universitario.

Los datos actualizados al 31 de julio señalan un nivel de ejecución presupuestario normal debido, fundamentalmente, a la transferencia de fondos para el pago de salarios y de gastos corrientes –que representan aproximadamente el 90% del presupuesto–. Sin embargo, hilando fino se advierte que el alto incremento en los costos de servicios provocó la sub-ejecución de las transferencias correspondientes a programas y proyectos de desarrollo fundamentales para asegurar el derecho a la educación superior y para sustentar actividades que constituyen a la universidad como un bien social a través de su capacidad de producir conocimiento y democratizar su apropiación.

Así, de los $27.113,8 millones invertidos durante el semestre por la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU) del Ministerio de Educación en la función educación y cultura, solamente $1,9 millón fue destinado a los programas de Desarrollo Universitario.

En otras palabras, solo el 0,007% de las erogaciones realizadas se destinó a mejorar carreras de Humanidades, de Ingeniería, de Medicina y de Informática, entre otras; a sostener el programa de Voluntariado ─que vincula la actividad universitaria con el territorio─; los variados programas de inclusión y de desarrollo de señales audiovisuales universitarias, y los programas orientados a mejorar las condiciones del ejercicio del trabajo docente ─unificación de cargos y finalización de tesis de posgrado–.

Según el informe: “En la sub-ejecución de las partidas previstas en el año 2015 para el desarrollo de la actividad universitaria en el período 2016, encontramos indicios preocupantes y significativos. La sub-ejecución se concentra principalmente en el área presupuestaria destinada a los convenios, programas y proyectos a través de los cuales las universidades públicas llevan a cabo acciones relacionadas con (a) la responsabilidad estatal de garantizar el derecho a la educación superior, (b) el desarrollo de políticas públicas en diversas áreas de la acción estatal, y (c) el desarrollo, fortalecimiento y expansión del sistema”.

La inclusión universitaria en jaque

La sub-ejecución, además, afecta muy especialmente el derecho a acceder a la educación superior. Sobre todo para aquellos estudiantes procedentes de familias de menores recursos que necesitan del Estado para poder ejercer ese derecho. Concretamente, en 2015 alrededor de 150.000 estudiantes recibían ayuda a través de los programas de Desarrollo Universitario.

En la actualidad fueron recortados: el Programa de Becas Bicentenario; el Programa Nacional de Becas Universitarias ─enlace con el Programa FINES para la terminación de estudios secundarios─; PROGRESAR; programas de accesibilidad edilicia y de entrega de computadoras para estudiantes con necesidades especiales; programas para la construcción y sostenimiento de comedores y residencias; programas para el estímulo de la actividad deportiva; y programas para promover la igualdad de género.

Completa este cuadro la paralización de todas las actividades ligadas a la puesta en marcha de universidades y carreras de reciente creación y de nuevos colegios secundarios dependientes de las universidades nacionales, promovidos en el período anterior con la finalidad de ampliar y democratizar las oportunidades de acceso a la educación superior.

El primer documento difundido (hacer click aquí para acceder) durante el mes de junio comparaba el nivel de actividad de la SPU de los primeros meses del año con lo realizado en el mismo periodo del año pasado, y preanunciaba transformaciones contrarias al fortalecimiento de un proyecto democrático en y para nuestras universidades. Este segundo informe sostiene las mismas conclusiones con el agregado de que, con el paso de los meses, aquellas tendencias provisorias se van convirtiendo en rasgos definitivos que caracterizan a la actual administración.

La situación implica un corte abrupto en el proceso que en la década pasada impulsó el desarrollo y transformación del sistema universitario público, guiado por el principio de que la educación superior es un derecho fundamental que debe ser asegurado por el Estado, y por la comprensión de que las universidades están llamadas a desempeñar un rol decisivo en la resolución de los problemas que plantea la democratización de la sociedad en todos sus órdenes.

martes, 23 de agosto de 2016

El 9,3% de desempleo también se lo debemos a los burócratas que le dan tiempo a macri



Hoy a la mañana en Plaza de Mayo, colas de gente para recibir de los productores rurales algunas peras gratis


Jorge Todesca, titular del Indec, informó hoy el índice de desocupación de la era macrista: 9,3 % al final del segundo trimestre. 1.165.000 personas sin empleo.

Las últimas cifras conocidas del gobierno de Cristina: 6,6 % en el segundo trimestre de 2015, 5,9 %o en el tercer trimestre.

Dice Arnaldo Bocco:

"Sube el desempleo abierto y la subocupación. El aumento con relación al año 2015 era el esperado, al menos para muchos de nosotros que venimos señalando que la macroeconomía le iba a jugar en contra el gobierno de Cambiemos por el enfoque ciertamente contrario a los realizado en los 12 años anteriores.

"No va a ser un almuerzo gratis. Si se devalúa, se retiran las retenciones, se aumenta el endeudamiento, se baja la protección industrial y se aumentan las importaciones, si adicionalmente se suben las tasas de interés y la inflación sigue subiendo y los salarios reales bajando, el mercado se achica y la producción industrial también se desploma. Especialmente en los sectores intensivos en el uso de trabajo y dependientes de ese comportamiento en el mercado interno.

"9.3 es una tasa amenazante, una tasa muy alta. Significa desaceleración, caída de la demanda, desocupación abierta en expansión, ajuste y expectativas negativas por la desindustrialización que avanza.

"9.3 es un dato que preanuncia que tampoco será gratis la cena si el almuerzo fue caro para el Gobierno de Macri. En los grandes centros urbanos el desempleo llega a 11% y más, especialmente por la retracción de la actividad industrial y las producciones locales que no encuentran ni mercado interno ni mercado de exportaciones.

"Si crece el desempleo abierto y crece el subempleo, y además si hay mas gente buscando trabajo, es porque las condiciones de empleabilidad son frágiles, pero, y más visiblemente, porque los salarios reales son menores.

"Es un día de malas noticias para quienes miran si el desempleo presagia días difíciles.

"En efecto, no era de esperar otra cosa..."

Digo yo: El 9,3% de desempleo también se lo debemos a los prudentes compañeros Moyano, Barrionuevo y Caló, que le dieron tiempo al macrismo para que aprenda a gobernar. Sólo que el macrismo no es que fue aprendiendo, sino que inmediatamente dispuso las políticas que conducen a esta desocupación. No hubo errores, no hubo ensayos: fue una política precisa y eficaz.

La clase que hoy gobierna tiene claridad para definir su estrategia y para aplicar los instrumentos para lograrla. Pero las cúpulas sindicales ¿a qué estrategia responden? ¿Qué significa escuchar en boca de la cúpula sindical reunificada que se tienen que tomar tiempo para analizar la situación y los pasos a seguir? ¿Que no tienen estrategia, o que la tienen y no se la pueden explicar a sus bases? ¿Qué significa escuchar en boca de un burócrata: "si le va bien a macri, nos va bien a todos"? ¿qué porcentaje de estupidez. de maldad o de traición tiene al decir eso?

¿No se dio cuenta un burócrata que está desde hace 40 años engordando la panza en el sillón de un sindicato, que hace décadas que no trabaja, que esta política tiende a diezmar su base social?

¿La "nueva" CGT de Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña está esperando llegar al 10% de desempleo, al 15%, para decir "tendríamos que hacer algo"?

Raro que un tipo con 40 años en su cargo no sepa advertir el sesgo de estas medidas económicas. Capaz que lo sabe y está dejando hacer. ¿Cuál sería su estratega?

Vale la pena escuchar las palabras del secretario general de La Bancaria, Sergio Palazzo, al retirarse ayer de la autoconsagración del triunvirato burócrata.



"Mientras discutimos algunas cosas los dirigentes, el gobierno generó más desempleo, generó una inflación de más del 40%, generó más concentración de la economía. Y nosotros seguimos en un debate de cuánto tiempo le vamos a dar al gobierno. Sostenemos desde este espacio que el congreso tiene que tratar un paro nacional de 24 horas, que no puede pasar del mes de septiembre. Esta CGT tiene que tener un programa. A este gobierno no hay que darle un minuto más de tiempo. Cada minuto que se pierde es un trabajador en la calle, es un salario menos, una familia más con problemas".

Cuando al final de la reunión le preguntaron a Héctor Daer por el discurso de Palazzo, dijo "es un grupito que se retiró porque querían más cargos".