domingo, 1 de junio de 2008

Leonera y los grandes hitos



Por Oscar A. Cuervo

Leonera, la nueva película de Pablo Trapero, vuelve a producir un extraño fenómeno digno de análisis: la crítica local monta en una especie de éxtasis celebratorio en el que cada elogio debe ser más descabellado que los anteriores. Se trata de películas que hacen un corte en la historia del cine argentino, densas en indicaciones sobre lo que se deja atrás y lo que vendrá; obras que dividen aguas, a las que los críticos esgrimen como argumentos contra otras películas, las réprobas, aquellas que funcionan como contra-ejemplos: lo que el cine ya no debe hacer.

Hace unos años había sucedido que por la misma época se estrenaron La niña santa de Lucrecia Martel y Los guantes mágicos de Martín Rejtman. Una revista especializada editorializó anunciando que se ponía la camiseta de Rejtman contra Martel: decretaron que la de Rejtman representaba el nacimiento de "la nueva comedia argentina", que ahora lo que hacía falta era hacer comedias y otras películas de género, y en cambio Lucrecia Martel era el exponente de un cine "demasiado cerebral", una cineasta que se excedía en el control minucioso de los personajes, a los que no les dejaba espacio para desarrollarse líbremente. Esta última afirmación carece por completo de sentido, no hay manera de ponerla en cuestión: ¿qué significa exactamente que un cineasta le deja libertad a sus personajes? ¿qué elementos concretos en una película podrían usarse para demostrar que el cineasta sí dejó que el personaje se desarrollara líbremente? Por lo general, los autores de este tipo de arbitrariedades no se sienten en la necesidad de fundar sus afirmaciones en una base empírica, sólo les basta con apelar a una retórica para persuadir a otros colegas predispuestos a darse la razón mutuamente. Y así se generan consensos súbitos. El conjunto de los críticos es más bien pequeño y las deliberaciones que producen estos díctámenes suelen resolverse en unas pocas horas.

La incontrastable distinción entre los films de puesta en escena "controlada" (lo que para estos críticos es lo correcto) y los "calculados con frialdad" (lo que para ellos está mal) vuelve a ponerse en juego en la recepción de Leonera. Dice Porta Fouz en El Amante 192: "En Leonera, los momentos de mayor intensidad no solamente funcionan sino que son los mejores. Y funcionan desde las entrañas, desde la potencia aluvional que Trapero y su equipo logran con un cine evidentemente planificado pero no calculado con frialdad". No acierto a comprender qué significa que un film funcione desde las entrañas, más allá de la obvia oposición"entrañas/cálculo cerebral". El funcionamiento desde las entrañas me suena al tránsito intestinal, pero la verdad no sé si Porta Fouz se refiere a algo así. Me huele qué es lo que se esconde detrás de los párpados caídos con que se pronuncia la frase "pero no calculado con frialdad": habrá que esperar hasta el número de agosto de El Amante y leer el comentario acerca de La mujer sin cabeza, ya que todos nosotros sabemos que Martel calcula sus films con frialdad.

Lo que puedo encontrar en el film de Trapero asociable a esta intensidad salida de las entrañas es el tono gritado de las actuaciones: obvio, en una cárcel de mujeres hay que gritar mucho. Otro rasgo intenso: los primerísimos planos filmados con cámara en mano en los que precisamente las actrices gritan, berrean, putean, etc. (todas conductas muy intensas). Tanta intensidad (uf) permite asociar a Trapero con Leonardo Favio, quien por estos meses goza de la consideración de nuestros críticos: "Trapero, como Favio, es ahora un director de orquesta ... [son] directores que quieren, pueden y están orgullosos de hacer un cine con y de sangre sudor y lágrimas" redondea el concepto Porta Fouz.

Pero la película nos ha gustado tanto que no vamos a contentarnos con comparar a Trapero con Favio: pongámoslo cerca de Carl T. Dreyer y Roberto Rosellini, como hace Diego Brodersen en Otros Cines. Y ya que estamos, digamos algo de la actriz protagónica, Martina Gusmán (mujer de Trapero y productora ejecutiva del film). Quintín vio Leonera antes de que compitiera en Cannes y se hizo a la idea de "que Martina se iba a ganar el premio a la mejor actriz en Cannes", cosa que a partir de ese momento muchos críticos empezaron a repetir, sin que, por supuesto, ninguno de ellos hubiera visto otras películas con las que Leonera competiría. Pero ese vaticinio es aún poca cosa (finalmente Gusmán no ganó nada), así que pongámonos a pensar en el lugar que ocupará esta actuación en la historia del cine: "el trabajo de Martina Gusmán, quien se carga sobre los hombros gran parte de la potencia dramática de la película, está a la altura de la Maria Falconetti de La pasión de Juana de Arco, la Anna Magnani de El milagro o la Ingrid Bergman de Europa ‘51". Esta extraordinaria sentencia también fue emitida por Brodersen en Otros Cines. Así que ya saben.

Y bien: ¿qué pasa con Leonera? Que quizá estos desbordes le hagan más mal que bien a una película que compite con éxito con cualquier capítulo de Mujeres Asesinas, dado que su factura está mejor terminada que la del programa de Polka, con el que comparte cierta apelación a las simpatías que nos despiertan las mujeres en posiciones de víctimas. El personaje que encarna Martina Gusmán es una chica enredada confusamente en el homicidio de su novio, lo que la lleva a la cárcel. No se sabe si ella lo mató, pero sí que el occiso había abusado de su confianza al llevar al depto. (de ella) el novio (de él). Además, la chica entra a la cárcel embarazada y cría a su hijo en el encierro, hasta que se lo quitan: ¿puede encontrarse a una víctima más digna de nuestras simpatías? Agreguémosle a esto que la que emprenderá su defensa será una mujer... inválida. ¿Cómo no desear el resarcimiento de sectores tan postergados, aún cuando no sepamos si acaso ella mató al novio gay? Todo se presta a la intensidad, los llantos, el movimiento visceral, las efusiones sanguíneas, sudoríparas y lacrimales.

La película, co-producida por Walter Salles, cuenta con la participación algo inexplicable de un personaje brasileño representado por Rodrigo Santoro, ese buen mozo de la serie Lost. Estas aportaciones tampoco deben pensarse como fríos cálculos, sino más bien como efusiones de una intensa visceralidad co-productiva. La fotografía es suntuosa y combina con buen gusto los tonos cálidos y los fríos. Martina Gusmán es rubia y delgada, y su silueta se destaca nítidamente entre las otras presas, morochitas, gordas y feas, entre las cuales Trapero aclara que hay presidiarias reales. Todo termina bien, con el fondo de una canción que Pity Alvarez canta acompañado por un coro de niños; la canción habla de la inocencia.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

No la ví y muchas ganas no tengo. Pero tendría que hacerlo porque , por lo que vengo leyendo, me recuerda peligrosamente a alguien que hacía "lindas" películas de carceles de mujeres, auqnue ésta será con mayores recursos técnicos, espero.E.cARRERAS.
En cuanto a los "formadores de opinión", persisten en su meta de su libro NUEVO CINE ARGENTINO.(2002) Pero el tiempo pasó y sólo algunos han sobrevivido: Son lisandro y martel. martha

Anónimo dijo...

por una vez en la vida, estoy totalmente de acuerdo con vos. Vi la película y no me pareció mala para nada,está bastante bien hecha,pero no tiene nada que justifique el coro de alabanzas que ha recibido.
Saludos

julieta eme dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
julieta eme dijo...

hola oscar: ayer, sábado, fuimos con erica a ver la película.

comparto muchas de tus opiniones. sólo te diría una cosa.

vos decís: "El personaje que encarna Martina Gusmán es una chica enredada confusamente en el homicidio de su novio, lo que la lleva a la cárcel. No se sabe si ella lo mató, pero sí que el occiso había abusado de su confianza al llevar al depto. (de ella) el novio (de él)".

como decíamos con erica, eso es lo que el abogado de ella le dice que diga. pero en verdad parece que ella se estaba acostando con los dos, ya que el brasilero (muy lindo tipo por cierto) le pregunta si sabe de quién es el hijo. ahí hubo un triángulo amoroso... y uno se murió y no se sabe bien quién lo mató...

creo que la actuación de la actriz principal es la peor de todas. me gusta mucho más cómo actúan las otras presas, sean actrices o presas reales. ella (la actriz principal) pone siempre esa voz como forzada, como de "ay sí estoy re deprimida de estar acá y no puedo cree lo que me está pasando"... o algo así... pero no me gustó para nada el tono... es una película que sirve como una excelente excusa para pensar un problema grave: el de las mujeres presas que deben criar a sus hijos en la cárcel. creo que este problema en sí es mucho más interesante que la película que en verdad no es gran cosa. a mí no me emocionó mucho. la primera vez que me emocionó fue cuando las mamás llevan a los chicos al jardín. pero ahí ponen música para esa escena (creo que por primera vez en toda la película). y entonces me di cuenta de que lo que me emocionaba era la música y no las imágenes. sí, todo lo que pasa es de no creer. y lo terrible es que pasa en serio. pero la película, como película, no me pareció interesante. creo que un documental sobre el mismo tema (mujeres presas que deben criar a sus hijos en la cárcel) hubiera sido mucho más interesante.

bueno, creo que me excedí. corregime en lo que sea.

besos. julieta.

Oscar Cuervo dijo...

Eaomonn:
bueno, me alegro de que hayamos llegado a coincidir en algo
saludos

Anónimo dijo...

Bien, Oscar, seguís siendo casi el único que se fija en los mecanismos de la crítica, muy interesante tu reflexión, más allá de que me parece que sos un poquito injusto con la película de Trapero, pero vos mismo lo decís, el coro de descerebrados te lleva a desconfiar y termina haciéndole mal a la película.
Lucio Villegas

Oscar Cuervo dijo...

Lucio:
yo trato de ser justo con la película y, más allá de una factura acorde con la producción de Walter Salles y de un tema (cárcel de mujeres, país subdesarrollado, perspectiva de género, lúmpenes) que apunta a ser vendido en el primer mundo, no le encuentro méritos demasiado notables. Creo que la tv ya filma productos como este con realtiva solvencia (aunque lo de la comparación con Polka suene a gastada).
El fenómeno que a mí me parece impresionante no es Leonera, sino lo que dicen los c´riticos: esa sí es una película que te hace reir y llorar, como las de Sandrini.
saludos

awka dijo...

vi la peli y como estudioso del tema que muestra la película coincido 100% con Julieta.
Gracias Oscar por ayudar a pensar.