domingo, 21 de noviembre de 2010

Poetry

Gran película de Lee Chang-dong en Mar del Plata



por José Miccio

Poetry es una de esas películas que no deberían contarse. Es tan sospechoso su argumento y tiene tantas secuencias al borde del ridículo que su triunfo es en verdad admirable. Lee Chang-dong hace un cine de alto riesgo, desmesurado, dramáticamente denso. Con Green fish y Peppermint candy, sus primeras películas, narró la corrupción social de los sueños juveniles; con su extraordinario melodrama Oasis levantó la apuesta y contó la primera de sus historias imposibles: el amor entre un retrasado mental y una cuadripléjica en una Corea aberrante. Si Hong Sang-soo era entonces, a la altura de Turning gate, la modernidad autoasumida, Lee parecía dispuesto a refundar un cine olvidado, conmovedor y político, narrativamente desacomplejado, ajeno a las concesiones de la masividad y el gueto. En un momento fundamental de Oasis, el protagonista persigue en su moto de reparto el camión donde se prepara la filmación de una escena de película glamorosa, con personajes bellos y probablemente ricos, enamorados sin dolor. Lo que está por registrarse en el estudio móvil y nuestro tonto interrumpe es la contracara exacta de lo que propone Lee: un cine asido al pulso del presente y de la historia, sentimentalmente ardoroso, atento a las relaciones sociales y la distribución urbana de las clases. Cinco años después de Oasis, Lee filmó Secret sunshine, una historia sobre la pérdida y el perdón que lo mostraba más calmo. Los grandes planos abiertos, con los límites del cuadro siempre en recomposición, cedían lugar a una puesta más contenida y al aumento consecuente del juego de plano y contraplano. La escena decisiva de la película se resolvía así, justamente, con un intercambio entre la madre y el asesino de su hijo filmado de manera clásica y notable. Después de dos largometrajes protagonizados por varones y un tercero concentrado en una pareja, Secret sunshine ponía por primera vez en el cine de Lee a una mujer en primer plano. Poetry continúa y supera largamente ese comienzo, estimable pero algo debilucho.

Lee toma a sus personajes en momentos de emoción alta. Green fish y Oasis comienzan con un viaje en tren: sus dos protagonistas retornan a casa luego de ausencias prolongadas (uno vuelve del servicio militar; el otro de la cárcel). Lo que encuentran no es la calma del hogar sino los efectos de una modificación socioeconómica. En un caso, el empobrecimiento ha debilitado los lazos de la familia y ha llevado a sus integrantes a la desazón o el margen laboral; en el otro, un ascenso social mediano pero ideológicamente decisivo la ha sometido definitivamente al decoro y a las pequeñas comodidades. El protagonista de Green fish trata de reunir lo separado; el de Oasis se separa de lo falsamente unido. Peppermint candy es más abarcadora. Narrada en bloques cronológicamente invertidos, la película busca en veinte años de historia surcoreana las causas del suicidio de su protagonista. Poderosa pero sensible a los problemas propios de las historias de caso, ésta, la segunda película de Lee, tiene un protagonista que pasa de joven soñador a obrero, de obrero a soldado, de soldado a policía y de policía a empresario. Su plano señero es una mano llena de mierda de torturado, momento límite que separa para siempre la inocencia - o su posibilidad - de la podredumbre. También la protagonista de Secret sunshine está en tránsito: la película comienza con su llegada al pueblo natal de su esposo muerto, donde proyecta criar a su hijo y vivir dando clases de piano. En Poetry, por último, el movimiento es mental: el umbral no es un regreso o una mudanza sino el Alzheimer.


Este es, básicamente, el argumento de Poetry. Mija –Yoon Jeong-hee: fabulosa- tiene 66 años, trabaja para un hombre discapacitado y mantiene a su nieto adolescente. Es una típica mujer sacrificada, humilde y coqueta. En los primeros minutos de la película descubre su enfermedad y se anota en un curso de poesía. Justamente cuando olvida palabras decide escribir, y justamente cuando su mente empieza a fallar debe enfrentar un drama de conciencia. Mija se entera de que su nieto violaba junto con cinco compañeros de clase a la chica que se suicidó unos días antes y participa de la reunión en la que los padres de los pibes deciden compensar la pérdida con dinero, a fin de cuentas la madre de la muerta es una mujer pobre y ellos personas respetables. Este es el núcleo dramático de Poetry. Lee se toma 140 minutos para desarrollarlo de a poco, abrirlo y concentrarlo. La trabajosa preparación del poema y el no menos difícil camino hacia la decisión sobre lo que es correcto hacer avanzan en simultáneo y se determinan mutuamente. Mija mira una manzana y unas flores en busca de las notas recubiertas por la costumbre; a la vez, enfrenta una situación que desprende todas las miserias de una moral dominante que desconoce la compasión y sacrifica todo al interés. Un lenguaje nuevo, una conciencia extrañada: en esto Poetry es enorme.

Al igual que en Oasis, Lee incluye una escena como manifiesto, perfectamente coherente con la anterior. Si antes señalaba la búsqueda de una representación social alternativa a la del glamour, esta vez determina con claridad los objetivos de su cine. El escritor que dicta el curso para aficionados – y que representa la posición del director - explica que para hacer poesía lo fundamental es mirar con atención las cosas y las relaciones cotidianas, como por primera vez. La exposición del docente es algo pueril y recuerda lo difícil que le ha resultado siempre al cine filmar la pedagogía. Pero lo notable es que la fuerza de la idea no radica en el acto de decirla sino en el arduo camino que la protagonista emprende para acceder a ella por sí misma. La vemos frente a la manzana, frente a las flores, esforzándose por descubrirlas. No podría hacerlo si no tuviera que lidiar también con la situación de su nieto, y no podría enfrentar esta situación por fuera de los mandatos sociales y familiares si no buscara las palabras justas que la poesía exige.

Conviene detenerse un poco más en esto. El arte – sugiere el profesor - es esa praxis que desfamiliariza. Lo decían, por ejemplo, los formalistas rusos y Brecht, con quien Lee no tiene relación estrecha. Su cine no trabaja con técnicas de distanciamiento sino por sobrecarga emocional. Por decirlo pronto y tal vez mal: es, sobre todo en Oasis, Fassbinder menos Brecht: melodrama crítico e hipérbole. Se trata de un proyecto delicado, sin dudas, y decididamente inestable. De pretensiones altísimas, además. No se nota a Lee dispuesto a conformarse con hacer buenas películas; parece estar en busca de un grial que muchos creen inexistente: la forma adecuada para un cine popular y propio del siglo XXI. Por eso mira hacia dos lugares a la vez. Poetry se llama así pero es cine de prosa: toma de un lado la exigencia de mirar de nuevo y del otro la voluntad de contacto. Es como si Lee pensara: el problema de una historia que concluye con firmeza es que nos libera de sus fantasmas; el de una que se relaja con premura, hasta desaparecer como tal o denegarse, es tal vez más aciago: nos deja libres porque nunca nos tuvo. Cuánta confianza hay que tener en las potencias del cine para enfrentar este desequilibrio, y cuánto coraje para no quitarle el cuerpo a unas preguntas demasiado complicadas: ¿cómo hacer para que la narración sea empática y no se rinda toda a la plenitud de la catarsis? O de otro modo: ¿cómo llorar críticamente?

Poetry carga sobre un personaje débil el derrumbe sentimental, social y lingüístico del mundo y convierte su último itinerario en un canto de su fortaleza. Es por ello conmovedora. Tiene además el arrojo que le falta a la mayor parte del cine actual, tan apegado a la elegancia media, la tentación del púlpito, la desobediencia frívola y la tacañería sentimental. El ridículo acecha varias de sus secuencias y la falta de matices en algunos personajes secundarios la debilita a veces. El grupo de padres representa el sostén de los valores que la película impugna y su lisura es necesaria para que Mija haga con la sociedad lo que hace con la poesía. En cambio, el nieto apegado a la radio, la televisión y el teléfono celular, indolente hasta la caricatura, es el mayor escollo dramático, tal vez el único punto ciego. Pero la inteligencia de Lee consiste en desprender de esos monolitos matices y matices para su protagonista: mientras ellos se reiteran escena tras escena, Mija se vuelve más y más vibrante. Su encuentro con la madre de la chica muerta es un momento que justifica por sí mismo la existencia del cine, y no hay enumeración de faltas que contesten semejante logro. Las grandes películas tienen la virtud de sacudir la medianía y denunciar el tributo que los seguros rinden a una perfección mustia. Poetry es una gran película.

5 comentarios:

Liliana dijo...

"Las grandes películas tienen la virtud de sacudir la medianía y denunciar el tributo que los seguros rinden a una perfección mustia. Poetry es una gran película."

No vi la película, pero el remate de la nota me pareció muy bueno.

Martha dijo...

Realmente José, no sé cómo será la película,. No la ví, pero si te despertó una serie de reflexiones tan bellas e interesantes, como las que acabo de leer, te aseguro que no voy a dejar de verla...si es que tenemos suerte y la proyectan. Martha

jose dijo...

Gracias Liliana, gracias Martha. Seguro la van a poder ver en el Bafici. No van a ser tan pavos de evitarla para no reiterar.

nastenka dijo...

YA ESTÁ. Título: poetry, autor: lee kang sheng. ES PARA MÍ.

nastenka dijo...

UY.... Era Dong... Casi.