martes, 28 de junio de 2022

A Alberto le creímos cuando fue a visitar a Milagro Sala

 

No debemos olvidar que Alberto Fernández comenzó su regreso al kirchnerismo yendo a visitar a Milagro. En ese momento le "garpaba" ocuparse de ella. En los años anteriores se había dedicado a acusar a Cristina de matar a Nisman y a armarle listas con el Evítala para arañarle 3 puntitos y permitir que ganara el macrismo. El interés de AF por Milagro se terminó cuando llegó a la presidencia con nuestros votos. Todas las declaraciones sobre terminar con el lawfare quedaron olvidadas y el carcelero de Milagro se convirtió en "el amigo Gerardo", quien en estos últimos días preparaba llevar de nuevo a Milagro a la cárcel. Hoy garpa tener a Morales de aliado y dejar que la vida de Milagro se extinga. Fernández tiene los recursos legales para desarticular el castigo infinito al que el establishment argentino somete a una de las más grandes luchadoras populares de nuestra historia. El ensañamiento con ella no es solo personal sino una advertencia a todas las luchadoras populares que se propusieran conquistar la dignidad de su condición. Es la imposición del Ingenio Ledesma contra las negras luchadoras. Esa dimensión simbólica engrandece aún más el agravio que se hace contra ella. Es un castigo pedagógico contra el pueblo, las mujeres, las pobres, las constructoras, las dignas. Alberto Fernández no conoce nada de eso. A él le preocupa que una decisión suya habilitada por la Constitución pueda ocasionar una tapa en contra de Clarín o un cacerolazo en Recoleta. En este cuadro también estamos nosotros, que le creímos cuando fue a visitar a Milagro y por eso, entre otras pocas cosas, lo votamos. Morales, Milagro, Fernández y nosotros. ¿Qué hacemos?