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sábado, 26 de octubre de 2013

Por qué soy kirchnerista



Dice Hank Soriano:

"..A mí también, te cuento, me enoja cuando veo cosas horribles. A mí no me gusta el Papa, y mucha gente se enojó dentro del kirchnerismo conmigo. Pero igual no me gusta. A mí no me gusta que ningún funcionario gane cuarenta lucas al mes, me parece obsceno y horrible. Y lo que ganan eso son todos los funcionarios de todos los partidos políticos, no solamente nosotros. Tampoco me gusta que en la esquina de mi casa haya un pozo, que se inunden los lugares que se inundan, sean en Belgrano o en la palangana, en La Matanza. Me da asco que todo eso pase. No me gusta ni de lejos la idea de bajar la edad de imputabilidad y también me da mucha bronca cuando la guita se gasta en cosas que podrían hacerse con menos guita. Tampoco me gusta que el Jefe del Ejército sea un tipo que al menos desde lejos, estuvo durante el Proceso. No me gusta y me resulta injustificable.

"¿Y sabés qué? Yo digo esto, aun laburando en Jefatura de Gabinete, y sé concretamente que nadie me va ni a apretar las bolas, ni a echar, ni a decir nada de nada, porque en este país, cualquiera puede decir cualquier cosa, cualquiera puede ofender, difamar, mentir, decir las cosas más absurdas, también lo bueno y la libertad es tal, que nadie toma represalias. NUNCA. A mí jamás me dijo nadie que diga algo que no quiero decir. Jamás. Y todo lo que digo acá, sobre las cosas que no me gustan, las digo en cualquier lado, las digo en el momento oportuno, las digo a veces con malas palabras, y a veces me arrepiento del tono pero nunca de lo que digo.

"Y lo que digo que me gusta no lo digo porque alguien me pague por decirlo...."


Este es un fragmento de un texto más largo que Hank me dio a leer la otra noche y le pedí para publicarlo en el blog Un Largo, ahí lo pueden leer completo.

Me interesa no porque suscriba cada palabra que dice. No hace falta estar de acuerdo en todo. Lo que me interesa en realidad es su decisión de mostrar desde dónde habla, cómo milita, para qué vive y de qué vive. El valor está en darle carnadura a la posición militante. Porque se habla demasiado de militancia hoy en día y muchas veces se usa la palabra como si todos entendieran lo mismo. Y para colmo hay un intento, desde la derecha y también desde esa posición desclasada del resentimiento, el reviente y el lumpenaje burgués, de demonizar la militancia, de connotarla de las peores cosas que se puedan atribuir a una vida. Desde los programas de televisión cualunquistas y desde blogs arrepentidos o chantajistas y desde los call centers hay un intento de burlarse de la militancia, de ridiculizarla, de asociarla a la violencia, la corrupción, la irreflexión, la impostura o la obsecuencia.

Está clarísimo que lo que más molesta del kirchnerismo no son las cosas que se hacen más o menos mal, o que Cristina hable mucho, o que tenga mucho dinero o que tenga un tono de directora de escuela al hablar. La revulsión que el kirchnerismo despierta no se basa en sus límites, sus componentes criticables, su reformismo tímido o su tendencia a achancharse: límites, cosas criticables y achanchamiento han tenido todos los gobiernos. Lo insoportable del kirchnerismo, como época, como marca, como recuperación, no son sus limites sino su proyección: es la militancia.

El kirchnerismo no inventó la militancia pero la recuperó para la época. La noción de que hay tareas que se comparten, peleas que dar, ideas por las que apasionarse, la certeza de que si no hacés política alguien hace tu política, es decir: te la arrebata. Hay tipos que no soportan tener que asumir su posición política, que quisieran despertarse un día y ver que la vuelta de la militancia fue un mal sueño y que en realidad cada uno está en su pequeña vidita de consumos y su melacolía cómoda y su egoísmo obstinado y paranoico. Hay tipos y tipas que no soportan que en este momento haya grupos que se juntan a militar;  desean que la militancia vuelva a salir de la escena, que se recluya en un costado enojado e irrelevante, que pretenda todo y haga nada. Si la militancia renunciara a llegar al poder y volviera a ser una posición sencilla y testimonial, estos tipos reventados suspirarían aliviados.

Lo bueno del texto de Hank es que muestra con franqueza dónde está: quién es, quién era, qué pretende ser, cuánto le falta. No la "idea" de la militancia, sino la práctica cotidiana de un militante. Alguien que no necesita idealizar el proyecto que apoya, que es capaz de contarle los huesos a ese perro flaco. Que se da cuenta de que en el kirchnerismo hay problemas pero no usa eso como excusa para apartarse o hacer una mueca de cancherismo.

Se da cuenta de que hay problemas y eso lo lleva a implicarse, a meterse en lugares más incómodos. Ese anhelo de incomodidad es una grieta por donde la luz entra.

Y mientras la grieta exista no habrá descanso ni calma.

El texto completo de Hank, "Te lo juro, hermano" lo pueden leer clickeando acá.

1 comentario:

Alberto Martinez dijo...

Odian a los MILITARES, pero se juntan a "MILITAR". Deberían re-ver su discurso!!!