Foto: Nadia Albarracin


viernes, 25 de octubre de 2013

Unas patas como anclas que son invisibles agarradas con tornillos firmes son las que hacen que no pueda irme


Siempre me digo voy a irme de casa y no puedo
siempre la idea de ir al campo, el oeste y un tero, pero
va pasando el tiempo y no me muevo
sigo atormentada por el yerro.

Sé que el día en que decida partir seré libre
pero unas patas como anclas que son invisibles
agarradas con tornillos firmes
son las que hacen que no pueda irme.

Sin guía, no:
si no hay guía no
no puedo soltar las garras
sin guía, no
si no hay guía no
no hay fuerza que pueda soltarlas
sin guía, no
si no hay guía no
no puedo levar las anclas
sin guía, no
si no hay guía no
no puedo con esta labor.

Sin dudar, sin demora
sin dudar, sin memoria
sin dudar, como ahora
sin dudar, abandono.

¿Cuándo va a venir el día?
¿Cuándo va a llegar?
¿Cuándo va a venir el día?
¿Cuándo va a llegar?

¡Ah, qué miedo, todavía!
Pero el día ya va a llegar
veo que esto se termina
y que un día me voy a cagar.


Juana Molina, la más brillante discípula de Eduardo Mateo, como él, nunca dejó de hacer humor. Siempre nos llaman la atención las sonoridades que logra, tan lejos de la rutina auditiva del pop industrial y de la música de cualquier género. Sus letras muchas veces parecen parte de la sonoridad instrumental, cacofonías o nonsenses. Pero si aguzás el oído te vas a dar cuenta de que Juana no deja de hacer humor con sus traumas. Fijate la sintaxis de la segunda estrofa: pura exactitud del sentido, del sonido y del ritmo. Y también un chiste.

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