viernes, 3 de enero de 2014

Félix


Hace pocos días leí este hermoso relato en el facebook de Andrés Di Tella y pedí su autorización para publicarlo acá:

Una noche de navidad, hace tres años, se murió Félix. Quieras que no, un mojón en nuestras vidas. Al año de su partida, lo recordé así:

Hace un año exactamente, en la madrugada del 25 de diciembre, mi hijo R fue al baño y se encontró con el perro recostado en una posición rara. "Andá a fijarte, creo que Félix está muerto". Felix, un labrador que ya había cumplido 15 años y que por lo tanto estaba con una pata del otro lado, murió en su ley. Se había dado un atracón, limpiando platos de la cena navideña en casa, y no le aguantó el cuerpo. La muerte de Félix fue un momento horrible pero también trajo una especie un alivio. Ya empezaba a padecer los achaques de la edad y, por suerte, no le tocó sufrir demasiado. Hasta esa discreción de retirarse al baño fue característica de él. Más de un amigo observó: Félix era humano. Para mí, era un perro nomás, pero aunque perro fue casi como un hijo (igual, cualquiera que tiene hijos puede advertir la enormidad de ese casi...). A mí me tocaba pasearlo todos los días, sobre todo por la noche. A veces llegaba tarde a casa, en una noche fría de invierno, exhausto, y puteaba a Félix por tener que bajarlo. Pero esas caminatas nocturnas, aunque forzadas, terminaron constituyendo una parte de mi vida, un momento íntimo que de alguna manera extraña me definía. Yo era aquel que paseaba a Félix de noche. Durante este año en que Félix ya no estuvo sentí más de una noche, como una brisa entre la copa de los árboles, un soplo de melancolía. Pero en estos últimos días, al estar por cumplirse un año de su ausencia, me pasó de cruzar varias veces miradas con perros (sí, cruzo miradas con perros, ¿y qué?) y sonreir sin querer. No soy superticioso ni me presto con demasiada facilidad al pensamiento mágico (bueno, un poco sí, ¿y qué?) pero tuve la sensación de que había como un mensaje en esas miradas. Y pude recordar a Félix sin ninguna tristeza. Recordar, simplemente, la felicidad que trajo a nuestra existencia. Y esas caminatas compartidas, a veces a regañadientes, por las calles silenciosas del barrio dormido son como un legado que estará conmigo para siempre.

2 comentarios:

nele b dijo...

por qué será que todo lo que esté relacionado con perros me hace emocionar?
me hiciste llorar, vos, tu amigo, el perro.
son los dolores de cabeza más hermosos que pueda tener una persona. y sí, yo también puteo a la hora de sacarlas, de noche, a pasear. pero no concebiría mi vida sin ello.
brindo, por félix, y tooodos los perros.
abrazo!

CARLOS SORAIRE dijo...

Tal como nele b me hiciste llorar el 19/12 saliendo con mi auto del garage pise un perrito viejo de un vecino que le daba los huesos y carne que me sobraba. Es un garrón, el vecino mío lo encontro en la calle de cachorro enfermo y lo cuido muchísimo para que sobreviera. Es un garrón. Que vivan los perros!!!!