miércoles, 10 de noviembre de 2010

Yo quise el fin y había más

Películas de amor
Mala sangre


Thomas ama a Lisa. Lisa ama a Alex. Alex ama a Anna, pero Anna ama a Marc.

No parece una idea que fuera a revolucionar la historia del cine. Pero el muchacho que la filmó tenía lo suyo: Leos Carax, con 27 años y un primer largo, Boy meets girl, que le había otorgado una corriente de admiración y expectativas entre los cinéfilos atentos. Los cinéfilos estaban atentos y expectantes porque la década del 80 era básicamente un embole, todo lo que quedaba por hacer era asistir a cursillos sobre cine onírico, revisitar los viejos clásicos (todas las grandes películas parecían haber sido hechas) o tirarse a esperar que cinco años después milagrosamente surgiera una camada de directores difíciles de pronunciar que renovaran el cine. El milagro, efectivamente, se produjo, cinco años después.

Pero volvamos a Carax. Leos hace Mala sangre, esta película donde Thomas ama a Lisa, Lisa ama a Alex, Alex ama a Anna, pero Anna ama a Marc. La película está ambientada en París a fines del siglo xx, es decir, en un tiempo ligeramente futuro en el momento en que se filmó, y ligeramente pasado para nosotros que la veremos esta semana en el auditorio La Tribu. Arde París por una ola de calor que hace que a la noche el asfalto queme la planta de los pieses: es que el cometa Halley se ha acercado a 10.000 km de la Tierra y causó ese brusco calentamiento global. Para colmo de males aparece una novedosa enfermedad producida por un retrovirus, el STBO, que ataca exclusivamente a los que hacen el amor sin amar. La humanidad, como puede entreverse, peligra. En medio de semejante despelote se produce esta serie de amores cruzados anteriormente referidos. Esto ha sido un intento de contar de qué se trata la película.


Pero Carax no cree que el cine consista en palabras: "Mi sentido del cine es cercano a la música. Si tuviera que decir a qué se acerca el cine, no diría a la escritura, no diría a la pintura. Los compositores deben oír lo que están creando. Y yo tengo una intuición de cómo es este proceso por la forma en que concibo mis películas. La escritura del guión no me interesa, del mismo modo que cuando el músico escribe las notas sobre el papel no es precisamente su momento creativo".


Carax compone la película con desapego hacia cualquier verosimilitud y sin demasiada preocupación por la cadena narrativa. El confía en que los amores no correspondidos y entreverados son capaces de otorgar una consistencia mínima para sostener los climas emocionales levemente absurdos y modernamente románticos sobre los que prefiere poner todo el peso de su imaginación. Fragmentos del discurso amoroso: canciones pop, memoria cinéfila (Chaplin, Godard, cine noir), comics (Hugo Pratt, el autor del Corto Maltés, encarna a uno de los personajes secundarios), un protagonista con una increíble cara de dibujito animado (Denis Lavant) que despliega su personaje entre la coreografía y la acrobacia. Y una chica morocha, que en ese momento era la novia de Carax: Juliette Binoche. Y una chica rubia que en ese momento no era la novia de Carax: Julie Delpy. Y el maduro Michel Piccoli.

Carax llegó a plasmar un manierismo pop bastante deudor del primer Godard , que en esta película lució más fresco y promisorio que nunca después. Brillo por mérito propio en medio de una década que era un embole. Y después se evaporó como una joven promesa a la que cada tanto quisiéramos volver, como si fuera un romance trunco.

Este sábado a las 19:30 en Lambaré 873.

3 comentarios:

julieta eme dijo...

"Para colmo de males aparece una novedosa enfermedad producida por un retrovirus, el STBO, que ataca exclusivamente a los que hacen el amor sin amar. La humanidad, como puede entreverse, peligra."

ajajaja me mató esa frase... la película en serio se trata de todo eso??? parece realmente una trama increíble... la verdad que promete. besos.

Oscar Cuervo dijo...

Esa es una frase colocada estratéjicamente, creo que es la mejor que escribí en mi vida. Después de esto ya me puedo retirar a gozar de mi fortuna.

Martha dijo...

Hay algún exagerado que dijo que se parece a L'Atalante de Jean Vigo. Veremos. Martha