lunes, 8 de febrero de 2021

El cielo y la tierra


Mi amigo Willy me manda esta foto desde Cabo Polonio y me dice: "Menos mal que existe el cielo, uno queda en el tamaño que corresponde. Hoy llovió todo el día y no se pudo salir y a la tarde este regalo".



Y me hizo acordar de lo que Nietzsche le hacía decir al loco en La Gaya Scienza: "¿Cómo pudimos vaciar el mar? ¿Quién nos dio la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hicimos para desencadenar a esta tierra de su sol? ¿Hacia dónde rueda ahora? ¿Dónde nos lleva su movimiento? ¿Lejos de todo sol? ¿No nos precipitamos en una constante caída, hacia atrás, de costado, hacia adelante, en todas las direcciones? "

Nietzsche se quería dar ánimo con la idea de inventar nuevos mundos, pero me parece que no se la creía mucho, hasta que se vino abajo él mismo.

Willy me acota: "Es increíble la vigencia de estas palabras. Parece que el fin de la verdad va con el fin del mundo incluido".

En la ciudad de Buenos Aires es difícil tomar la dimensión del cielo, parece estar hecha para que no se vea. Hace poco yo había escrito: "Volví a caminar por las calles de mi barrio en los últimos años cuando adopté a mi perro Rino. Sacarlo a pasear cada mañana por el Bulevar de Roca me hizo volver a mirar el cielo, que en mi barrio se ve mucho más abierto que en las calles del centro. En invierno las ramas negras y peladas de los árboles rasguñan el cielo. Fue muy bonito este otoño y también fue bonito el invierno. Cuando salgo a caminar por las calles del barrio, bastante vacías durante estos meses del confinamiento, siento una mezcla de tristeza honda y de pertenencia a estas calles y este cielo, el lugar en que viví antes de empezar a patear por el centro".

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