jueves, 4 de octubre de 2018

Necropsia de Hermenegildo Sabat

Esto fue escrito el 7 de septiembre de 2017:

¿Qué ve Sabat en los ojos de Santiago? Detengámonos por un momento a mirar sucesivamente la foto de Santiago y el dibujo de Sabat, para pasar desde aquella mirada que no podía saber cuál sería el signo en que se convertiría para nosotros hacia el dibujo que editorializa. Esta diferencia es importante: cuando Santiago posa para la foto no sabe hasta qué punto nos va a terminar mirando a todos. Sabat sabe, en cambio, perfectamente, que Santiago está desaparecido y él lo dibuja para editorializar lo que Clarín no puede decir en palabras. Hay un vínculo asimétrico entre las dos miradas: una mirada abierta, juvenil, que se dispone a mirar lo que no sabe que le espera y una mirada vieja, sesgada, cercana a la muerte. La paradoja consiste en que la mirada cercana a la muerte es la de Sabat: su futuro ya ha pasado. De algún modo, Sabat se encargó de cerrarse el futuro a puro dibujo: al final de todos sus editoriales quedará dibujado su propio rostro. El destino quiso que al final de su fatigada carrera tenga que llegar a complicarse con los desaparecedores al dibujar la mirada de Santiago. Su historia sería seguramente otra si no hubiera tenido que dibujarlo: al hacerlo, Sabat avanza un paso hacia la muerte: nada en el mundo podrá borrar lo que él dibujó, terminará siendo el que dibujó a Santiago con una mirada diabólica. Por una apertura del lenguaje "con una mirada diabólica" señala en dos direcciones: el carácter con el que él quiso dotar a Santiago y su propia mirada, su diabolismo editorial.

Allí donde en los ojos de Santiago encontramos expectativa, frescura, proyecto, luz, la serena ternura de sus cejas, en la versión de Sabat todo es sombra, amenaza y violencia. Sus deberes editoriales se subordinan a un plan de muerte, se lo exige Clarín. En esos trazos negros hay futuras persecuciones, policías golpeando a manifestantes, presos políticos, generaciones de argentinos pagando una deuda sideral, chicos con hambre, una empresa que sigue ganando poder, ¿más desaparecidos? Eso es lo que Sabat dibuja en esas cejas y en la oscuridad tenebrosa de esos ojos.

La mirada de Sabat muere muerta: pronto será olvidada, quizás antes de que él mismo muera. Hasta es posible que en el futuro breve que le resta tenga todavía que descender un peldaño más hacia su muerte en vida.

La mirada vivaz de Santiago nos seguirá mirando por todo el tiempo que nos espera.


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