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jueves, 22 de noviembre de 2018

Pulsiones salvajes que se extienden bajo la epidermis de una civilización fallida

As boas maneiras - Una película de ¿amor? Sábado 24/11 - 19:30 - Fundación IWO - Ayacucho 483




por Oscar Cuervo

Resulta sorprendente que en el peor momento de la historia brasileña el cine de ese país esté pasando por un período tan fértil. Las buenas maneras (As boas maneiras, de Juliana Rojas y Marco Dutra, 2018) es una prueba elocuente de esta fertilidad. Quizás no se trate de una incongruencia ni de un desfasaje entre la realidad y el arte, sino de la capacidad que algunos artistas guardan para registrar conmociones subterráneas. As boas maneiras, con su condición de extraño film mutante, puede ser pensado en una clave sociopolítica que los modos habituales de encarar la realidad ni siquiera sospechan.



La película que este sábado vamos a pasar en nuestra tercera jornada de cine de ¿amor? pide ser pensada con muchos signos de interrogación. Los planos iniciales con el personaje de Clara (Isabél Zuaa), su oscura belleza andrógina, despiertan una honda intriga sobre su naturaleza, que por transitividad se extiende a toda la película. Clara es una mujer negra, pobre, bella y misteriosa. La conocemos cuando llega a ofrecerse como empleada doméstica en la casa de Ana, joven blanca y burguesa. Ana también guarda un misterio que el avance de la trama irá desvelando de a poco. As boas maneiras, en su primer tramo, amaga con ser un estudio sobre el despliegue de lazos eróticos entre dos mujeres de situación social opuesta. Pero la audacia de los autores hace que el avance en la dirección que nos señala ese primer extrañamiento vaya sumergiéndonos en extrañamientos cada vez más fuertes.



Rojas y Dutra despliegan un arte que juega a desconcertar nuestras expectativas y en cada giro del relato nos aguardan con una nueva perplejidad. Pulsan registros y tonalidades, prueban modulaciones que alteran el acorde inicial desde un realismo austero e intrigante hacia una fascinación onírica que fluye por debajo de la vida diurna, pulsiones salvajes que se extienden bajo la epidermis de una civilización fallida. Amor lunático, ensueño, ternura, terror, un cauto pero decisivo crecimiento del rol de la música, la inesperada coexistencia del cuento folklórico y la ciudad posmoderna, eros y horror. 



La nota completa, acá.

Este sábado a las 19:30 en Fundación IWO, Ayacucho 483.

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