El exiliado político Pepín Rodríguez Simón, la periodista Luciana Vázquez y mi maestro en la crítica cinematográfica Gustavo Noriega. Clickear en la imagen.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Amor táctil (segunda jornada de las películas de ¿amor?)

La mano (Wong Kar-wai) y Un tiempo para el amor (Hou  Hsiao-hsien): este sábado a las 19:30 en RED Colegiales, Álvarez Thomas 1093




El sábado pasado, por esas delicias de la argentina macrista, con las grandes inversiones de las compañías eléctricas que tan poco nos cobran, en medio de la tormenta se cortó la luz en muchos barrios de la ciudad de la furia. Entre las distintas zonas, nos quedamos sin luz en la sala donde íbamos a pasar dos preciosas películas en la segunda jornada de películas de ¿amor? Las vamos a pasar este sábado a las 19:30 pero ¡atención!: en RED Colegiales, Álvarez Thomas 1093.

Siempre fue mi anhelo pasar juntas dos películas que se vinculan tanto se diferencian. Las dos se hicieron a mediados de la década pasada, en el marco de películas de tres episodios, las dos duran un poco más de 40 minutos y se prestan a armar un programa único, ambas vienen del extremo oriente, de dos de los cineastas de los que más felicidad me dieron en una sala de cine. Ambas me parecen sublimes, cada vez que las veo floto varios a centímetros del suelo. Las dos se ubican en un tiempo pretérito e irremisiblemente perdido, y comparten ese sabor de los amores tan intensos como inasibles que en la vida se viven casi siempre una sola vez. Las dos tienen otras cosas en común más: un tratamiento exquisito de la imagen, en la que cada autor logra ir más lejos en lo que mejor le sale. Y ambas se valen de canciones hermosas que impulsan el relato. Por último, ambas comparten un joven actor chino: Chang Chen. AL situarse a mediados del siglo pasado en distintos puntos del litoral asiático (Taiwán, Hong-Kong), las dos dan cuenta de ese peculiar punto de cruce de corrientes culturales orientales y occidentales, de modernidad y un cierto arcaísmo. Ese aire retro se combina con la vocación vanguardista de ambos autores.

Ahí se acaban las coincidencias. Wong Kar-wai, director de La mano, hace explotar en esta, su última obra maestra hasta el momento, todo su barroquismo, en una apoteosis de color, ritmo, voltaje erótico y sentimental y una puesta de cámara obsesiva como nunca. Hou Hsiao-hsien, con su habitual sobriedad expresiva, da una lección de como la distancia de cámara puede ir preparando un climax emotivo en Un tiempo para el amor.

Un tiempo para el amor de Hou es una relato breve impregnado de una emoción delicada y a la vez arrebatadora. Hou filma el espesor de las distancias espaciales en el inicio del vínculo amoroso, hasta que la distancia queda abolida cuando los cuerpos se rozan. Quizás se trate del momento en el que el taiwanpes se permitió una mayor soltura emotiva en toda su obra. Esta intensidad lo acerca a Wong, aunque la sobriedad de los recursos con que Hou logra ese resultado se diferencia del barroquismo desatado de Wong.

En La mano, Wong cuenta la historia de Zhang, un sastre joven de mano prodigiosa, que se inicia en su oficio y en las artes amatorias con la fatal Miss Hua (Gong Li en su máximo explendor). Habrá también una mano de Miss Hua que va a tomar el deseo de Zhang por el punto menos esperado. A partir de entonces él va a intentar canalizar su pasión erótica en los vestidos que diseña para ella. Trabajar sobre la silueta ausente de Hua, en la tela destinada a rozar la piel de ella, es una forma de acariciarla. Zhang toca el cuerpo de ella cuando le toma las medidas para hacerle los vestidos y después, cuando está solo, prolonga su tacto en el dibujo de los modelos, la elección de las texturas, el corte exacto de cada retazo.

Después de pensar en el deseo de pasarlas juntas me di cuenta de la principal coincidencia de La mano y Un tiempo para el amor: son dos películas sobre el amor en un sentido táctil. Dos películas sobre cuando el amor se toca.

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