viernes, 29 de abril de 2016

Estamos en el peor momento del gobierno (la marcha de hoy: un hito histórico)

No hay que mirar al palco: hay que mirar abajo



"Estamos en el peor momento del gobierno" dice el senador Federico Pinedo. Tomando la frase fuera de contexto no podemos sino darle la razón. Porque Pinedo la dice con la intención de apuntalar la idea de que el segundo semestre será mejor porque va a bajar la inflación. En abril la inflación se proyecta a un 6%, por lo menos, cifra record en muchos años. Si consideramos que los salarios de los trabajadores están muy lejos de compensar ese ritmo inflacionario (en parte por la pasividad que hasta ahora guardaron las dirigencias sindicales que hoy convocan a la marcha en el monumento del trabajo en Paseo Colón), es previsible que en los próximos meses la inflación decrezca, porque los trabajadores no tendrán la capacidad adquisitiva para llenar la canasta familiar. 

Es posible que la inflación decrezca en el segundo semestre no por una mejora de la economía, sino como producto del aumento de la pobreza, la indigencia, el desempleo y la recesión. En esto consistiría todo el plan antiinflacionario de Cambiemos. Parte de la dirigencia sindical que hoy se moviliza en protesta por este estado de cosas (Moyano, Barrionuevo, Venegas) lo sabía cuando hicieron campaña en favor de Macri. Los motivos por los que esta dirigencia ahora se pliega a los reclamos en defensa del empleo que vienen realizando las dos CTAs desde el verano deben tomarse con cautela. Macri los defraudó también a ellos en otras promesas de campaña: el manejo del dinero de las obras sociales y la suba del Mínimo No Imponible del Impuesto a las Ganancias. Las dos banderas que motorizaron la oposición de la burocracia contra el gobierno anterior pasaron a un segundo plano, porque las bases empiezan a sentir en la nuca el aliento de los despidos como gran disciplinador para reducir sus pretensiones de actualización del poder salarial. Como decía Lanata: explicale a la gente que se conforme con ganar menos para mantener el trabajo. A los burócratas les va a resultar difícil explicárselos, entonces tuvieron que hacer un movimiento para no quedar muy deslegitimados antes sus representados.



Entonces no es la foto de esta dirigencia lenta para defender los intereses de sus bases lo que dará relevancia al acto de hoy. Es la negatividad operando en la historia lo que explica que a cuatro meses y medio de asumir el gobierno, Cambiemos haya logrado unificar el frente sindical contra un ajuste desprovisto de atenuantes. El plan de Cambiemos se reduce a frenar la inflación bajando brutalmente los salarios, elevar los índices de desocupación, enfriar la economía, volver al endeudamiento para acelerar la bicicleta financiera, más ajustes y, muy pronto, someterse al monitoreo del FMI, que, ya van a ver, exigirá desprenderse de empresas públicas, aumentar la competitividad bajando el costo laboral y flexibilizar las condiciones de trabajo, cuando adviertan que los sacrificios hechos hasta el momento no son suficientes porque la herencia recibida era muchísimo peor aún que lo que nos dicen ahora. 

No había que ser adivino para presentir que en esto consistía la "vuelta al mundo" propuesta por el macrismo. Moyano, Barrionuevo, Venegas, los dirigentes de Smata, el cenador Peceto, Massa y Bossio lo sabían porque no hay que ser genio para saberlo. ¿Qué cambió entonces para que esta marcha de hoy se transforme en un hito? ¿Los burócratas se acordaron de las tres banderas justicialistas? ¿Se despertó el gigante peronista, para hablar un poco kitsch?



No hay que mirar la foto de los dirigentes en el palco de hoy. Hay que mirar a las bases movilizadas. La intención inicial de la convocatoria era "celebrar la fiesta del trabajo", como todavía sigue diciendo Piumatto. Iba a ser una demostración de fuerza de los burócratas para obtener algunas prebendas del gobierno. Pero la dinámica de la lucha de clases desbordó las motivaciones subjetivas de los convocantes. A la marcha de hoy se fueron sumando sectores gremiales y políticos que no están en el mismo negocio de Barrionuevo, Venegas y Moyano. La marcha es histórica porque por primera vez en muchos años todos los sectores sindicales tienen que dejar de lado diferencias políticas e ideológicas. Es también inédito que un gobierno que supuestamente acaba de salir de su "luna de miel" concite una movilización de trabajadores en contra, a tan pocas semanas de haber ganado las elecciones. Es decir: esta movilización es más interesante por lo que promete que por lo que hoy va a suceder. Venegas y Barrionuevo no van a hablar porque el cariz opositor impuesto por las circunstancias los deja muy en offside. 

Moyano, hábil para el reposicionamiento, endureció en las últimas 72 horas su discurso y ahora dice que "Macri está en contra de los trabajadores". Moyano tiene razón, pero eso se sabía cuando él lo apoyaba hace apenas semanas. Como es hábil para los reposicionamientos lo que hay que hacer con Moyano es decirle que si, que tiene razón, que Macri está en contra de los trabajadores. Pero en los próximos meses también hay que prestar atención a lo que Moyano haga y no solo a lo que diga. Porque el tipo también tiene negocios en el fútbol, en Covelia, en la guita de las obras sociales.

Hoy en la marcha va a haber sectores populares afectados por el ajuste, todos unidos contra macri. Peronistas y no peronistas, van a movilizarse también los sindicatos de base, la izquierda, sindicatos radicales, docentes, bancarios, el Movimiento Evita, la Cámpora, intendentes del conurbano, una fracción del Frente Renovador que se siente incómoda con la funcionalidad de Massa con el gobierno. Lo que nuclea a sectores tan diferentes, que hace pocos días parecía imposible que se juntaran, es la desnudez del proyecto oficialista. No se trata de que el macrismo no sepa comunicar, como debaten con cínico candor los relatores del establishment: es que no hay nada que comunicar. Hasta los más lerdos empiezan a intuir que lo que viene va a ser peor: es la posibilidad lo que moviliza. 



La foto de ayer de macri en un descampado frío, rodeado de la escuálida gobernadora y de Alejandro Granados (?), todos de negro y con gestos torvos, él disgustado por la media sación que tuvo en senadores la ley para frenar los despidos, sus amargos reproches al funcionalísimo cenador Peceto, el mismo que le regaló el acuerdo del senado para arreglar con los buitres, la primera derrota parlamentaria del oficialismo, la perspectiva de que ese proyecto se apruebe en diputados, las amenazas de vetarlo, el desalentador anuncio de un plan de empleo joven que anticipa los modos de una posible flexibilización laboral, la ausencia de mínimos gestos sociales hacia los sectores más dañados por el ajuste, la negación sistemática del desempleo, la insistencia en la cantinela de la pesada herencia, el desfinanciamiento de la universidad pública, los Panama Papers, la insensibilidad oficial imposible de disimular con asesores de imágenes y retiros espirituales, la suma de todo eso da como resultado que el margen para los colaboracionistas se estreche drásticamente.



¿Hay un ala política de Cambiemos o se trata solo de un grupo de CEOs que vinieron a liquidar el país? Si la hay, no se ve en qué consiste su función. El sistema mediático le pone toda la garra: 24 horas al día, siete días a la semana excavando los terrenos de Lázaro Báez. Nunca en la historia reciente las pantallas estuvieron tan lejos de la realidad cotidiana, produciendo un humo tan tóxico. El humo tiene que ser cada vez más espeso para anular toda visibilidad. Hoy, cuando se junten las columnas de trabajadores y desocupados en Paseo Colón, las excavadoras en Santa Cruz deberían encontrar al menos un dinosaurio vivo, un video de Néstor en una orgía pedófila, la evidencia atroz que permita la inmediata prisión preventiva de Cristina, Máximo golpeando a su mujer, los 22 mil falsos desaparecidos de Lopérfido escondidos en una bóveda, algo, por Dios.


La composición de la marcha inquieta al oficialismo: va a mostrar la inviabilidad de un proyecto político de ajuste con votos, la fecha de vencimiento del tercio de la población que creyó sinceramente que te vamos a dejar todo lo que tenés y encima te vamos a dar más. Si los que hoy se movilizan son más que los que fueron a acompañar a Cristina a Comodoro Py hace dos semanas -lo que no es imposible, porque aquella movilización se hizo sin aparato, una mañana laborable y lluviosa-, las especulaciones de los columnistas del relato M girarán en torno a una presunta disputa de representación de la oposición entre el cristinismo y el gremialismo. Será la manera en que los columnistas del domingo disimulen el daño que la marcha va a ocasionar en el gobierno: decir que esta marcha... ¡fue contra Cristina! Es un falso eje. Los dirigentes que hoy presiden el palco no tienen votos ni los van a tener el año que viene ni en 2019. Hoy no es la interna opositora. No hay que mirar el palco. Hay que mirar abajo.

Tiene razón Pinedo que el gobierno está en su peor momento. Pero hay que agregar que es el peor momento hasta ahora. En algo se equivoca: en los próximos meses va a estar peor.